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domingo, 5 de noviembre de 2017

El Conde de Aranda y Voltaire

El poderoso Conde de Aranda, ministro de Carlos III, quedó sorprendido al recibir una carta del mismísimo Voltaire -quién además de librepensador era un experto relojero- en la que, tras felicitarle por las medidas adoptadas desde su Ministerio, aprovechaba la ocasión para hacer publicidad de su empresa... 
Le escribió textualmente "si alguna vez queréis adornar el dedo de alguna ilustre dama española con un reloj-sortija de repetición, con segundero y con carillón cada cuarto y media hora, adornado, además, de diamantes, esto sólo se hace en mi villa de Ferney y allí está a vuestras ordenes".

(Anecdotario Histórico Español)

miércoles, 10 de mayo de 2017

Como niños pequeños

Carlos III emprendió numerosas obras en la capital de España para convertirla en una capital europeizada. Entre los múltiples proyectos estaba el construir un sistema de conductos de canalización de las aguas, cuyo propósito era el de limpiar la ciudad de residuos.
Dicha propuesta no fue del agrado de los madrileños, por lo que el monarca exclamó:
– Mis súbditos son como niños pequeños. Lloran cuando se les lava

(20 minutos)

jueves, 6 de octubre de 2016

Plaza Mayor de Ocaña


La Plaza Mayor de Ocaña (Toledo) es una plaza de porte barroco que se empezó a edificar en 1777 por mandato de Carlos III.
Su planta es la de un cuadrado casi perfecto de 55 x 52,5 metros, con 18 arcos en los costados mayores y 17 en los costados menores. Las fachadas se asientan sobre pilares de piedra de sillería almohadillada, en los que descansan arcos de medio punto de ladrillo, conformando pórticos o galerías cubiertas por el levantamiento de dos plantas que poseen balcones y buhardillas superiores. La superficie de la plaza está pavimentada en cantos rodados formando grandes casetones.
En la planta de la plaza convergen, por medio de arcos de medio punto, las principales calles de la villa.

(Wikipedia)

viernes, 17 de octubre de 2014

Diego Corrientes

Diego Corrientes Mateos nació en Utrera, provincia de Sevilla, el 20 de agosto de 1757 y murió en Sevilla el  30 de marzo de 1781. Fue un bandolero español del siglo XVIII.
Se convirtió en una leyenda popular debido a su generosidad con los más pobres (robaba a los ricos y repartía entre los pobres algo de lo robado, de manera que esto hacía que subiera la estima que de él tenían en los alrededores).
El rey Carlos III, por medio del juez Francisco de Bruna y Ahumada, ordena, en 1780 su captura, ofreciendo cien piezas de oro a quien lo entregara vivo o muerto. Ese mismo año huye a Portugal por el acoso constante de las autoridades y allí es apresado por el gobernador de Sevilla y una compañía portuguesa al mando del capitán Arias.
Poco tiempo después se le traslada a Sevilla donde es juzgado y condenado a morir en la horca. Posteriormente su cadáver fue descuartizado como era costumbre, enviándose partes de su cuerpo a cada una de las provincias en las que había actuado. Su cabeza quedó en Sevilla para días más tarde recibir sepultura en la iglesia de San Roque donde apareció a finales del siglo XX, durante unas operaciones de restauración del templo, con un garfio clavado en el cráneo, como se solía hacer con las cabezas de los ajusticiados.
En 1999 se publica un artículo firmado por un jurista español denunciando las irregularidades en el proceso de extradición del bandolero a España por parte de las autoridades portuguesas.

(Wikipedia)

miércoles, 2 de julio de 2014

El motín de Esquilache

Motín de Esquilache es la denominación de la revuelta que tuvo lugar en Madrid en marzo de 1766, siendo rey Carlos III. La movilización popular fue masiva (un documento contemporáneo cita la cifra de treinta mil participantes -posiblemente una exageración para una población de ciento cincuenta mil habitantes- y llegó a considerarse amenazada la seguridad del propio rey. No obstante, a pesar de su espectacularidad y su extensión o coincidencia de revueltas por causas semejantes en otros lugares de España, la más evidente consecuencia política del motín se limitó a un cambio de gobierno que incluía el destierro del marqués de Esquilache, el principal ministro del rey, al que los amotinados culpaban de la carestía del pan, y que se había hecho extraordinariamente impopular como consecuencia de la prohibición de algunas vestimentas tradicionales.
Su condición de italiano contribuyó de forma importante a ese rechazo. Las iniciales medidas de apaciguamiento y el especial cuidado que a partir de entonces se puso en el abasto de Madrid fueron suficientes para garantizar el orden social en los años siguientes.
Se han identificado diferentes intereses y grupos de poder nobiliarios y eclesiásticos, tanto entre los acusados de instigar el motín (que según las conclusiones de la Pesquisa Secreta llevada a cabo por las autoridades desde el mes de abril de 1766 estuvo planificado por los jesuitas y personalidades afines, como el marqués de la Ensenada -ensenadistas- como entre los beneficiados por la nueva situación, denominados albistas por el Duque de Alba, aunque el personaje que alcanzó mayor poder fue el conde de Aranda -cabeza del partido aragonés-; junto con un equipo de burócratas ilustrados -Roda o Campomanes-). La historiografía actual lo interpreta como un movimiento popular espontáneo, pero con una instrumentalización política evidente en medio de una lucha por el poder entre dos facciones de la Corte, por lo que se ha calificado de motín de Corte para indicar que no se reduce al modelo de motín de subsistencias.