lunes, 19 de octubre de 2015

Plaza de toros de las Ventas - Madrid

La Plaza de Toros de Las Ventas, en el barrio de La Guindalera, es la mayor de España -y tercera del mundo- con capacidad para 23.798 espectadores. Está considerada por profesionales, aficionados y críticos como la más importante del mundo, seguida de La Maestranza de Sevilla.
Es de estilo neomudéjar en ladrillo visto sobre una estructura metálica. La decoración, obra de Manuel Muñoz Monasterio, se realizó a base de azulejo cerámico en el que figuran los escudos de todas las provincias españolas y otros motivos ornamentales.
La temporada de toros empieza en marzo y acaba en octubre. Se celebran corridas todos los días durante la Feria de San Isidro, desde principios o mediados de mayo hasta el final de dicho mes, y cada domingo o festivo del resto de la temporada.

domingo, 18 de octubre de 2015

Pablo Picasso en Barcelona

Picasso (1881-1973) nació en Málaga y tenía casi 14 años cuando llegó a Barcelona, donde su padre había encontrado trabajo en la Escuela de Bellas Artes, En ella se matriculó Picasso, y su precoz talento despuntó entre sus contemporáneos. Fue asiduo visitante de Els Quatre Gats, un café de aun existe en el Carrer Montsió, donde celebró su primera exposición. También expuso en Sala Parés, una galería todavía abierta en Carrer Petritxol.
La familia vivía en Carrer Mercé, y Picasso tenía un estudio en el Carrer Nou de la Rambla. Fue entre las prostitutas de el Carrer d'Avinyó donde halló inspiración para la obra que muchos historiadores consideran el arranque del arte moderna: Las Señoritas d'Avignon (1906-1907).
Con veintipocos años, Picasso salió de Barcelona y se instaló en París, aunque al principio regresó en varias ocasiones. Después de la guerra civil, su oposición a Franco lo retuvo en Francia, aunque en 1962 diseñó un friso para el Colegio de Arquitectos de Barcelona y al año siguiente accedió a que la ciudad inaugurara el museo que lleva su nombre, íntegramente consagrado a su obra.

La mina de plata de Horcajuelo

Una vez contemplado el potro de herrar, que queda cerca de la iglesia parroquial de San Nicolás de Bari, construcción barroca con una capilla gótica del siglo XV, desandaremos nuestros pasos para acercarnos al campo de fútbol que vimos nada más entrar en Horcajuelo. A su izquierda, una pista forestal nos llevará a la antigua mina de plata.
El camino es sencillo, si bien, una vez traspasada una rústica cancela de alambre, el ascenso será continuo. Deberemos seguir la senda, tomando dos desvíos hacia la izquierda. Si levantáramos la vista, observaríamos unas manchas claras en la ladera de la montaña: son las escombreras de la mina.
La Mina San Francisco, como así se llamaba, empezó a ser explotada a mediados del siglo XIX. En el diario minero “La Antorcha” (1857), se escribió que “la mina San Francisco ha cortado un filón conteniendo plata agria, plata roja oscura y cloruros de plata, presentándose también plata nativa".

El viajero puede todavía contemplar la bocamina, excavada en roca, en el filón principal. Adentrándonos unos metros, la galería, sencilla y con algunas mampostas, se precipita en las entrañas de la tierra
En los alrededores de la bocamina hay dos grupos de antiguas edificaciones de piedra, unas a la izquierda, y otras, un poco más alejadas, a la derecha de la bocamina según se mira ésta, junto a un socavón que debió ser el pozo maestro.

Las primeras debieron servir como almacén. Las otras muestran en su interior una losa de piedra con un agujero circular. Todo apunta a que este agujero era donde se engarzaba el poste que servía de soporte al malacate de la mina.
 El malacate debía estar movido por fuerza animal. Un asno o mulo estaría atado con una cuerda a ese poste, de modo que al ir dando vueltas, elevaría una canasta o cesta de esparto en la que los mineros echaban el mineral arrancado en el frente.
 El trabajo debía ser duro, toda vez que los mineros laboraban entre 40 y 60 metros de profundidad. Una vez era sacado el mineral a la superficie, mujeres y niños golpeaban los trozos para reducir su tamaño. Concluido este agotador trabajo, los niños transportaban los trozos obtenidos hasta carretas que los llevaban hasta la fundición que existía en las famosas minas de Hiendelaencina (Guadalajara).

