martes, 7 de marzo de 2017

Cañada Real Conquense

La Cañada Real Conquense o de los Chorros, es una de las Cañadas de la Mesta, que atraviesa las provincias de Cuenca, Ciudad Real y parte de la de Jaén, en España.

Carrasca del Madroño Socovos

AUNQUE SE DESCONOCE SU EDAD EXACTA, LOS MÁS ANCIANOS DEL LUGAR LA RECUERDAN DEL MISMO TAMAÑO, POR LO QUE EL ESTADO DE CONSERVACIÓN DEL TRONCO PUDIERA PROBAR UNA EDAD APROXIMADA DE 300 AÑOS.
ÁRBOL MUY DESTACABLE por envergadura y porte, se eleva 15 metros en altura con un perímetro del tronco en la base cercano a los 7 metros. La copa aparece semiesférica, sustentada por dos ramas principales o cimales, que se bifurcan a unos 30 cm del suelo y cuyo perímetro ronda los 4,2 y 3,1 metros, respectivamente.
Presenta buena salud, aunque desde hace una década no suele regarse el olivar del contorno, por lo que, en años secos, el follaje es menos denso y algunas ramas aparecen con las puntas secas. En la base del tronco existe una pequeña oquedad que acumula agua y pudiera deteriorar aún más la madera, que precisaría una reparación plástica.
Emplazada en el cortijo del Madroño de la Umbría, el antiguo propietario, don Juan Gómez, persona de amplia cultura, la cuidó y respetó en los años de la posguerra, en los que numerosas encinas fueron  carboneadas para hacer frente a la carencia de combustibles.
Es un árbol muy conocido en la zona, tanto por su porte como por la producción de bellota. Se ha utilizado como sombra del ganado y, sobre todo, por sus frutos. En sus años fértiles, llegó a producir 30 sacos de bellotas, que se utilizaban para consumo del ganado y humano, ya que son de excelente calidad en cuanto a tamaño y sabor. Los más
entendidos, dependiendo de la parte del árbol de donde procedían, las utilizaban para uno u otro fin.
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Nombre científico: Quercus rotundifolia
Nombre común: encina, carrasca, chaparra
Denominación popular: Carrasca del Madroño
Localidad (Provincia): Socovos (Albacete)
Edad estimada: unos 300 años

(Antonio Rigueiro)

Los Fenicios en Iberia

Su origen se localiza en las costas del Mediterráneo oriental dentro de la actual franja costera sirio-libanesa, en donde sus ciudades más significativas son Tiro, Sidón y Biblos. Es un pueblo de comerciantes que busca nuevos mercados y materias primas en toda la cuenca mediterránea. Destacan por ser grandes marinos y siempre se asientan en poblaciones junto al mar. Practican sobre todo la navegación de cabotaje, es decir, sin perder de vista la costa.
Se encargan de recuperar antiguas rutas comerciales mediterráneas transitadas desde el II milenio a.C. Sus primeras incursiones en las costas de la Península Ibérica son visitas esporádicas, que se van convirtiendo en largas estancias a lo largo del próspero litoral meridional. A partir del siglo IX a.C. crean numerosos asentamientos costeros como Gadir (Cádiz), que es la ciudad más importante, Malaka (Málaga), Sexi (Almuñecar), Abdera (Adra) y Ebusus (Ibiza), expandiéndose finalmente por toda la fachada costera del sur peninsular hasta la desembocadura del río Segura. También se establecen por el interior siguiendo el curso del río Guadalquivir. Son ciudades fortificadas, con puerto las que se sitúan en las riberas marítimas, dedicadas al comercio con los indígenas y a las actividades metalúrgicas, ganaderas, de pesca y artesanales. El mayor atractivo lo encuentran en la plata de las minas de Huelva y del oeste de Sevilla, y el estaño que consiguen desde el norte de Portugal. Introducen la escritura, la metalurgia del hierro, el torno de alfarero junto a novedosos procedimientos de fabricación de cerámica, tejidos de calidad, el olivo, el aceite, la vid, el almendro, el gato doméstico, la gallina, el asno y una técnica más depurada de la orfebrería.
Los fenicios aportan un contingente humano que, con el paso del tiempo, se mezcla con la población autóctona. Con ellos llega un nuevo mundo de creencias y valores que adoptan las sociedades nativas, dando lugar al fenómeno que se conoce como “periodo orientalizante”. Su presencia va modificando algunos hábitos de la vida de los íberos, contribuyendo además a incrementar las diferencias sociales entre éstos. El mayor esplendor de esta cultura tiene lugar durante los siglos VII y VI a.C. Su ocaso se produce al caer la ciudad de Tiro en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, en el año 573 a.C., debilitando la riqueza y el poder de todo este pueblo.

