Una noche de invierno de 1745, don Juan de Echenique capitán de la real guardia de Corps. Paseaba por la calle sacramento cuando desde un balcón una hermosa dama le invito a subir. Entró el capitán , subió las escaleras hasta la alcoba donde le esperaba la dama. La casa estaba ricamente decorada con tapices y arañas que colgaba de los techos. La noche pasó deprisa, las campanas de san Justo indicaba la hora del relevo, había perdido la noción del tiempo. Se vistió atropelladamente el galán, bajo corriendo las escaleras y salió de la casa. Llegando a la calle Mayor, echo de menos el espadín. Volvió corriendo a la casa, llamo varias veces pero nadie contestaba. Un vecino se acerco al oír los golpes y le comentó que la casa llevaba vacía 40 años. Don Juan, confundido le dijo que era imposible, el había pasado allí toda la noche y se había dejado su espadín. Ante la insistencia del capitán, el vecino cogió la llave y abrió la puerta. Don Juan palideció cuando vio muebles cubiertos de polvo, tapices raídos, cortinas desgarradas señal de haber estado cerrada durante mucho tiempo. Abrió la habitación donde paso la noche y vio colgado de la silla su espadín, se alivio el capitán pues daba muestra de que no había sufrido una alucinación.
Don Juan de Echenique penso que esto era una advertencia del mas allá, ingreso en un convento abandonando así su vida frívola.
El espadín se coloco en la parroquia de san Sebastián a los pies del Cristo de la fe, que es conocido como el Cristo del guardia de Corps.
De todo un poco. Leyendas, tradiciones e historias curiosas de todas las regiones de España. Unas son verdad y otras no tanto.
Selección
viernes, 5 de agosto de 2011
El oso del escudo de Madrid
Uno de los obsequios de la villa de Madrid a Juan II de Castilla fue un oso pequeño vivo, encerrado en una jaula de gruesos troncos de nogal. El oso estaba amaestrado y en el regalo estaba incluido el cuidador, un húngaro que no sabía una palabra de castellano y que dominaba al osezno por medio de alaridos y ademanes violentos.
Todo esto gustó mucho al rey niño y no hubiera disgustado a nadie de la comitiva real de no ser porque, dos noches después de la llegada, el oso rompió los barrotes, se escapó, hirió a un centinela y desapareció en la espesura que rodeaba al Alcázar, es decir, el Campo del Moro.
El húngaro se marchó diciendo que iba a buscar al osezno, y no volvió.
Y en eso quedó el regalo.
(Texto copiado de "¿Por qué es Madrid la capital de España...?" de Federico Bravo Morata)
Todo esto gustó mucho al rey niño y no hubiera disgustado a nadie de la comitiva real de no ser porque, dos noches después de la llegada, el oso rompió los barrotes, se escapó, hirió a un centinela y desapareció en la espesura que rodeaba al Alcázar, es decir, el Campo del Moro.
El húngaro se marchó diciendo que iba a buscar al osezno, y no volvió.
Y en eso quedó el regalo.
(Texto copiado de "¿Por qué es Madrid la capital de España...?" de Federico Bravo Morata)
El Nuberu - Dios de nubes y tormentas
El Nuberu es la divinidad de las nubes y las tormentas, se le representa como un hombre con espesa barba , viste pieles de cabra y un sombrero de ala ancha, puede ser terriblemente dañino con las personas dañando pastos y sembrados, si bien puede ser muy beneficioso con aquellos que le ayuden.
El mito nos cuenta que vive en Egipto en la ciudad del grito, en una ocasión vino a Asturias montado en las nubes, teniendo la mala suerte de caerse a la tierra, pidió cobijo y nadie se lo dio hasta bien entrada la noche en el que un pobre campesino se apiadó de él. En gratificación todos los años le riega bien sus sembrados aumentando estos.
Años después este campesino tiene que efectuar un viaje al lejano Egipto, enterándose el campesino de que su amada después de tantos años de ausencia decide casarse con otro, va a pedir ayuda al Nuberu, éste le monta en una nube llegando a tiempo para impedir la boda.
El mito nos cuenta que vive en Egipto en la ciudad del grito, en una ocasión vino a Asturias montado en las nubes, teniendo la mala suerte de caerse a la tierra, pidió cobijo y nadie se lo dio hasta bien entrada la noche en el que un pobre campesino se apiadó de él. En gratificación todos los años le riega bien sus sembrados aumentando estos.