El viajero no puede sino pensar en ese trabajo excesivo. En los parajes del cerro de la Parrilla, como así se llama, sólo quedan ya restos de otros tiempos.

sábado, 17 de octubre de 2015

Juana la Beltraneja


En los comienzos de 1462 nació una hija del rey Enrique IV de Castilla y de la reina Juana de Portugal. Una hija que alcanzaba la vida como única heredera de la corona castellana.
Nació en Madrid, Villa muy querida del rey Enrique, por deseo de éste, que hizo venir a este rincón castellano a la reina cuando ya se acercaba la fecha del alumbramiento.
La vida de esta princesa madrileña había de estar unida a las luchas de la sucesión real, en un momento de crisis y dificultades, que llevaría al trono de Castilla a la reina Isabel la Católica.
Razones políticas, seguramente más que de otra índole, habían de dar a la recién nacida el sobrenombre de "Beltraneja", tildándola de hija no del rey, sino de su favorito y dueño del gobierno, don Beltrán de la Cueva. El mismo padre, en distintas ocasiones, presionado por facciones contrarias, había de admitir el origen adulterino de la princesa, que atravesaría una vida difícil y azarosa, movida siempre por el interés político que había de perseguirla, haciendo de su figura bandera de grupos descontentos o ambiciosos.
Si siquiera en el claustro pudo encontrar sosiego, que allí encerrada, desposeída ya de la corona castellana, habían de venir a sacarla para hacerla su esposa el rey de Portugal, pretendiendo así derechos a la corona que había de ver perdidos en la batalla de Zamora.
El claustro había de ser, sin embargo, el último retiro de esta vida de luchas, intrigas y batallas de la que el pueblo llamaba "Excelente Señora, reina sin reino".
Ya en su vejez, a las sesenta y ocho años, edad tardía para la época, murió en un convento de Lisboa, el año 1530, la princesa doña Juana, llegando así a conocer el esplendor de la corona de Castilla, unida a la de Aragón por tu tía la reina Isabel la Católica, y que ya extendía su dominio por Italia y más allá de las recién nacidas tierras de América. Ya Castilla no era, como en los días de su padre, una hoguera de intrigas y banderías, sino un reino próspero y unido que habla ganado las tierras de los moros y había dado fin a la guerra secular de la Reconquista. Los años de su vida, tan cruciales, habían cambiado enteramente el mundo de sus primeros días, el de su niñez y juventud y también la sociedad era ya otra y no tenían cabida las ambiciones de unos nobles levantiscos capaces de alzar bandera contra sus reyes; se había jerarquizado alrededor de los nuevos monarcas, que habían sabido ver el mundo cambiante y crítico da sus vidas y habían mantenido una política férrea de unidad, distinta de los días del rey Enrique IV.

Leyenda de la Virgen de la Barca - Navia

Era una tarde en Navia, ya desde la mañana el día apareció azul con gran claridad.
Los pescadores se encontraban de muy buen humor porque había sido un gran día de pesca para los que volvían y prometía serlo para los que empezaban la jornada.
La flota que ahora salía, estaba compuesta de diez barcas de seis remos, y cuando el sol ya se iba ocultando, se echaron a la mar. Sin necesidad de alejarse mucho de la costa, puesto que todavía no había subido la marea, lanzaron las redes, con la sorpresa de una gran captura cada vez que las lanzaban.
Tan impresionados estaban, que no se dieron cuenta que se estaba formando una gran tormenta, justo encima de ellos. Cuando los relámpagos empezaron a deslumbrar, los pescadores salieron de su letargo, y planearon volver al puerto.
No pudieron hacer gran cosa, ya que cada vez, la tormenta era más grande, las olas inmensas y ellos apenas podían avanzar. Cuando casi llegaban a puerto, las olas les hacían retroceder y así se tiraron casi toda la noche. La situación cada vez era más insostenible, cuando a uno de ellos se le ocurrió rezar a la Virgen y todos le siguieron esperando un milagro.
Ya resignados estaban, cuando de pronto una de las barcas que estaba en peores condiciones, sintió un golpe como si se hubiera encallado en una roca, pero en lugar de resquebrajarse la barca, se inició una gran calma y con la luz de los relámpagos vieron que la última ola los había dejado en una roca, que la barca no tenía nada roto y que a un lado de ella estaba la imagen de una Virgen con el niño en brazos. La amarraron y con mayor fe que nunca se pusieron a rezarla y a darle las gracias.
A partir de ahí, el mar entró en calma, y llegaron a puerto casi al amanecer el día 15 de agosto, todo el pueblo estaba en espera de noticias y cuando los vieron llegar ellos contaron el suceso y comprendieron que la Virgen había obrado el milagro. Allí mismo, en aquella roca que desde este suceso se llama Peña de Nuestra Señora, fue proclamada Virgen de los naviegos. Se le hizo una iglesia en el pueblo y el pueblo la honraría con el nombre de Nuestra Señora de la Barca.

