En la entrada titulada "Hispania y el cambio de calendario" del 6 de febrero ya dejé explicado el motivo por el que los últimos meses del año se llaman como se llaman. Nada dije, sin embargo de las razones por las que Febrero es más corto que los demás.
En la primera reforma del calendario que llevaron a cabo los romanos, el año tenía 10 meses y 354 días. Esto ocasionaba un desfase con las estaciones que se resolvía agregando un mes ocasionalmente. Esto obligaba a pagar a la servidumbre por lo que motivaba frecuentes conflictos y manipulaciones. Con todo y con éso, Julio César se encontró con un desfase de cerca de tres meses entre el calendario y las estaciones. Conocedor de que los egipcios habían sido los primeros en adoptar el calendario de 365 días, encargo al astrónomo Sosígenes de Alejandría, la confección de un nuevo ciclo anual.
El sabio adoptó un calendario regular de 11 meses de 30 ó 31 días y otro mes, el último, que recogía los días sobrantes. Este último mes, que resultó ser Febrero, porque inicialmente se mantuvo el inicio del año en Marzo, se quedo con los 28 ó 29 días que restaban.
Más adelante se trasladó el principio de año al día 1 de Enero, como expliqué en la entrada anterior, pero no se alteraron los nombres.
De todo un poco. Leyendas, tradiciones e historias curiosas de todas las regiones de España. Unas son verdad y otras no tanto.
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martes, 4 de agosto de 2015
lunes, 16 de marzo de 2015
Barrio de Cimadevilla - Gijón
Cimadevilla es un barrio de Gijón (Asturias) situado en la vertiente sur del Cerro de Santa Catalina, o de La Atalaya. Constituye la parte más antigua de la ciudad, pues existen vestigios arqueológicos pertenecientes a la época del Imperio romano, en especial las Termas.
Su situación en un cerro amurallado, que quedaba aislado al subir la marea, hizo de Cimadevilla una plaza fuerte de cierta importancia, hasta su destrucción durante la guerra entre Enrique III, futuro primer Príncipe de Asturias y su tío Alfonso Enríquez, Conde de Noreña y Gijón.
Su situación en un cerro amurallado, que quedaba aislado al subir la marea, hizo de Cimadevilla una plaza fuerte de cierta importancia, hasta su destrucción durante la guerra entre Enrique III, futuro primer Príncipe de Asturias y su tío Alfonso Enríquez, Conde de Noreña y Gijón.
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Asturias,
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domingo, 26 de octubre de 2014
Indíbil y Mandonio
Indíbil (258 a. C. - 205 a. C.) fue un rey de los ilergetes, un pueblo prerromano de la península Ibérica.
Aliado de Cartago hasta el 210 a. C., se alzó contra los romanos en la batalla de Cissa en el 218 a. C. donde Cneo Cornelio Escipión lo venció y expulsó de sus territorios, obligando a los ilergetes a pagar impuestos a Roma y entregar rehenes. En el 212 a. C., aliado de nuevo con el general cartaginés Asdrúbal Barca venció a Cneo en la batalla de Cástulo, recuperando el trono y la autoridad de su pueblo. Convencido de la necesidad de mantener la independencia frente a Roma y Cartago, siguió un difícil juego de alianzas militares en busca de la protección de su pueblo y la conquista de otros pueblos vecinos, menos belicosos. Consciente de la importancia del territorio controlado por los ilergetes en el río Ebro como paso de Cartago hacia Roma y viceversa, mantuvo fuertes enfrentamientos con ambos.
