jueves, 23 de marzo de 2017

La calle del Rosal - Oviedo

Hay en Oviedo una calle que se llama la calle del Rosal. En torno a tan poético nombre cuentan una leyenda que la enlaza con el Cristo de las Cadenas, venerada imagen cuya capilla está en las afueras de la ciudad. Y la leyenda dice así:
Ya se habían decidido las bodas. Él era noble y bueno; ella, bella y dulce como una flor. Pero he aquí que salió un edicto del rey llamando a la guerra, y él tuvo que partir.
En el momento terrible de la despedida, y cuando él quiso tranquilizarla, ella, llorando, le dijo: -¡Es la incertidumbre lo que me mata, el no saber...! ¿Cómo podré vivir tranquila pensando en cada momento que tú estas herido, muerto quizá?
Entonces él le trajo un pequeño rosal que tenía en su casa, y le dijo:
-Mientras este rosal no dé rosas, puedes estar tranquila. Si yo muero, verás cómo se cubre de flor. Y con estas palabras, se separaron.
Pasó el tiempo. Con bastante frecuencia venían noticias de él. La pobre niña esperaba cada día espiando el rosal y visitaba diariamente la próxima capilla del Santo Cristo, al cual pedía especialmente que librara a su amado de todo mal y que le trajera pronto a su lado.
Así pasó un año; pasaron dos... Pero después empezaron a retrasarse las noticias cada vez más.
Cierto día llamó a la puerta un fraile mercedario. Traía malas noticias del ausente. Había estado prisionero durante largo tiempo y, aunque rescatado por él, su estado de salud era tan delicado, que no parecía posible que pudiera vivir mucho más. El fraile puso en manos de la joven las cadenas que su prometido llevó durante su cautividad. Loca de dolor, partió la joven a la capilla del Cristo de su devoción y le dejó como homenaje las cadenas. Volvió a casa con un atroz presentimiento. En efecto: a su llegada, pudo ver cómo el rosal se había cubierto de rosas rojas como la sangre.

(Leyendas de España)

miércoles, 22 de marzo de 2017

Albarracín - Teruel

A más de 1170 metros de altitud, los pocos más de mil habitantes de Albarracín viven en este pequeño pueblo de clima muy duro -las primeras nevadas son frecuentes en octubre- situado a treinta y nueve kilómetros de Teruel. Es la cabecera de una comarca que ofrece numerosas rutas al viajero.

HISTORIA
Este curioso nombre se deriva de la poderosa dinastía árabe Aben Razin. Hasta ese momento la historia en esta comarca turolense había sido intensa. En realidad podemos remontarnos al Paleolítico para comprobar la presencia humana en la zona lo que se ha establecido por las numerosas pinturas rupestres halladas en lugares como Cocinilla del Obispo, Prado del Navazo, Olivanas o Camino del Arrastradero. Como es habitual en este tipo de manifestaciones, se presentan escenas de caza con animales, arqueros y cazadores.
Poblados de la Edad de Bronce y del Hierro demuestran la continuación de la ocupación en la zona. La dominación romana también dejó alguna herencia que demuestra su paso por aquí. Probablemente la obra más representativa es el acueducto excavado en roca que durante la Edad Media conducía el agua hasta la localidad de Celia.
En época visigoda Albarracín se llamaba Santa María de Levante, según unos libros de historia y Santa María de Oriente según otros y, aparte de algunas referencias literarias, no queda mucho más de aquella época. Con la llegada de los musulmanes, su importancia aumenta y se convierte en capital del taifato independiente de la menciona dinastía Abn Razin. Es un destacado centro militar: el Torreón del Andador, la Torre del Agua y la Alcazaba son restos significativos.
Su primer rey sería Abu Mohamed Hudail y el segundo Abu Meruan Abdelmélic, se conserva su esenciero de plata considerado una obra de arte hispanomusulmana.
Este reino de taifa cayó en manos cristianas en el siglo XII por la intervención de Pedro Ruiz de Azagra, un guerrero de origen navarro que se mantuvo al frente de la ciudad con el apoyo de los reyes del reino de Navarra y sirvió como escudo frente a posibles incursiones musulmanas. Esta familia daría los fueros a la ciudad que todavía existe. Ahí comenzó un tiempo de una cierta independencia para esta pequeña población que vive al margen tanto de la influencia de Castilla como de la de Aragón. Señorío independiente desde el año 1170 hasta el 1285, es conquistado entonces por Pedro III de Aragón y Pedro IV la incorpora a sus posesiones en el siglo XIII. Su sucesor Juan II le concede el título de ciudad.

