lunes, 27 de octubre de 2008

Las hogueras de san Juan (Sabadell - Cataluña)



En la ciudad de Sabadell, se cuenta esta versión del origen de las hogueras que se encienden en la noche del solsticio de verano.
María e Isabel, no solo eran primas, sino que se querían entrañablemente. Con el tiempo llegarían a ser madres de Jesús y de San Juan, pero ellas aún no lo sabían.

Compartían sus trabajos y al acabarlos, paseaban y hablaban incansables de sus ilusiones y de lo que deseaban para el futuro. Ambas anhelaban casarse y traer al mundo preciosos niños que las colmaran de felicidad.
Llegó el tiempo de contraer matrimonio y las jóvenes, siguiendo a sus esposos, hubieron de separarse, no sin prometer que, en cuanto tuvieran un hijo, se lo comunicarían de inmediato. Para ello, encenderían una gran hoguera, que avisara a la amiga de tan feliz acontecimiento.
Y cumpliendo su promesa, cuando Isabel dio a luz a su hijo Juan, rogó a sus familiares que subieran al monte cercano y allí encendieran un gran fuego que hiciera saber a María la feliz noticia. Y es en conmemoración de este nacimiento que se siguen prendiendo las hogueras de San Juan.


San Vicente (Portugal)


Es curioso lo que pasa con el celestial patronazgo de Lisboa. San Vicente Mártir y San Antonio de Padua comparten de alguna forma ese honor.
El primero, nacido en Zaragoza, acabaría siendo el patrón oficial de la capital de Portugal y el segundo, que si nació en Lisboa y es, aquí y allá el santo casamentero querido por todos, sería a la postre conocido por San Antonio de Padua.
Veamos brevemente quien fue pues ese aragonés, patrón de Lisboa.Nació San Vicente en Zaragoza y fueron sus padres Eutricio y Enola. Cursó estudios eclesiásticos en Zaragoza bajo la supervisión del Obispo Valero, quien sería más tarde martirizado junto con nuestro santo y subiría a los altares como San Valero, copatrón de Zaragoza. Estudió teología y una vez ordenado diácono empezó a predicar el evangelio en su tierra natal en tiempos de Diocleciano.
El prefecto de Roma, Daciano, enterado de las muchas conversiones que conseguía Vicente le hizo encarcelar y trasladar a Valencia donde fué martirizado y murió junto con su mentor el citado obispo Valero.
Cuentan las leyendas que su cuerpo fue arrojado al campo para que fuese pasto de las aves de rapiña pero un cuervo le protegió y en vista de ello arrojaron su cadáver al mar que devolvió los restos a tierra. Una viuda piadosa le dio sepultura.
El primer rey de Portugal Afonso Henriques expulsó a los moros de Lisboa y trasladó los restos de San Vicente a esta ciudad en 1175.
La leyenda - mucho más bonita - asegura que los restos del santo llegaron a Lisboa en una barca sin timonel custodiada por dos cuervos. La barca y los cuervos figuran en el escudo de la capital portuguesa y pueden verse en los bellos pavimentos empedrados de la ciudad o adornando las farolas de la Avenida da Liberdade.
El cuerpo se conserva en una urna ubicada en la sacristía de la Catedral (conocida como la Sé).
La iglesia conmemora San Vicente el día 22 de Enero. Para los portugueses la fecha pasa desapercibida.
San Vicente es además el patrón de los vendimiadores.
Quienes visiten Lisboa podrán contemplar el magnífico Políptico de San Vicente, que se atribuye a Nuno Gonçalves, en el Museo Nacional de Arte Antigua, más conocido como Museo das Janelas Verdes.

Jesús el Rico (Málaga - Andalucía)


Era el año de 1765. Cuenta la tradición que ese año se produjo en Málaga un terrible brote de cólera, que hizo que enfermaran y perecieran muchos hombres y mujeres. Tal fue la virulencia de la epidemia que, llegada la Semana Santa, no había hombres sanos que pudieran portar las imágenes para procesionarlas. Nadie se atrevía a salir más de lo necesario por temor a contraer aquella cruel enfermedad. La muerte estaba garantizada para los contagiados.

La noticia de que ese año no habría procesiones trascendió los muros de la cárcel. Ese año no se procesionaría a Jesús "El Rico". La venerada y muy querida imagen de Jesús "El Rico", el Jesús de los encarcelados, el Jesús que ayudaba y cuidaba los cuerpos y las almas de los presos no saldría ese año a las calles de Málaga porque el cólera había enfermado o exterminado a quienes eran sus habituales portadores de trono.

La noticia se propagó por la cárcel toda como un incendio. La noticia corrió por todos los módulos, por todas las galerías, por todas las celdas de la penitenciaría. Y una extraña mezcla de dolor, de indignación y de fervor religioso se adueñó de la gente encerrada entre aquellos muros.
Espontáneamente, sin que nadie mediara, sin acuerdo previo, sin una voz acaudilladora... los reclusos, como movidos por un extraño y común sentimiento, se amotinan, desbordan a los guardianes que los custodian, salvan los muros carcelarios, desgajan los goznes del portón que impedía su salida al exterior y corren como posesos a portar sobre los hombros su entrañable imagen de Jesús "El Rico". ¡Ellos serían sus portadores esa noche! Esa noche, ellos, los privados de libertad, los encerrados por malhechores, los marginados de la sociedad... ¡serían sus «hombres de trono»! Y esa noche, como había ocurrido todas esas noches de Semana Santa, Nuestro Padre Jesús "El Rico" volvió a pasearse por las calles malagueñas.

Y concluida la procesión, todos volvieron voluntariamente aquella noche del Miércoles Santo al recinto que los separaba de sus familias y los aislaba de la sociedad.

Una anécdota —si así podemos llamar a hecho tan singular— va unida a esta creencia popular. Se dice que no todos ellos volvieron al claustro carcelario. Hubo uno que no lo hizo. Hubo un recluso que se quedó, toda aquella noche, cuidando de un familiar infecto de cólera, a quien le había llevado, para que obrase el prodigio de sanarlo, la cabeza de San Juan Bautista "Degollado", que, por entonces, se veneraba a los pies de la imagen de Jesús "El Rico".

La sorpresa fue mayúscula para los carceleros, cuando, al día siguiente, la mañana del Jueves Santo, regresó por sí mismo a la cárcel. Todos cuantos salieron la noche pasada estaban ya de nuevo en donde la sociedad los había recluido para purgar por sus delitos.

Se dice que, para reconocer el extraordinario gesto de estos hombres, en señal de agradecimiento por la inusual actitud de estos presos, y, en especial, para elogiar la buena voluntad de este último, el rey Carlos III firmó una pragmática por la que se otorgaba a la Justicia de Málaga el derecho a libertar cada año a un preso, que abandonaría la cárcel el día del Miércoles Santo y saldría en procesión con la cofradía titular de Nuestro Padre Jesús "El Rico". Después, volvería a casa con los suyos libre de su condena.

Hasta aquí lo que es creencia generalizada entre todos los malagueños. Quizás la realidad se desvíe de lo que es tradición de todo un pueblo. Puede ser que lo narrado nada tenga que ver con las razones auténticas del hecho, pero ésa es otra cuestión: el pueblo malagueño así lo cree y con eso basta.

José Antonio Molero

Santa Isabel de Portugal


Ya he explicado en otro sitio que el Santo Patrón oficial de Lisboa es un español nacido en Zaragoza. También he narrado que la famosa Inés de Castro, princesa o reina de Portugal si se acepta su matrimonio (no del todo claro) con el Príncipe don Pedro de ese país, nació en Galicia.

Sin embargo no acaban ahí las historias comunes entre los dos países ibéricos.También Santa Isabel de Portugal nació en España en 1274. En Barcelona según unos historiadores, en Zaragoza según otros. Era hija de Pedro III y nieta, por lo tanto, de Jaime I el Conquistador.
Desde el primer momento pareció predestinada a ser la pacificadora entre monarcas de la península. Su nacimiento vino a calmar las rencillas entre su padre y su abuelo.Recibió una esmerada educación y pronto destacó por su belleza, piedad y discreción. A los doce años fue desposada con el rey don Dinís de Portugal y pronto tuvo que mediar entre su marido y el rey de Castilla y entre su marido y su propio hijo.

Narra la leyenda que acostumbraba a repartir pan entre los pobres y en una ocasión fue descubierta por el monarca que la interrogó acerca de lo que llevaba oculto en el delantal. - "Rosas, mi señor "- contestó la soberana.

Quiso saber el rey como era posible que llevase rosas en el mes de Enero y la reina, extendiendo el delantal dejó caer al suelo una lluvia de flores en que se habían convertido milagrosamente los mendrugos de pan.

Leyendas aparte, muchas de las obras sociales por las que don Dinís ha pasado a la historia fueron inspiradas por la reina Isabel.

Enviudó el 6 de Enero de 1325, marchó en peregrinación a Compostela e ingresó en la Orden Tercera de San Francisco, en el Convento de las Clarisas de Coimbra.

Todavía tuvo que abandonar su retiro para mediar entre su hijo Alfonso el Bravo de Portugal y su nieto Alfonso XI de Castilla. Consiguió su propósito y antes de regresar a Coimbra falleció en Estremoz el día 4 de Julio de 1336.

