«El que quiera saber...»
La fachada plateresca de la Universidad atrae a tantos turistas con el reclamo de una rana sobre un cráneo desnudo, con un interior de increíbles artesonados mudéjares, con su escalera rebosante de figuras simbólicas, su soberbia biblioteca, con más de 40.000 volúmenes, su antigua capilla con los restos de fray Luis, su patio central con la sequoya gigante que asoma por arriba de las techumbres, su «aula de fray Luis», que conserva los pupitres del siglo XVI, su Paraninfo, su órgano del siglo XVII...
La fundó en 1218 Alfonso IX de León, padre de san Fernando. Alfonso XI la emancipó del obispo salmantino y la hizo «pontificia». El rector era el Papa. Llegó a contar en el siglo XVI con cerca de 10.000 estudiantes. De aquí nació el célebre dicho: «El que quiera saber, que vaya a Salamanca».
Salamanca es conocida como la ciudad del Tormes, por su río, que inmortalizó el anónimo autor del Lazarillo y al que han cantado Lope, Garcilaso, fray Luis, Juan de la Encina, Cervantes, Góngora, Espinel y, más cercanamente, Unamuno. «Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, en una aceña de la molienda del río», comienza su historia el Lazarillo. Un río pequeño, como Salamanca, que la literatura ha llevado a todo el mundo.
De todo un poco. Leyendas, tradiciones e historias curiosas de todas las regiones de España. Unas son verdad y otras no tanto.
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domingo, 28 de febrero de 2016
viernes, 19 de febrero de 2016
Doña María de Molina - Madre y abuela regente
Nació hacia 1265 y falleció en 1321. Reina de Castilla y León (1284-1295). Hija del infante Alfonso de Molina y nieta de Alfonso IX de León, en 1281 contrajo matrimonio sin la preceptiva dispensa canónica con su primo Sancho, hijo de Alfonso X el Sabio y heredero del trono castellano tras la muerte de su hermano mayor Fernando (1275).
En 1284, la muerte de Alfonso X el Sabio dio paso a la proclamación de Sancho IV como soberano de Castilla y León y, en consecuencia, a la coronación de María de Molina como reina. El reinado de Sancho IV de Castilla fue corto, puesto que el monarca murió en 1295, dejando un heredero de apenas nueve años, Fernando IV.
La dudosa legitimidad de éste, fruto de un matrimonio entre primos contraído sin dispensa, provocó una cruenta guerra civil en Castilla y León, que enfrentó a los partidarios del joven soberano, proclamado rey en Toledo tras los funerales de su padre, contra sus ambiciosos tíos, los infantes Juan y Enrique, y contra los infantes de la Cerda, sus primos, apoyados por Jaime II de Aragón y Dionís de Portugal, cuyas tropas penetraron en territorio castellano (1296).
Únicamente la tenacidad y la habilidad política de María de Molina, nombrada regente en el testamento de Sancho IV, permitieron rechazar la invasión extranjera, conjurar la crisis interna y afirmar los derechos de Fernando IV sobre el trono castellano, una vez que hubo llegado a Castilla la bula pontificia que legitimaba el matrimonio de María de Molina, seis años después de haber enviudado (1301).
En el año 1312, sin embargo, la prematura desaparición de Fernando IV abrió un nuevo ciclo de luchas civiles y obligó a María de Molina a hacerse cargo de la regencia de su nieto Alfonso XI, responsabilidad que compartió con los infantes Pedro y Juan y que mantuvo hasta su muerte.
(Biografías y vidas)
En 1284, la muerte de Alfonso X el Sabio dio paso a la proclamación de Sancho IV como soberano de Castilla y León y, en consecuencia, a la coronación de María de Molina como reina. El reinado de Sancho IV de Castilla fue corto, puesto que el monarca murió en 1295, dejando un heredero de apenas nueve años, Fernando IV.
La dudosa legitimidad de éste, fruto de un matrimonio entre primos contraído sin dispensa, provocó una cruenta guerra civil en Castilla y León, que enfrentó a los partidarios del joven soberano, proclamado rey en Toledo tras los funerales de su padre, contra sus ambiciosos tíos, los infantes Juan y Enrique, y contra los infantes de la Cerda, sus primos, apoyados por Jaime II de Aragón y Dionís de Portugal, cuyas tropas penetraron en territorio castellano (1296).
Únicamente la tenacidad y la habilidad política de María de Molina, nombrada regente en el testamento de Sancho IV, permitieron rechazar la invasión extranjera, conjurar la crisis interna y afirmar los derechos de Fernando IV sobre el trono castellano, una vez que hubo llegado a Castilla la bula pontificia que legitimaba el matrimonio de María de Molina, seis años después de haber enviudado (1301).
En el año 1312, sin embargo, la prematura desaparición de Fernando IV abrió un nuevo ciclo de luchas civiles y obligó a María de Molina a hacerse cargo de la regencia de su nieto Alfonso XI, responsabilidad que compartió con los infantes Pedro y Juan y que mantuvo hasta su muerte.
(Biografías y vidas)
miércoles, 15 de octubre de 2008
La plegaria de la Reina (Castilla y León)

Muerto Fernando IV, hereda el trono Alfonso XI, conocido como el Rey niño por su corta edad. Su madre Doña Constanza es la encargada de su custodia, educación y asume la regencia, en tanto en cuanto Alfonso XI no alcance la mayoría de edad.
Corren tiempos difíciles para ellos, siendo perseguidos por sus enemigos (Don Diego Ramírez y el Comendador Lorenzana, entre otros). En su huída llegan a la ciudad de León y cuenta la leyenda que se refugian en una casa del Barrio de San Martín. Algunos de sus enemigos se enteran y tratan de seguir sus pasos y localizar el refugio del Rey niño y su madre en León. Doña Constanza trae muy poco séquito, entre las que se cuenta su doncella Beatriz.
La víspera de Viernes Santo del año 1.313, el Infante Alfonso y el escudero de la reina salen de su casa, dicen que por la calle Escuderos. Dicen que a la salida de la calle se encuentran con dos de sus más temidos enemigos: el Comendador Lorenzana y Diego Ramírez. No median palabras y si, el ruido de las espadas. El infante lograr huir y se entabla una batalla en la que no se sabe bien lo que pasa, ni el resultado de la misma. Por las calles corre la noticia de tan encarnizada lucha y de la duda del resultado. ¿ Qué había pasado con el Rey niño ?.
Al día siguiente en la procesión de Viernes Santo, sale la Virgen por la puerta principal de la Iglesia de San Martín, en dirección a la conocida Plaza de las Tiendas (hoy Plaza de San Martín).
Cuando comienza a avanzar la procesión, cuentan que una mujer, vestida de luto y envuelta en lágrimas se arrodilla frente al paso de la Virgen Dolorosa y le dirige una plegaria desesperada y maternal. Era Doña Constanza, madre de Alfonso XI (el Rey niño) que le pide a la Virgen que no le haya pasado nada.
La gente se quedó perpleja y asombrada, y por eso desde entonces a esa calle que une la Plaza de San Martín con la Plaza Mayor, se la conoce como la calle Plegarias.
Doña Constanza, partió días después fuera de León, camino de Sahagún donde recibió noticias de que su hijo no había muerto.
Etiquetas:
Alfonso XI,
La plegaria de la reina,
León
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