(Iberhistoria)



lunes, 6 de marzo de 2017

Cortinas La Roja - Logroño

Allá por 1910, Vicenta Gómez Ladrón, una comerciante pelirroja a la que apodaban “la Roja” comenzó a vender por los pueblos de La Rioja con un carrito y un caballo, realizando esta labor hasta el año 1924, en el que se estableció en un local de la calle Hermanos Moroy.
Fue en el año 1933 cuando abrió otra tienda en la actual ubicación de calle Portales nº 30, dedicándose siempre a la venta de productos textiles. En los primeros años se especializó en tejidos y confección de prendas de vestir y a partir de 1975 se crea la actual sociedad Arrieta Hermanos dedicada a la venta y confección de ropa de hogar y cortinas, de la que forman parte los descendientes de la pionera Vicenta.
En el año 1984 se instala un segundo establecimiento de venta de cortinas y decoración de hogar denominado “El Hogar Textil” en Gran Vía nº 40, y en el año 2007 se abre la tercera tienda en Vara de Rey nº 34 con el mismo nombre que la primera: “Cortinas La Roja”.
A lo largo de todos estos años, “La Roja” siempre ha sido y continúa siendo un referente del comercio riojano, atesorando las cualidades que definen a nuestro pueblo y estando permanentemente al tanto de las tendencias en decoración y obsesionados con la mejor relación calidad-precio.
Muy populares fueron los programas de radio que se realizaban desde éste establecimiento con su popular eslogan “al que madruga La Roja le ayuda” con entrega de premios a los clientes más madrugadores.
A lo largo de estos años han sido muchos los trabajadores que con su esfuerzo han contribuido a la historia de este establecimiento, siendo muchos de ellos muy populares y apreciados en la ciudad.
Actualmente nuestro deseo es que el establecimiento siga siendo esa tienda emblemática en el corazón del casco antiguo logroñés, manteniendo su sabor tradicional pero a la vez ofreciendo a sus clientes los productos más actuales y de innovación en el mundo de la decoración.
Agradecemos profundamente a nuestros clientes, y los que no lo son también, que han hecho posible estos cien años de historia y han formado parte de ella, siendo muy grato el observar la actual clientela joven que acuden al establecimiento manteniendo la tradición de sus padres y anteriormente abuelos de visitar LA ROJA.

(Cortinas La Roja)

Hospital de San José - Madrid

El Instituto Homeopático-Hospital San José fue construido, en la calle de Eloy Gonzalo, 3-5, por orden de José Núñez Pernía, médico de cámara de Isabel II, a través de su fundación Sociedad Hohnemanniana Matritense, dirigida a extender la homeopatía. La Sociedad nació en 1845 y el doctor tuvo que recurrir a una suscripción popular para construirlo. Con aportaciones de 700 personas de diferentes puntos de Europa e Hispanoamérica, consiguió recaudar más de 433.000 reales. La construcción costó el doble y el doctor Núñez se hizo cargo de la diferencia de su propio bolsillo.
Debía ser un doctor peculiar, pues además de ocuparse de la salud real, también atendía dos días en semana gratis en su consulta de la calle Atocha, 16. El edificio del Instituto Homeopático, declarado bien de interés cultural en 1997, es un auténtico regalo para la vista. Cuenta con una singular galería acristalada, y aún conserva en algunas de sus salas los azulejos originales en la pared, así como la capilla, ahora convertida en salón de actos, con un friso en el que figuran los nombres de los primeros homeópatas españoles.
Tras muchos avatares, entre ellos su conversión en hospital de convalecencia y en comedor del Socorro Rojo durante la guerra civil, el edificio se resintió del paso del tiempo y del deterioro. El Ayuntamiento tuvo que intervenir en él por acción sustitutoria, y la Comunidad de Madrid se encargó recientemente de su restauración.

(ABC Viajar)

Calzados Hinojosa - Málaga

Se necesita algo más que suerte para llevar 96 años vendiendo alpargatas. Es su mejor obsequio y cuelgan por todas las paredes del establecimiento. Una pequeña tienda de grandes secretos.
«Si no lo encuentro aquí ya no voy a ningún sitio», suelen repetirle los clientes a Javier Hinojosa acercándoseles al mostrador. Es el legado de una dedicación de 96 años al mundo del calzado, en especial a sus alpargatas, que tienen de todos los colores y que cuelgan de todas las paredes de su establecimiento. Calzados Hinojosa es una zapatería de barrio, de esas especializadas, auténtica, en las que la gente siempre confía. Llevan toda la vida en el mismo sitio, aunque TVE una vez la diera por cerrada, anécdota graciosa aunque ahora desconocen de relevo. «Ahora mismo, claro, porque nunca se sabe», sonríe Javier.
Muestra con orgullo la misma caja registradora que abrió la tienda un siglo atrás, a la que siguen dando uso, igual que la caja fuerte que guardan en la trastienda, en una esquinita entre cientos de cajas de zapatos. Bajo llave, también antigua, guardan un montón de papeles sumergidos bajo polvo, entre otras cosas, certificando que aquello, efectivamente, permanece a otra época. La atención para ellos es prioridad, el cliente es la razón de su existencia. Los mantienen gracias a la calidad de sus productos, «aunque suene mal que yo lo diga», aclara un poco culpable con una sonrisa. Pero nada que temer, es la realidad cuando se cuentan los años que llevan en calle San Juan. Pueden decir que sus alpargatas han recorrido la historia.

(La opinión de Málaga)

domingo, 5 de marzo de 2017

La encina - árbol sagrado

La encina es la morada de les llavanderes en la mitología asturiana. Para los judíos es un árbol sagrado, como se ve en diversos pasajes del Antiguo Testamento. Por este motivo, las brujas asturianas gustaban de celebrar aquelarres en los claros de los encinares, a la luz de la luna llena. 
Sus frutos, fueron muy importantes en la alimentación de los astures, que los molían para hacer una harina que luego se amasaba con agua, y se cocía en el horno.

(Mitología Asturiana)