Santa Isabel fue la abuela de don Pedro, el fervoroso amante de doña Inés de Castro.

domingo, 26 de octubre de 2008

Virgen de Nieva (Segovia)


Un pastor, llamado Pedro Amador, que llevaba cada día a pastar su rebaño al pizarral fue testigo singular de un acontecimiento que tuvo lugar en el año 1392 en la localidad de Nieva (Segovia): la aparición de la Virgen de Nieva conocida como Virgen de Soterraña al haber sido encontrada bajo tierra. Una imagen que había sido enterrada en tiempos de la invasión de los moros, en medio de cánticos y oraciones, volvía de nuevo a ver la luz del día, a sentir el amor y súplica de su pueblo.
Sobre el lugar del prodigioso descubrimiento se edificó un pequeño templo que, gracias a la reina castellana Leonor de Lancaster daría lugar a una gran basílica a la par que la noticia de su milagrosa aparición se extendía por todo Castilla.
Precisamente este templo, en el año 1441, acogió los restos de la reina de Navarra Blanca, hija de Carlos III, esposa de Juan II y madre del Príncipe de Viana. La reina falleció cuando asistía en romería al santuario tras la boda de su hija Blanca con Enrique IV de Castilla. Una Reina, Blanca de Navarra, que a buen seguro pernoctaba en la Villa de Peralta cuando iba camino del Reino de Castilla.
Años más tarde en este lugar se establecieron los dominicos que fueron los que propagaron la devoción a la Virgen de Nieva fuera de Castilla.

Tomado de la "Web de Peralta"

El rincón del Coracero (León)


Los franceses llegan a León en el verano de 1.808. Al igual que otras muchas capitales, los leoneses declaran la guerra al invasor extranjero, teniendo lugar constantes luchas y escaramuzas.

Y de esta presencia francesa surge la leyenda del Coracero. Cuentan que un Coracero francés para desfogarse de la dura batalla se fue de mesones y tabernas (que había muchas en León) y poco a poco el buen vino de la tierra le fue haciendo su efecto.

La suerte quiso que sus oficiales superiores le encontraran en este lamentable estado de embriaguez y le castigaran. El Coracero, queriendo huir de su castigo cogió su caballo y trato de huir por la Plaza Mayor (antiguamente llamada Plaza del Pan) con tal mala suerte que lo quiso hacer por las escalerillas que unen la Plaza Mayor con la calle Puerta Sol.

Se cuenta que en esta huida, al caer por las escaleras murieron el caballo y el jinete que aparecieron muertos al pié de los escalones.

Este típico rincón de León, que une los barrios de San Martín con el populoso barrio del Ejido, escenario de tal leyenda, es conocido como el rincón del Coracero o del Dragón (algunos historiadores indican que era un Dragón francés, y no un coracero, al igual que las fechas indican que el hecho tuvo lugar en 1.809 o 1.810).

Las blancas manos (Castilla-León)


Era el Conde de Castilla Garci Fernández uno de los más valientes y atrevidos guerreros de la época. Poseía además de valor en el combate un gran amor por la poesía y la historia. Eran famosas sus manos que parecían muy blancas y misteriosas pues cada vez que tenía que hablar con una mujer, amigo o vasallo, cuidaba mucho el llevarlas enguantadas y ocultas.

Por aquel tiempo las tierras de Castilla eran paso obligado para la riada humana que se desplazaba a Santiago para ver la tumba del apóstol. De todas las naciones del mundo llegaban hombres y mujeres, nobles y siervos. En una de estas expediciones llegó un conde francés con su hija, por ser caballero de alta alcurnia, recibió aposento en el castillo del conde Garci Fernández, que desde el primer momento se quedó prendado de la belleza de la hija del conde. Ella se llamaba Argentina y también se sintió atraída por el caballero castellano y por la radiante blancura de sus manos. A tanto llegó la relación que poco tiempo después se desposaron la dama francesa y él.

Pasaron los años pero la unión de Garci Fernández y Argentina resultaba estéril. El conde siempre se encontraba batallando en la frontera de Castilla con los moros, y Argentina siempre encerrada en el castillo dejaba que se enfriara poco a poco su amor por el conde, sin descendencia alguna pasaron 6 años y ella cada vez era más infeliz..

Un día por el mismo camino por el que ella viniera, llegó un conde francés, la juventud del mismo y las noticias que le trajo de la tierra que tenían en común, les acercó y poco a poco comenzaron a intimar. Por su parte el conde Garci yacía en su lecho preso de una pertinaz dolencia, y no advirtió la traición de la que era objeto. Finalmente ésta se consumó cuando la condesa y el francés desaparecieron una noche del castillo. Cuando Garcí quiso reaccionar ya estaban lejos de sus dominios.

Gran dolor tuvo el conde castellano ante tal traición, y en cuanto curó quiso realizar una peregrinación a Francia tomando como compañía únicamente a su fiel criado.

El camino fue largo y peligroso, una vez en terreno francés tardó varias semanas hasta llegar al dominio del conde francés con el que huyera su mujer. Garcí Fernández y su criado iban vestidos con trapos muy humildes y se fingían peregrinos, de tal forma que pudieron pasar inadvertidos y hablar con las gentes del lugar. De esta manera oyeron que el conde había tenido de su primer matrimonio una hija, a la que tanto él como la madrastra (la condesa Argentina), daban de continuo un trato cruel con insultos y malos tratos constantes. Sólo una vieja criada era su apoyo y consuelo.

El conde Garci y su criado mientras tanto, iban todos los días al castillo del conde francés a comer las sobras que a los pobres se les entregaba. La criada de la hija del conde, una vez al servir la comida notó por la blancura de las manos de uno de los pobres, que era diferente a los demás, un blanco que contrastaba con las negras vasijas donde se servía la comida. Pensó que quien tenía tales manos no podía ser un pordiosero y por ello le llamó aparte para conversar. Con habilidad fue preguntándole por su patria y orígenes, poco a poco, día tras día fue ganándose su amistad hasta que por fin Garci Fernández confesó su verdadera identidad. La fiel sirviente pensó que podría haber encontrado al hombre que liberase a su señora de la cruel vida que le daban sus padres. Una noche le condujo por unos oscuros pasadizos hasta las habitaciones de la muchacha que se llamaba María. El noble castellano de rodillas ante la muchacha le declaró todo lo que había ocurrido, de qué manera habían manchado su honor y se habían burlado de él:
- "No la vida, sino el honor es ahora lo único valioso para mi. No puedo volver a España ante mis súbditos sin haber cumplido mi venganza".

Noche tras noche la joven María y el conde se veían en secreto, compartir la adversidad de sus vidas les hizo poco a poco tomar cariño el uno por el otro hasta que finalmente María decidió que Garci Fernández debía cumplir sus venganza, así le díjo cómo secretamente podría introducirse de noche en la habitación de su madrastra y su padre. Así lo hizo, se deslizó silenciosamente entre las sombras del castillo, entró en los aposentos y mientras dormían usó su espada con cada uno. Ambos fueron descabezados.
Poco después regresó por María y ambos, junto con el fiel criado, huyeron a toda prisa resguardados por las sombras de la noche. Tortuosos caminos, muchas penurias pasaron, pero finalmente regresaron a Castilla. El día de la llegada, el conde abrió una bolsa de cuero muy bien cerrada, de donde sacó las cabezas de ambos traidores, las clavó en una lanza a las puertas de la fortaleza para que todos sus vasallos supieran que el honor del conde había sido vengado.

Sin embargo no terminaron las desdichas para Garci Fernández. Doña María se había convertido ahora en su esposa, pero los años que pasó de penurias en Francia habían hecho duro su corazón, ni siquiera el nacimiento de un hijo de ella y el conde hizo que aumentara su alegría, parece que la historia se repetía.

Por entonces las victorias de Almanzor sobre los cristianos, hicieron que de nuevo el conde tuviera que enfundarse su armadura e ir a luchar por el rey castellano, la pobreza llegó a todo el reino de Castilla que se sentía sitiado por los árabes. La joven María pensó que nunca más quería pasar las penurias que le hizo pasar su padre y madrastra, no quería conocer de nuevo la pobreza, por ello decidió venderse al mejor postor, entabló secretamente conversaciones con los musulmanes y decidió pasarse al servicio de Almanzor y sus riquezas, sin embargo debía quitarse de enmedio al conde causándole la muerte.

Planeó que el día de Nochebuena el conde diese licencia a todos sus hombres para que pasaran la velada con sus familias, el castillo por tanto quedó desguarnecido, momento que aprovechó la condesa María para enviar un mensajero a las filas de Almanzor para indicarse que ese sería un momento ideal para atacar. El ataque fue rápido, miles de árabes caían sobre las tierras del conde que no tenía más que unos cuantos soldados y sirvientes. Aún así la lucha fue dura, los musulmanes entraron en el castillo y Garci Fernández fue vencido y hecho prisionero, sus vencedores lo trasladaron a Córdoba, donde al poco murió debido más que a las heridas del combate a la nueva afrenta que su querida María le había causado.

Los planes de la condesa estaban casi acabados de no ser por el hijo del conde y de ella : don Sancho. El único estorbo que tenía todavía para quedarse también con las riquezas del condado, por lo que decidió desacerse pronto de él. Una noche decidió envenenar una de las copas en que se serviría la cena.

Todo estaba preparado, la mesa puesta con ricos manjares, había mandado que los músicos alegraran la velada a pesar de la reciente muerte del conde, don Sancho estaba desconcerdado, sobretodo cuando su madre propuso un brindis. En el momento de que cada uno cogiera su copa un viento helado entró en la estancia, las velas se apagaron y todos los presentes pudieron ver una luz blanca, muy blanca en forma de dos manos que arrancaron la copa de labios de don Sancho. Todos quedaron asombrados, sin duda se trataba de las famosas manos del conde. Demasiado tarse sin embargo para doña María que presa del pánico huyó por las escaleras con tan mala suerte que rodó por ellas y se mató, su cuerpo quedó tendido ante la armadura del conde que pareció moverse para acariciar los cabellos de su amada con sus blancas manos.

