martes, 28 de marzo de 2017

Vejer de la Frontera - Cádiz


En el centro del litoral gaditano y encaramado en lo alto de un promontorio a 210 m de altitud se encuentra Vejer, uno de los pueblos de mayor belleza de la provincia. Dista 54 km de Cádiz y 663 km de Madrid. Anteriormente se llamó Vejer de la Miel por la gran cantidad de colmenas que existían en su término.
Se presenta como un típico pueblo blanco de tradición árabe con calles en cuesta donde saldrán al paso pintorescos rincones, casonas y floridos patios. En su costa, a 15 km de la localidad, se encuentra la playa de El Palmar y el Cabo de Trafalgar.

HISTORIA
Sus orígenes se remontan a la prehistoria pues así lo demuestran los dólmenes y restos funerarios que se encontraron en el Tajo de las Figuras. Su término fue lugar de encuentro para las civilizaciones fenicia, cartaginesa y romana. Los árabes le otorgaron el nombre de Bekkeh; este pueblo dejó numerosos vestigios que aún hoy se pueden observar en el casco urbano. 
Posteriormente, sus costas cobrarían gran protagonismo pues fueron escenario de repetidos asaltos piratas y de la célebre batalla de Trafalgar.

(Guía azul - Pueblos escogidos)

Ultramarinos "La Confianza - Huesca

En Huesca, todavía quedan algunos resquicios de comercios tradicionales. Ultramarinos La Confianza es la tienda más antigua de España. "La fundó un francés aburguesado, Hilario Vallier, en 1871", afirma su actual propietario, Víctor Villacampa Sanvicente, quien explica que tras distintas gerencias, esta reliquia comercial fue adquirida por su abuelo, Víctor Sanvicente Ara, en la España marchita de la posguerra.
Este local, surtido de viejas estanterías cargadas de historia, al principio se dedicaba a la mercería y sedería. Pero con el paso de los años su oferta se amplió, desde las especias más exóticas hasta los mejores productos artesanales de la tierra y los artículos traídos del otro lado del Atlántico, como el bacalao en salazón de las Islas Feroe. En función de la época del año, este colmado ofrece unas u otras especialidades: "Licores en Navidad, bacalao en Semana Santa, chocolate en febrero, y así hasta una infinidad de alimentos", indica el empresario, que dirige el negocio junto a su madre, María Jesús Sanvicente. Para sobrevivir a los nuevos tiempos, este pequeño comercio oscense se ha tenido que adaptar a las necesidades y cambios del mercado, lanzando campañas con ofertas y modificando la decoración de sus escaparates para llamar la atención de los consumidores.
La bodega Ultramarinos La Confianza se ubica en el sótano de la tienda.
Abierta a sus clientes hace más de 140 años, Ultramarinos La Confianza, la tienda más antigua de España, se ha convertido en un atractivo cultural: "Recibimos más de 25.000 turistas al año", revela Sanvicente, quien indica que estos visitantes acuden por la riqueza artística de la tienda. Lo más llamativo es la alegoría del pintor oscense León Abadías, que refleja en el techo del local al dios del comercio (Mercurio), a dos bodegones con todos los artículos que se vendían y a los escudos de las monarquías de la Europa del siglo XIX, entre ellas España y Francia.
El fallecimiento de mi padre nos afectó emocionalmente. Para mí fue muy difícil, porque él era mi maestro. Sacamos fuerzas para mantener la misma chispa que tenía el negocio. La actual crisis también nos perjudicó, pero nos sirvió para reciclarnos.¿Cómo se conserva una tienda de ultramarinos en la actualidad? El negocio se mantiene gracias a la sensibilidad que tuvo mi padre de prever, hace veinte años, la riqueza artística y el valor que tendría el establecimiento en un futuro. En los últimos años hemos tenido varias ofertas para convertir la tienda en un supermercado, pero nuestro objetivo es conservarla.Un museo en el futuro
Debajo de la tienda Ultramarinos La Confianza había un viejo trastero que se transformó, hace más de diez años, en una bodega que funciona, además, de restaurante. El objetivo de este colmado oscense es "conservar el establecimiento tal y como está, sin alterar su belleza e historia", asegura el actual propietario, Víctor Villacampa Sanvicente, quien explica que, aunque sus hijos no tomen las riendas del negocio, su intención es convertirlo a largo plazo en un museo.

(Expansión)


El gigante Tombatossals - Castellón

Tombatossals es un mítico gigante forzudo y de buen carácter, el cual, según la leyenda fundó la ciudad de Castellón de la Plana. Para lograr esta fundación contó con la ayuda de un grupo de amigos: Cagueme, el voluntarioso; Bufanúvols, el soplador; Arrancapins, el forzudo, o Tragapinyols, el escatológico
Tombatossals es hijo de dos montañas Penyeta Roja y Tossal Gros, y su nacimiento se debe a la intervención de Bufanúvols, personaje que provoca una gran tempestad capaz de hacer caer las montañas.
Tombatossals vive, junto con sus amigos, en la Cueva de las Maravillas, de la cual se ausentan para atender la llamada de auxilio de los hijos del rei Barbut, que querían recuperar las tierras que habían heredado en muy mala situación . Al prestar ayuda a estos herederos, el grupo de amigos se viven numerosas aventuras y desventuras, como la guerra contra los habitantes de las Columbretes por la conquista de las islas.