En el 217 a. C., Indíbil sostiene esporádicos enfrentamientos con las tropas romanas y llega a unirse a las expediciones cartaginesas que tratan de cruzar el Ebro, llegando a combatir contra los celtíberos, que en su mayoría apoyan a Roma. Aunque en el 211 a. C., Roma conquista buena parte de la península llegando hasta la actual Linares, en la provincia de Jaén, los hermanos Cneo y Publio Cornelio Escipión ven perder buena parte de las conquistas al cambiar la política de alianzas de los iberos. La victoria de los cartagineses sobre los romanos les lleva en el 210 a. C. a perder casi todas sus posesiones y a encerrarse en los Pirineos. Indíbil pacta con los cartagineses a cambio de entregar sustanciales cantidades de plata y de rehenes, incluida su propia esposa.
En el 209 a. C. pacta con el general romano Publio Cornelio Escipión el Africano (hijo del anteriormente nombrado) para enfrentarse a Asdrúbal con el apoyo de los edetanos, recibiendo como recompensa la seguridad de las fronteras ilergetes y la devolución de todos los rehenes que Cartago tenía, pero debe quedar como rey vasallo. En el 208 a. C. se vuelve a sublevar frente a Roma por las dificultades para cumplir sus compromisos de vasallaje pero Indíbil vuelve a ser capturado en la batalla de Baecula (junto a la actual Santo Tomé). Puesto en libertad, en el 207 a. C., Indíbil formó una gran alianza con otros pueblos de la península Ibérica que se enfrentó a Roma, junto al general cartaginés Magón. Abarcaba la práctica totalidad del valle del Ebro hasta la desembocadura y norte de la actual provincia de Castellón. Derrotado de nuevo por Escipión, debió refugiarse en su territorio, ahora más reducido y enviar a Mandonio para que firmase la paz con Escipión. No contento, visto que Roma domina ya toda la península, formó otra gran alianza en la que encabezó la última gran sublevación, con la mayoría de los pueblos que ocupaban el noreste de la península, y cerca de 4.000 jinetes y 30.000 infantes, siendo derrotado y muerto en la batalla.
Aliado de Cartago hasta el 210 a. C., se alzó contra los romanos en la batalla de Cissa en el 218 a. C. donde Cneo Cornelio Escipión lo venció y expulsó de sus territorios, obligando a los ilergetes a pagar impuestos a Roma y entregar rehenes. En el 212 a. C., aliado de nuevo con el general cartaginés Asdrúbal Barca venció a Cneo en la batalla de Cástulo, recuperando el trono y la autoridad de su pueblo. Convencido de la necesidad de mantener la independencia frente a Roma y Cartago, siguió un difícil juego de alianzas militares en busca de la protección de su pueblo y la conquista de otros pueblos vecinos, menos belicosos. Consciente de la importancia del territorio controlado por los ilergetes en el río Ebro como paso de Cartago hacia Roma y viceversa, mantuvo fuertes enfrentamientos con ambos.
En el 217 a. C., Indíbil sostiene esporádicos enfrentamientos con las tropas romanas y llega a unirse a las expediciones cartaginesas que tratan de cruzar el Ebro, llegando a combatir contra los celtíberos, que en su mayoría apoyan a Roma. Aunque en el 211 a. C., Roma conquista buena parte de la península llegando hasta la actual Linares, en la provincia de Jaén, los hermanos Cneo y Publio Cornelio Escipión ven perder buena parte de las conquistas al cambiar la política de alianzas de los iberos. La victoria de los cartagineses sobre los romanos les lleva en el 210 a. C. a perder casi todas sus posesiones y a encerrarse en los Pirineos. Indíbil pacta con los cartagineses a cambio de entregar sustanciales cantidades de plata y de rehenes, incluida su propia esposa.
