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miércoles, 5 de octubre de 2011

El abrazo del muerto

En la ciudad de Cartagena, obligada por sus padres -gente de noble estirpe y poco caudal-, casó doña Laura de Rui-Pérez con el noble cuatralbo de la marina real don Gonzalo de los Arcos, que poseía grandes riquezas, pero que era ya anciano y achacoso.


Doña Laura sintióse muy desgraciada desde el mismo día de su boda; pero tuvo paciencia, pensando en la rica herencia que le sobrevendría cuando don Gonzalo muriera, cosa que forzosamente tenía que suceder siendo ella tan joven, puesto que se casó siendo casi una niña.


Un día presentóse en el palacio del de los Arcos uno de sus deudos, llamado don luan de Dios Casanova, quien comunicó al caballero que había encontrado a un hijo bastardo que éste tuvo en el Perú, cuando fue secretario de cámara del virrey. El joven vivía miserablemente y desconocía su noble origen.


Emocionado don Gonzalo, al saber que vivía aquel hijo al que creía muerto en el sitio de Cartagena de Indias, ordenó a su deudo que a la mayor brevedad le trajera a su lado, porque le quería instituir heredero universal.


Doña Laura había oído toda esta conversación, escondida tras unas cortinas, y, al ver perdida la herencia que tanto codiciaba, escapó de su palacio aquella noche y fuese a la calle de la Soledad. Mirando recelosamente si alguien la había seguido, llamó a la puerta de una casa que tenía encima del portal esta inscripción: "Jehová es grande. David".
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La dama contó a David, el israelita, su desventura, diciendo que esperaba de él la solución a su terrible problema. Éste, adivinando las intenciones de doña Laura, entrególe un frasco e indicóle que vertiera todos los días en el agua que bebiera don Gonzalo unas gotas de aquel líquido, que producía una enfermedad parecida a la fiebre héctica, que le mataría con lentitud y sin peligro de ser ella descubierta. La dama se apoderó del frasco y lo escondió en su seno.


El judío extendió entonces un documento que puso ante doña Laura para que lo firmara, y según el cual David le había prestado mil escudos de oro, que debería devolverle cuando entrara en posesión de la herencia de su esposo.


Firmó la dama el documento, aunque le parecía excesivo el precio, y salió de la casa del israelita.


Algún tiempo después, y en medio de agudos sufrimientos, falleció don Gonzalo de los Arcos, sin que los médicos pudieran conocer el origen de su enfermedad ni la causa de su muerte.


Llegó el día de la lectura del testamento y la viuda vio con gran sorpresa que toda la herencia pasaba a manos del hijo bastardo de don Gonzalo, dejándole a ella únicamente una pequeña cantidad que no le bastaba más que para comprar sus tocas de viuda.


Llamó al judío, desesperada, para decirle que le devolviera el documento, que en mala hora había firmado, ya que su crimen había sido inútil. No había heredado de su marido ni un solo céntimo y no podía pagar los mil escudos de oro que le exigía David.


El israelita se negó a entregar el documento, reclamando el pago de los mil escudos. Después de una larga y violenta discusión, David dijo a la viuda que únicamente le entregaría el documento a cambio de un medallón que don Gonzalo llevaba en el cuello, sujeto con un cordón de seda. Doña Laura debía ir aquella noche a la iglesia de la Merced, donde yacía, expuesto, el cadáver de su esposo, y apoderarse del medallón.


Horrorizada, la viuda negóse, en principio, a profanar el cadáver del esposo a quien había asesinado. Pero el judío se mostró inflexible. Si no le entregaba el medallón, no le devolvería el documento, y si no pagaba los mil escudos, la justicia la obligaría a devolverlos.


Convencida la dama de que todas sus súplicas y ofrecimientos eran vanos, comprometióse a traerle al día siguiente el medallón que se destacaba sobre el pecho del cadáver de don Gonzalo.


De nuevo aquella noche salió la dama del palacio, vigilando sigilosamente para no ser vista. Entró en la iglesia de la Merced, y cuando todos los fieles abandonaron la iglesia y el sacristán hubo apagado todas las luces, acercóse en silencio a la capilla de las Ánimas. En el centro, e iluminado por cuatro cirios, yacía don Gonzalo, luciendo sobre su pecho el misterioso medallón que el judío exigía. Junto al medallón tenía las manos, rígidas y cruzadas.