Don Sancho pensó que era hora de enterrar tantas traiciones y odios y por ello quiso fundar un monasterio en memoria de sus padres. Este es el monasterio de Oña, recordando a su madre doña María, porque en Castilla decían "mi oña" por "mi dueña".

Tocar el dos (Barcelona)



El arranque de una diligencia era trabajo laborioso, precedido de una serie de gritos y arreos a los animales hechos por el ayudante del mayoral, que provisto de un látigo, cabalgaba encima del animal delantero del tiro y por el mayoral, que desde el pescante, conducía el vehículo. Después de estas voces tocaban el dorso de las caballerías, esto es, les azotaban o tocaban levemente el lomo, y entonces la galera arrancaba.

Se asoció de tal manera las idea de tocar el dorso y empezar a andar que se ha formado la frase: "tocar el dos", corrupción de dorso, para indicar que uno se va de un sitio.

Los pasajeros pronto establecían conversaciones, y es fama que no tenía que decirse ninguna verdad. Todo el mundo hablaba de grandes viajes, de tierras extrañas visitadas, de parentesco con gente de gran prosapia y altos vuelos; tanto es así que a una mentira que se quiere calificar de gorda e inverosímil se la tilda de mentira de galera.
Con el servicio de diligencias y viajes se organizó también el de transportes. Antes, enviar un paquete u otra cosa era casi imposible si no lo hacía uno mismo. Con el principio de las diligencias, un tal Joan Xarau organizó las primeras agencias de transportes entre las principales poblaciones catalanas, y, naturalmente, todo lo que se enviaba se hacía por mediación de Xarau, que era conocido por toda Catalunya. Su popularidad produjo en el vivir patriarcal y sencillo de nuestros abuelos la suficiente sensación como para crear la comparación: más conocido que Xarau, que se aplica a los que son muy conocidos en su medio.

(Joan Amades. Traducción de Eugenio Bartolomé)

La Puerta del Ángel (Barcelona)


La Avenida de la Puerta del Angel recuerda una de las entradas de las antiguas murallas; esta puerta se encontraba en la parte más alta de la actual avenida.
El nombre de este portal tiene un curioso origen: durante el siglo XV se construyó fuera de las murallas, en la zona donde ahora está la calle Aragón, entre el paseo de Gracia y la calle Claris, un convento muy grande que se llamó Convento de Jesús. Sus restos han alcanzado la generación anterior a la nuestra.
Alrededor del convento surgió un barrio habitado sobre todo por gente pobre y mendigos, sobre todo ciegos por lo que su calle principal se llamó de los Ciegos o de Jesús. Era una calle larga y estrecha que correspondía a lo que ahora es el lado derecho del paseo de Gracia subiendo. En esta calle tuvo su palacio la reina Violante, mujer de Alfonso V de Aragón, cuando ejerció de lugarteniente de Cataluña y Aragón, a la muerte de su marido en las guerras de Italia.

Los habitantes del barrio bajaban cada día a pedir limosna a Barcelona y entraban y salían por la puerta que entonces se llamaba de los Ciegos y que se abría a la avenida de la que nos ocupamos ahora.

A principios del siglo XV, cuando san Vicente Ferrer regresaba de predicar en el Vallés seguido de una gran muchedumbre, llegó al portal y, a punto de entrar en la ciudad, vio encima de él un ángel con una espada en la mano como si guardase el acceso. El santo le preguntó quien era y que hacía allí y el ángel respondió que custodiaba la ciudad por orden del Altísimo.

El hecho causó gran sensación y aumentó sobremanera la fama del santo entre los barceloneses.
Muchos años después una gran epidemia azotaba la ciudad y las autoridades no encontraban la manera de acabar con ella. Se les ocurrió entonces pedir ayuda y protección a aquel ángel que por encargo divino se dijo protector de Barcelona. Prometieron que si detenía la peste erigirían una capilla en el mismo sitio donde se había situado al pasar san Vicente. La epidemia empezó a disminuir y pronto desapareció.

Los Consejeros hicieron construir la capilla, tal como prometieron y colocaron en ella una imagen del ángel de gran tamaño en el lado exterior de la puerta y debajo de una cubierta hicieron pintar una escena alusiva a la tradición. Esta pintura se conservó hasta que se derribaron las murallas aunque últimamente estaba tan borrosa y desdibujada que apenas se veía nada.
Desde entonces el lugar tomó el nombre de Puerta del Angel con el que también se conoce a la avenida que comentamos.

Muchos años después de la aparición del ángel, el portal y la calle continuaron llamándose de los Ciegos y todavía en los documentos de 1462 se le designa por ese nombre. Probablemente el cambio de denominación sólo tuvo lugar cuando se construyó la capilla. Según Carreras Candi el cambio tuvo lugar el 17 de noviembre de 1466.

(Joan Amades. Traducción de Eugenio Bartolomé)

viernes, 24 de octubre de 2008

Sancho de Ridaura (Pedraza - Segovia)


En los primeros años del siglo XIII, existía (y existe) en Pedraza, provincia de Segovia, un formidable y suntuoso castillo, de anchos muros, flanqueado de altas torres almenadas y rodeado de un foso, que hacían de él una fortaleza inexpugnable. Lo habitaba el noble Sancho de Ridaura, guerrero y señor generoso a quien idolatraban todos sus vasallos.

En una aldea de sus dominios vivía una humilde muchacha, de gran belleza, hija de unos pobres colonos, y en una casa próxima habitaba un joven labrador, trabajador y honrado, que estaba enamorado desde niño de la muchacha. Juntos habían crecido, confundiendo sus juegos y sus risas con un profundo e invariable amor.

El señor del castillo vio un día a la muchacha, y quedó ciegamente prendado de tanta hermosura, tanto fue así que valiéndose de sus derechos feudales la hizo su esposa, elevándola de su humilde condición a rango de noble castellana.

Destrozado quedó el corazón del joven al tener que renunciar a su amor, en su condición de siervo no podía disputársela a su señor, y como no encontraba consuelo humano, fue a ocultar su dolor en la dulce paz de un convento. Allí se entregó a la oración y con el amor de Dios fue cicatrizando suavemente su herida.

Pasó el tiempo, y los nobles castellanos vivían felices. Pero habiendo muerto el capellán del castillo, el cristiano señor pidió al cercano convento que le enviara al monje más virtuoso de todos ellos, para reemplazar en sus funciones al fallecido sacerdote. El abad eligió de entre todos los frailes, como el más humilde y devoto, al antiguo adorador de la bella doncella, y le envió sin saberlo junto a ella. Confusa quedó la misma al reconocer al nuevo capellán, aquel muchacho de sus juegos infantiles, por el cual sintió un profundo amor y que ahora tendría que vivir con ellos entre los muros de la fortaleza. Presintiendo el peligro que supondría el volver a renacer aquellos sentimientos, procuraba evitarle en todo momento. El por su parte, hacía lo propio y acallaba sus sentimientos con rezos y fuertes disciplinas.

Ocurrió entonces la invasión de los almohades, y Alfonso VIII organizó rápidamente la defensa de Castilla, con la ayuda de los reinos vecinos y la cooperación de los nobles castellanos, que abandonaron sus dominios y acudieron con sus tropas al auxilio de la parte de España que tras cientos de años habían logrado reconquistar.

Partió al mismo tiempo el noble castellano del castillo de Pedraza, que al frente de sus huestes se distinguió por su heroísmo en todas las batallas contra los moros, y se llenó de gloria en la de las Navas de Tolosa, donde los cristianos rompieron las cadenas de la tienda que protegía al dirigente musulmán e infringieron una gran derrota a los invasores, estas cadenas se conservaron desde entonces grabadas en el escudo de España, son las cadenas de Navarra, puesto que fue el rey de este reino el que las rompió.

Cubierto de gloria, regresó el caballero a su castillo, todos los vasallos acudieron en masa para aclamar al guerrero victorioso y rendirle homenaje.

En el umbral, rodeada de sus servidores, esperaba su esposa. El señor, después de saludar agradecido a sus siervos, atravesó el puente levadizo y radiante de gozo fue a abrazar a su esposa, que turbada se desmayó entre sus brazos.

Pensativo y confuso quedó el caballero ante la extraña actitud de su esposa, e intentó de informarse por uno de sus más antiguos criados. Supo por él que la intachable fidelidad de su esposa, durante su ausencia había sido al final empañada por su inextinguible amor por el fraile.
Al día siguiente, reinaba en el castillo un gran bullicio, el caballero recibía con fingida alegría las visitas de otros nobles que acudían para darle la bienvenida. Para celebrar el triunfo se preparó una gran cena, al banquete estaban invitados todos los nobles del reino.

Llegado el momento, se sentaron a la mesa todos los comensales presididos por el señor y su esposa. Al final el ilustre guerrero, con voz elocuente, manifestó que iba a otorgar ante todos el premio merecido a los servicios excepcionales que en su ausencia se habían prestado.

El señor dio orden a sus servidores de que le trajeran una corona. Al momento entraron dos vasallos vestidos con brillantes armaduras, llevando sobre una enorme bandeja de plata una corona de hierro, cuya parte inferior estaba erizada de púas enrojecidas al fuego. Los dos hombres se acercaron con ella al fraile, y el caballero calzándose unos guantes de acero, colocó él mismo la corona sobre la cabeza del fraile mientras decía: -La recompensa por tus servicios.
El fraile, tras agónicos gritos de dolor cayó al suelo. Quiso luego el caballero dirigirse hacia su esposa pero ésta había desaparecido. Salieron en su busca y la encontraron en sus aposentos con el corazón traspasado por una daga.
Los convidados huyeron enloquecidos por el pánico mientras el castillo envuelto en llamas, proyectaba su siniestro resplandor en el cielo, que enrojecido sobre toda la comarca, contemplaban todos sus moradores.