Años después este campesino tiene que efectuar un viaje al lejano Egipto, enterándose el campesino de que su amada después de tantos años de ausencia decide casarse con otro, va a pedir ayuda al Nuberu, éste le monta en una nube llegando a tiempo para impedir la boda.
Achamán - El principio del mundo
En un principio era Achamán, dios poderoso y eterno que se bastaba a sí mismo. Antes de él sólo había la nada y el vacío, el mar no reflejaba el cielo y la luz aún carecía de colores. Achamán también se llamaba Abora y también Alcorac. A él debían su existencia las criaturas, pues creó la tierra y el agua, el fuego y el aire, y toda la vida que en ellos cabía. Achamán habitaba las alturas y a veces las cumbres de las montañas para regocijarse contemplando lo que ante su mirada se avivaba.
Un día se detuvo Achamán en la cima de Echeyde. Desde allí su obra le pareció más bella y perfecta, como si la descubriese por vez primera, y pensó que debía compartirla. Entonces decidió hacer a los seres humanos para que también ellos admirasen lo creado, para que de ellos hicieran uso y para que lo conservasen.
Un día se detuvo Achamán en la cima de Echeyde. Desde allí su obra le pareció más bella y perfecta, como si la descubriese por vez primera, y pensó que debía compartirla. Entonces decidió hacer a los seres humanos para que también ellos admirasen lo creado, para que de ellos hicieran uso y para que lo conservasen.
La Nao fantasma - Cartagena
En el año 1618 levantóse en Cartagena la Tela de Regimiento, palenque destinado a torneos, justas, lizas, juegos de sortijas, carreras de cañas y otros espectáculos caballerescos propios de la época en que se rendía culto a la destreza en el ejercicio de las armas.
Entre los muchos y arrogantes caballeros que se presentaron al torneo, sobresalía, por su arrogancia, don Luis Garre, de Cáceres, apuesto mancebo que entusiasmaba, no sólo al populacho, sino a las más linajudas damas de la nobleza.
Don Luis había vuelto a Cartagena después de dos años de ausencia; alejamiento casi obligado por una historia infamante en sus amores con doña Leonor de Ojeda, hija del alcaide del castillo que más tarde se llamó de la Concepción.
Esta dama, a quien amaba, desde años atrás, don Luis, tenía amores con el moro Yusuf Ben Ah, que para poder convivir en una sociedad donde imperaba el espíritu de intransigencia religiosa, había fingido la conversión, adoptando el nombre de don Carlos Laredo. En secreto, y en la intimidad de su hogar, practicaba, junto con su padre Mohámed y su hermana Fátima, la fe de Mahoma.
Enterado don Luis de esto, y deseoso de desembarazarse de don Carlos, a fin de tener el camino libre hasta llegar hasta doña Leonor, denunció al de Laredo, o, mejor dicho, a Yusuf, y el Santo Oficio le condenó a la hoguera, donde murió proclamando su fe mahometana.
El viejo Mohamed cayó en profunda melancolía, animándose únicamente cuando, junto con su hija Fátima, hacía planes para vengarse de don Luis, que había desaparecido de España. Murió, por fin, el anciano; pero antes hizo jurar a su hija, por Alá, que ella realizaría la venganza que entre ambos habían planeado.
Cuando, pasados dos años, apareció de nuevo don Luis en las justas y torneos de Cartagena, quedó sorprendido al recibir una misiva en la que se le decía que "si para amparar a una dama era tan valeroso como por la tarde en la Tela, le esperaban al toque de queda en el molino derruido enclavado en el arranque del camino de Canteras".
Pensando que tal vez se trataba de un lance amoroso, acudió el arrogante don Luis a la cita. En el lugar indicado se encontró con una dama tapada, que le recibió cariñosamente, ofreciéndole un refresco. El caballero apuró de una sola vez el líquido y, transcurridos unos momentos, cayó como herido por el rayo.
La tapada atóle fuertemente de pies y manos; después salió del molino e hizo una seña. Aparecieron, a su gesto, dos hombres que llevaban una litera, sobre la que colocaron a don Luis, y seguidos por la dama emprendieron el camino por la falda del monte Sicilia, hoy monte y castillo de Atalaya, hasta llegar a la cala llamada Algameca, en recuerdo al santo morabito Selim El Algamek.
Se acercó a la playa un ligero esquife, en el que embarcaron la dama y el cuerpo inerte del caballero. La pequeña embarcación atracó a una galera en cuyo mástil flameaba el estandarte de la media luna.
