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martes, 2 de febrero de 2016

Los organilleros

Uno de los oficios que un día fueron populares y hoy han desaparecido era el organillero. A cambio de unas monedas interpretaba melodías muy populares en el momento que hacían olvidar, en cierta medida, los sinsabores de la vida cotidiana.
El organillo fué introducido en Barcelona por el italiano Rocco Pizzano. Otro italiano estableció, hacia 1850 una fábrica de organillos en la calle Amalia del Raval. En 1950 aun quedaban en Barcelona 10 organillos.
Otras formas de escuchar música hicieron desaparecer este instrumento. "Dar vueltas a la manivela" venía a significar lo mismo que "sudar la gota gorda". No en vano uno de estos artilugios pesaba alrededor de 150 kilos y era arrastrado, a menudo, por el propio ejecutante.
En la foto, dos organilleros ataviados con blusón y alpargatas junto a su máquina en los años 30 del siglo XX.


(José Mª y Guillermo Huertas-Traducción)

miércoles, 20 de enero de 2016

Carro volquete

Era un carro con mecanismo de vuelco, destinado al transporte de arena, grava, piedras, estiércol ,etc.
Consistía en una caja de madera entre medio metro y metro y medio cúbico, cerrada completamente exceptuando la parte superior.
Las varas se unían al cuerpo del vehículo a un punto fijo, donde éste podía vascular, esto último se evitaba colocando dos hierros llamados matraces, uno sobre las varas que también cogía la parte superior de la delantera del carro y otra que cogía el inferior de la delantera, esta segunda solía ser fija.
La ventaja que tenía este carro sobre otros que se adaptaban al transporte de este tipo de materias es que sacando el matraz superior se podía vaciar el carro sin la necesidad de desenganchar el animal.

(José Mª y Guillermo Huertas)

miércoles, 26 de marzo de 2014

Los "chiringuitos" de la Barceloneta

En su día os hablé del “chiringuito” de Sitges que, según parece, fué el primero de todos y el más conocido. Pero chiringuitos los hubo en otros sitios, como en la playa de la Barceloneta de la Ciudad Condal.
Llegó a haber diez y ocho de estos establecimientos pero fueron condenados a muerte por la Ley de Costas de 1988 y, uno tras otro, fueron cayendo todos ellos a lo largo de seis años. El último en sucumbir fué “Casa Costa” que podemos apreciar en la foto con la característica estampa del camarero que salía al paseo para invitar a entrar a los presuntos clientes.
Junto con los chiringuitos desaparecieron conocidos establecimientos de baños como El Astillero, San Miguel, Orientales o San Sebastián que con ellos compartían espacio en la playa.

(Foto y texto traducido “La Barcelona desapareguda” de José Mª y Guillermo Huertas)