En el 209 a. C. pacta con el general romano Publio Cornelio Escipión el Africano (hijo del anteriormente nombrado) para enfrentarse a Asdrúbal con el apoyo de los edetanos, recibiendo como recompensa la seguridad de las fronteras ilergetes y la devolución de todos los rehenes que Cartago tenía, pero debe quedar como rey vasallo. En el 208 a. C. se vuelve a sublevar frente a Roma por las dificultades para cumplir sus compromisos de vasallaje pero Indíbil vuelve a ser capturado en la batalla de Baecula (junto a la actual Santo Tomé). Puesto en libertad, en el 207 a. C., Indíbil formó una gran alianza con otros pueblos de la península Ibérica que se enfrentó a Roma, junto al general cartaginés Magón. Abarcaba la práctica totalidad del valle del Ebro hasta la desembocadura y norte de la actual provincia de Castellón. Derrotado de nuevo por Escipión, debió refugiarse en su territorio, ahora más reducido y enviar a Mandonio para que firmase la paz con Escipión. No contento, visto que Roma domina ya toda la península, formó otra gran alianza en la que encabezó la última gran sublevación, con la mayoría de los pueblos que ocupaban el noreste de la península, y cerca de 4.000 jinetes y 30.000 infantes, siendo derrotado y muerto en la batalla.
domingo, 27 de julio de 2014
La minas de oro del Teleno
La sierra fue transformada en una gran batea para extraer el oro con agua de cumbres y ríos.
El mayor complejo de minería romana del mundo suma 38 kilómetros cuadrados. Los romanos convirtieron la sierra del Teleno, hace dos mil años, en una gran batea a escala industrial para extraer el oro. La arrugia, técnica de explotación minera que utiliza la fuerza del agua para beneficiar el metal rey, tiene en las 78 minas auríferas de la sierra del Teleno el ejemplo más espectacular de minería hidráulica de época romana existente en el mundo. Para separar el oro de los materiales estériles en grandes canales de lavado se encauzó el agua por canales y se almacenó en depósitos.
La investigación realizada por el ingeniero y profesor de la Universidad de León Roberto Matías ha puesto al descubierto, además, los 135 kilómetros de canalizaciones existentes entre la cota 1.400 y la cumbre del Teleno así como 90 depósitos de agua. La longitud de los canales se triplicará, como mínimo, cuando se complete la investigación de la red hidráulica por debajo de los 1.400 metros, un trabajo en el que Matías calcula que invertirá otros dos años de su tiempo y dinero.
Aparte de inventarios de uso interno y alguna publicación divulgativa, que ni siquiera ha sido entregada a los Ayuntamientos de la zona, ni el Ministerio de Defensa -titular del campo de tiro que incluye parte de las minas- ni la Consejería de Cultura, que tiene las competencias en Patrimonio han hecho ningún trabajo para ampliar las investigaciones parciales que hizo Claude Domergue en los años 70 -él fue quien lo bautizó como el «mayor complejo mundial de minería romana»- y otros investigadores en los años 80.
Los romanos ensayaron en el Teleno diferentes técnicas extractivas hidráulicas, desde la explotaciones en peines o arados a través de zanjas poco profundas como se puede ver en Las Moraceras o los Pinares de Castrocontrigo, a las zanjas, canales y cortes de arroyada debido al ensanchamiento de aquellas. En otros depósitos de oro, como Fuco Chico y la Piozadera, en Luyego, utilizaron el sistema de ruina montium, que, como se hizo en Las Médulas, combina el uso del agua y un sistema subterráneo de pozos o galerías.
También existen ejemplos de minería subterránea como la Cueva de los Moros de Tabuyo. En el noroeste peninsular hay medio millar de minas de oro de época romana.
En el Teleno los trabajos adquirieron tal envergadura que en la vertiente norte -la que coincide con el campo de tiro del Ministerio de Defensa- hay 18 kilómetros de extensión continuada de explotaciones auríferas en la ribera del río Duerna, desde Molinaferrera. Los restos más espectaculares, son el poblado minero de la corona de Quintanilla y las zanjas canales de lavado con toneladas de cantos amontonados -las murias- resultado de la evacuación de escombros para obtener el oro. «La magnitud de los trabajos de minería romana en la sierra del Teleno llega a alcanzar en su conjunto dimensiones y volúmenes superiores a los registrados en Las Médulas», asegura el ingeniero Roberto Matías.
