viernes, 30 de abril de 2010

El gentil de la Cueva de Muskia


Antón Ercoreca relata una curiosa tradición que afecta a los gentiles. La reproduzco tomada a mi vez de Juan G. Atienza.

Un gentil que vivia en la cueva de Muskia (Ataun) se apoderó de un cristiano; para que éste no se apartara de alli, púsole en un dedo de la mano una misteriosa sortija que continuamente decia a gritos: "Aquí estoy, aquí estoy".
Una vez se ocultó dicho cristiano entre las pieles de las ovejas que el gentil tenia amontonadas. Sin duda pareció al gentil un tanto lejana la voz de la sortija, y púsose a pensar si procedería de fuera.

Abrió la puerta y salió de la cueva, momento que aprovechó el cristiano, para librarse del montón de pieles que le cubría y darse a una precipitada fuga, y en un instante se alejó de allí. El gentil oyó la voz de la sortija y corrió tras ella. El cristiano desesperó de su salvación pero se le ocurrió cortarse el dedo con una piedra y lanzarlo con la sortija al rio de Mikolde.

Cuando el gentil llegó detrás de él hasta Mikolde oyó la voz que salía del pozo, y creyendo que dentro estaría el cristiano, se lanzó a él y allí murió ahogado.

El loro Ravachol


El loro Ravachol, propiedad del boticario del barrio de la Peregrina, moría el lunes de Carnaval de 1913. En honor al pájaro, las fiestas del Carnaval se cierran cada año en Pontevedra con el tradicional entierro del loro. El último viernes de la semana de las fiestas, Ravachol desfilará por las calles de Pontevedra hasta la plaza de la Herrería, donde será incinerado.

No se sabe la fecha de nacimiento de Ravachol pero sí se sabe que vivió durante unos años en un cuartel. Cuando llegó a manos del celebrado gaitero Perfecto Feijoo, fundador de la agrupación “Aires da Terra”, el loro fue bautizado con el nombre del famoso anarquista francés Françoise Ravachol. Perfecto Feijoo era también farmacéutico, por lo que el loro tenía la botica como nueva residencia. En la botica del céntrico barrio de la Peregrina, las medicinas y los ungüentos compartían protagonismo con el parlanchín loro, que no dejaba de repetir las frases oídas en la farmacia. A su muerte alguien le dedicó estos versos:
“Aquí, con lenguaje vario,
gracioso, breve y mordaz,
regocijó al vecindario
el loro del boticario.”

Todos los años Pontevedra clausura su fiesta de Carnaval con un homenaje a este virtuoso loro, representando su funeral por las calles del centro de la ciudad. El carnavalero loro, construido para la ocasión con miles de plumas de gallina, también se disfraza en este día para hacer referencia a algún hecho de actualidad: bombero, voluntario, torero, etc. fueron algunos de los disfraces de Ravachol.

El loro Ravachol es ya un símbolo de Pontevedra que consigue reunir tanto a defensores como a detractores de las celebraciones carnavalescas. Tienen una cita con la ironía y el buen humor a las seis de la tarde en los soportales de la Casa de la Luz, en la plaza de la Verdura.

sábado, 24 de abril de 2010

Locura de amor - Tordesillas


La muerte de su esposo Felipe el Hermoso volvió completamente loca a doña Juana. Para unos, el origen esta demencia fue la pasión de los celos.

Otros, sin embargo, sostienen que doña Juana nunca estuvo loca, sino que la hicieron pasar por tal, a fuerza de malos tratamientos, su marido y su hijo respectivamente, para arrebatarle el cetro.

Desde el primer momento sintió doña Juana la Loca por su marido una pasión morbosa, tanto más intensa y agudiza cuanto mayores eran los desperecios y liviandades de él. Los devaneos del archduque no cesaban, y, lo que es aún peor, mostrábase cruelmente desenfadado, no teniendo para con su mujer ni siquiera la piedad del disimulo.

Se cuenta que don Felipe el Hermoso buscaba sus concubinas entre las damas de la Corte, haciendo presenciar a doña Juana el odioso espectáculo de tan ofensivas preferencias.