Mientras unos marineros levaban anclas, otros bajaron al sollado el cuerpo del caballero Garre. La nave hizo rumbo a Argel, cortando las aguas del Mediterráneo.
Bajó la dama al sollado y acercó a la nariz de Garre un pomo de sales, que le devolvieron el conocimiento. Cuando vio ante sí a Fátima, la sangre se heló en sus venas. Intentó levantarse; pero fuertes ligaduras se lo impedían. Ante su imaginación apareció la imagen de Yusuf: su tormento, la hoguera... Comprendió que había llegado su última hora.
Fátima, sombría, parecía el ángel del mal. Erguida ante el caballero, pronunció su sentencia. Comería el pan de la esclavitud; pasaría su vida encadenado al banco del galeote; el látigo del arráez laceraría su cuerpo, y su existencia sería para él una pesada y dolorosa carga. Yusuf y Mohamed estaban vengados. Salió luego del sollado, y don Luis quedó en la mayor desesperación.
Una vez solo, don Luis decidió escapar o morir luchando. Después de titánicos esfuerzos, consiguió romper las ligaduras de sus manos. Recordando que del techo de su prisión pendía una linterna, pensó encenderla para preparar la huida. Sacó de su escarcela eslabón y pajuela, que encendió rápidamente. Un brusco viraje de la nave le hizo, perder el equilibrio. Cayó, y dejó escapar de su mano la pajuela encendida sobre un montón de estopa y jarcias embreadas, que ardieron al punto.
Envuelto en humo y aterrorizado por el peligro, el hidalgo buscó la salida. A la luz de las llamas, vio con espanto, junto a ellas, una barrica de las destinadas a guardar pólvora.
Perdida la esperanza, hincóse de rodillas, pidiendo perdón al Redentor por sus muchos pecados.
Una horrenda detonación atronó el espacio. Trozos de bajel, cadáveres mutilados, fragmentos de objetos, fueron lanzados por el aire. Una nube negra elevóse hasta el cielo, y el mar borró una tragedia cuyos protagonistas se hundieron para siempre en sus profundidades.
Cuentan los pescadores de estas costas —Escombreras, Portús y La Azohía— que todos los años, al alba del día de la Virgen, se oye un pavoroso estruendo, como un cañonazo, que desvanece bruscamente
una sombra flotante, cuya silueta se parece a una nave que ellos han bautizado con el nombre de la Nao Fantasma.
(Vicente García de Diego en LEYENDAS DE ESPAÑA)
Entre los muchos y arrogantes caballeros que se presentaron al torneo, sobresalía, por su arrogancia, don Luis Garre, de Cáceres, apuesto mancebo que entusiasmaba, no sólo al populacho, sino a las más linajudas damas de la nobleza.
Don Luis había vuelto a Cartagena después de dos años de ausencia; alejamiento casi obligado por una historia infamante en sus amores con doña Leonor de Ojeda, hija del alcaide del castillo que más tarde se llamó de la Concepción.
Esta dama, a quien amaba, desde años atrás, don Luis, tenía amores con el moro Yusuf Ben Ah, que para poder convivir en una sociedad donde imperaba el espíritu de intransigencia religiosa, había fingido la conversión, adoptando el nombre de don Carlos Laredo. En secreto, y en la intimidad de su hogar, practicaba, junto con su padre Mohámed y su hermana Fátima, la fe de Mahoma.
Enterado don Luis de esto, y deseoso de desembarazarse de don Carlos, a fin de tener el camino libre hasta llegar hasta doña Leonor, denunció al de Laredo, o, mejor dicho, a Yusuf, y el Santo Oficio le condenó a la hoguera, donde murió proclamando su fe mahometana.
El viejo Mohamed cayó en profunda melancolía, animándose únicamente cuando, junto con su hija Fátima, hacía planes para vengarse de don Luis, que había desaparecido de España. Murió, por fin, el anciano; pero antes hizo jurar a su hija, por Alá, que ella realizaría la venganza que entre ambos habían planeado.
Cuando, pasados dos años, apareció de nuevo don Luis en las justas y torneos de Cartagena, quedó sorprendido al recibir una misiva en la que se le decía que "si para amparar a una dama era tan valeroso como por la tarde en la Tela, le esperaban al toque de queda en el molino derruido enclavado en el arranque del camino de Canteras".
Pensando que tal vez se trataba de un lance amoroso, acudió el arrogante don Luis a la cita. En el lugar indicado se encontró con una dama tapada, que le recibió cariñosamente, ofreciéndole un refresco. El caballero apuró de una sola vez el líquido y, transcurridos unos momentos, cayó como herido por el rayo.
