lunes, 30 de junio de 2014

Torre Baró - Barcelona

El caserón del siglo XVIII que aparece en la foto era la torre del Barón de Pinós, que dió nombre a toda una zona de las afueras de Barcelona.

A pesar de aparecer como edificio protegido en el Catálogo del Patrimonio, fué demolida en Marzo de 1967 para facilitar las obras de la nueva Avenida Meridiana.

El entorno conservó el nombre y mucha gente cree que la Torre del Baró era un castillo inacabado que se encuentra en lo alto de un otero y que había sido encargado por el Marqués de Sivatte.
 
(La Barcelona Desapareguda - Josep M. y Guillem Huertas)

domingo, 29 de junio de 2014

La Plaza Castilla y el Tío Colmenares

El dueño de la enorme extensión que ocupa la Plaza de Castilla y de gran parte de sus alrededores fué "el tío Colmenares", un trapero de romance, personaje popular en la zona por su forma de vida miserable a pesar de su gran fortuna. Lo que él no quiso gastar lo derrochó cierta moza de armas tomar, que manejó la voluntad de Colmenares a su antojo y el buen hombre tuvo que malvender sus propiedades, quedándose en la miseria.
La moza abandonó al infeliz, que murió en un chamizo junto a lo que ahora es la estación de Chamartín. Las tierras las había vendido en gran parte a un tal Cabrero, que lo era de apellido y no de oficio.
El trapero falleció en la miseria. Una vieja gitana había predicho así su triste final:
"Morirás con los bolsillos vacíos y el corazón atravesao por la amargura del desamor y del olvío".
Colmenares se despidió de este mundo con el nombre de su amada en los labios, perdonándola y hasta bendiciéndola.

(Leyendas y anécdotas del viejo Madrid – Francisco Azorín)

sábado, 28 de junio de 2014

La Baraja española

La baraja española, es única en el mundo debido a la ausencia de reinas y a la riqueza de sus diseños.
Las figuras son de inspiración medieval y sus palos representan a los estamentos más importantes de la época: Los comerciantes (Oros), el clero (Copas), la nobleza (espadas) y los siervos (Bastos). Pueden ser de 40, 48 o de 50 naipes dependiendo del juego.
Fue adoptada en Nápoles durante el dominio de Aragón y ha evolucionado posteriormente más en España que en Italia, por lo que la baraja Napolitana es más parecida a la antigua baraja española.
En 1868, un impresor burgalés de origen francés, afincado en Vitoria, Heraclio Fournier, presentó su baraja litografiada, cuyo diseño fue premiado en la Exposición Universal de París. Pero el diseño definitivo de la "Baraja española" que ha llegado hasta hoy bajo diferentes "visiones" artísticas o rústicas es el que realizó Augusto Ríus para el propio Fournier.
En España se utilizan 3 estilos diferentes, el de Cádiz, el catalán y el castellano. Principalmente se ven los dos últimos ya que el estilo de Cádiz es más antiguo y es el que se utilizaba para las cartas destinadas a la exportación.
Los reyes se representan generalmente con hombres mayores y barbados. Sin embargo, los reyes de copas y de oros suelen parecer más jóvenes. Desde el siglo XVIII, los caballos de copas y oros suelen mirar hacia la izquierda, mientras que los de bastos y espadas lo hacen hacia la derecha.
En cuanto a la curiosa Sota, pese a su apariencia afeminada, en realidad se trata de un paje de pie y simboliza al criado o mensajero. Los colores de las calzas, inicialmente todas rojas, y de los sayos, así como la posición de sus piernas y la colocación del motivo del palo, varían según los palos y la inventiva de los autores del diseño.
Una de las innovaciones de la baraja española respecto a las de otros países fue la adopción de las pintas o discontinuidades en los lados inferior y superior del rectángulo que encierra los motivos de cada naipe. Estas pintas ya aparecen en barajas del siglo XVI para, según se cree, dificultar la visión de las cartas a los mirones, objetivo que posteriormente sería perfeccionado con la utilización de los índices. Efectivamente, ambos recursos hacen que el jugador no necesite extender las cartas que tiene en la mano para saber cuáles son, ya que con sólo separarlas un poco conoce a qué palo pertenecen y qué figura o carta numeral es cada una. El palo de oros no tiene pintas; el de copas tiene una; dos, el de espadas y tres, el de bastos. Es posible observar que con la adopción de las pintas los palos de la baraja se ordenan del modo siguiente: oros, copas, espadas y bastos.