Los siglos pasaron, pero aún hoy en día las gentes de aquella comarca afirman que cierta noche del año en el ruinoso castillo dos extrañas figuras resplandecientes coronadas por una orla de fuego pasean por las derruidas almenas, siempre juntas a pesar de su dolor.

Las cuatro barras, (Cataluña)


Reinaba en Francia Carlos I cuando invadieron el país los normandos. El emperador envió a su sobrino Vifredo el Velloso, conde de Barcelona, una carta, en la que le pedía que acudiera en su ayuda con sus guerreros. El conde se puso en camino inmediatamente con sus mesnadas y entró en la batalla, batiendo a los normandos que se retiraron vencidos.

Una flecha se hincó en el pecho de Vifredo, junto al corazón fue retirado a una tienda, donde le visitó el emperador.

Quiso el tío recompensar al sobrino por su hazaña dándole riquezas y bienes. Éste rehusó toda recompensa, doliéndose únicamente de que, a pesar de las muchas victorias que había obtenido en las diversas batallas en que había tomado parte, su escudo de armas era liso: campo de oro, sin insignia que revelara sus muchas gestas.

El emperador Carlos I entonces, mojó en la herida de Vifredo los dedos de su mano derecha y los pasó de arriba abajo por el escudo , marcando en él las cuatro barras de sangre que adornan el escudo de Cataluña, Valencia, Aragón y Baleares.

Marina Castells, la primera doctora (Barcelona)


El día 28 de octubre de 1882, la Universidad, que entonces se llamaba Central, otorgó, en vista de los méritos demostrados, la concesión del título de doctor, título que entonces sólo la Universidad Central podía conceder en España, a una mujer.

La primera doctora de España fue doña Marina Castells, doctora en Medicina. La doctora Castells, catalana como demuestra su apellido, se dedicó en Barcelona a la puericultura, ejerciendo algunos años como tal hasta su matrimonio. Después se perdió en la oscuridad familiar y no se conocen más datos sobre ella.

Codec dels Usatges (Barcelona)


Según la tradición, fue en la plaza del Rey donde, a principios del siglo XI, se reunieron todos los cabezas de familia para debatir, redactar y dictar el Libro de Costumbres, o sea la recopilación de los usos y costumbres de la tierra en lo referente a asuntos jurídicos y temas de derecho.
Cuentan que los reunidos se sentaban por orden de edad y que, sobre los temas tratados, todos debían decir lo que sabían; comenzando por los de más edad y terminando por quienes nada sabían que debían manifestar su ignorancia sobre lo tratado. Al terminar, cada uno pronunciaba una frase que se ha hecho proverbial:"Y quien más sepa que más diga".
Dicen que todos los que participaron en aquel senado del pueblo tuvieron algo que decir. Todos fueron excuchados: desde el más viejo y experiCoedec dels usatgesmentado al más joven e ignorante. El libro de costumbres se convirtió en el primer código de derecho civil promulgado en Europa en 1068 y de él tomaron ejemplo otros paises que copiaron lo que encontraron de mejor y era adaptable a sus propias costumbres.
El conde Ramón Berenguer I, que lo hizo promulgar fué tenido por el príncipe más juicioso de su época y se le concedió el título de conde Ramón de las Costumbres.
A raíz de la publicación de este código se puso de manifiesto el seny de los catalanes, que siempre se ha ponderado y todavía hoy es proverbial.
(Joan Amades. Traducción de Eugenio Bartolomé)

La Fuente de Canaletas (Barcelona)


Al lado del patio de San Severo, entrando en la calle Tallers y por el costado izquierdo del estudio, salía un callejón llamado de Canaletas, que conducía a la muralla y tenía una rampa al final. En este callejón que presentaba una poco de curva y que correspondía al inicio de lo que ahora es la calle Pelayo había una fuente que vertía agua por varios canalillos y por eso se llamó fuente de Canaletas.

La actual es una sucesora de la que se encontraba en el callejón del mismo nombre y de la que había manado en el padrón del patio de san Severo.

Se cree que dio nombre también a las torres homónimas así como al tramo de la rambla de hoy en día. Cuando se urbanizó esta zona se conservó la fuente, sobradamente conocida en toda Barcelona.

El agua de Canaletas tiene fama de ser la mejor de la ciudad, diferente de las demás; es la más fresca y tiene un sabor especial según proclama la tradición. Se dice que tiene hechizos barceloneses y que el forastero que la prueba ya no consigue abandonar Barcelona por más deseos que antes hubiese tenido de hacerlo o por mucho que se lo aconseje su propio interés. Nuestros abuelos acompañaban a probar el agua a los forasteros que deseaban retener en la ciudad y, por el contrario, procuraban alejar del lugar a aquellos que juzgaban indeseables como vecinos.
En la parte alta de la Rambla, en un punto de la muralla hoy difícil de señalar existió una garita, llanada de la Concepción, cuya defensa se encomendó a los canónigos y sacerdotes de Santa Ana durante la guerra delos Segadores.

(Joan Amades, traducción de Eugenio Bartolomé)

martes, 21 de octubre de 2008

Leopoldo Oleole Simeeligen


Leopoldo de Hohenzollern Sigmaringen, (Kranchenwies 1835 - Berlín 1905) fue un noble prusiano. Católico y casado con la princesa de Portugal, Antonia.

Leopoldo fue propuesto para ocupar el trono español tras la expulsión de Isabel II en 1868. Su candidatura, apoyada por Bismarck, despertó el rechazo francés y provocó en 1870 la guerra francoprusiana. A la postre fue elegido Amadeo de Saboya.

Ante la dureza "impronunciable" de semejante nombre, el proverbial gracejo del pueblo español lo transformó en "Leopoldo Oleole Simeligen" (es decir, "¡ole, ole si me eligen!").
Se trata de la manipulación consciente de un nombre conocido, pero lo que interesa destacar es la aptitud popular que revela para aprovechar en clave de humor su dificultad lingüística.

Las Ramblas de Barcelona (Cataluña)


Las Ramblas habían sido un torrente formado por las aguas que bajaban de las montañas que coronan el llano de la ciudad por poniente y mediodía. La palabra «rambla» es la forma catalanizada del término árabe ramla, que significa arroyo. Es lo mismo que decir torrente o curso de agua.

Esta riera había recibido varios nombres: Cagadell o Cogadell, Còdals o Codolell equivaliendo a pedregal o sitio de muchos cantos; riera de Malla, de Bonanat, de Ponç y de Pomet. Todos estos nombres eran aplicados en el momento de llegar a la ciudad y en el tramo que hoy entendemos por Rambla, puesto que más arriba recibía otros nombres que aquí no hacen al caso.

El término «Cagadell» todavía está vivo entre las gentes de la mar, que al hablar de la línea de costa, o sea del relieve de la costa visto desde el mar, llaman Cagadell u Osario de los Judíos al valle que se forma al pie de Montjuic o Mont Taber y que va desde el Paralelo a la Rambla.

La riera entraba en la ciudad, poco más o menos, por la actual calle de Balmes, e iba a parar a las calles de Santa Anna y de la Canuda. Desde allí bajaba hasta un punto incierto dónde parece que se decantaba e iba a salir aproximadamente entre las actuales plazas del duque de Medinaceli y de la Merced, en un lugar conocido por Códols, del cual tomó nombre una calle.
En tiempos romanos este sitio formaba una especie de golfo o de concha. Al llegar el curso de agua al actual llano de la Boquería se veía aumentado por las aguas de la riera del Testamento de los Asnos que bajaba por la calle Grande de Gracia, por el paseo de este nombre y por la calle de Jesús, hasta el portal de los Ciegos, hoy Puerta del Angel, siguiendo hacia la calle y plaza del Pino y salir finalmente a la Boquería donde también desaguaba la riera de Prim, que seguía por la calle del Hospital. Estas dos rieras fueron denominadas más tarde: Riera Alta y Riera Baja.
Esta acumulación de tres aguas formaba como una balsa, lo suficientemente importante como para mover dos molinos harineros que se levantaban en la Rambla y que todavía existían a mediados de siglo XVII.
(Joan Amades. Traducción de Eugenio Bartolomé)

Inés de Castro (Portugal)

La historia de amor entre don Pedro, príncipe de Portugal, y doña Inés de Castro, noble dama española merece la pena de ser contada.Era Inés de Castro hija de don Pedro Fernández de Castro - influyente miembro de la nobleza gallega - y doña Aldonza Soares de Valladares.

Se conoce poco de su infancia pero parece que se educó en el palacio del infante don Juan Manuel, sobrino de Alfonso X el Sabio. Creció junto a doña Constanza, hija del infante, y cuando ésta fue elegida para esposa del príncipe don Pedro de Portugal la acompañó hasta Coimbra, donde el príncipe residía.

Pronto surgió el amor entre don Pedro y la hermosa gallega pero ésta, fiel a su señora y amiga, rechazó todas las insinuaciones de su alteza.

