Se cuenta de ciertos nigromantes burgaleses, que disponían de unos extraños duendes (similares a otras familias de duendes castellanos), conocidos como enemiguillos.
Estos espíritus familiares son de diminuto tamaño y sumamente obedientes con su dueño, por mediación de ciertos conjuros. Estos también pueden ser los duendes diminutos que se mencionan por ejemplo en Torre de Juan Abad (Ciudad Real) entre asilvestrados y domésticos, que viven en las cavidades de los árboles, nidos de aves, etc, pero habitan cortas temporadas en domicilios humanos para cometer sus pequeñas fechorías. Aunque existe la creencia de ancianos asistidos por estos personajillos en momentos de debilidad de memoria.
Su extrema pequeñez les obliga a ser muy prudentes y cautos en sus desplazamientos y correrías. Se cree que posee la facultad del lenguaje de los animales.
De todo un poco. Leyendas, tradiciones e historias curiosas de todas las regiones de España. Unas son verdad y otras no tanto.
Selección
martes, 29 de julio de 2014
domingo, 27 de julio de 2014
La minas de oro del Teleno
La sierra fue transformada en una gran batea para extraer el oro con agua de cumbres y ríos.
El mayor complejo de minería romana del mundo suma 38 kilómetros cuadrados. Los romanos convirtieron la sierra del Teleno, hace dos mil años, en una gran batea a escala industrial para extraer el oro. La arrugia, técnica de explotación minera que utiliza la fuerza del agua para beneficiar el metal rey, tiene en las 78 minas auríferas de la sierra del Teleno el ejemplo más espectacular de minería hidráulica de época romana existente en el mundo. Para separar el oro de los materiales estériles en grandes canales de lavado se encauzó el agua por canales y se almacenó en depósitos.
La investigación realizada por el ingeniero y profesor de la Universidad de León Roberto Matías ha puesto al descubierto, además, los 135 kilómetros de canalizaciones existentes entre la cota 1.400 y la cumbre del Teleno así como 90 depósitos de agua. La longitud de los canales se triplicará, como mínimo, cuando se complete la investigación de la red hidráulica por debajo de los 1.400 metros, un trabajo en el que Matías calcula que invertirá otros dos años de su tiempo y dinero.
Aparte de inventarios de uso interno y alguna publicación divulgativa, que ni siquiera ha sido entregada a los Ayuntamientos de la zona, ni el Ministerio de Defensa -titular del campo de tiro que incluye parte de las minas- ni la Consejería de Cultura, que tiene las competencias en Patrimonio han hecho ningún trabajo para ampliar las investigaciones parciales que hizo Claude Domergue en los años 70 -él fue quien lo bautizó como el «mayor complejo mundial de minería romana»- y otros investigadores en los años 80.
Los romanos ensayaron en el Teleno diferentes técnicas extractivas hidráulicas, desde la explotaciones en peines o arados a través de zanjas poco profundas como se puede ver en Las Moraceras o los Pinares de Castrocontrigo, a las zanjas, canales y cortes de arroyada debido al ensanchamiento de aquellas. En otros depósitos de oro, como Fuco Chico y la Piozadera, en Luyego, utilizaron el sistema de ruina montium, que, como se hizo en Las Médulas, combina el uso del agua y un sistema subterráneo de pozos o galerías.
También existen ejemplos de minería subterránea como la Cueva de los Moros de Tabuyo. En el noroeste peninsular hay medio millar de minas de oro de época romana.
En el Teleno los trabajos adquirieron tal envergadura que en la vertiente norte -la que coincide con el campo de tiro del Ministerio de Defensa- hay 18 kilómetros de extensión continuada de explotaciones auríferas en la ribera del río Duerna, desde Molinaferrera. Los restos más espectaculares, son el poblado minero de la corona de Quintanilla y las zanjas canales de lavado con toneladas de cantos amontonados -las murias- resultado de la evacuación de escombros para obtener el oro. «La magnitud de los trabajos de minería romana en la sierra del Teleno llega a alcanzar en su conjunto dimensiones y volúmenes superiores a los registrados en Las Médulas», asegura el ingeniero Roberto Matías.
