viernes, 11 de octubre de 2019

La senda del Duero

Desde el nacimiento del Duero, en la sierra de Urbión, hasta Vega Terrón, en la frontera portuguesa, la Senda del Duero recorre 750 kilómetros. Un proyecto integrado en la red de
Caminos Naturales que aprovecha las veredas y caminos tradicionales. En otoño, la caminata ofrece el espectáculo cromático de los bosques que flanquean los márgenes del río, que discurre durante 115 kilómetros por la comarca vinícola de Ribera del Duero entre alisos, fresnos, sauces, chopos, bodegas, castillos y viñedos.

El País 

Diego Velázquez de Cuéllar

(Cúellar, España, 1465 - Santiago de Cuba, 1524) Conquistador español que dirigió la colonización de la isla de Cuba, de la que fue gobernador entre 1516 y 1524. Procedente de una ilustre familia, luchó junto a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, en el ejército español de Nápoles; posteriormente se estableció en Sevilla. Apenas un año después del descubrimiento de América, Diego Velázquez de Cuéllar tomó parte en el segundo viaje de Cristóbal Colón (1493), y, una vez en La Española (la actual isla de Santo Domingo), contribuyó a la pacificación de la mitad occidental de la isla.
En 1511 el entonces gobernador de La Española, Diego Colón, le confió el mando de una expedición a Cuba. En los años siguientes, Diego Velázquez dirigió la conquista y colonización de la isla de Cuba desde la base de Baracoa, fundada en 1512. En esta labor se mostraría muy comedido en su trato con los indígenas, y prefirió utilizar la diplomacia antes que las armas; intentó protegerles de los abusos de las encomiendas e impulsó el cultivo de la caña de azúcar para atraer a nuevos colonos.
Tras haber consolidado la posición española mediante el establecimiento de diversos enclaves, como La Habana, Bayamo, Sancti Spíritus y Santiago de Cuba, ciudad en que instaló su capital, Diego Velázquez centró su atención en la costa de Yucatán, lugar al que envió diversas expediciones, como las de Francisco Hernández de Córdoba (1517) y Juan de Grijalva (1518), que entraron en contacto con los mayas (la esplendorosa cultura maya había iniciado su decadencia el siglo anterior) y con otras poblaciones indígenas.
Nombrado adelantado de Yucatán por la corona española, Velázquez encargó a Hernán Cortés la conquista de los nuevos territorios mexicanos. En el último momento cambió de opinión, pero Cortés fingió desconocer la contraorden y zarpó rumbo a México. Enfrentado con Hernán Cortés, que desobedeciendo nuevas órdenes se había adentrado en tierra firme, y temeroso de su creciente prestigio, Velázquez realizó varios e infructuosos intentos de apartarle del mando de la expedición: envió contra él a Pánfilo de Narváez e incitó a Cristóbal de Olid a rebelarse. Pero ante la gloria creciente de Cortés, que en 1522 sería nombrado gobernador y capitán general de Nueva España, las reclamaciones de Velázquez cayeron en descrédito.

Biografías y Vidas 

La plaza de la Cebada: escenario de ejecuciones

La plaza de la Cebada fue por un tiempo el lugar donde se llevaban a cabo las ejecuciones, que hasta comienzos del siglo XX eran públicas. 
El 7 de noviembre de 1824 fue ahorcado Rafael de Riego, quien en sus últimos momentos, no tuvo fuerzas suficientes para enfrentarse con la muerte, provocando un desagradable espectáculo de su abatimiento. 
Años más tarde, el 6 de noviembre de 1837, en este mismo lugar, fue ajusticiado el famoso bandolero Luis Candelas Cajigal.

