martes, 17 de octubre de 2017

La sublevación y expulsión de los moriscos - Alpujarra

Los moriscos de la Alpujarra, el valle de Lecrín y la región de Almería se alzaron en armas. Para someterlos se formaron inmediatamente dos ejércitos que sumaban menos de 6.000 soldados cada uno. Uno de ellos partió hacia Órgiva bajo el mando del marqués de Mondejar que instaló allí su cuartel general. El otro se trasladó a Terque, en la puerta oriental de la Alpujarra.
La sublevación fue encabezada por don Fernando de Valor, que se convirtió al islam adoptando el nombre de Ábén Humeya. En el segundo semestre de 1569 se le unieron los moriscos del Marquesado de Zenete y el valle de la Almanzora, momento en que llegó a contar con 30.000 seguidores.
Desconfiado ante la superioridad numérica de éstos, el rey Felipe II decidió enviar a su hermano don Juan de Austria para hacerse cargo de las operaciones, llegando éste a Granada el 13 de abril. La contienda duró varios años. En enero de 1570 ya se habían reclutado más de 20.000 soldados. Para reducir a los moriscos, que rechazaban el combate en campo abierto y aprovechaban su conocimiento detallado y preciso del territorio para imponerse a las tropas de la corona, éstas tuvieron que asediar los pueblos uno a uno provocando en muchos casos su destrucción.
La guerra civil agotó los recursos y destruyó una gran parte de la infraestructura productiva de la región. Sofocada la revuelta, la monarquía española endureció sus condiciones a los moriscos, que fueron finalmente expulsados entre 1609 y 1613. El territorio fue repoblado con campesinos de Extremadura, Castilla y el norte de Andalucía.
La decadencia de la agricultura y la industria artesana, que tantos siglos de fecundidad vivió, se fue haciendo patente a lo largo del siglo XVII, y el comercio de la seda desapareció a finales del siglo XVIII. Granada perdió así uno de los principales atractivos de sus zocos y foros comerciales.

El roble borracho - Barbadillo del Pez

El lugar, donde se encuentra este roble era el punto de cruce de los caminos que partían a Burgos y a la sierra, donde se despedían los carreteros.
En Barbadillo del Pez se toma la písta que sale desde la parte trasera del pueblo hacia los depósitos; antes de llegar a las terradas de la Malilla, se toma el camino de la izquierda, que se dirige a la ermita de Santa Julita. Se continúa por él y 200 metros después de un cruce que va a la ermita, se llega a este roble.
El árbol se encuentra al borde de uno de los caminos que comunicaban la Sierra de la Demanda con el valle del Arlanza y el alfoz de Burgos. Se unen ahí el camino que viene del valle de Valdelaguna con el que viene de Barbadillo de Herreros y Canales de la Sierra.
El nombre de roble borracho puede deberse a su ubicación en un camino carretero que, en otros tiempos, era utilizado para transportar materias primas de la sierra, como maderas y pez, y también como cordel de merinas. Los carreteros se reunían allí, al borde del árbol, y celebraban fiestas de despedida, separándose los que iban a Burgos de los que se dirigían a otras zonas. Además, cerca de allí, se realizaba una fiesta en las inmediaciones de la ermita de Santa Julita, donde los vecinos sitúan el pueblo abandonado de Cerracín.
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Localidad (Provincia): Barbadillo del Pez (Burgos)
Edad estimada: 500 años
Denominación popular: Roble Borracho

(Antonio Rigueiro)