(Guía Azul)

El abrazo de Vergara

El fallecimiento de Fernando VII el 29 de septiembre de 1833 fue el detonante de una disputa por la sucesión al trono español, que pronto se tradujo en una cruenta guerra civil, la llamada Primera Guerra Carlista (1833-1840), entre los “isabelinos”, que defendían el trono de Isabel II -de casi tres años- y la regencia de su madre María Cristina de Borbón, y los partidarios del infante don Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII y que buscaban hacer valer la Ley Sálica.
Lo cierto es que la muerte de Tomás de Zumalacárregui (líder militar carlista) en 1835, durante el sitio de Bilbao, marcó el declinar del ejército carlista, declinar acrecentado por las victorias del general Espartero (que en realidad se llamaba Joaquín Baldomero Fernández Espartero, pero se ve que Espartero a secas lucía más…). Lo que sigue es que Rafael Maroto (general carlista) y Espartero (general isabelino) firman la paz en Oñate (Guipúzcoa) el 29 de agosto de 1839, y el 31 del mismo mes se confirma en un acto conocido como el Abrazo
No sé si realmente se dieron el abrazo, pero a Carlos María Isidro no le gustó la idea y no dio su aprobación quizás porque las conversaciones tuvieron lugar sin su consentimiento: Maroto no veía otra solución para la paz
El Convenio (firmado en el Palacio de Irizar de la localidad guipuzcoana de Vergara) derivado del abrazo expresaba de forma muy difusa la intención de Espartero de mantener los privilegios forales de Navarra y el País Vasco, privilegios que con el tiempo se perdieron, aunque en Navarra se obtuvieron ventajas fiscales muy provechosas. El ejército carlista debía entregar las armas, quienes aceptaban el Convenio serían liberados y se atendería a las viudas y huérfanos de los carlistas. Quienes no aceptaron las condiciones marcharon al exilio acompañando al pretendiente carlista.
En la actualidad, en Madrid se encuentran la Plaza del General Maroto, cerca del Matadero Municipal, actualmente sede de la Fundación ARCO; y la calle del Príncipe de Vergara, título que Espartero recibió de Amadeo I, atravesando la mayor parte del Barrio de Salamanca.

El olmo de la ermita - Espiel

EL OLMO SE UBICA A ESCASOS METROS DE LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ESTRELLA, QUE DATA DEL SIGLO XV Y CUYA CABECERA ESTÁ PRESIDIDA POR UN RETABLO DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX.
EN ESTE ÁRBOL el elemento morfológico más destacado es, sin duda, el tronco, debido al portentoso grosor que presenta: el perímetro mide 6 metros en la base y 3,50 metros medido a 1,30 metros del suelo. Se trata de un fuste sólido, recio, a pesar de las dos oquedades que presenta, una en la cruz y otra, más
destacada, en su base. Del tronco nacen tres ramas principales que conforman una copa algo irregular, abierta, de mayor anchura que altura.
La ermita se emplaza en una zona adehesada, prácticamente llana, donde predominan las encinas. A no excesiva distancia, ya en plena sierra, las especies dominantes son la coscoja, los acebuches y las jaras.
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Nombre científico: Ulmus minor Miller
Nombre común: olmo
Denominación popular: Olmo de la Ermita
Localidad (Provincia): Espiel (Córdoba)
Edad estimada: centenario

(Antonio Rigueiro)

martes, 21 de marzo de 2017

La Fiesta del humo - Arnedillo

El fuego es el protagonista de gran cantidad de fiestas en muchas localidades,grandes y pequeñas. Las fechas de estas celebraciones se corresponden con San Juan, en junio, v también con los días finales del año, cuando se acerca el invierno.
El culto al fuego fue muy practicado por los pueblos primitivos debido a sus misteriosas propiedades: No podía ser tocado, alejaba a las fieras,y protegía de la oscuridad, guardiana de todos los temores. Todavía, en muchos lugares, los campesinos enciendan hogueras en determinadas fechas y danzan a su alrededor, saltando luego sobre ellas. Los fuegos siempre se ha creído que protegían la tierra contra el granizo y las casas de los rayos, ya que ambas cosas eran considerados maldiciones o brujerías que laa llamas podían alejar.
El fuego asimismo es purificador, por eso en la Edad Media, época de pestes y epidemias, se quemaba lodo lo qua podía astar contaminado.
Quienes se lleguen, por estas fechas de finales de Noviembre, a la localidad riojana de Arnedillo podrán ver una insólita procesión en la cual la imagen de San Andrés recorre la localidad entre nubes de humo y fuego.
El Apóstol libró al lugar, hace muchísimos años, de una epidemia de viruela negra y desde entonces le encienden en su día hogueras de romero y grojo (sabina) para que haya fuego y humareda. El romero purifica y el Santo intercede.