La tapada atóle fuertemente de pies y manos; después salió del molino e hizo una seña. Aparecieron, a su gesto, dos hombres que llevaban una litera, sobre la que colocaron a don Luis, y seguidos por la dama emprendieron el camino por la falda del monte Sicilia, hoy monte y castillo de Atalaya, hasta llegar a la cala llamada Algameca, en recuerdo al santo morabito Selim El Algamek.
Se acercó a la playa un ligero esquife, en el que embarcaron la dama y el cuerpo inerte del caballero. La pequeña embarcación atracó a una galera en cuyo mástil flameaba el estandarte de la media luna.
Mientras unos marineros levaban anclas, otros bajaron al sollado el cuerpo del caballero Garre. La nave hizo rumbo a Argel, cortando las aguas del Mediterráneo.
Bajó la dama al sollado y acercó a la nariz de Garre un pomo de sales, que le devolvieron el conocimiento. Cuando vio ante sí a Fátima, la sangre se heló en sus venas. Intentó levantarse; pero fuertes ligaduras se lo impedían. Ante su imaginación apareció la imagen de Yusuf: su tormento, la hoguera... Comprendió que había llegado su última hora.
Fátima, sombría, parecía el ángel del mal. Erguida ante el caballero, pronunció su sentencia. Comería el pan de la esclavitud; pasaría su vida encadenado al banco del galeote; el látigo del arráez laceraría su cuerpo, y su existencia sería para él una pesada y dolorosa carga. Yusuf y Mohamed estaban vengados. Salió luego del sollado, y don Luis quedó en la mayor desesperación.
Una vez solo, don Luis decidió escapar o morir luchando. Después de titánicos esfuerzos, consiguió romper las ligaduras de sus manos. Recordando que del techo de su prisión pendía una linterna, pensó encenderla para preparar la huida. Sacó de su escarcela eslabón y pajuela, que encendió rápidamente. Un brusco viraje de la nave le hizo, perder el equilibrio. Cayó, y dejó escapar de su mano la pajuela encendida sobre un montón de estopa y jarcias embreadas, que ardieron al punto.
Envuelto en humo y aterrorizado por el peligro, el hidalgo buscó la salida. A la luz de las llamas, vio con espanto, junto a ellas, una barrica de las destinadas a guardar pólvora.
Perdida la esperanza, hincóse de rodillas, pidiendo perdón al Redentor por sus muchos pecados.
Una horrenda detonación atronó el espacio. Trozos de bajel, cadáveres mutilados, fragmentos de objetos, fueron lanzados por el aire. Una nube negra elevóse hasta el cielo, y el mar borró una tragedia cuyos protagonistas se hundieron para siempre en sus profundidades.
Cuentan los pescadores de estas costas —Escombreras, Portús y La Azohía— que todos los años, al alba del día de la Virgen, se oye un pavoroso estruendo, como un cañonazo, que desvanece bruscamente
una sombra flotante, cuya silueta se parece a una nave que ellos han bautizado con el nombre de la Nao Fantasma.
(Vicente García de Diego en LEYENDAS DE ESPAÑA)
martes, 10 de mayo de 2011
El salto de la Reina Mora - Siurana
El rey moro se había hecho fuerte en su castillo de Siurana y desde allí no cesaba de hostigar a los cristianos que ya dominaban ya toda la comarca del Priorato, alrededor del castillo.
Su mujer, Abdel Assía, era una mujer de belleza sin igual ornada con todos los dones de la naturaleza. En cierta ocasión en que las huestes moras se encontraban peleando contra el Señor de Tarragona, Amat de Claramunt, esta dama, segura de la inespugnabilidad del castillo, ofrecía un espléndido banquete a sus cortesanos. La lucha se desarrollaba tan cerca que una flecha cristiana cayó en medio de la mesa causando el consiguiente pánico. Los comensales se dieron cuenta de que los cristianos ya habían entrado en el castillo y se aprestaron a tomar las armas. Pero ya era tarde.
