sábado, 13 de octubre de 2018

Artziniega

Emplazada en un idílico paisaje al norte de la provincia alavesa, la villa de Artziniega es uno de esos pueblos que sorprenden al viajero por su estampa, pulcra y bien preservada.
Desde tiempos inmemoriales, fue un cruce de caminos hacia Cantabria y ruta de las mercancías de Castilla al puerto de Bilbao. Esto convirtió a la propia villa en un activo lugar de comercio, con dos mercados semanales que se celebraban en la plaza de Arriba y una importante cita ganadera a la que acudía gente de todo el país.
En el siglo XIII, Alfonso X el Sabio le otorgó concesiones reales y a partir de entonces, el pueblo pasó por una etapa de gran estabilidad, bajo la protección de la casa-torre de los Ayala, sobre la que se edificó la actual a finales del siglo XVI. Además, llegó a contar con un recinto amurallado, del que apenas quedan vestigios.
Durante la invasión napoleónica, el pueblo sufrió grandes destrozos y perdió sus archivos históricos, pero aún conserva su estructura medieval, con tres calles paralelas, la de Arriba, la de Enmedio y la de Abajo, unidas entre sí por cantones.
Dentro de este núcleo se alzan también los edificios más destacados, como la casa-torre de Bengoa, el convento de las Agustinas, fundado en el siglo XVI, y la iglesia parroquial.

(Pequeños pueblos medievales)

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