En cierta ocasión la desgraciada infanta sorprendió a su protervo esposo en flagrante intimidad con una de sus damas, rubia beldad, cuyos cabellos ostentaba con orgullo su poseedora. Sintiéndose cual leona herida, doña Juana cerceñó las doradas trenzas de su rival y se las mostró al infiel, diciendo:

- ¿Conocéis estos cabellos?

Felipe, hermoso, pero no caballeroso, reaccionó brutalmente, golpeando como un rufián a su celosa esposa.

Con su instinto de madre la reina Isabel I la Católica presentía algo sobre los sufrimientos de hija. Mas en vano le escribía tiernas epístolas pidiéndole noticias acerca de su existencia. Juana no contestaba nunca.

Sin embargo, al morir el príncipe don Juan y quedar su hermana Juana como heredera de los reinos de Castilla y Aragón, era necesaria su presencia para ser jurada por las Cortes.

Por fin, tras muchos ruegos y gracias a las gestiones del embajador Gutierre de Fuensalida, Felipe el Hermoso y su mujer doña Juana llegaros desde Amberes a España por Fuente rrabía. Los Reyes Católicos salieron presurosos para coincidir en Toledo, donde pudieron abrazar a su amada hija.

Después de los saludos, la reina Isabel encerróse con doña Juana en un aposento y le pidió a su hija que le contara si era feliz como ella quería verle.

Doña Juana la Loca dudó un instante, deseosa de callar, para no descubrir la úlcera dolorosa de su alma. Mas no pudo y rompiendo a llorar, entrecortadamente, hizo el angustioso relato del calvario matrimonial que había destrozado su existencia.

Después de muerta doña Isabel la Católica, don Felipe el Hermoso y doña Juana, que se hallaban en Flandes, retornaron a España, para reinar, si bien por poco tiempo (1504-1516).

Mal gobernante, despreocupado de cuanto no fuese su egolátrico proceder, Felipe el Hermoso tan sólo atendía a sus caprichos y placeres, olvidando a su esposa, ya en plena versanía. Residían en la casa “del cordón” en Burgos.

Cierto día departía el apuesto príncipe con varios cortesanos acerca de la aparición de un cometa en el horizonte.

-Dicen que este fenómeno presagia la muerte de algún príncipe – dijo uno.

-¡bah! – contestó Felipe, soltando la carcajada -. Guarde Dios a mi padre y a mí, y de los demás haga lo que guste.

Pocos días más tarde moría de forma inesperada. Doña Juana, que no le abandonó un instante mientras duró la breve enfermedad, negóse a reconocer la realidad.

- Mi esposo idolatrado no ha muerto – decía – : está dormido.

De no haber estado ya loca, hubiese perdido la razón ante el duro trance. Consintió que guardasen el cuerpo amadísimo en un ataúd, pero no toleró que lo enterraran, y dispuso que quedara depositada en la Cartuja burgalesa.

Y allí iba todas las semanas la doliente doña Juana. Hacía abrir el féretro, y abrazada y besaba con frenesí el cadaver putrefacto.

La Virgen de la Paloma - Madrid


A finales del siglo XVIII, existía un corralón propiedad del convento de San Juan. En este corral se criaban algunas palomas. Un día lluvioso, un antiguo sacristán, alimentando a las palomas, encontró un cuadro muy deteriorado de la virgen de la Soledad oculto entre unos cachivaches. Le arranco el bastidor y regalo el lienzo a unos niños que jugaba en la calle.

Uno de los niños se acordó de que a su tía Isabel Tintero le agradaría el lienzo, pues tenia fama de beata. Isabel dio a los chavales unas monedas y se dispuso a limpiar el cuadro. Cuando acabo le puso un tosco marco y lo colgó en la pared de su portal con flores de trapo y con una lamparilla de aceite.

Cuando Isabel salió bien parada de un parto difícil, se lo atribuyó a aquella Virgen. Todas las vecinas y amigas se pusieron bajo su protección en situaciones parecidas saliendo bien todas ellas.

La devoción por esta virgen creció de tal manera que Isabel tuvo que alquilar una habitación para poder rendir culto a la Virgen.