Su estudio ha destapado un patrimonio oculto por el olvido y en parte prohibido, al estar dentro del territorio del campo de tiro que el Ministerio de Defensa utiliza para entrenar a sus tropas y probar armamento sofisticado de Europa. «Sólo podremos saber cuántos trabajadores hubo en las minas del Teleno si acotamos su período de funcionamiento»
ROBERTO MATÍAS, ingeniero de Minas y profesor de la Universidad de León
El mayor complejo de minería romana del mundo suma 38 kilómetros cuadrados. Los romanos convirtieron la sierra del Teleno, hace dos mil años, en una gran batea a escala industrial para extraer el oro. La arrugia, técnica de explotación minera que utiliza la fuerza del agua para beneficiar el metal rey, tiene en las 78 minas auríferas de la sierra del Teleno el ejemplo más espectacular de minería hidráulica de época romana existente en el mundo. Para separar el oro de los materiales estériles en grandes canales de lavado se encauzó el agua por canales y se almacenó en depósitos.
La investigación realizada por el ingeniero y profesor de la Universidad de León Roberto Matías ha puesto al descubierto, además, los 135 kilómetros de canalizaciones existentes entre la cota 1.400 y la cumbre del Teleno así como 90 depósitos de agua. La longitud de los canales se triplicará, como mínimo, cuando se complete la investigación de la red hidráulica por debajo de los 1.400 metros, un trabajo en el que Matías calcula que invertirá otros dos años de su tiempo y dinero.
Aparte de inventarios de uso interno y alguna publicación divulgativa, que ni siquiera ha sido entregada a los Ayuntamientos de la zona, ni el Ministerio de Defensa -titular del campo de tiro que incluye parte de las minas- ni la Consejería de Cultura, que tiene las competencias en Patrimonio han hecho ningún trabajo para ampliar las investigaciones parciales que hizo Claude Domergue en los años 70 -él fue quien lo bautizó como el «mayor complejo mundial de minería romana»- y otros investigadores en los años 80.
Los romanos ensayaron en el Teleno diferentes técnicas extractivas hidráulicas, desde la explotaciones en peines o arados a través de zanjas poco profundas como se puede ver en Las Moraceras o los Pinares de Castrocontrigo, a las zanjas, canales y cortes de arroyada debido al ensanchamiento de aquellas. En otros depósitos de oro, como Fuco Chico y la Piozadera, en Luyego, utilizaron el sistema de ruina montium, que, como se hizo en Las Médulas, combina el uso del agua y un sistema subterráneo de pozos o galerías.
También existen ejemplos de minería subterránea como la Cueva de los Moros de Tabuyo. En el noroeste peninsular hay medio millar de minas de oro de época romana.
En el Teleno los trabajos adquirieron tal envergadura que en la vertiente norte -la que coincide con el campo de tiro del Ministerio de Defensa- hay 18 kilómetros de extensión continuada de explotaciones auríferas en la ribera del río Duerna, desde Molinaferrera. Los restos más espectaculares, son el poblado minero de la corona de Quintanilla y las zanjas canales de lavado con toneladas de cantos amontonados -las murias- resultado de la evacuación de escombros para obtener el oro. «La magnitud de los trabajos de minería romana en la sierra del Teleno llega a alcanzar en su conjunto dimensiones y volúmenes superiores a los registrados en Las Médulas», asegura el ingeniero Roberto Matías.
Su estudio ha destapado un patrimonio oculto por el olvido y en parte prohibido, al estar dentro del territorio del campo de tiro que el Ministerio de Defensa utiliza para entrenar a sus tropas y probar armamento sofisticado de Europa. «Sólo podremos saber cuántos trabajadores hubo en las minas del Teleno si acotamos su período de funcionamiento»
ROBERTO MATÍAS, ingeniero de Minas y profesor de la Universidad de León
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Alfonso VI el de la mano Horadada
Cuenta la tradición toledana que Alfonso VI huyendo de su hermano Sancho II, después de escaparse de su prisión en el monasterio de Sahagún disfrazado de monje, vino a refugiarse con el rey moro de Toledo, Al-Mamun, el cual le acogió de corazón y le ofreció para su residencia el palacio de Galiana, a la orilla del Tajo.
Entre ambos hubo un acuerdo, el moro le trataría fielmente y le proporcionaría todo lo necesario para que no le faltara de anda en su estancia en Toledo, el cristiano juro ser leal y ayudarle en lo que necesitase y claro esta no salir de los límites de la ciudad sin su licencia.