viernes, 27 de junio de 2014

Fray Diego de Chaves

El padre Fray Diego de Chaves cuya historia de atrevimientos , rencores y sutilezas teológicas se escribirá algún día, fué, como es sabido, confesor, inspirador, secretario intimo y verdadero Ministro sin parecerlo, del Rey Felipe II.
Al borde del sepulcro, con 90 años sobre la cogulla, viendo vacilar al Rey en la conducta que había de seguir en Aragón, cuando las turbaciones de Antonio Pérez, le dijo con voz meliflua una mañana, después de confesarle: -Dios ha peleado por vos. Si perdonáis a sus enemigos, El no os perdonará a vos. No haya procesos, sentencias ni ejecuciones-, porque basta dar los nombres de los culpables para que todo súbdito del Rey quede autorizado a matarlos.
El consejo era horrible, y por serlo demasiado, se llevó a cabo con refinada crueldad, porque ese era el espíritu que dominaba en la diplomacia intolerante do aquella época.
Mientras Aragón ardía y Flandes se anegaba en sangre, Fray Diego muy devoto de la Virgen del Rosario tenia la costumbre do decir misa muy temprano en Santo Domingo al Real, y después conversaba amigablemente con las monjas en locutorio privado, donde tomaba chocolate y murmuraba de todo lo humano y aun de lo divino con la serenidad del justo que no tiene nada por lo que le remuerda la conciencia.
Cierto día, el siguiente de haber sido puesta en libertad la valerosa D.ª Juana Coello. esposa de Antonio Pérez, en el instante mismo en que Fray Diego de Chaves subía al altar mayor de las Dominicas a decir misa se presento Doña Juana vestida de luto y asiendo fuertemente la casulla del fraile, se dirigió a Diós poniéndole por testigo y pidiéndole a voces justicia contra el confesor del Rey que la habla engañado. El suceso produjo gran escándalo aunque no había mucha gente en la capilla; las monjas chillaron en el coro, los monaguillos huyeron a la calle y es fama que el reverendo padre Chaves, no obstante su imperturbable poderío, se alteró tanto que bajó del altar danto traspiés y se metió en la sacristía sin decir la misa.

jueves, 26 de junio de 2014

La Granja de la Duquesa - Legazpi

El Paseo del Molino debe su nombre al último de los que fueron instalados al construirse el fallido Canal. Conduce al lugar llamado LA CHINA por el edificio inmediato que se dedicó para almacén de la porcelana que se fabricaba en el Retiro y que después fue fábrica de pólvora. Al comienzo del paseo se encuentra la antigua posesión denominada Casa-Puerta. Sólo queda la tapia que limita su gran extensión y, en el fondo, la pequeña fuente de esta egregia quinta: primitivamente, propiedad regia, pasó después a ser del duque de Sesto, y de los marqueses de Balsares y de Leganés. Los techos del palacete fueron pintados por Claudio Coello, Carreño y Lucas Jordán.
En tal sitio tampoco iba a faltar la leyenda que va dar una nueva denominación al lugar: "La Granja de la Duquesa": Transcurre el suceso a mediados di reinado de Carlos IV. El duque de Alora mantiene relaciones amorosas con una comedianta muy en boga entonces, siendo el nido de sus devaneos el sitio que me estoy refiriendo. El duque tuvo que acceder á casarse por conveniencia con una prima suya, la cual estaba perdidamente enamorada del galán aún conociendo, como todo Madrid, el trapicheo con la actriz.
La que iba a ser duquesa, dos días antes de la boda, reunió en la capilla del palacio de sus padres, a su confesor y al novio, a quien hizo jurar sobre los Evangelios que rompería para siempre con su amante. El duque, cogido por sorpresa o poco escrupuloso, realizo la sacra promesa y se verificó la boda, y antes de cumplirse el mes, la duquesita supo que los amantes continuaban reuniéndose en la casa del Río. Una noche entró, escondiéndose en el jardín. Cuando vio luz en las ventanas del cuarto donde ellos se refocilaban, se colocó junto al hondo estanque y desde allí les llamó la atención con grandes voces; ellos abrieron los cristales y entonces la duquesita, erguida, arrogante se dirigió a su marido, gritándole: - ¡Por tu culpa! -y se arrojó al agua.
El terror de los amantes hizo que tardaran en socorrerla; cuando acudieron con luces y criados, se habían ahogado. Sobre el macizo de ladrillo que formaba el borde del estanque encontraron un abrigo y un chapín de raso. Luego, la encumbrada familia echó tierra al asunto... ¡cómo siempre!