La situación cambió al morir de sobreparto doña Constanza el 13 de Noviembre de 1345. Se inició entonces un largo romance que duró casi diez años, hasta la muerte de doña Inés. Durante ese tiempo, nuestros protagonistas tuvieron cuatro hijos: Alonso (que murió siendo un niño), Juan, Dinís y Beatriz. Durante ese periodo se celebró en secreto, debido a la oposición del rey don Afonso IV, la boda de los dos enamorados que no está documentada pero si confirmada por el obispo de Guarda, don Gil, que bendijo la unión y por unos sirvientes que actuaron de testigos.

El monarca portugués concertó la boda de su hijo, viudo de doña Constanza con doña Blanca de Navarra pero el príncipe, locamente enamorado de doña Inés, alegó su secreto matrimonio para negarse.

En vista de ello, la despechada novia empezó a intrigar para hacer ver a Afonso IV (que nunca se llevó bien con su hijo) y a los nobles portugueses la influencia que el poderoso don Pedro Fernández de Castro adquiriría el día que su hija fuese reina de Portugal.

En 1355, estando el príncipe de cacería, el rey se desplazó desde Montemor-o-Velho, a donde había trasladado la corte, hasta Coimbra en compañía de un grupo de nobles. Doña Inés, sabiendo de sus intenciones, apareció ante el monarca llorosa y rodeada de su hijos. El rey conmovido salió de la estancia pero los nobles consumaron el asesinato, según parece con su consentimiento. Don Pedro hizo celebrar suntuosos funerales y lloró amargamente la muerte de su amada.

Al poco tiempo murió el rey Afonso IV y su hijo, ya coronado rey, hizo sentar en el trono el cadáver de doña Inés y obligó a los nobles a besarle la mano en señal de pleitesía.También celebró tratados con el rey de Castilla, en donde se habían refugiado los nobles que dieron muerte a Inés, y consiguió que fueran devueltos a Portugal ejerciendo sobre ellos una cruel venganza que le valió el título de "el Justiciero". A pesar de ello fue un monarca bondadoso y equitativo, muy querido por su pueblo al contrario de lo que ocurrió con su padre. Baste decir que el terrible terremoto de 1334 y la epidemia de peste de 1348 fueron considerados por el vulgo como castigo del cielo por su perversidad.

La historia de estos infelices amantes ha sido llevada al teatro por Luis Vélez de Guevara con el título de "Reinar después de morir".

La bella Otero (Ponte de Valga, Galicia)


Nació el 4 de Noviembre de 1868 en una aldea de Pontevedra llamada Ponte de Valga. No fue reconocida por su padre por lo que usaba los apellidos maternos.
Su infancia fue difícil y a los 14 años huyó de casa y se dirigió a Lisboa donde trabajó de bailarina. Después trabajó en Barcelona, en Marsella y en París que, por aquel entonces, era la capital cultural del mundo. Su belleza y su estilo pronto hicieron que destacara en el elenco del Folies Bergére, donde encarnó el papel de seductora mujer andaluza, pese a ser de origen gallego.
Carolina Otero o la "Bella Otero" como se le llamó por aquel entonces se convirtió en el sex-simbol de la “Belle Epoque" parisina. Corría o 1900. La Bella Otero mientras tanto, apuesta fortunas en el Casino de Montecarlo y es dueña de una inmensa fortuna en joyas entre las que se cuentan el collar de la emperatriz Eugenia, el de la emperatriz de Austria y los diamantes de María Antonieta. Su fortuna en aquellos años se estima en 16.000.000 de dólares.
Innumerables anécdotas corroboran el atractivo irresistible que ejerció sobre los hombres.Desde París viajó sucesivamente a Argentina, Uruguay, Brasil, Estados Unidos, Inglaterra, Hungría, Austria, Rusia e Japón.
En 1906 llegó a Buenos Aires para actuar en el Teatro Corrientes y se hospedó en el Hotel París cuyo vestíbulo se convirtió en una especie de "Club de Caballeros" de la mejor sociedad porteña que allí se acercaban para agasajar a la "Bella Otero".
A los 45 años, encontrándose en pleno éxito, Carolina Otero se retira profesionalmente a vivir plácidamente a Niza. Será entonces cuando le reconozcan su talento de actriz y la soliciten que actúe en la Opera Cómica de París, negándose ella sistemáticamente a volver al teatro. Es entonces cuando renuncia a su falso andalucismo y vuelve los ojos a su Galicia natal.
Carolina Otero falleció el 12 de abril de 1965, a los 96 anos de edad, siendo sepultada en el Cementerio del Este, en Niza.. Centenares de artículos periodísticos e incluso una película francesa interpretada por María Félix, continuarán el mito de Carolina Otero.
Su amor por su aldea natal quedó reflejado en su testamento, por el que legaba sus bienes a los más necesitados de Valga. A pesar de las fortunas ganadas, en el momento da su muerte su capital se limitaba a 609 francos.

lunes, 20 de octubre de 2008

La Virgen del Remedio (Utiel - Valencia)


Érase que se era un caballero burgalés de nombre Juan d'Argés. Era joven, apuesto y valiente y recibía el favor de las damas. Un poco engreído y no menos envidiado, en cierta ocasión quiso lucirse ante su dama a la salida de la misa de doce. Montando a caballo quiso demostrar su maestría delante de ella y, mientras el caballo caracoleaba, perdió su control y dio en el suelo estrepitosamente, siendo el hazme reír de sus rivales.

No pudo tolerar semejante escarnio el caballero y decidió marcharse a guerrear a tierra de moros, abandonando su ingrata tierra. Marchó pues al puerto del Grao para embarcarse en una nave. Al llegar se encontró con que una incursión morisca había sembrado de cadáveres y de ruina la playa, andando por ella vio en el suelo lo que le pareció una muñeca, cogióla y ésta que era una imagen de María le habló: "Quiero, dijo, que seas mi juglar".
Conmovido el caballero marchó a la serranía de Utiel y allí se vistió de estameña y anduvo toda su vida haciendo vida de eremita y cantando los loores a María. Los campesinos le atribuyeron diferentes milagros como el haber detenido sólo con su palabra a un voraz lobo. Al morir dijo que quería ser enterrado a los pies de la Virgen a la que había construido un rústico altar. Hasta ahí la leyenda.
La devoción a la Virgen se extendió por la comarca, en especial en el pueblo de Utiel del que es patrona. Se le construyó una ermita en el mismo monte y allí acuden en romería o a visitarle la gente del pueblo.
Se da el caso de que lo de Juan d'Argés quedó en una simple leyenda pero hace unos años unos niños jugando en el monte hallaron una lápida entre los matorrales y raspándola un poco, les pareció leer el nombre de Juan d'Argés, dieron cuenta de su encuentro y la junta de la Virgen fue a ver lo que había de cierto en el hallazgo. Efectivamente allí estaba la lápida del enterramiento de Juan d'Argés. Para que no les acusaran de troleros quisieron que la junta municipal estuviese presente en la apertura de la lápida y allí apareció el cuerpo incorrupto del caballero, de gran estatura, vestido de estameña y con los pies calzados con abarcas manufacturadas.
En el hueso de una de sus piernas aparecía la señal clara de una lanzada que la leyenda contaba que recibió en una justa. Fue llevado a la cripta de la ermita y enterrado a los pies de su Virgen como fue su deseo. Sobre su tumba una estatua yacente lo presenta tal como fue encontrado.
Texto de Teresa Marín

La Dama de Arintero (Castilla y León)



Arintero es un pueblecito situado al norte de La Vecilla, en plena montaña leonesa. Hoy prácticamente despoblado, hubo un tiempo en que los niños correteaban por sus calles y los mayores trabajaban las tierras y atendían el ganado.

Fue en el último tercio del S. XV cuando ocurrieron los hechos que a continuación de relatan.Un día llegó al pueblo un heraldo do los recientemente casados Isabel y Fernando trayendo el mandato real de que cada casa aportara un guerrero para luchar contra el ejército usurpador de Alfonso V, rey de Portugal, y Juana “ La Beltraneja”En seguida, los testigos del comunicado se dirigen a sus hogares a contar la noticia.

A la casa de Don García, hijodalgo de Arintero y hombre de gran honor y lealtad al trono, llega una de sus siete hijas a la que interroga con premura. Y la hija le comunicó la noticia.Ni él podía ir a luchar para sus reyes, ni tenía un hijo varón al que mandar, lo cual le originaba un hondo pesar y le hacía lamentarse a todas horas.

Hasta que un día, Juana, la hija mediana, si levantó harta de tanta lamentación y dijo: “ Padre, no culpe usted a mi madre pues si alguien tuviera la culpa serían los dos. Pero no sufra más; déme armas y caballo que yo me haré pasar por un muchacho y lucharé por el honor de la familia como el más bravo guerrero". Y al final su padre accedió

Al principio, las cosas no fueron fáciles. Pero, en poco tiempo. Juana comenzó a hacerse con las armas; y pronto se convirtió en hábil “espadachina”. Sus brazos se tornaron fibrosos y su tez se endureció. El resto lo hizo el ingenio de Juana.

Y por fin llegó la mañana de la partida y Juana se convirtió en el caballero Oliveros.La Dama de Arintero, convertida ahora en el caballero Oliveros, cabalgó durante varias jornadas al encuentro del ejército de los “ Reyes Católicos”, y con ellos se reunió a las puertas de Zamora, ciudad que estaba de parte de “ La Beltraneja”. En seguida se dirigió a alistarse y rápidamente se adaptó a convivir con hombres y actuar como ellos.

Y llegaron los tiempos de guerra. Y al cabo de varios meses de asedio, la ciudad no tuvo más remedio que rendirse a los pies del justo rey Fernando. Durante las hostilidades, el caballero Oliveros se ganó el respeto y la admiración de todos por su coraje y entrega en la batalla. Tras la victoria se dirigieron hacia Toro, pues allí se había hecho fuerte el último batallón del ejército enemigo.