La esposa de Carlos IV encomendó a la Virgen de la Soledad a su hijo Fernando que estaba enfermo de escorbuto. Cuando Fernando recobro la salud, la reina mando unas velas a Isabel Tintero. Al enterarse, muchos madrileños enviaron dinero a Isabel para que construyera un templo donde alojar a la Virgen. Cuando se construyo el templo, en la calle Solana, se traslado a la Virgen en solemne procesión. Cuando la procesión paso por el corralón, una paloma blanca voló hacia donde estaba la Virgen y se poso sobre el cuadro. Allí permaneció durante todo el recorrido hasta que entro en el templo. Desde entonces se llamo la Virgen de la Paloma.

La imagen se encuentra en el altar mayor de la parroquia San Pedro el Real, en la calle de la Paloma. A un lado de la epístola hay un cuadro que representa la entrega del cuadro y el pago a los muchachos.

lunes, 19 de abril de 2010

Penas das rodas - Outeiro do Rei


Camino de Vilalba se halla una curiosa estructura formada por tres enormes piedras, dos de ellas en equilibrio sobre la tercera. La fantasía popular ha hecho de ellas un paraje famoso. La leyenda más extendida dice que una de las dos rocas contiene en su interior un enorme bloque de oro. Quien consiga saber cuál es y la rompa se quedará con él. La cuestión no es tan fácil como parece pues la creencia termina con la otra piedra llena de alquitrán. Si fuese ésta la rota, la pasta inundaría el paraje enterrando las dos piedras y la comarca entera. Hasta el momento nadie ha conseguido identificar cual de las dos piedras esconde el gran tesoro.


En la actualidad, junto a las piedras en equilibrio se ha abierto un área recreativa donde el viajero puede descansar y comer mientras contempla el espectáculo de la naturaleza.


En Gaioso, ollando a Chá
Hai duas penedas ergueitas.
¡Semellan non ser verdá
redondeces tan ben feitas!
As Penas de Rodas son
dous ollos alucinados
Que espían con atención
Ós eidos máis alonxados.
Si ambas penas se desfán
arde, co mundo, un tesouro:
¡unha pena é de alquitrán,
a outra unha trabe de ouro!
Non sodes, non, cantería,
ouh penas de encantamento.
¡Temo que calquera día
vos poida levar o vento.


(Manuel María, poeta)

Restaurante Botín de Madrid


En la calle de Cuchilleros se abrió en 1725 una pastelería que, con el tiempo, se convertiría en restaurante. Desde entonces sus fogones no han dejando de funcionar.
La decoración del local nos sitúa en el siglo XVII . este restaurante figura en el libro “Guinness de los records” como el restaurante mas antiguo del mundo.

domingo, 11 de abril de 2010

Doña María Coronel


Cuenta la leyenda que Doña María Coronel, tras la muerte de su esposo, Juan de la Cerda, se apartó de la vida mundana para llorar su desgracia. A pesar de su retiro, Pedro I el Cruel, puso sus miras en ella, intentando por todos los medios conquistarla, poniendo en juego para tal fin todas sus dotes de hombre y de rey. Ante tal acoso y asedio Doña María decidió retirarse al convento de Santa Clara, pensando que allí no sería objeto de las ansias amorosas del monarca.

Pero el rey, ciego en su ardor por ella mandó a sus secuaces al convento, con la finalidad de convencerla de que atendiera los amores que le ofrecía el rey. Finalmente y al no poder de ninguna manera resistirse al asedio de Pedro I, se arrojó aceite hirviendo en el rostro, quedando horrorosamente desfigurada, lo que terminó con el acoso del rey.

Años después fundó el convento de Santa Inés, en el que murió a la edad de 73 años. Actualmente su cuerpo se mantiene incorrupto o momificado en una sepultura del propio convento.

domingo, 4 de abril de 2010

Los tres besos


En una aldea de la montaña habitaba una moza muy bella, hija única de padres muy. ricos. Lucía, que éste era el nombre de la moza, estaba CIegamente enamorada de un muchacho de su mismo pueblo, llamado Miguel; éste, que también quería a la joven con toda su alma, era trabajador y honrado, pero como era muy pobre, los padres de ella se oponían terminantemente a aquellas relaciones, prohibiendo a su hija que hablara con el mozo, porque «antes la matarían que dejarla casar con él». Esta oposición paterna sirvió sólo para alentar aquellos trágicos amores, rodeando a las entrevistas de un gran misterio, que les daba un mayor encanto.

