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martes, 7 de noviembre de 2017

Tiempos de Cortes y tratados

Pocas veces se reunieron las Cortes en tiempos de Sancho IV (Palencia, Haro, Valladolid), no era muy amigo de ceder su autoritarismo a los representantes del reino; en cambio, durante el gobierno de Fernando IV las convocatorias de Cortes fueron más frecuentes, tanto que hubo años que se celebraron dos reuniones en diferentes sedes (Valladolid, Cuéllar, Burgos, Zamora, Medina del Campo, Madrid). Este fue uno de los rasgos diferenciadores entre la gestión de uno y otro monarca. En todas se discutieron temas de suma importancia. Así, en las de Valladolid de 1295 —hubo varias en esta ciudad-, donde fue proclamado rey, quedó en evidencia el protagonismo de los representantes concejiles; en las de Cuéllar (1297) se trató el asunto de la venta de Tarifa para rebajar la presión fiscal del reino; en las de Medina del Campo de 1305 se habló de orden público, de los abusos de los poderosos y de los privilegios de las villas y ciudades, y en las de Madrid (1309) se autorizaron los sueldos para pagar a los soldados de la futura guerra con Granada.
Pero el buen gobierno de Castilla también se gestionaba con tratados y acuerdos. Importantes fueron los de Torrellas, (Zaragoza, 1304) y Elche (1304) que sirvieron para acabar con la cuestión dinástica de Alfonso de la Cerda a cambio de la cesión de varios lugares y para definir la frontera de Murcia, límite sureste de los Reinos de Castilla y Aragón, durante mucho tiempo en disputa. Otro tratado de gran interés fue el de Alcalá de Henares (1308) donde se firmó la reconciliación entre Castilla y Aragón y se elaboró el calendario para el inicio de la guerra contra los nazaríes granadinos.

(Javier Leralta)

sábado, 28 de octubre de 2017

Una novia rica y fea - Sancho IV

No tuvo una vida cómoda el rey Sancho IV de Castilla; a las preocupaciones heredadas de su padre se sumaba otra que pesará como una losa durante todo el reinado. Nos referimos al acuerdo entre Alfonso X y el poderoso y adinerado Gastón de Bearne de casar a la hija del vizconde, Guillerma de Montcada, con el infante Sancho. El matrimonio se celebró por poderes o mediante procuradores en la ciudad de Burgos, en abril de 1270, sin la presencia de los novios, con la fórmula tradicional de esos casos, es decir, "sponsalia per verba de presentí", que significaba que ambos cónyuges se comprometían a desposarse como si fuera una ceremonia real aceptando las mismas obligaciones y responsabilidades legales que el derecho canónico establecía para cualquier enlace. La diferencia es que los novios, aún muy jóvenes -Sancho no había cumplido los doce años- no se conocían ni seguramente se conocerían por diferentes razones. Guillerma era una fuente inagotable de virtudes negativas que espantaban a los hombres. Era famosa por su mal carácter, por su bravura y por su fealdad, pero era rica, muy rica -motivo de la boda-; en cambio Sancho, que también tenía un carácter de cuidado, llevaba en su corazón a otra dama de la que sí estaba realmente enamorado, se llamaba María de Molina y resulta que era su tía. Sería el amor de su vida. Aquel matrimonio de intereses pesó como una espada de Damocles a lo largo de todo el reinado. Los dineros recibidos desde Castilla para conseguir el acta de anulación no debieron ser suficientes porque la Iglesia tardó mucho tiempo en regular el matrimonio entre Sancho y María, tanto que cuando vieron que no había razones para seguir con la premeditada tardanza, el monarca ya había fallecido y era necesario legitimar la descendencia del joven Fernando IV. Ocurrió en tiempos de Bonifacio VTII, dos años después de morir Sancho IV. El rey llegó incluso a contratar a un fraile dominico para que falsificara la dispensa papal que diera por válido su enlace con María de  Molina, pero la trampa fue descubierta a tiempo. Según parece, en Marzo de 1292 los reyes recibieron una bula, de nombre Proposita nobís, en la cual el pontífice Nicolás IV legitimaba el matrimonio entre Sancho y María, pero años después se comprobó que el documento era falso y que debió redactarse a la muerte del papa, producida el 4 de abril de aquel año.
El monarca fue acusado de bigamo y hasta el papa Martín IV (1281-1285) obligó a los jóvenes a separarse por vivir en grave pecado. No olvidemos que además de ser parientes cercanos, el rey estaba legalmente casado con otra mujer. Entre ambas damas tuvo Sancho varias aventuras amorosas, propias de la edad y la época, que terminaron con dos niñas ilegítimas, de nombre Violante y María, nacidas de su relación con María Alfonsa de Uceda, prima de María de Molina.

(Javier Leralta)

viernes, 19 de febrero de 2016

Doña María de Molina - Madre y abuela regente

Nació hacia 1265 y falleció en 1321. Reina de Castilla y León (1284-1295). Hija del infante Alfonso de Molina y nieta de Alfonso IX de León, en 1281 contrajo matrimonio sin la preceptiva dispensa canónica con su primo Sancho, hijo de Alfonso X el Sabio y heredero del trono castellano tras la muerte de su hermano mayor Fernando (1275).
En 1284, la muerte de Alfonso X el Sabio dio paso a la proclamación de Sancho IV como soberano de Castilla y León y, en consecuencia, a la coronación de María de Molina como reina. El reinado de Sancho IV de Castilla fue corto, puesto que el monarca murió en 1295, dejando un heredero de apenas nueve años, Fernando IV.
La dudosa legitimidad de éste, fruto de un matrimonio entre primos contraído sin dispensa, provocó una cruenta guerra civil en Castilla y León, que enfrentó a los partidarios del joven soberano, proclamado rey en Toledo tras los funerales de su padre, contra sus ambiciosos tíos, los infantes Juan y Enrique, y contra los infantes de la Cerda, sus primos, apoyados por Jaime II de Aragón y Dionís de Portugal, cuyas tropas penetraron en territorio castellano (1296).
Únicamente la tenacidad y la habilidad política de María de Molina, nombrada regente en el testamento de Sancho IV, permitieron rechazar la invasión extranjera, conjurar la crisis interna y afirmar los derechos de Fernando IV sobre el trono castellano, una vez que hubo llegado a Castilla la bula pontificia que legitimaba el matrimonio de María de Molina, seis años después de haber enviudado (1301).
En el año 1312, sin embargo, la prematura desaparición de Fernando IV abrió un nuevo ciclo de luchas civiles y obligó a María de Molina a hacerse cargo de la regencia de su nieto Alfonso XI, responsabilidad que compartió con los infantes Pedro y Juan y que mantuvo hasta su muerte.

(Biografías y vidas)