(Leyendas y anécdotas del viejo Madrid – Francisco Azorín)

Lo seny de les hores - Barcelona

"Lo seny de les hores" , jubilado en 1865 y conservado en et Museo de Historia de ta ciudad, ha sido durante tres siglos una verdadera institución en Barcelona.

Barcelona tiene la suerte, bien merecida, de contar con una obra señera de la mecánica del siglo XVI: el reloj que desde la Torre de las Horas de la catedral, y hasta hace poco mas de cien años, reguló la vida de la ciudad, siendo reemplazado, en 1865, por el que en su taller-fábrica de Gracia construyó el suizo Alberto Billeter.

Este raro ejemplar de reloj -cura marcha parece que era normal en el momento del relevo - puede reputarse, sin lugar a error, como el más antiguo de España en su género, hecho la salvedad de que actual mente no está en funcionamiento. (Dejo constancia de ello porque, al ponerse ahora en circulación el libro "Relojes españoles", que es un compendio de todas mis colaboraciones sobre el tema aparecidas en este mismo diario, creo obligado advertir al lector de esta justificable omisión.)

Extranjeros también, como Billeter, fueron sus autores, los flamencos Clemente Ossen, de Utrech, y Simón Nicolau. de Purmerende, sobre quienes no hay más documentación que la relativa a los emolumentos que se les fijaron por la obra.

La excelente máquina que realizaron estos artífices, cuando nuestro Felipe II reinaba en medio orbe, está enjaulada en un bastidor de estilo gótico -manifiestamente tardío- que remata en el típico florón. Todo el conjunto es de hierro, y de una solidez probada. Sobre cada uno de sus cuatro costados campean las escudos de Barcelona y del Reino de Aragón, repetidos alternativamente y en una cartela consta el año de construcción, que es el de 1576.

A la vista de este trabajo hercúleo se comprende bien que la relojería no estuviese muy distanciada aún de la cerrajería y de la forja, tras dos siglos de esfuerzos por lograr la medición mecánica del tiempo. Por otra parte, el oficio era forzosamente ambulante (como venia siéndolo también el de impresor, y lo más probable es que los maestros Nicolau y Ossen. una vez concluido el contrato en Barcelona,  marchasen  a otras poblaciones donde sus servicios fuesen nuevamente.

Agradezcamos al Cabildo catedralicio de 1865, cerca del cual hubo de influir Billeter en tal sentido, el sabio y previsor acuerdo que adoptó de conservar la reliquia. En el pasado era costumbre, por razones de economía, servirse de la chatarra del reloj desahuciado para la fundición del nuevo y. además, el estorbo de tan inútil armatoste recomendaba a voces el desguace total. Laudable medida, pues, que ha permitido perpetúarse hasta nosotros el venerable "seny de les hores". el cual, siempre a cargo del Ayuntamiento, se ha conservado durante mucho tiempo en el Parque de la Ciudadela y pasó después, definitivamente, al Museo de Historia de la ciudad, donde es posible verlo.

Este admirable reloj estuvo implicado, por culpa de quien aquí lo confiesa, y ello sin tener siquiera noticia de su existencia actual, en los afanes de la investigación europea. En efecto, yo recogí la papeleta "prestada" que me facilitó un erudito catalán, que la obtuvo y me la dio de buena fe, en un libro aparecido en 1954, cuando me iniciaba en estas tareas. Decía en ella que este reloj, "según mencionan las crónicas, procedió a Huygens en su invento, por haberse construido con péndulo como elemento regulador".

Desde entonces no me ha sido posible –lógicamente- cerciorarme de la veracidad de esa fuente; es decir, no he logrado conocer cuáles fueran las crónicas a que aludía mi amigo, con el que perdí todo contacto después. Pero si pude darme cuenta, en cambio, de la enorme trascendencia que aparejaba una cita de ese tenor. Tan solo tres años más tarde, el profesor Enrlco Morpurgo me hacía fiador de ella al reproducirla en su obra "L’orologio e il pendolo" (Roma, 1951). y fueron varios los estudiosos que con posterioridad se han dirigido a mi para que tratase de constatar la exactitud del texto.