Curiosidades de Madrid - Isabel Gea

Cámara de las estatuas - Jaén

Seguiremos con otra de las leyendas relacionadas con los Castillos de Jaén.
Tal relato está escrito por Jorge Luis Borges en la Historia Universal de la Infamia. 1954.
Empieza así....
En los primeros días había en el reino de los andaluces una ciudad en la que residieron sus reyes y que tenían pon nombre Lebtit, o Ceuta, o Jaén”.
En dicho lugar se ubicaba un castillo, no nos llamaría la atención si no fuera porque el castillo permanecía cerrado por 24 cerraduras,una en representación de cada rey, de manera que esta puerta ni se abría ni se cerraba.
Nadie sabía que había en su interior, sólo que no debía abrirse por causa alguna.
Llegado al poder el siguiente rey, este en lugar de añadir una nueva cerradura, ordenó que se abrieran las ya existentes.
Aunque se le ofreció grandes riquezas, estaba obsesionado por saber que había en su interior, tal vez pensando que mayores tesoros a los ofrecidos se hallarían en su interior.
Sin oír los ruegos de todas aquellas personas que defendían y respetan lo que fuera que hubiese dentro, entraría rompiendo tales cerraduras.
En su interior encontró figuras en posiciones guerreras montadas a caballo, camellos, todas mirando hacia Poniente.
Algo había que inundaba la cámara y rodeaba las figuras que llenaría su cuerpo de temor, temor que se acrecentaría cuando al final de la cámara leería una inscripción que decía:
“Si alguna mano abre la puerta de este castillo, los guerreros de carne que se parecen a los guerreros de metal de la entrada se adueñaran del reino”.
¿Sonaba a una advertencia? O ¿era una premonición de un próximo acontecimiento?. Sea lo que fuere, el árabe Tarik avanzaría con sus tropas por tierras andaluzas, conquistando el castillo, territorios y al mismo rey que no respetó la Cámara de las estatuas

barrio marinero de San Tomé do Mar. - Cambados

Todos conocemos la importancia histórica de la villa de Cambados y la presencia de una fantástica arquitectura secular conservada en sus calles y edificios más destacados. Sin duda su casco histórico es uno de los más bellos de toda la comunidad.
Pero Cambados, la capital del albariño, alberga mucho más fuera del casco histórico y existen rincones dignos de visitar y detenerse un buen rato. Muy cerca tenemos los restos de la fascinante iglesia de Santa Mariña de Dozo y junto a la costa tenemos una pequeña isla con lo que queda de la torre de San Sadurniño que se encuentra unida por un puente de principios del siglo XXI al entrañable barrio marinero de San Tomé do Mar.
Sabemos de la existencia de este barrio, que probablemente creciera por la proximidad de la torre defensiva de San Sadurniño, ya en el siglo XII y que posteriormente constituyó la villa de Cambados junto con Santa Mariña y Fefiñáns. Antes de esto, en el siglo XVIII fue vendido al Marqués de Montesacro quién construyó el pazo que hoy podremos ver en el mismo barrio.
En la actualidad el barrio de San Tomé se encuentra parcialmente rehabilitado y se ha procurado en su medida la integración de la arquitectura marinera en el paisaje. Vale la pena un pequeño paseo por sus callejuelas y la isla de A Filgueira.
Otro aliciente más es la existencia del Museo Casa do Pescador localizado en el edificio llamado Casa Jovita.
El barrio de San Tome do Mar es sin duda otro tesoro más de la villa de Cambados

Galicia Máxica 

jueves, 10 de octubre de 2019

Las mil leyendas de La Mujer Muerta

Las mil  leyendas de La Mujer Muerta. La Mujer Muerta es una formación montañosa que forma parte de la sierra de Guadarrama y que pertenece a la provincia de Segovia. Abarca unos 11 km de distancia en su extensión de este a oeste y su pico más alto es La Pinareja con 2.197 metros de altitud. En ella también se integran otros picos muy conocidos como El Montón de Trigo, la Peña del Oso y el Pico Pasapán.
¿A qué debe su nombre La Mujer Muerta? No hay que poner mucha  imaginación si se observa la cadena montañosa desde la llanura segoviana. A distancia se distingue, perfectamente, lo que podría ser una cabeza y el resto del cuerpo, con los brazos cruzados sobre el torso, de una figura femenina tumbada y vista de perfil. Con tan caprichosa forma, no cabe duda, de que  no una, sino varias, son las leyendas que  sobre esta montaña hay.
Una de ellas dice que fue Hércules, hijo de Júpiter (Zeus para los griegos) y fundador de la ciudad de Segovia,  el que moldeó la figura de la mujer, en el transcurso de los años, por deseo del caballero que lo acompañaba en la tarea de la fundación de la ciudad de Segovia.
Cuenta le leyenda que cerca de lo que hoy conocemos como Segovia capital, caminaba Hércules acompañado de su caballero, cuando se encontraron con un grupo de mujeres. Todas menos una salieron corriendo, asustadas por la descomunal figura de Hércules. El caballero cayó rendido a los pies de la valerosa y bella muchacha, de la que rápidamente se enamoró.
Al enterarse el padre de la joven de que podía perder  a su bella hija,  que también se había enamorado del caballero, éste, preso de los celos, prefirió quitarle la vida antes de verla caer en los brazos de su pretendiente. El caballero quedó tan triste y desolado por la pérdida de la joven que pidió a Hércules que esculpiera su figura en la montaña, encomienda que le llevó muchos años, hasta dejar la figura que hoy podemos ver  en el horizonte desde Segovia.
Otra de las leyendas habla de una joven que murió de pena cuando su amado partió a la guerra y no volvió nunca junto a ella, no se sabe si porque perdió la vida o porque cambió de planes.
Otra leyenda, menos romántica y bastante más truculenta, habla de la pasión que un pastor sentía por la bella hija de un granjero. Loco de celos, el pastor acabó con la vida de otro pretendiente que se había fijado en ella y también con la de su pretendida. Se cuenta que poco tiempo después y tras una terrible tormenta, la tierra se abrió y surgió la gran formación montañosa con la forma de la joven muerta.
También se dice que en algún momento lejano en el tiempo, dos hombres se disputaron el amor de una misma mujer. Como no encontraron mejor modo de resolver sus diferencias que enfrentarse a espada, en medio de la lucha de ambos, la mujer se interpuso resultando herida de muerte por las armas de los dos caballeros. De nuevo, y tras una terrible tormenta nocturna, a la mañana siguiente se descubrió en el horizonte la figura de la dama asesinada.
Otra versión nos hace imaginar a dos hermanos siempre en plena contienda entre ellos y a una madre desesperada por  hallarlos en paz. Tal era su desasosiego que ofreció su vida en sacrificio a los dioses, a cambio de que terminaran las disputas entre sus vástagos. Los dioses aceptaron el trato y entonces,  tras una interminable tormenta,  apareció el cuerpo de la madre muerta, que se tornó en montaña para vergüenza de sus hijos, que en ese mismo momento terminaron sus enfrentamientos para siempre.