La reina consiguió montar en su caballo y se dirigió hacia la puerta seguida por los soldados cristianos que corrieron a detenerla. Viéndose perdida la reina dirigió el caballo hacia el abismo y se lanzó al fondo. Tal fue la fuerza del impulso del animal al saltar que su herradura quedó marcada en la roca viva y aun hoy puede ser contemplada por los curiosos visitantes
Su mujer, Abdel Assía, era una mujer de belleza sin igual ornada con todos los dones de la naturaleza. En cierta ocasión en que las huestes moras se encontraban peleando contra el Señor de Tarragona, Amat de Claramunt, esta dama, segura de la inespugnabilidad del castillo, ofrecía un espléndido banquete a sus cortesanos. La lucha se desarrollaba tan cerca que una flecha cristiana cayó en medio de la mesa causando el consiguiente pánico. Los comensales se dieron cuenta de que los cristianos ya habían entrado en el castillo y se aprestaron a tomar las armas. Pero ya era tarde.
La reina consiguió montar en su caballo y se dirigió hacia la puerta seguida por los soldados cristianos que corrieron a detenerla. Viéndose perdida la reina dirigió el caballo hacia el abismo y se lanzó al fondo. Tal fue la fuerza del impulso del animal al saltar que su herradura quedó marcada en la roca viva y aun hoy puede ser contemplada por los curiosos visitantes
lunes, 9 de mayo de 2011
El caso Manises
Los hechos
El suceso lo protagonizó un Supercaravelle de la compañía TAE (ya desaparecida). Este vuelo, el JK-297 con 109 pasajeros, procedía de Salzburgo (Austria) y había hecho escala en Mallorca antes de seguir rumbo a Tenerife.
A medio camino y sobre las 11 de la noche, el piloto Francisco Javier Lerdo de Tejada y su tripulación observaron una serie de luces rojas que se dirigían hacia la propia aeronave. El rumbo de colisión de este presunto artefacto provocó un gran nerviosismo en la tripulación. El comandante pidió información sobre las extrañas luces, pero ni el radar militar de Torrejón de Ardoz (Madrid), ni el centro de control de Barcelona pudieron dar una explicación del fenómeno.
Para evitar una posible colisión, el comandante elevó su aparato, pero las luces hicieron lo mismo y se colocaron a apenas medio kilómetro del avión. La imposiblidad de hacer una maniobra para esquivarlas provocó que el comandante se viese forzado a desviar su rumbo y aterrizar de emergencia en el aeropuerto de Manises. Es la primera vez en la historia que un avión comercial se ve obligado a aterrizar de emergencia debido a un supuesto avistamiento ovni, ya que el no identificado estaba violando todas las normas básicas de seguridad.
Las luces detuvieron la persecución antes del aterrizaje. Tres formas no identificadas fueron detectadas finalmente por el radar. El tamaño de aquella forma luminosa fue calculado en unos 200 m de diámetro, y fue observado por numerosos testigos. Una de las extrañas formas pasó muy cerca de la pista de aterrizaje. Incluso se llegaron a encender las luces de emergencia en previsión de que aquél fuera un vuelo no registrado en apuros.
Ya el día siguiente, sobre las 0.40 horas, un Mirage F-1 despegó de la base aérea de Los Llanos (Albacete) con el objetivo de identificar el fenómeno. El piloto, Fernando Cámara, capitán del Ejército del Aire, tuvo que aumentar su velocidad hasta 1,4 mach para finalmente distinguir una forma troncocónica que cambiaba de color, aunque enseguida el artefacto desapareció de su vista. El piloto recibió información sobre un nuevo eco del radar, que indicaba que un nuevo objeto, o quizás el mismo, estaba sobre Sagunto. Cuando el piloto se acercó lo suficiente, el objeto aceleró y desapareció de nuevo. Pero esta vez, el caza fue blocado (sus sistemas electrónicos fueron inutilizados). En términos de defensa esto se considera una operación de agresividad. Finalmente, ocurrió lo mismo por tercera vez, y esta vez el ovni desapareció definitivamente rumbo a África. Tras hora y media de persecución, y debido a la falta de combustible, el piloto tuvo que volver a su base sin resultados.
Posibles explicaciones
Hay múltiples explicaciones de este suceso: desde los que creen que el fenómeno ovni consiste en la visita de habitantes de otros mundos hasta los que piensan que aquellas luces no eran más que astros nocturnos o fenómenos meteorológicos.
Los escépticos explican el bloqueo electrónico del Mirage F-1 basándose en que estaba estacionada en la zona la Sexta Flota de la Marina de los Estados Unidos con un potente sistema de guerra electrónica, pendiente de los sucesos de la crisis de los rehenes en Irán.