No era para menos, pues la mera suposición de que pudiese haber un reloj anterior a la fecha "oficial" de la aplicación del péndulo al reloj (Christian Huygens. 1656) hubiera bastado para alterar a media Europa, desatando de nuevo la polémica mantenida por algunos sobre la paternidad del invento. Ya en vida del propio Huygens se le reprochó la apropiación de un descubrimiento que se supuso de Galileo (1641) y desde fines del siglo XIX se han originado dudas y disquisiciones científicas, a favor y en contra, sobre la sospecha de que Leonardo da Vinci hubiese "intuido" asimismo esta aplicación del péndulo (1495), bien que sin conocer sus leyes de isocronismo. A mí el susto me sirvió al menos, para enterarme de la gran responsabilidad que asume el escritor- aunque lo sea por afición y sólo cultive la pequeña historia- ante el ancho mundo de sus lectores.

Mientras tanto, y ajeno a esas suposiciones, que le hubieran convertido en "supervedette" internacional, el reloj de la catedral seguía ahí, dejándose contemplar del público barcelonés, que le conoce familiarmente como "Lo seny de les hores".

Por cierto que el nombre en cuestión lo heredó este ejemplar del primitivo que hubo en el templo, instalado en 1383, según unos, o en 1393, al decir de otros; obsequio de la República de Venecia a la ciudad de los condes por haberle permitido copiar las Leyes del Mar. según afirmó Capmany o de acuerdo con una "tradición no confirmada'*, en frase del costumbrista Joan Amades. La del año exacto no deja de tener sus implicaciones ya que otra polémlca hay en curso, en la que Interviene como sujeto pasivo el primitivo "seny", en pugna con el de la catedral de Sevilla, también de 1393 (aunque el padre Mariana fija la fecha en 1396, al que Arana de Val fio ra convino en designar como el “primero de campana que se puso en España", haciendo asistir a la ceremonia de su instalación al rey Enrique III de Castilla.

Convengamos en que la discusión sobre este último punto es de alcance provinciano, frente a las numerosas incógnitas pendientes de solución que ofrece la historia del reloj en sus orígenes.

(Luis Montañés en ABC)

miércoles, 25 de junio de 2014

Las Cuentas del Gran Capitán

Las Cuentas del Gran Capitán son un tópico cultural español que se basa en una anécdota atribuida a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, que ridiculizó a Fernando el Católico cuando éste le pidió cuentas de los gastos en que había incurrido durante la campaña de Nápoles, a finales del año 1506.
Al día siguiente presentó un librillo con un título muy arrogante con que puso silencio a los tesoreros y al Rey.

Un extracto de las cuentas del Gran Capitán publicadas por el Tribunal de Cuentas del Estado en 1983 arrojaba el siguiente resultado:

Cargo que el fisco le reclamaba a don Gonzalo:

Ciento treinta mil ducados remitidos por primera partida.
Ochenta mil pesos por la segunda.
Tres millones de escudos por la tercera.
Once millones de escudos por la cuarta
Trece millones de escudos por la quinta.


Descargo del Gran capitán:

Doscientos mil setecientos treinta y seis ducados reales en frailes, monjas y pobres para que rogasen por la prosperidad de las armas españolas.
Cien millones en picos palas y azadones.
Cien mil ducados en pólvora y balas.
Diez mil ducados en guantes perfumados para preservar a las tropas del mal olor de los cadáveres de los enemigos tendidos en el campo de batalla.
Ciento setenta mil ducados en poner y renovar campanas destruidas con el uso continuo, de repicar todos loas días por nuevas victorias conseguidas sobre el enemigo.
Cincuenta mil ducados en aguardiente para las tropas en días de combate.
Millón y medio de idem. para mantener prisioneros y heridos
Un millón en misas de gracias y Te Deum al Todopoderoso.
Tres millones en sufragios para los muertos.
Setecientos mil cuatrocientos noventa y cuatro ducados para pagar a espías, y ...
Cien millones por mi paciencia en escuchar, ayer, que el Rey pedía cuentas al que le ha regalado un Reino.


Don José María Fernández Pirala ha señalado que,  aunque la lectura de semejantes cuentas es harto dudosa desde al punto de vista de la realidad histórica, es indudable que encierran toda una lección política puesto que evidencian la existencia de valores superiores a los contables.