(Wikipedia)

lunes, 27 de marzo de 2017

Puente de Rande - Ría de Vigo

El puente de Rande, atirantado, fue inaugurado en 1978. Une los municipios de Redondela y Moaña, márgenes del estrecho de Rande, en la ría de Vigo. Al cruzarlo, desde la altura contemplamos la isla de San Simón y las Islas Cíes, o la inmensidad de la ría de Vigo. Merece la pena acercarse a uno de los miradores de Vigo para verlo de noche, colgando majestuoso sobre el mar. Abierto al tráfico en 1981, cada día lo cruzan unos 50.000 vehículos.
Con una extensión total de 1.604 metros, combinando los tramos de puente sobre pilares y el puente atirantado propiamente dicho, que mide 694,98. El vano central mide 401 metros y los dos vanos laterales del tramo atirantado miden 147 metros cada uno. Los dos pilares que sostienen el tramo atirantado tienen forma de H y una altura total de 118,60 metros.
Fue proyectado por el ingeniero italiano Fabrizio de Miranda, el español Florencio del Pozo y por Alfredo Passaro y tuvo un coste de 3.658 millones de pesetas en el momento de su construcción.

(Wikipedia)


Plaza Mayor de León

La Plaza Mayor de León se encuentra en el casco antiguo de la ciudad de León, provincia de Castilla y León, España, se incluye en el típico Barrio Húmedo. Se encuentra cerca de La Catedral de León. Es posible acceder a ella a través de muchas calles: Plegaria, Mariano Berrueta, Escalerilla, Santa Cruz, Matasiete, Ramiro III, Bermudo III y por último, mediante la escalera de estrechos y empinados escalones que llevan a la Plaza Puerta Sol, ya que existe un profundo desnivel entre las dos zonas.
En ésta plaza encontramos edificios como El Edificio Mirador o Consistorio, que es el que más destaca debido a su arquitectura de Barroco, con dos torres rectangulares terminadas en chapiteles. Actualmente es la sede del Taller Municipal de Artes Plásticas y también la Junta de Cofradías de Semana Santa, muy famosa en esta ciudad. También encontramos en ésta plaza locales de ocio y un hotel.
La Plaza Mayor era el gran centro comercial de la ciudad durante la Edad Media y hasta el siglo XIX, dedicándose al mercado dos veces por semana y con la existencia de todo tipo de comercios en sus soportales, con supremacía de productos alimenticios, pero también boticas, ferreterías, platerías, artesanía, etc. Hoy en día el mercado en la plaza sigue existiendo, celebrándose cada miércoles y sábado.
La Plaza leonesa es la sexta Plaza Mayor más antigua de toda España. Ha servido para las corridas de toros, se han realizado en ella ejecuciones de la Edad Media y celebraciones de la Corte Isabelina, también fue en esta plaza donde los leoneses se reunieron para dar el grito de guerra contra la ocupación francesa de 1810. Hoy en día es una zona muy frecuentada durante las fiestas patronales de San Juan y San Froilán, también durante carnavales y Semana Santa, ya que la mayor parte de procesiones pasan por esta popular plaza leonesa.

Historia
La construcción comenzó en el año 1654, pues en el mes de febrero un gran incendio asoló aquella zona, acabando con todo lo construido anteriormente, de modo que se pensó en la reconstrucción de la zona creando lo que hoy en día se conoce como la Plaza Mayor de León. La construcción terminó en 1677.
Podemos distinguir dos etapas de la construcción:
Primera fase: Francisco del Piñal realiza un nuevo proyecto de la plaza sustituyendo así al de Antonio Ambrosio. Durante ésta etapa se traslada la Casa de las Panaderías, un edificio construido en 1587 con el objetivo de que se realizase en él toda la venta ambulante del pan, desde la Calle Santa Cruz al Este de la plaza, pues en sus inmediaciones abundaban los vendedores ambulantes de este alimento, por ello la plaza también se había conocido con el nombre de Plaza del Pan. El traslado del edificio duró tres años. Se derriba también en el lado Norte de la plaza, un trozo de muralla para que no obstaculizase las obras. Se levantan nuevos arcos y la conocida escalera que comunica con la Plaza Puerta Sol.
Segunda fase: Comienza en el año 1672. Comienza un proceso de ampliación del solar en el que se encontraba la plaza, se derriba la Casa de las Panaderías que no encaja con el proyecto del arquitecto Francisco del Piñal tiene en mente. Un año después se comienza a construir el edificio que preside la plaza: El Mirador o Casa del Consistorio. El edificio, con características barrocas es finalizado en 1677; de cuatro plantas, con una cornisa por encima de la balaustrada, centralizada, se alza una peineta con un reloj instalado durante el siglo XIX.
El edificio aparenta ser un Ayuntamiento, pero en realidad sólo mide 32 metros de largo y 5,30 de profundidad, con lo que sería disfuncional para un edificio administrativo. En un principio se usaba como almacén de mercaderías pero finalmente fue y sigue siendo usado hoy en día como tribuna o balconada presidencial para celebraciones y festejos o para efectuar sermones religiosos; a uno de los cuales asistió el poeta Gustavo Adolfo Bécquer durante un Viernes Santo. En 1677 la plaza está casi finalizada. No consiguieron trazarla de forma que formase un cuadrado perfecto, a pesar de todas las reformas.
Durante el verano del año 1695 un nuevo incendio de grandes proporciones asola la Plaza Mayor, algunas edificaciones del lado Sur y Este sufrieron las fatales consecuencias. Además la provincia atravesaba una grave crisis financiera y no se pudieron costear fácilmente las reparaciones. Poco a poco comenzó la restauración de la plaza, realizándose una modificación en el sector Este. Se construyó entonces la bóveda que une la plaza con la Calle Caño Badillo.