Su estudio ha destapado un patrimonio oculto por el olvido y en parte prohibido, al estar dentro del territorio del campo de tiro que el Ministerio de Defensa utiliza para entrenar a sus tropas y probar armamento sofisticado de Europa. «Sólo podremos saber cuántos trabajadores hubo en las minas del Teleno si acotamos su período de funcionamiento»
ROBERTO MATÍAS, ingeniero de Minas y profesor de la Universidad de León
El mayor complejo de minería romana del mundo suma 38 kilómetros cuadrados. Los romanos convirtieron la sierra del Teleno, hace dos mil años, en una gran batea a escala industrial para extraer el oro. La arrugia, técnica de explotación minera que utiliza la fuerza del agua para beneficiar el metal rey, tiene en las 78 minas auríferas de la sierra del Teleno el ejemplo más espectacular de minería hidráulica de época romana existente en el mundo. Para separar el oro de los materiales estériles en grandes canales de lavado se encauzó el agua por canales y se almacenó en depósitos.
La investigación realizada por el ingeniero y profesor de la Universidad de León Roberto Matías ha puesto al descubierto, además, los 135 kilómetros de canalizaciones existentes entre la cota 1.400 y la cumbre del Teleno así como 90 depósitos de agua. La longitud de los canales se triplicará, como mínimo, cuando se complete la investigación de la red hidráulica por debajo de los 1.400 metros, un trabajo en el que Matías calcula que invertirá otros dos años de su tiempo y dinero.
Aparte de inventarios de uso interno y alguna publicación divulgativa, que ni siquiera ha sido entregada a los Ayuntamientos de la zona, ni el Ministerio de Defensa -titular del campo de tiro que incluye parte de las minas- ni la Consejería de Cultura, que tiene las competencias en Patrimonio han hecho ningún trabajo para ampliar las investigaciones parciales que hizo Claude Domergue en los años 70 -él fue quien lo bautizó como el «mayor complejo mundial de minería romana»- y otros investigadores en los años 80.
Los romanos ensayaron en el Teleno diferentes técnicas extractivas hidráulicas, desde la explotaciones en peines o arados a través de zanjas poco profundas como se puede ver en Las Moraceras o los Pinares de Castrocontrigo, a las zanjas, canales y cortes de arroyada debido al ensanchamiento de aquellas. En otros depósitos de oro, como Fuco Chico y la Piozadera, en Luyego, utilizaron el sistema de ruina montium, que, como se hizo en Las Médulas, combina el uso del agua y un sistema subterráneo de pozos o galerías.
También existen ejemplos de minería subterránea como la Cueva de los Moros de Tabuyo. En el noroeste peninsular hay medio millar de minas de oro de época romana.
En el Teleno los trabajos adquirieron tal envergadura que en la vertiente norte -la que coincide con el campo de tiro del Ministerio de Defensa- hay 18 kilómetros de extensión continuada de explotaciones auríferas en la ribera del río Duerna, desde Molinaferrera. Los restos más espectaculares, son el poblado minero de la corona de Quintanilla y las zanjas canales de lavado con toneladas de cantos amontonados -las murias- resultado de la evacuación de escombros para obtener el oro. «La magnitud de los trabajos de minería romana en la sierra del Teleno llega a alcanzar en su conjunto dimensiones y volúmenes superiores a los registrados en Las Médulas», asegura el ingeniero Roberto Matías.
Su estudio ha destapado un patrimonio oculto por el olvido y en parte prohibido, al estar dentro del territorio del campo de tiro que el Ministerio de Defensa utiliza para entrenar a sus tropas y probar armamento sofisticado de Europa. «Sólo podremos saber cuántos trabajadores hubo en las minas del Teleno si acotamos su período de funcionamiento»
ROBERTO MATÍAS, ingeniero de Minas y profesor de la Universidad de León
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