Los encontraron poco antes de llegar a Toro, en Peleagonzalo, y en cuanto formaron filas entraron a la carga. Aquel fue un día de mucho calor, y Juana prescindió de su coraza.

Comenzó la batalla y La Dama de Arintero mostró enorme valentía e incluso temeridad. Pero en una violenta lanzada le saltó un botón de la camisa dejando al descubierto sus pechos, y descubriendo su secreto.

Al final, vencieron las Reyes Católicos y tras el combate, el Rey, enterado de la presencia de una mujer en sus filas, la mandó llamar a su tienda. Juana le explicó el porqué de su presencia allí y de esa forma el rey le dijo que le concedería lo que pidiera; Juana le pidió libertad, pero el rey le dijo que ese derecho ya lo tenía. Entonces Juana dijo: “En ese caso, señor, hay algo que me gustaría pediros. Mi tierra os sirve tan generosamente que se está quedando sin varones y tiene que enviar a sus mujeres a la guerra, no consintáis que se despueble y libradla de los azotes de la guerra. No os pido que la libréis de los justos tributos de dinero; libradla de los tributos de sangre; haced que todos sus naturales sean hijosdalgo, y ello engrandecerá el reino”. El rey se lo concedió.

Con los privilegios en mano firmados por el rey, la Dama de Arintero se dirigió a su casa.Pero en esos momentos la reina Isabel le dijo al rey que tenían que actuar con prudencia en esos tiempos con respecto a los privilegios que le había concedido a la Dama de Arintero

En tres días llegó a “La Cándana” (a 20 km de Arintero), donde se dispuso a pasar la última noche del viaje en casa de unos parientes. Nada más entrar en el pueblo, reconoce escenas de la vida cotidiana de su comarca y ya se siente entre los suyos. Se dirigió a casa de sus tíos donde pasaría la noche y les enseñó los derechos concedidos por el rey todos se alegraron.

Pero en ese momento le comunicaron que unos soldados la buscaban al parecer con malas intenciones. Entregó a su pariente el documento con los privilegios reales rogándole que se lo diese a su padre que el sabría donde guardarlo, ya que ella sabía que los soldados venían a por eso, y se dispuso a luchar contra los rufianes.

Juana abrió la puerta, pero a partir de ahí nadie sabe con certeza lo que ocurrió. Hay quien canta su valerosa muerte y no faltan los que dicen que escapó y posteriormente contrajo matrimonio con un noble asturiano. Lo que si es cierto es que cumplió su misión a la perfección y ello lo atestigua un escudo que aún se encuentra en Arintero con la siguiente inscripción:

SI QUIERES SABER QUIEN ES ESTE VALIENTE GUERRERO QUITAD LAS ARMAS.
VERÉIS SER LA DAMA DE ARINTERO.
CONOCED LOS DE ARINTERO VUESTRA DAMA TAN HERMOSA
PUES QUE COMO CABALLERO CON SU REY FUE VALEROSA.

Joan de Serrallonga (Barcelona)



Según la leyenda, en el chaflán con la plaza de Santa Anna tenía su mansión el varón de Torrelles (que otros denominan Ribelles). El grande caudillo popular Joan de Serrallonga mantenía relaciones con la hija de esa familia, pero los padres no les permitían casarse porque él era del bando contrario. Con ocasión de celebrarse un baile en la noble casa, Serrallonga acudió a la fiesta, hizo bajar a su querida al jardín, dónde hablaron un rato, y después se la llevó con él.

Para entrar a escondidas en Barcelona, saltó por la muralla del sector de Santa Anna, que, según opinión popular, era el lugar dónde el muro resultaba más bajo.Mientras el jefe se dirigía a casa de los Torrelles, la gente de Serrallonga le esperaba al pie de la muralla, dispuesta a saltarla y entrar en la ciudad, si el caso lo aconsejaba.Hay quién dice lo contrario, que fueron los bandoleros de Serrallonga quienes se presentaron en el baile, y, en contra del querer de todo el mundo, el mozo de Sau, siguiendo órdenes del jefe de la banda, se llevó a la doncella para entregársela a Serrallonga, que le esperaba fuera del recinto, dispuesto a acudir él en persona a casa de su contrario, si hacía falta.Según cuenta el pueblo, en recuerdo de este hecho, al realizarse reformas en el palacio, conservaron intacto el salón dónde se celebró el baile y la escalera por dónde subió Joana.
Algunos señalan como casa de los Torrelles uno de los edificios derribados al construirse los Almacenes Jorba; donde parece que todavía se conservaba un rico artesonado que decoraba el referido salón.

(Joan Amades - Traducción de Eugenio Bartolomé)

El tesoro de Jaén (Andalucía)


Unos ganaderos pidieron pasar la noche en los sótanos de una casa que hacía esquina entre la calle Santa Clara y la plaza de los Huérfanos.
A media noche la hija de los dueños despertó alertada por extraños ruidos que procedían de la parte baja de la casa y allí se dirigió. Sin que los ganaderos notaran su presencia, observó que se encontraban alrededor de un cabo de vela al tiempo que pronunciaban unas palabras rituales. Al poco, se abrió uno de los muros. Entraron en la grieta y al poco salieron cargados de bolsas de monedas.
La muchacha esperó a que los extraños visitantes abandonaran la casa y a la noche siguiente, en compañía de su madre, bajó al sótano. Allí volvió a repetir el ritual que la noche anterior vio celebrar a los ganaderos y entró en la grieta cuando de nuevo se abrió.
Allí, quedó deslumbrada por los tesoros que vio, tanto que se entretuvo y no advirtió los gritos de su madre cuando vio cerrarse la grieta.Allí quedó sepultada, pues sólo ella conocía las palabras del ritual.

Virgen del Arzón o de las Batallas (Sevilla


La cripta de la Catedral de Sevilla hace función de Panteón Real, y en ella reposan los restos de distintos miembros de la familia real española, como los de Pedro I de Castilla y de su esposa María de Padilla.

En esta cripta y sobre un pequeño altar figura una magnifica escultura de marfil de La Virgen con el Niño, denominada Virgen de las Batallas, ya que la tradición señala que Fernando III el Santo la llevo siempre sujeta al arzón de la silla en todos sus enfrentamientos contra los musulmanes. Por éso se la conoce también como Virgen del Arzón. Cuando descansaba la tenía a la cabecera de su cama y pasaba largas horas arrodillado a sus pies en los momentos más difíciles.

Es obra francesa del siglo XIII.

domingo, 19 de octubre de 2008

La brecha de Roland (Huesca - Aragón)


Cuenta la leyenda que el famoso Roland, llamado así porque al nacer, cayó rodando al suelo (roulan), era hijo de la princesa Berta, hermana de Carlomagno y del duque de Angers. Roland vivió su infancia en parajes campestres de Italia y Francia, en contacto abierto con la Naturaleza.
Pasados los años, se convirtió en uno de los más famosos caballeros de la época por su destreza, su porte arrogante y su extraordinaria bravura. Con su tío Carlomagno, marchó un día al histórico combate que había de dar lugar a la derrota de Roncesvalles, en la que el emperador, viendo próxima la derrota y su ejército desvencijado, huyó por los montes.
Roland, como un cadaver más, quedó allí, abandonado y herido, sepultado por el cuerpo inerte de su caballo. Cuando volvió en sí, y comprendió su precaria situación, se levantó con un sobrehumano esfuerzo apartando a su montura con ayuda de su poderosa espada Durandarte, y apoyándose sobre una roca, dicen que todavía pueden verse las huellas de sus dedos sobre la piedra, como testimonio de su descomunal fortaleza. Roland contempló unos momentos el terrible panorama y trató de orientarse para buscar el camino a Francia; pero tuvo que hacerlo con cautela, porque el enemigo estaba al acecho.
Después de dos días y dos noches, de grandes penalidades, trepando y escondiéndose entre los riscos, Roland consiguió llegar hasta el valle de Ordesa. Una vez allí, sólo tenía que trepar por las empinadas montañas que cerraban el valle. Pero el enemigo estaba cerca; ya podía escuchar el rumor de las tropas que lo perseguían, y notar el aliento de los perros que olfateaban su rastro. No obstante al ver que la noche se acercaba, hizo un esfuerzo más y logró llegar ante el último repecho de la montaña. Cuando ya estaba a punto de lograrlo apareció la jauría de perros que le había estado rastreando. Con su espada Durandarte logró darles muerte sin problemas, pero sus fuerzas se debilitaron aún más. Miró hacia abajo y vio las tropas que con paso rápido ya lo habían localizado y se dirigían a por él.
Comprendió que no podría hacer frente a la tropa que le perseguía y realizando un último alarde, lanzó su espada Durandarte al otro lado de la montaña, para hacer llegar un último saludo de despedida de su patria; pero no lo logró y la espada resbaló por la ladera de nuevo hasta sus manos. Hasta tres veces lo intentó, siempre con el mismo resultado.
Sabiéndose muerto, con un esfuerzo sobrehumano, Roland lanzó su espada por última vez, con tal violencia que la espada golpeó la montaña y la partió, dejando una brecha abierta. Así Roland pudo ver por última vez su país.
Sus perseguidores lo encontraron muerto en este histórico lugar hoy dentro del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y conocido desde entonces como la Brecha de Roland.