La maldición del infante rebelde y los testamentos del rey

Las graves acusaciones que había vertido Sancho contra su padre justificando su incapacidad para gobernar fueron respondidas convenientemente por Alfonso X. No olvidemos que el infante había comentado "que el rey está demente y leproso, que es falso y perjuro en muchas cosas, que mata a los hombres sin causa, como mató a don Fadrique y a don Simón". Tales palabras fueron contestadas por el monarca de forma enérgica el 8 de noviembre de 1282, medio año después de los sucesos, con esta sentencia: "Por consiguiente, dado que el sobredicho Sancho nos causó impíamente las graves injurias indicadas y muchas otras que sería largo escribir y referir, sin temor alguno y olvidando de todo punto la reverencia paterna, lo maldecimos, como digno de la maldición paterna, como reprobado por Dios y como digno de ser vituperado por todos los hombres, y viva siempre en adelante víctima de esta maldición divina y humana, y lo desheredamos a él mismo como rebelde contra nosotros, como desobediente, contumaz, ingrato, más aún hijo ingratísimo y degenerado (...)"
Curiosamente un año después (8 de noviembre de 1283), Alfonso X firmaba su testamento en Sevilla con su sello personal, un texto autobiográfico, literario, expresivo y muy duro contra su hijo que dejaba zanjada la discusión del heredero a la corona. Ni derecho tradicional ni nueva legislación, el testamento dejaba fuera de la línea de sucesión a todos sus hijos varones y apostaba por el mayor de sus nietos, es decir, por el infante Alfonso de la Cerda, decisión no deseada por el monarca pero única salida para solucionar el contencioso. No había más opciones aunque el rey, previsor como el que más, introdujo una cláusula inviable y alejada de toda lógica según la cual, en caso de fallecimiento del heredero —aún muy joven— se haría cargo de Castilla el rey de Francia: "porque viene derechamente de línea derecha de donde venimos".
Poco antes de morir, Alfonso X retocó el testamento (10 de enero de 1284) con una segunda revisión o codicilo (disposición de última voluntad) conmovedor donde explicaba el destino de sus pertenencias.
Sus restos mortales serían enterrados en la iglesia de Santa María la Real de Murcia y su corazón en el monte Calvario de Jerusalén, una voluntad no respetada pues su cuerpo fue trasladado a la catedral de Sevilla y su corazón a la de Murcia. El encargado elegido para ejecutar los traslados fue el maestre del Temple Juan Fernández, beneficiado con el caballo y las armas del rey y una suma de mil marcos de plata para misas por su alma cantadas en el Santo Sepulcro. Sus libros y objetos personales más preciados serían enterrados con su cuerpo, entre ellos el Espejo Universal las Tablas Alfonsíes, las Cantigas, el Setenario. Nada de ello se cumplió.
El 23 de marzo de 1284, poco antes de morir, Alfonso X envió al papa una carta comunicándole la intención de perdonar al infante Sancho como recoge su Crónica, aunque el documento en cuestión nunca ha aparecido. 
El día 4 de abril fallecía el rey en Sevilla y con él se cerraba uno de los periodos más gloriosos de la cultura española, sólo equiparable al Siglo de Oro de nuestras letras. Terminaba la Reconquista y el esfuerzo por alcanzar la integración de todos los pueblos peninsulares, judíos, moros y cristianos. No hay duda de que fue un gran rey, un rey desgraciado, sí; desacertado a veces, también; contradictorio, polifacético, pero un rey que ha pasado a la historia con letras mayúsculas que se adelantó a su tiempo en más de un siglo. En definitiva, un rey sabio.

(Javier Leralta)

Taramundi - Asturias

Taramundi, capital del concejo homónimo, esta emplazada a 183 km de Oviedo, en el extremo occidental del Principado, y cuenta con algo menos de 1.000 habitantes. El lugar se beneficia de un magnífico entorno natural, que permite la práctica del senderismo y la realización de diversas actividades al aire libre, por lo que en en los últimos años se ha convertido en un núcleo consagrado al turismo rural. Numerosos paneles con mapas ofrecen información sobre rutas y excursiones por los alrededores.
Elemento distintivo de este concejo es la tradicional dedicación de sus habitantes a la industria del hierro, practicada de forma artesanal con cierta pujanza hasta casi mediados de siglo. En distintos pueblos se instalaron mazos y fraguas, donde se trabajaba el mineral y se fabricaban los distintos instrumentos. Las huellas de estos rudimentarios talleres han desaparecido casi en su totalidad. En Taramundi la actividad del hierro experimentó una transformación que permitió la supervivencia de algunos artesanos, dedicados a la elaboración de navajas y cuchillos muy valorados en toda Asturias.