Doña Laura, temblando de terror, inclinóse sobre el cadáver y, para poder quitarle el medallón, separó los brazos yertos. Inclinóse un poco más, y, al soltar los brazos para coger el medallón, la rigidez del músculo muerto los tornó a su posición primitiva, atenazando así el cuello de la dama. Giraron los ojos sobre sus órbitas; su rostro palideció, asustado, y entre estertores y convulsiones, falleció sobre el cadáver de don Gonzalo.


El Dios de la justicia unió, en apretado abrazo, a la víctima y a su verdugo.


(Vicente García de Diego en LEYENDAS DE ESPAÑA)

lunes, 9 de mayo de 2011

El caso Manises

Los hechos

El suceso lo protagonizó un Supercaravelle de la compañía TAE (ya desaparecida). Este vuelo, el JK-297 con 109 pasajeros, procedía de Salzburgo (Austria) y había hecho escala en Mallorca antes de seguir rumbo a Tenerife.

A medio camino y sobre las 11 de la noche, el piloto Francisco Javier Lerdo de Tejada y su tripulación observaron una serie de luces rojas que se dirigían hacia la propia aeronave. El rumbo de colisión de este presunto artefacto provocó un gran nerviosismo en la tripulación. El comandante pidió información sobre las extrañas luces, pero ni el radar militar de Torrejón de Ardoz (Madrid), ni el centro de control de Barcelona pudieron dar una explicación del fenómeno.

Para evitar una posible colisión, el comandante elevó su aparato, pero las luces hicieron lo mismo y se colocaron a apenas medio kilómetro del avión. La imposiblidad de hacer una maniobra para esquivarlas provocó que el comandante se viese forzado a desviar su rumbo y aterrizar de emergencia en el aeropuerto de Manises. Es la primera vez en la historia que un avión comercial se ve obligado a aterrizar de emergencia debido a un supuesto avistamiento ovni, ya que el no identificado estaba violando todas las normas básicas de seguridad.

Las luces detuvieron la persecución antes del aterrizaje. Tres formas no identificadas fueron detectadas finalmente por el radar. El tamaño de aquella forma luminosa fue calculado en unos 200 m de diámetro, y fue observado por numerosos testigos. Una de las extrañas formas pasó muy cerca de la pista de aterrizaje. Incluso se llegaron a encender las luces de emergencia en previsión de que aquél fuera un vuelo no registrado en apuros.

Ya el día siguiente, sobre las 0.40 horas, un Mirage F-1 despegó de la base aérea de Los Llanos (Albacete) con el objetivo de identificar el fenómeno. El piloto, Fernando Cámara, capitán del Ejército del Aire, tuvo que aumentar su velocidad hasta 1,4 mach para finalmente distinguir una forma troncocónica que cambiaba de color, aunque enseguida el artefacto desapareció de su vista. El piloto recibió información sobre un nuevo eco del radar, que indicaba que un nuevo objeto, o quizás el mismo, estaba sobre Sagunto. Cuando el piloto se acercó lo suficiente, el objeto aceleró y desapareció de nuevo. Pero esta vez, el caza fue blocado (sus sistemas electrónicos fueron inutilizados). En términos de defensa esto se considera una operación de agresividad. Finalmente, ocurrió lo mismo por tercera vez, y esta vez el ovni desapareció definitivamente rumbo a África. Tras hora y media de persecución, y debido a la falta de combustible, el piloto tuvo que volver a su base sin resultados.

Posibles explicaciones

Hay múltiples explicaciones de este suceso: desde los que creen que el fenómeno ovni consiste en la visita de habitantes de otros mundos hasta los que piensan que aquellas luces no eran más que astros nocturnos o fenómenos meteorológicos.
Los escépticos explican el bloqueo electrónico del Mirage F-1 basándose en que estaba estacionada en la zona la Sexta Flota de la Marina de los Estados Unidos con un potente sistema de guerra electrónica, pendiente de los sucesos de la crisis de los rehenes en Irán.
La explicación oficial vendría gracias al expediente del Ejército del Aire, que sería desclasificado años después, en agosto de 1994. El asunto llegó incluso al Congreso de los Diputados, cuando en septiembre de 1980 el diputado Enrique Múgica pidió una explicación de lo ocurrido.
Una de las explicaciones más recientes de los hechos, auspiciada por la Fundación Anomalía, afirma que las luces vistas por la tripulación del Supercaravelle JK-297 eran en realidad las llamaradas de las torres de combustión de la refinería de Escombreras, junto a Cartagena.
No obstante, el suceso no está cerrado y sigue siendo fruto de debates y todo tipo de explicaciones.