La leyenda de la Virgen de la Barca:

Era una tarde en Navia, ya desde la mañana el día apareció azul con gran claridad.
Los pescadores se encontraban de muy buen humor porque había sido un gran día de pesca para los que volvían y prometía serlo para los que empezaban la jornada.
La flota que ahora salía, estaba compuesta de diez barcas de seis remos, y cuando el sol ya se iba ocultando, se echaron a la mar. Sin necesidad de alejarse mucho de la costa, puesto que todavía no había subido la marea, lanzaron las redes, con la sorpresa de una gran captura cada vez que las lanzaban.
Tan impresionados estaban, que no se dieron cuenta que se estaba formando una gran tormenta, justo encima de ellos. Cuando los relámpagos empezaron a deslumbrar, los pescadores salieron de su letargo, y planearon volver al puerto.
No pudieron hacer gran cosa, ya que cada vez, la tormenta era más grande, las olas inmensas y ellos apenas podían avanzar. Cuando casi llegaban a puerto, las olas les hacían retroceder y así se tiraron casi toda la noche. La situación cada vez era más insostenible, cuando a uno de ellos se le ocurrió rezar a la Virgen y todos le siguieron esperando un milagro.
Ya resignados estaban, cuando de pronto una de las barcas que estaba en peores condiciones, sintió un golpe como si se hubiera encallado en una roca, pero en lugar de resquebrajarse la barca, se inició una gran calma y con la luz de los relámpagos vieron que la última ola los había dejado en una roca, que la barca no tenía nada roto y que a un lado de ella estaba la imagen de una Virgen con el niño en brazos. La amarraron y con mayor fe que nunca se pusieron a rezarla y a darle las gracias.
A partir de ahí, el mar entró en calma, y llegaron a puerto casi al amanecer el día 15 de agosto, todo el pueblo estaba en espera de noticias y cuando los vieron llegar ellos contaron el suceso y comprendieron que la Virgen había obrado el milagro. Allí mismo, en aquella roca que desde este suceso se llama Peña de Nuestra Señora, fue proclamada Virgen de los naviegos. Se le hizo una iglesia en el pueblo y la honraron con el nombre de Nuestra Señora de la Barca.


(Leyendas asturianas)

jueves, 15 de octubre de 2015

La emulsión española del Dr. Trigo

Estimados lectores: Si tienen ustedes a su niño un poco "decaidillo", busquen a ver si en algún sitio ha quedado un frasco olvidado de este producto maravilloso que la Revista Actualidades anunciaba en su primer número del 15 de Octubre de 1901.

domingo, 11 de octubre de 2015

El chilindrón

El chilindrón es una preparación en forma de salsa muy típica de la parte nororiental de la cocina de la Gastronomía de España. Su empleo da lugar a platos con la denominación añadida: al chilindrón, siendo los más habituales: el cordero al chilindrón y el pollo al chilindrón. Adecuada para carnes de aves y carnes tiernas. Se suele elaborar con hortalizas de color rojo como son el tomate y el pimiento.

Características
La composición de las salsas al chilindrón es a base de tomates y pimientos rojos, elaborados con abundante ajo. Por regla general las porciones cárnicas se suelen asar hasta que se pongan doradas y tras esta operación se añade cebolla, pimientos y tomates dejando la mezcla de carne y hortalizas un rato hasta que la carne tome texturas blandas. El color rojizo que toma la salsa es debido al contenido de licopeno (colorante natural rojo) del tomate y de los pimientos.