(Guía azul - Pueblos escogidos)

lunes, 16 de octubre de 2017

Reserva Natural Garganta de los Infiernos

A 15 kms de los Apartamentos Rurales Senderos del Jerte se encuentra la Reserva Natural Garganta de los Infiernos que tiene como roca madre un gran batolito granítico originado hace 350-200 millones de años. Situada en los términos de Tornavacas y Jerte, este espacio natural protegido destaca, además de por su fauna y flora, por su atractivo paisaje, con importantes variaciones altitudinales, que oscilan entre los 600 y los casi 2.300 ms.
Todo este enclave montañoso da lugar a la aparición de diferentes torrentes y gargantas que desembocan en el río Jerte: Garganta de San Martín en Tornavacas y Garganta de los Infiernos en Jerte, que recibe el agua de la Garganta de la Serrá, Asperones y Garganta del Collado de las Yeguas.
La Reserva Natural tiene dos principales entradas, una en Tornavacas, para acceder a la zona de alta montaña y el macizo de Gredos y que cuenta con un Centro de Interpretación de la Trashumancia y la Alta Montaña. Desde Tornavacas se accede a las zonas y cumbres de alta montaña, como las del Alto del Castilfrío (2.324 ms), la Covacha (2.399 ms), cuerda de los Infiernillos (2.281 m.) o el Cerro del Estecillo (2.290 m.) que rodean a la garganta de la Serrá, formando el circo de la Angostura, antiguo valle glaciar que quedó modelado por los hielos cuaternarios.
La otra entrada a la zona baja de la Reserva Natural, más popular y conocida, se encuentra en el término de Jerte en la zona de los Arenales con grandes servicios turísticos en su entorno y el Centro de Interpretación de la Naturaleza, desde donde parte la ruta de los Pilones.

A tener en cuenta:
En verano es posible el baño en la zona baja de la Garganta de los Infiernos.

(Senderos del Jerte)

Una boda con dos novios - Y no eran gays

La boda se celebró en Ferrara y, aunque las cortes pontificias española y austríaca estaban de luto por la muerte de Felipe II, se suspendió la celebración del mismo durante los desposorios.
En la catedral el papa desposó a doña Margarita con el rey Felipe III, representado por el archiduque Alberto, y a continuación se celebró el casamiento del archiduque con la infanta Isabel Clara Eugenia, lo que dio lugar a un pintoresco espectáculo.
La infanta Isabel Clara Eugenia había dado poderes al duque de Sessa para que la representase en la ceremonia, por lo que, muy modosito, éste dio la mano al archiduque y los dos pronunciaron el "Sí, quiero" ritual.
Arrodillados los dos recibieron la bendición nupcial dada por el pontífice. Debía ser cosa digna de ver.
Por la noche se celebró en Ferrara un sarao y baile en honor de la nueva reina, pero ésta no se presentaba a la fiesta, enviando al pontífice una nota en la que le pedía que disculpase su ausencia debido a que por la mañana había comulgado y en los días en que lo hacía no asistía a fiestas. El papa la convenció diciéndole que no había ningún mal en asistir al baile, ya que, aparte de ser éste honesto, ella se debía a sus obligaciones como reina.

(Carlos Fisas)

Leyenda De la Fuente de la Pinada del Tizón - Murcia

Un muchacho, Pepurro, vecino del Palmar, que iba todos los días a por agua, a la pinada de Tizón, se tropieza  misteriosamente, en este lugar, con una mujer anciana que le indica, que si quiere coger agua, tendrá que darle un beso antes, acto que el joven repudia, marchándose asqueado y, profiriendo todo tipo de improperios; cuando llega a su pueblo se lo cuenta a su madre y amigos que se ríen y burlan del muchacho por su reacción. 
Días después, vuelve de nuevo a por agua a la misma Fuente, cuando, se vuelve a visionar a la misma anciana de días atrás, que le vuelve a reiterar tan curiosa (y repelente) petición. El muchacho, pensándoselo mejor, parece recapacitar, entre divertido y curioso, besando a la anciana, que acto seguido, se transforma en una bella princesa mora, la cual le comunica que hasta ese momento, era víctima de un cruel encantamiento. 
Pero el joven, sospechando de las intenciones y las artes de la extraña señora no son de fiar, y sospechando tal vez, que el mismísimo diablo podía estar detrás de todo esto, salió despavorido, como alma que lleva el diablo, plantando a la mujer, y, según cuentan los lugareños, que en adelante dejó de salir agua de dicha fuente hasta nuestros días.