La explicación oficial vendría gracias al expediente del Ejército del Aire, que sería desclasificado años después, en agosto de 1994. El asunto llegó incluso al Congreso de los Diputados, cuando en septiembre de 1980 el diputado Enrique Múgica pidió una explicación de lo ocurrido.
Una de las explicaciones más recientes de los hechos, auspiciada por la Fundación Anomalía, afirma que las luces vistas por la tripulación del Supercaravelle JK-297 eran en realidad las llamaradas de las torres de combustión de la refinería de Escombreras, junto a Cartagena.
No obstante, el suceso no está cerrado y sigue siendo fruto de debates y todo tipo de explicaciones.
El suceso lo protagonizó un Supercaravelle de la compañía TAE (ya desaparecida). Este vuelo, el JK-297 con 109 pasajeros, procedía de Salzburgo (Austria) y había hecho escala en Mallorca antes de seguir rumbo a Tenerife.
A medio camino y sobre las 11 de la noche, el piloto Francisco Javier Lerdo de Tejada y su tripulación observaron una serie de luces rojas que se dirigían hacia la propia aeronave. El rumbo de colisión de este presunto artefacto provocó un gran nerviosismo en la tripulación. El comandante pidió información sobre las extrañas luces, pero ni el radar militar de Torrejón de Ardoz (Madrid), ni el centro de control de Barcelona pudieron dar una explicación del fenómeno.
Para evitar una posible colisión, el comandante elevó su aparato, pero las luces hicieron lo mismo y se colocaron a apenas medio kilómetro del avión. La imposiblidad de hacer una maniobra para esquivarlas provocó que el comandante se viese forzado a desviar su rumbo y aterrizar de emergencia en el aeropuerto de Manises. Es la primera vez en la historia que un avión comercial se ve obligado a aterrizar de emergencia debido a un supuesto avistamiento ovni, ya que el no identificado estaba violando todas las normas básicas de seguridad.
Las luces detuvieron la persecución antes del aterrizaje. Tres formas no identificadas fueron detectadas finalmente por el radar. El tamaño de aquella forma luminosa fue calculado en unos 200 m de diámetro, y fue observado por numerosos testigos. Una de las extrañas formas pasó muy cerca de la pista de aterrizaje. Incluso se llegaron a encender las luces de emergencia en previsión de que aquél fuera un vuelo no registrado en apuros.
Ya el día siguiente, sobre las 0.40 horas, un Mirage F-1 despegó de la base aérea de Los Llanos (Albacete) con el objetivo de identificar el fenómeno. El piloto, Fernando Cámara, capitán del Ejército del Aire, tuvo que aumentar su velocidad hasta 1,4 mach para finalmente distinguir una forma troncocónica que cambiaba de color, aunque enseguida el artefacto desapareció de su vista. El piloto recibió información sobre un nuevo eco del radar, que indicaba que un nuevo objeto, o quizás el mismo, estaba sobre Sagunto. Cuando el piloto se acercó lo suficiente, el objeto aceleró y desapareció de nuevo. Pero esta vez, el caza fue blocado (sus sistemas electrónicos fueron inutilizados). En términos de defensa esto se considera una operación de agresividad. Finalmente, ocurrió lo mismo por tercera vez, y esta vez el ovni desapareció definitivamente rumbo a África. Tras hora y media de persecución, y debido a la falta de combustible, el piloto tuvo que volver a su base sin resultados.
Posibles explicaciones
Hay múltiples explicaciones de este suceso: desde los que creen que el fenómeno ovni consiste en la visita de habitantes de otros mundos hasta los que piensan que aquellas luces no eran más que astros nocturnos o fenómenos meteorológicos.
Los escépticos explican el bloqueo electrónico del Mirage F-1 basándose en que estaba estacionada en la zona la Sexta Flota de la Marina de los Estados Unidos con un potente sistema de guerra electrónica, pendiente de los sucesos de la crisis de los rehenes en Irán.
La explicación oficial vendría gracias al expediente del Ejército del Aire, que sería desclasificado años después, en agosto de 1994. El asunto llegó incluso al Congreso de los Diputados, cuando en septiembre de 1980 el diputado Enrique Múgica pidió una explicación de lo ocurrido.
Una de las explicaciones más recientes de los hechos, auspiciada por la Fundación Anomalía, afirma que las luces vistas por la tripulación del Supercaravelle JK-297 eran en realidad las llamaradas de las torres de combustión de la refinería de Escombreras, junto a Cartagena.
No obstante, el suceso no está cerrado y sigue siendo fruto de debates y todo tipo de explicaciones.
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