La vida de Alfonso era muy desahogada y tranquila, sus principales diversiones eran la caza, paseos por los bellos parajes de Toledo, charlar con los hombres más cultos del reino de Al-Mamun y por supuesto los torneos.
Al-Mamun acudió un día al palacio de Galiana invitado por Alfonso a un ágape, con el rey musulmán acudieron también consejeros y hombres de confianza. Después de la comida la conversación entre estos discurrió hacia la ciudad de Toledo, se afirmaba su gran fortaleza e inexpugnabilidad. Estaban platicando sobre el tema cuando Al-Mamun con rostro preocupado se levanto y salió al jardín, Inmediatamente detrás de él salieron sus hombres de confianza y consejeros. Como era la hora de la siesta y hacía calor se sentaron debajo de unos árboles sobre la jugosa y fresca hierba. De esta forma tras sentarse empezaron a hablar sobre los puntos débiles de Toledo, y ahí fue cuando se suscito una conversación, unos decían que Toledo jamás podía ser tomado por la fuerza mientras otros afirmaban que si quitasen el abastecimiento durante 7 años seguidos tomando los campos viñedos y arboledas, todos asintieron pero llegaron a la conclusión de que necesitarían gran gasto de soldados y dinero para poder resistir siete. Mientras esto discutían Alfonso desde lejos les oía discutir pero el tono de estos era muy bajo y decidió acercarse a unos matorrales que estaban cerca y tumbarse para escuchar lo que decían.
La discusión fue acallada por Al-Mamun y todos le escuchaban atentos cuando decía que Toledo tenía un gran punto débil, la fachada que daba al este, no tenia río, seria muy fácil entrar por ese lado. Mientras todos le escuchaban empezaron a caminar para desperezarse, en ese momento fue cuando vieron a Alfonso tumbado sobre la hierba dormido. Todos se sobresaltaron pero Al-Mamun para comprobar si verdaderamente estaba dormido se le ocurrió una treta. En voz baja para no despertarle pero suficientemente alta para que lo oyera si se hacía el dormido pidió que le trajeran plomo fundido, al instante trajeron la marmita y el fuego y lo derritieron allí mismo.
Alfonso tenia una mano extendida y una vez derretido pensaban acercárselo a la mano, de esta manera si estuviera despierto la quitaría y le descubrirían, poco a poco le fueron acercando el plomo ardiendo a la mano y no la quitó. Sólo cuando el plomo ardiendo toco su mano chilló de dolor como un lobo, Al-Mamun tras lo visto respiro tranquilo y supuso que estaba dormido.
Si estaba dormido eso nunca lo sabremos, lo que si sabemos es que tiempo después cuando Al-Mamun ya no reinaba Toledo Alfonso entro en la ciudad por la puerta del este, desde entonces esa puerta recibe el nombre de la Puerta de Alfonso VI el de la mano Horadada.
Entre ambos hubo un acuerdo, el moro le trataría fielmente y le proporcionaría todo lo necesario para que no le faltara de anda en su estancia en Toledo, el cristiano juro ser leal y ayudarle en lo que necesitase y claro esta no salir de los límites de la ciudad sin su licencia.
La vida de Alfonso era muy desahogada y tranquila, sus principales diversiones eran la caza, paseos por los bellos parajes de Toledo, charlar con los hombres más cultos del reino de Al-Mamun y por supuesto los torneos.
Al-Mamun acudió un día al palacio de Galiana invitado por Alfonso a un ágape, con el rey musulmán acudieron también consejeros y hombres de confianza. Después de la comida la conversación entre estos discurrió hacia la ciudad de Toledo, se afirmaba su gran fortaleza e inexpugnabilidad. Estaban platicando sobre el tema cuando Al-Mamun con rostro preocupado se levanto y salió al jardín, Inmediatamente detrás de él salieron sus hombres de confianza y consejeros. Como era la hora de la siesta y hacía calor se sentaron debajo de unos árboles sobre la jugosa y fresca hierba. De esta forma tras sentarse empezaron a hablar sobre los puntos débiles de Toledo, y ahí fue cuando se suscito una conversación, unos decían que Toledo jamás podía ser tomado por la fuerza mientras otros afirmaban que si quitasen el abastecimiento durante 7 años seguidos tomando los campos viñedos y arboledas, todos asintieron pero llegaron a la conclusión de que necesitarían gran gasto de soldados y dinero para poder resistir siete. Mientras esto discutían Alfonso desde lejos les oía discutir pero el tono de estos era muy bajo y decidió acercarse a unos matorrales que estaban cerca y tumbarse para escuchar lo que decían.