Guadarramistas

La mona de la Catedral - Jaén

Se ha creído durante mucho tiempo, que  la escultura colocada sobre el entablamento del muro gótico de la parte trasera de  la Catedral de Jaén, podría tratarse de un Bafomet, que estaría dando carácter sagrado a la greca gótica que presenta el muro, aunque los últimos estudios apuntan a que pudiera tratarse de un judío, Para los jienenses es conocida como “la mona”. Esta escultura representa la imagen de una persona sentada al estilo moro, sujetándose los pies con las manos. 
    
Una vez descrita la escultura, podemos pasar a la leyenda.
Según la tradición a  finales del siglo XIX unos niños que habían oído de sus mayores el encantamiento maléfico que pesaba sobre  la pequeña  figura  -lo que  les hacía  rehuir este  lugar para sus juegos-, por dárselas de valientes, decidieron cierta  tarde bajar hasta  la Plaza de San Francisco y pasar bajo la imagen demoníaca de la Mona, ante el estupor de las personas que por allí andaban, pues evitaban tanto mirarla, como pasar cerca de ella. Desoyeron los niños las asustadas peticiones de aquellas gentes, a las que parecía que les iba en ello la propia vida, y primero más retraídos y después más resueltos, pasaron una y otra vez bajo la adusta silueta  de  aquella  imagen a  la que, una  vez  se hubieron  desinhibido  totalmente,  le proferían  insultos  y gestos soeces. De vuelta a su Barrio, los niños fueron recibidos como héroes por la chiquillería, y sobre todo por las niñas. Enterados sus padres, les recriminaron duramente su actitud y les prohibieron volver por  allí. 
Días más tarde hicieron una nueva visita a la Plaza en compañía de aquellos que dudaban de su anterior bravura. Una  vez  llegados  al  lugar,  se  pavonearon  de su  valentía, mientras  que algunos de ellos permanecían un tanto alejados para no verse sometidos a la maldición de la Mona. Fue entonces cuando el más envalentonado por las miradas de admiración de los que se encontraban más  lejos, hizo alarde de su  inconsciencia y  tomó varias piedras del suelo,  lanzándolas contra la imagen del judío, hasta que una de ellas impactó contra la nariz, mutilándola. El miedo y admiración se apoderaron de los presentes  cuando vieron que, a los pocos minutos, aquel niño comenzaba a sudar y a sentir escalofríos. De vuelta a la casa, los padres llamaron al médico. Este le aplicó ungüentos y le dio medicamentos,  pero  el  niño,  lejos  de mejorar,  se  convulsionaba  en  la  cama  entre  gritos. Cuando amaneció, dejaron de escucharse los gritos. Ahora eran sollozos los que salían de la casa. Eran los de la madre, viendo el cuerpo sin vida de su hijo.

El blog de Julio