Características
La plaza no es cuadrada, sino más bien posee una forma ligeramente trapezoidal. Ocupa 4.000 m2 aproximadamente. Rodeada de soportales formados por arcos de medio punto sostenidos por pilares de piedra, que sustentan dos plantas de viviendas de planta baja, que rodean toda la plaza, construidas en ladrillo. La primera planta posee un balcón corrido, la segunda balcones independientes. Tan sólo el Mirador, al Oeste, interrumpe la sucesión de los soportales.

Una boda principesca

Fernando VII, entonces todavía Príncipe de Asturias, se casó por primera vez en Barcelona el 4 de octubre de 1802. La novia era su prima carnal, María Antonia de las Dos Sicilias. El matrimonio, como era habitual en la época, fue concertado por los padres de los contrayentes. La pareja se odió desde el primer momento. María Antonia dejó escrito cómo, sintiéndose engañada, estuvo a punto de desmayarse la primera vez que vio a Fernando VII, al comprobar con espanto que el "mozo" más bien feo del retrato, era en realidad, poco menos que un adefesio. Era además un fumador empedernido de cigarros, lo que le hacía tener un aliento fétido. La pareja no aportó herederos para la corona.
Como curiosidad, viene a cuento señalar que este casamiento fué el último enlace de Príncipes de Asturias celebrado en territorio español hasta el reciente de Felipe de Borbón y Letizia Ortiz celebrado el 22 de Mayo de 2004. Dos siglos largos sin bodas principescas en España.

La rosa blanca - Madrid

Cuentan que sucedió durante las fiestas de carnaval del año 1853. En los salones del Teatro de los Caños del Peral se celebraba el tradicional baile de máscaras al que había sido invitado un joven diplomático extranjero. El joven se sentía un tanto desplazado hasta que, de repente, una hermosa mujer, con una cara muy pálida y los ojos ocultos tras un antifaz, se sentó junto a él. La joven, que llevaba una rosa blanca en la mano, tenía ganas de hablar y enseguida intimaron. Después de estar varias horas juntos, charlando y bailando, la muchacha insistió al diplomático para que le acompañase a dar un paseo nocturno por Madrid.
El diplomático decidió seguirla. Atravesaron la calle Arenal, La Puerta del Sol y la calle de Alcalá y llegaron hasta la Iglesia de San José. El joven no consideraba oportuno entrar en la iglesia a aquellas horas y menos aún vestido de carnaval, por lo que propuso regresar a la fiesta; pero la mujer insistió.
Entraron en el templo, muy débilmente iluminado por algunas velas. Cerca del altar, aparecía un catafalco cerrado, y sobre él, un ataúd. Varias personas rezaban y velaban junto al féretro. El hombre, que era un tanto supersticioso, consideró de mal gusto aquella intromisión y le pidió a la mujer que se marcharan de allí.
-"No puedo irme, contestó ella, porque mi sitio está en esa caja, donde mañana me van a enterrar"- y poniendo los ojos en blanco soltó una risotada nerviosa que al joven le heló la sangre en la venas. Acto seguido, la dama desapareció tras unas columnas.
El diplomático huyó apresuradamente en medio de una enorme confusión.
A la mañana siguiente, tras unas horas en las que no logró conciliar el sueño, el joven regresó a la parroquia. Quería saber si lo ocurrido había sido producto de su imaginación.
La presencia del sacerdote y de un gran numero de personas enlutadas revelaba la celebración de un responso fúnebre. Nuestro hombre se puso en la cola de los que daban el último adiós a la persona fallecida y, al mirar hacia el ataúd, se llevó una gran impresión. Sin duda alguna, aquella muerta era la misma joven con la que había estado la noche anterior. En los dedos entrelazados de la difunta, una rosa blanca comenzaba a marchitarse.

(Caminando por Madrid)