La discusión fue acallada por Al-Mamun y todos le escuchaban atentos cuando decía que Toledo tenía un gran punto débil, la fachada que daba al este, no tenia río, seria muy fácil entrar por ese lado. Mientras todos le escuchaban empezaron a caminar para desperezarse, en ese momento fue cuando vieron a Alfonso tumbado sobre la hierba dormido. Todos se sobresaltaron pero Al-Mamun para comprobar si verdaderamente estaba dormido se le ocurrió una treta. En voz baja para no despertarle pero suficientemente alta para que lo oyera si se hacía el dormido pidió que le trajeran plomo fundido, al instante trajeron la marmita y el fuego y lo derritieron allí mismo.
Alfonso tenia una mano extendida y una vez derretido pensaban acercárselo a la mano, de esta manera si estuviera despierto la quitaría y le descubrirían, poco a poco le fueron acercando el plomo ardiendo a la mano y no la quitó. Sólo cuando el plomo ardiendo toco su mano chilló de dolor como un lobo, Al-Mamun tras lo visto respiro tranquilo y supuso que estaba dormido.
Si estaba dormido eso nunca lo sabremos, lo que si sabemos es que tiempo después cuando Al-Mamun ya no reinaba Toledo Alfonso entro en la ciudad por la puerta del este, desde entonces esa puerta recibe el nombre de la Puerta de Alfonso VI el de la mano Horadada.
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sábado, 26 de julio de 2014
Los granos de la Granada
Estando Castilla en plena guerra contra Portugal, el rey de
Granada, Muley-Hacén, envió a Sevilla una embajada pidiendo una prórroga a la tregua que con
su reino tenían los cristianos. Se le envió una carta aceptando, pero a cambio
de recibir dinero y esclavos. Respondió el rey indignado que «ya no había reyes
en aquel reino que pagaran tributo a los cristianos» y que en Granada «no se
labra oro, sino alfanjes y hierros de lanza contra nuestros enemigos».
Al recibir esta respuesta Fernando se indignó, pero, como no
podía hacer otra cosa por el momento, cuentan que se limitó a exclamar: «Yo arrancaré,
uno a uno, los granos de esa granada.»
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jueves, 24 de julio de 2014
Bentor - Rey Guanche
La historia del Mencey, Bentor ilustra la fatalidad que, para los guanches, supuso la invasión europea.
Bentor o Bentorey, hijo de Bencomo, otro Mencey significado en la resistencia a la conquista, libró la última de las batallas contra el ejército castellano. Derrotado, antes de rendirse prefirió despeñarse por el barranco de Tigaiga, en el municipio de Los Realejos.
Una escultura, ubicada en el mirador de El Lance, recuerda este acontecimiento histórico
Bentor o Bentorey, hijo de Bencomo, otro Mencey significado en la resistencia a la conquista, libró la última de las batallas contra el ejército castellano. Derrotado, antes de rendirse prefirió despeñarse por el barranco de Tigaiga, en el municipio de Los Realejos.
Una escultura, ubicada en el mirador de El Lance, recuerda este acontecimiento histórico
Bencomo - Rey Guanche
Bencomo fue el Mencey (rey guanche) de Taoro durante la conquista de los castellanos. Su reino estaba conformado por las tierras de la zona hoy conocida como valle de La Orotava. Bencomo lideró las fuerzas aborígenes que se opusieron a la invasión y pasó a la historia con el sobrenombre de Rey Grande.
Murió en 1495, a la edad de 70 años, durante el transcurso de la batalla que tuvo lugar en La Laguna, frente a las tropas del Adelantado Alonso Fernández de Lugo.