Pero un día que el padre sorprendió a la muchacha, se encolerizó contra ella por su desobediencia, y, agarrándola de un brazo, se la llevó al monte del Duesu, donde existe una profunda cueva en la que moraba una ánjana mala; pensó que la ánjana podría encantarla y tenerla con ella hasta que se le pasase aquel loco amor. Llegados junto a la boca de la cueva, el padre golpeó con su palo una piedra ennegrecida que había a la entrada, y al ruido salió una bruja de rostro amarillento, vestida de negro y rodeada de sapos, que infundía pavor. El padre propuso a la vieja sus deseos de dejar allí encantada a su hija, y la vieja, con una picaya retorcida que llevaba en la mano izquierda, trazó en el suelo una cruz, que luego pisó con saña, y mirando a la moza con ojos diabólicos, pronunció estas palabras: «El que contigo se quiera casar, tres besos te ha de dar: el primero en el pulgar, el segundo en el calcañar y el tercero encima del espaldar, y agarrando a la joven, se la entró en la oscura cueva.

El novio acudió aquella noche, como de costumbre, a ver a su enamorada, y le causó gran sorpresa el que la moza no saliera a la cita: Pensando que la habrían encerrado en casa, desalentado, quedó rondando la casa de la muchacha, sin valor para alejarse. Ya empezaba a amanecer, cuando se le apareció una ánjana buena, que le dijo: «Tu novia ha sido llevada por su padre a la cueva del Duesu, para que la encante la bruja. Sólo podrá desencantarla el que le dé tres besos::uno en el pulgar, otro en el calcañar y el tercero encima del espaldar».

Dicho esto, le entregó una rama de fresno, para que golpeara la piedra de la entrada, después de lo cual debía trazar con la varita cuatro cruces en el suelo, que había de besar.

El mozo emprendió inmediatamente la marcha hacia la cueva, llevando la varita oculta bajo la blusa. A medio camino se encontró a una vieja pobre, que le dijo que se había hundido el puente y no se podía pasar el río; pero el mozo le contestó que él lo pasaría y volvería a repasar con la moza. La vieja insistió que se encontraría a cuatro lobos, que le devorarían; pero él replicó que mataría a los cuatro. La vieja lanzó un bufido y se transformó en un murciélago. que salió volando.

Encontró después una mujer maravillosamente bella, ataviada con lujosos tejidos, que se le acercó, zalamera, para enamorarle; pero él cerró los ojos para no quedar prendado en sus hechizos, y le dijo: «Yo sólo amo a Lucía». La muchacha se convirtió en murciélago y se perdió de vista.

Llegó el mozo en su camino a un verde prado, donde vio relucir unas monedas de oro; se acercó a recogerlas. y encontró oculto entre las hierbas un gran tesoro, que no le cabía en los bolsillos; se quitó la blusa y la llenó de monedas, con las que se volvió a su casa; allí cogió un saco y corrió al prado; echando en el saco mucho más oro hasta que estuvo lleno, con él se volvió a casa y lo guardó en un arca, que
casi dejó llena. Con la ambición del oro se olvidó de Lucía, y volvió al prado por si encontraba más monedas. Pensó invertir todo ello en comprar grandes extensiones de terreno y se puso en tratos con varios labradores; se quedó al fin con los terrenos, y cuando fue a pagarlos, abrió el arca y la encontró-llena de cenizas. Desesperado y corrido de vergüenza, huyó del pueblo, sin volverse a saber nada de él.

Mientras, la buena ánjana, compadecida de la doncella encantada. se transformó en un joven y se presentó en la cueva del Duesu, golpeó en la piedra y apareció la muchacha, a la que desencantó, dándole los tres besos, y se la llevó con ella a su espléndida mansión. Allí permaneció algunos años con Lucía, a la que no se volvió a ver en el pueblo, porque fingiendo ser madre e hija, se habían ido a vivir a un pueblo de Andalucía, donde se enamoró de la muchacha un acaudalado caballero, que la hizo su esposa.