Los pozos de nieve (Málaga)


Existe una crónica de cacería celebrada en el Coto de Doñana, en la primavera de 1624, ofrecida por el Duque de Medinasidonia a Felipe IV, a la que asistieron 1.200 invitados, en la cual se decía textualmente: "Traíanse cada día seis cargas de nieve de Ronda en cuarenta y seis acémilas".Los neveros están situados en los términos municipales de Yunquera y Tolox (Málaga), en el lugar denominado Puerto de los Ventisqueros en la Sierra de las Nieves, a 1.600 m. de altitud.
Son circulares, de unos 8-10 metros de diámetro y una profundidad de medio metro. Estos pozos tenían unos desagües que desalojaban el agua, quedando la nieve hecha hielo. Hoy en día aún quedan lo que fueron aquellos populares pozos de la nieve, aunque están llenos de tierra y matojos y van quedando en el olvido. Alguno se ha reconstruido para salvar la memoria histórica de este oficio que como muchos otros, ha devorado el progreso.Los trabajos se realizaban a principios de primavera, los pozos eran llenados de nieve cortada con palas hasta llenar el pozo, después eran cubiertos con matojos, bolinas y tierra. Luego, cerca del verano y siempre por la madrugada era sacada y transportada en bestias de carga, por arrieros. Se cargaba en capachos de esparto vivo, en bloques de 50 kg., en el fondo del capacho se depositaba "tamo", especie de aserrín de paja y los laterales de helechos y se transportaba de nuevo con las bestias a toda la provincia de Málaga y otros lugares de Andalucía.
El hielo era utilizado para refrescos y conservación de alimentos.Esta industria se prolongó hasta la venida de la República en 1931. Estos hombres, mal vestidos y mal calzados se refugiaban en una pequeña cabaña hecha de piedras y tejado de ramas, conde se calentaban del fuerte viento helado. Con su esfuerzo y sacrificio dieron fama a la Sierra de las Nieves.
Miguel Merchán Toledo

sábado, 18 de octubre de 2008

La Virgen de la Soledad (Madrid)


La presentación de la nueva imagen de la Virgen de la Soledad, que tan venerada había de ser por los madrileños, se realizó el día 14 de septiembre de 1565.

La imagen, que se tiene como la primera representación tallada en madera de la advocación de la Soledad de la Virgen Nuestra Señora, que hasta entonces había sido representada en imágenes de pincel, la había realizado nada menos que el gran escultor Gaspar Becerra por encargo de la reina doña Isabel de Valois, esposa de Felipe II. Se dijo que el artista había intentado varias veces la obra sin que encontrara medio de plasmar en la madera la cara que él deseaba, hasta que una noche se le apareció en sueños la Virgen y, levantándose, se apresuró a realizar la obra que, no teniendo otro material a mano, hubo de hacer en un madero que salvó del fuego en la chimenea de su casa.

La Reina entregó la imagen al convento de los franciscanos mínimos, llamado de la Victoria por su fundador fray Juan de la Victoria, que lo inició en 1561, Y estaba a la entrada de la Carrera de San Jerónimo, siendo terreno del convento la actual calle de Espoz y Mina, que se abrió por su solar y llegaba hasta la calle de la Victoria, a la que dio nombre.

La imagen, pues, se puso en la iglesia de este convento, pero la devoción que pronto despertó y la activa Congregación que para su culto se fundó inmediatamente hicieron que se le erigiera capilla propia de nueva construcción y entrada independiente de la iglesia, ocupando el solar de lo que primeramente había sido el refectorio conventual, y que se bendijo el 19 de septiembre de 1660.

La Congregación, que fue una de las que intervino en la construcción y explotación posterior de los corrales de comedias madrileños, fundó también la Inclusa, para los niños abandonados, y el Asilo, más tarde.

En el año 1645 una señora, devota de la Virgen, ordenó hacer una copia de la imagen, que envió a las Indias, concretamente a las tierras que habían de ser después Venezuela, donde navegó en el San Fernando, barco al mando del capitán Sancho de Paredes.

Cuando estaba ya a la vista de las tierras americanas, naufragó la nave frente a La Guaira, y la imagen, encerrada en un cofre, flotó sobre las aguas marchando hasta la playa de la Narigüeta.
Encontrada en aquel lugar, fue llevada al convento de los franciscanos en Caracas, donde permanece. La imagen original, después de estos siglos en su capilla de la Carrera de San Jerónimo, cuando la desamortización arruinó este convento franciscano, fue llevada a la antigua iglesia del Colegio Imperial, de la calle de Toledo, que había de oficiar durante un siglo como Catedral provisional de Madrid, cuando la Villa llegó a ser cabeza de sede eclesiástica.

Como es sabido, la iglesia fue quemada durante la Guerra y en el incendio se perdió la antigua imagen de Gaspar Becerra, una de las tantas obras de arte que desaparecieron entonces.
Acabada nuestra contienda, un grupo de antiguos devotos quiso resucitar la devoción a la Virgen de la Soledad, tan unida como vemos a la historia de Madrid y entonces encargó a Caracas la copia de la imagen allí existente, que, traída a España, es la que existe en la actualidad.

Virgen, pues, que hizo el viaje de ida y vuelta a las Indias, y que vino a sellar, en la común Fe de las tierras de una y otra orilla, la verdadera comunidad espiritual de los pueblos de habla hispana.

Fundación de León (Castilla y León)


León nació como estación militar. Allá por los años del último tercio del siglo primero de la Era cristiana, Galba creó una nueva Legión -la VII Gemina- reclutada entre españoles. Una inscripción de Villalís nos dice que el 10 de junio del año 68 recibió la Legión la vexillatio o entrega de las águilas e insignias. Poco tiempo después, acaso en el año 70, llegó a los sotos del Bernesga y del Torio la Legio VII Gemina, con sus diez cohortes, sus treintamanípulos que componían un efectivo de seis mil hombres de a pié, ciento veinte de a caballo, cincuenta piezas de artillería –balistas y onagros para lanzar piedras-. Detrás venia la impedimenta, la gente civil acompañante de la Legión, las mujeres y los niños de los legionarios casados, los traficantes y cantineros.

Los ingenieros militares eligieron para campamento estable, conforme a las reglas de la estrategia campamental, una suave colina sobre el triángulo de confluencia de los nos Bernesga y Torio. Un rectángulo de 550 metros de norte a sur por 380 de este a oeste, con sus cuatro puertas, limitaba el perímetro del campamento. Fuera de él quedaban las construcciones de la gente civil que dio origen a la ciudad de León.

Así nacía la Ciudad bimilenaria, con el mismo perímetro, los mismos accesos romanos que conservó íntegros hasta la baja edad media y que, en buena parte, han llegado hasta nosotros. El vallado de madera pronto fue sustituido por obra noble de sillares alternando con lienzos de canto rodado, entreverado con hileras de ladrillo que aún pueden verse en la muralla actual.
Quedaba la Legión afincada sobre la vía de Astorga a Zaragoza, en las estribaciones de la cordillera Cantábrica, refugio de los belicosos astures, y a la vista de los criaderos auríferos del Orbigo y del Sil. Después el campamento fue creciendo en importancia y se convirtió en ciudad.
En ella se asentó el Legado augustal de Asturias y Galicia. De la Legio tomó el nombre la civitas que más adelante se cambió en León, nombre que ya aparece romanceado y documentado en el siglo XI.

Antonio Viñayo

miércoles, 15 de octubre de 2008

Santo Domingo de la Calzada (La Rioja)


En la preciosa e incomparable Catedral de Santo Domingo de la Calzada puede oírse un kikirikí o un cacareo de gallina que puede dejar perplejo al que visite por primera vez este templo cristiano. ¿Qué "pintan" un gallo y una gallina vivos en la casa de Dios? Tal vez no vivan y convivan animales vivos ni en templos cristianos, ni en sinagogas, ni en mezquitas, ni en templos hindúes, ni en ninguna morada religiosa, salvo en la Catedral de Santo Domingo de la Calzada.

En los escaparates de las tiendas se exhiben objetos de cerámica en los que aparecen pintados un gallo y una gallina con la inscripción: "Santo Domingo de la Calzada que cantó la gallina después de asada" . Yo "haciéndome el sueco" - curiosa expresión de identidad del español frente al pueblo de Nobel y de Bergman, pregunté a una joven riojana, dependienta de una tienda de objetos de artesanía:

"¿Qué significa esta frase?".

"Uuuy; hay muchas explicaciones... Pues nada, que un alemán muy guaperas , un tal Hugonell, venía de Alemania en peregrinación a Santiago de Compostela y, nada, que la posadera le debió de echar el ojo en la cena y fue a su habitación a ofrecerle sus encantos. Hugonell no aceptó sus insinuaciones y entonces la posadera enfadada perdida ¿qué hizo? Pues nada, fue a la Iglesia, cogió una copa de plata y la metió en el zurrón de este joven alemán. Total que le acusaron de ladrón y le ahorcaron.

Sus padres que iban de peregrinación con él fueron a despedirse de su hijo ya ahorcado y se quedaron de piedra cuando Hugonell les dijo que estaba vivo y que Santo Domingo le había salvado la vida. Fueron los padres locos de alegría a contarle al Corregidor la noticia. Estaba el Corregidor a punto de comer un gallo y una gallina asados. El Corregidor les dijo: "Su hijo está tan vivo como este gallo y esta gallina asados". En ese momento se pusieron de pie el gallo y la gallina, se cubrieron de plumas y cantaron. El Corregidor, los padres y todo el puebIo fueron al lugar de la horca, le descolgaron y allí estaba Hugonell tan bien y tan campante. Todos fueron a dar gracias a Santo Domingo en la Catedral. Desde entonces hay un gallo y una gallina vivos en la Catedral".
"Desde entonces" es el 13 de Octubre de 1400. En una hornacina hay siempre un gallo y una gallina vivos que se cambian cada mes.