Murió en 1495, a la edad de 70 años, durante el transcurso de la batalla que tuvo lugar en La Laguna, frente a las tropas del Adelantado Alonso Fernández de Lugo.
miércoles, 23 de julio de 2014
Convento de Santa Isabel - Madrid
Tenía,
en el siglo XVI, su casa en la calle del Príncipe, que era una de
las más suntuosas y visitadas entonces, Dª. Prudencia Grilo, hija
(o viuda, según otros) de un rico banquero, una de las diosas de
aquel Olimpo de la corte. Frecuentaban su casa los caballeros más
distinguidos. Todos solicitaban la mano de la opulenta señora, pero
la desdeñosa dama había fijado
su pensamiento en un doncel guapísimo, con quien deseaba unirse en
santo lazo, y si venía aplazando el momento anhelado, era por no
prescindir de su amor al lujo, ni privarse de competir con las más
grandes bellezas de la corte, a quienes eclipsaba siempre con las
gracias de su rostro, el contoneo de su cuerpo y el esplendor de sus
trajes. El amante, desesperado de tanto capricho, que él juzgaba
desdén, tomó una resolución peligrosa y extrema. Felipe II
preparaba su famosa armada invencible, y se ofreció a marchar en
ella como voluntario. Cuentan las crónicas, que al separarse los dos
amantes, el caballero dijo a la dama, que le preguntaba como tendría noticias
suyas. — «Por estos damascos, (señalando a los que había
colgados en la sala) , y si muero, además de ellos, moveré las
gavetas de ese
escritorio, siendo la señal última descorrer las cortinas de
vuestro lecho»
Prudencia tomó a broma aquellos avisos fatídicos. A los pocos días había olvidado a su amante, y se entregaba de nuevo a sus acostumbradas distracciones. Pero una noche, acababa de acostarse y apenas se había quedado traspuesta, cuando le pareció que se movían los tapices de la sala; saltó de la cama para cerciorarse, y nada observó: quiso volver al lecho, y le faltaron las fuerzas, porque mirando involuntariamente a las gavetas, vio que se movían.
Quiso dar un grito y no pudo: se dirigió vacilante a la cama y a su llegada se descorrieron solas las cortinas. Entonces cayó desmayada, y estuvo enferma de muerte mucho tiempo. Durante él fueron hechas públicas en Madrid, las noticias que trajo del Escorial, un correo, referentes a la pérdida de la armada y a la muerte del amante de Dª Prudencia, que tenía en la flota empleo de oficial. Entonces decidióse la dama a abandonar el mundo, y fundó el Convento de Santa Isabel, donde profesó en 1589.
Veinte años después, yendo a visitar el convento la Reina Margarita de Austria, mujer de Felipe III oyó violines que tocaban música de la Pavana. Preguntó a las monjas si tenían recreación de música en la Casa, y la contestaron que era la del Corral de la Pacheca, y comprendiendo lo impropio de la situación del convento con semejante vecindad, lo trasladó al terreno de la Casa de Campo, confiscada al famoso Antonio Pérez, que había en las afueras, donde hoy está la ancha calle a que ha dado nombre el convento.
Prudencia tomó a broma aquellos avisos fatídicos. A los pocos días había olvidado a su amante, y se entregaba de nuevo a sus acostumbradas distracciones. Pero una noche, acababa de acostarse y apenas se había quedado traspuesta, cuando le pareció que se movían los tapices de la sala; saltó de la cama para cerciorarse, y nada observó: quiso volver al lecho, y le faltaron las fuerzas, porque mirando involuntariamente a las gavetas, vio que se movían.
Quiso dar un grito y no pudo: se dirigió vacilante a la cama y a su llegada se descorrieron solas las cortinas. Entonces cayó desmayada, y estuvo enferma de muerte mucho tiempo. Durante él fueron hechas públicas en Madrid, las noticias que trajo del Escorial, un correo, referentes a la pérdida de la armada y a la muerte del amante de Dª Prudencia, que tenía en la flota empleo de oficial. Entonces decidióse la dama a abandonar el mundo, y fundó el Convento de Santa Isabel, donde profesó en 1589.
Veinte años después, yendo a visitar el convento la Reina Margarita de Austria, mujer de Felipe III oyó violines que tocaban música de la Pavana. Preguntó a las monjas si tenían recreación de música en la Casa, y la contestaron que era la del Corral de la Pacheca, y comprendiendo lo impropio de la situación del convento con semejante vecindad, lo trasladó al terreno de la Casa de Campo, confiscada al famoso Antonio Pérez, que había en las afueras, donde hoy está la ancha calle a que ha dado nombre el convento.
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