(Fiestas de España)

El Rey achicharrado por el protocolo

"Diós, que me ha dado tantos reinos, me ha negado un hijo capaz de gobernarlos”… Más o menos esto fue lo que el rey de España dijo en alguna ocasión del que sería su sucesor. Y es que, el único hijo varón de Felipe II que llegó a ser adulto era, a los quince años, “indolente, distraído y se daba toda la prisa que podía en marcharse de los Consejos de Estado”.
Felipe III había nacido el 14 de abril de 1578 en Madrid, en el viejo Alcázar de Madrid, justo donde está ahora el Palacio Real. Era el quinto hijo varón de Felipe II, la madre fue su cuarta esposa, Ana de Austria, hija de la emperatriz María de Austria, hermana de Felipe II, con lo cual Ana terminaría siendo cuñada de su propia madre (dichosa consanguinidad…).
Cuento todo este embrollo porque quizás ahí esté la clave de la salud y del carácter del joven Felipe: pasó la infancia con pequeñas enfermedades que no ayudaban al poco interés que tenía por estudiar. Cumplidos los quince años pasó la época de las enfermedades pero continuó la indolencia y su poco interés por los asuntos de Estado (claro que, a esa edad, quién los tiene). Eso sí, obedecía al rey en todo.
Mostró interés por el teatro, la pintura y la caza, esto lo que más. Sorprendentemente, hablaba varios idiomas y le gustaban las matemáticas. Pero era el hijo del rey y, cuando cumplió veinte años, su padre decidió que debía casarse. Lo hizo con Margarita de Austria-Estiria, prima suya y de carácter muy parecido al suyo (Dios los cría y ellos se juntan): apocados pero muy piadosos. Para cuando se celebró la boda, Felipe II ya había muerto (1598) y a Felipe III le tocó cargar con 34 títulos hasta donde he alcanzado a contar; debían pesar lo suyo…
En fin, pasan los años, y la reina muere en 1611, después de darle un montón de hijos al rey. Él sobrevive a su consorte diez años… ¿de qué muere? Si para tomarse un poco de vino tenían que intervenir unas cinco personas, tampoco era fácil si tenía la calefacción demasiado cerca. Se encontraba el rey tan cerca de la chimenea que se estaba achicharrando, pero el protocolo le impedía pedir ayuda para arreglar la situación y los ayudantes de cámara le habían dejado solo.
Cuando se presenta el marqués de Polar, el rey le pide que arregle lo del fuego y el marqué le dice que el protocolo le impide ocuparse de apagarlo, que eso lo tiene que hacer el duque de Uceda, pero la cosa se complica porque el duque se había ido a visitar sus fincas e iba a tardar.
No sabemos cuándo regresó el duque, pero tanto calor tanto tiempo hizo enfermar al rey, que contrajo erisipela, y murió, aunque no está claro que la erisipela tuviera algo que ver, al menos por el estado actual de la ciencia. Tampoco está claro que todo este rollo que os he metido sea del todo cierto, y qué parte es verdad y cuál no, pero sí parece que dijo en su última confesión “si Dios me diera la vida, cuán diferente gobernaría”.
Felipe III el Piadoso murió en Madrid el 31 de marzo de 1621, y hay dudas de que fuera tan piadoso.

Cudillero - Asturias

Escalonado en la falda de una ladera que se asoma al mar, Cudillero conforma una de las estampas más características del Principado. La localidad, situada a 56 km de Oviedo, en la costa occidental asturiana, cuenta con unos 6.000 habitantes. Tradicionalmente, los «pixuetos», nombre que reciben sus vecinos, se han dedicado al comercio y a la pesca. Todavía hoy su puerto es uno de los más pujantes de Asturias y, junto con el turismo, constituye la base de la economía local.

HISTORIA
La creencia popular relaciona el origen de la localidad con el asentamiento de escudilleros gallegos en este lugar; del término «escudillero» provendría, por tanto, el nombre actual de la villa. Otras teorías atribuyen al topónimo un origen latino, asociándolo con la palabra «piedra» (coscotis); según esta explicación, Cuideiru vendría a significar «pedregal».
Sea cual sea su origen, Cudillero aparece mencionado por vez primera en un documento datado en el siglo XIII, procedente del monasterio de Obona, en Tineo. La actividad del puerto era ya notable en el siglo XVI, época en que se construyó el primer muelle. En el siglo XVIII, Jovellanos refiere en sus escritos los trabajos de remodelación de las instalaciones portuarias, obra que costearon los propios habitantes de la villa. Finalmente, y ya en nuestros días, se inauguró el nuevo puerto, más grande y seguro, pero que ha restado a la villa gran parte de su tipismo.

(Guía Azul - Pueblos escogidos)