¡Hace 600 años !

(J.A. Jáuregui en ABC del 31-10-99)

La plegaria de la Reina (Castilla y León)


Muerto Fernando IV, hereda el trono Alfonso XI, conocido como el Rey niño por su corta edad. Su madre Doña Constanza es la encargada de su custodia, educación y asume la regencia, en tanto en cuanto Alfonso XI no alcance la mayoría de edad.
Corren tiempos difíciles para ellos, siendo perseguidos por sus enemigos (Don Diego Ramírez y el Comendador Lorenzana, entre otros). En su huída llegan a la ciudad de León y cuenta la leyenda que se refugian en una casa del Barrio de San Martín. Algunos de sus enemigos se enteran y tratan de seguir sus pasos y localizar el refugio del Rey niño y su madre en León. Doña Constanza trae muy poco séquito, entre las que se cuenta su doncella Beatriz.
La víspera de Viernes Santo del año 1.313, el Infante Alfonso y el escudero de la reina salen de su casa, dicen que por la calle Escuderos. Dicen que a la salida de la calle se encuentran con dos de sus más temidos enemigos: el Comendador Lorenzana y Diego Ramírez. No median palabras y si, el ruido de las espadas. El infante lograr huir y se entabla una batalla en la que no se sabe bien lo que pasa, ni el resultado de la misma. Por las calles corre la noticia de tan encarnizada lucha y de la duda del resultado. ¿ Qué había pasado con el Rey niño ?.
Al día siguiente en la procesión de Viernes Santo, sale la Virgen por la puerta principal de la Iglesia de San Martín, en dirección a la conocida Plaza de las Tiendas (hoy Plaza de San Martín).
Cuando comienza a avanzar la procesión, cuentan que una mujer, vestida de luto y envuelta en lágrimas se arrodilla frente al paso de la Virgen Dolorosa y le dirige una plegaria desesperada y maternal. Era Doña Constanza, madre de Alfonso XI (el Rey niño) que le pide a la Virgen que no le haya pasado nada.
La gente se quedó perpleja y asombrada, y por eso desde entonces a esa calle que une la Plaza de San Martín con la Plaza Mayor, se la conoce como la calle Plegarias.
Doña Constanza, partió días después fuera de León, camino de Sahagún donde recibió noticias de que su hijo no había muerto.

La Hermosa de la Mancha Roja (Soria)


El castillo de Belimbre perteneciente en un tiempo a los musulmanes fue conquistado en dura lucha por las huestes de Alfonso VI, mas concretamente por un caballero de su ejército llamado Don Suero del Valle, que tuvo que luchar denodadamente contra el entonces poseedor de la fortaleza Aben-Zaide.
Cuenta la leyenda que llegó de noche con sus tropas y tomó la villa sin gran esfuerzo, pero el castillo sin embargo estaba bien defendido y no pudo conquistarlo. Don Suero aconsejado por la prudencia, ordenó suspender el asalto y propuso a sus defensores una honrosa rendición, pero no hubo manera de hacerles entrar en razón.
Aben-Zaide tenía una hija llamada Zulima, cuya belleza era reconocida en toda la comarca, don Suero que se enteró de ello, le propuso al musulmán que dejara salir a su hija puesto que él le ofrecería un lugar seguro hasta que la batalla terminara y así apartarla del peligro, pero la generosa proposición fue rechazada también.
Así se prepararon los soldados de ambos bandos, la lucha fue terrible, la sangre manchaba de rojo las armaduras de los caballeros y el ruido de los aceros chocando entre si era terrible. El jefe de los cristianos secundado por sus más valientes guerreros escaló el torreón principal, logró vencer a los guardianes de las almenas y se introdujo en el interior donde se encontró frente a frente con Aben-Zaide. Se acercaron con sus espadas desenvainadas y estaban a punto de acometerse cuando se oyó un grito que detuvo a los contendientes. Era Zulima que con lágrimas en los ojos les pidió a ambos que dejaran la lucha. Don Suero al verla bajó la espada y prometió a Aben-Zaide su libertad y la de su hija si se rendía, pero la respuesta fue un ataque que casi le secciona la cabeza. Don Suero ya no dio mas oportunidades y comenzó a defenderse, la lucha fue dura hasta que el árabe cayó herido de muerte a los pies del guerrero cristiano.
Don Suero no tomó represalias con el resto de musulmanes cuando terminó de conquistar el castillo y Zumila recibió toda clase de atenciones y trato cortés por parte del conquistador que incluso le permitió seguir viviendo dentro del castillo con todos los sirvientes que poseía. La generosidad de Don Suero, alcanzó también a los moradores árabes del territorio, les dejó en libertad y no les quitó ninguna de sus posesiones, es decir no hizo lo que en la época se llamaba "botín de guerra" por lo que se ganó el aprecio de todas sus gentes.
Enterado el rey Alfonso VI de la victoria de su caballero, le dio por heredad el castillo conquistado y todas sus tierras. De esta forma Don Suero, se instaló definitivamente en el castillo e hizo traer a su prometida, la hizo su esposa en la capilla de la fortaleza y organizó una gran fiesta donde fueron invitados tanto cristianos como musulmanes. La felicidad de las gentes era grande al haber dado con un señor tan generoso, sin embargo había una persona que albergaba un gran dolor en su corazón, era Zumila, estaba desesperadamente enamorada del único hombre que nunca la había pretendido: Don Suero. Cuando el castellano se casó con su prometida, Zumila se encerró en sus habitaciones y una profunda amargura y odio nació en su interior.
Don Suero tal vez adivinando su pena secreta, le ofreció una gran casa en las afueras del territorio para que se instalase cómodamente fuera del castillo, pero ella no quiso aceptar.
Pasó el tiempo y los señores de la comarca Don Suero y doña Luz tuvieron su primer hijo. Había una gran paz y prosperidad en toda la región, nadie podía adivinar lo que se avecinaba.Una noche, la villa comenzó a arder por los cuatro costados, Don Suero se puso al frente de su gente para intentar sofocar el incendio. Durante toda la noche lucharon contra las llamas. A pesar de la confusión Don Suero se percató de que el fuego venía de diferentes lugares, por lo que una sombra de sospecha comenzó a perseguirle. Al acabar con las llamas, regresó sudoroso y sucio al castillo, ya amanecía. Agotado por el esfuerzo y deseoso de reunirse con su mujer doña Luz, pero al entrar en la habitación donde horas antes la había dejado descansando se encontró con su cuerpo ensangrentado y tendido boca abajo sobre las sábanas de seda blanca, además la cuna del niño estaba vacía. A grandes gritos llamó a la guardia y todos los soldados con él a la cabeza inspeccionaron el castillo por todos sus rincones, dando gritos de desesperación entró al final en todas las estancias, pero no encontró a nadie, finalmente preguntó desesperado a la doncella de su mujer que con gran temor afirmó que se había quedado dormida pero que le pareció haber visto al esclavo de Zumila, un joven llamado Nizio, salir de los aposentos de doña Luz. A toda prisa de dirigieron a los aposentos de Zumila, se encontraron la puerta cerrada y nadie respondía a los golpes por lo que se dispuso a derribarla con un hacha cuando oyó del otro lado la voz de su hijo, y entonces pensando que la violencia y el nerviosismo podían volverse en contra del pequeño que estaba dentro, optó por una estratagema. Con la voz más sosegada que pudo sacar de su garganta habló a Zumila, dijo que le perdonaba lo que había hecho porque comprendía que fue en un arrebato de locura debido al amor que sentía por él, que sentía lo mismo por ella, pero que su compromiso anterior con doña Luz le había impedido realmente mostrarle sus sentimientos. Zumila, al principio nerviosa, comenzó a tranquilizarse al oír las palabras que tanto había esperado, confesó entre lágrimas que ella misma había clavado el puñal en el corazón de doña Luz mientras el criado se llevaba al niño.
Tras horas de conversación Don Suero le pidió que abriera la puerta, ella finalmente convencida y llena de alegría la abrió y ambos se encontraron frente a frente. De un brusco manotazo, Don Suero la apartó y fue directo a la cuna del niño donde observó que dormía tranquilo. Zumila comprendió entonces por la mirada de odio de su amado que todo había sido un engaño, cuando vio que los soldados sacaban sus aceros para cumplir justicia, ella misma se acercó a la ventana y se arrojó por las almenas.
Don Suero no quiso ser presa del los recuerdos y devolvió el castillo al rey Alfonso VI, partiendo lejos y dejando atrás tanta traición para rehacer su vida al lado de su hijo, su estancia allí no habría hecho otra cosa que avivar el dolor de la muerte de su esposa.
Sin embargo la historia de la traición de Zumila permaneció en la mente de las gentes hasta nuestros días.Todavía hay gente que dice que ha visto en las noches de tormenta, como en la que se produjo el incendio, la figura de una mujer con las manos llenas de sangre que desesperada intenta quitarse tales manchas a la orilla del río Jalón, sin duda puede tratarse del espíritu inquieto de Zumila a la que las gentes llaman "La hermosa de la mancha roja".
« Pedro de Mingo »

Virgen de Valvanera (La Rioja)


En uno de los valles, recoleto y exuberante, de las estribaciones de la Sierra de la Demanda, no lejos del pico de San Lorenzo, a mil metros de altura sobre el nivel del mar, se levanta el antiguo monasterio de Valvanera, testigo de once siglos de historia riojana.
El nombre de Valvanera parece derivarse de la expresión latina "Vallis Venaria", que significa "valle de las venas de agua", o sea, valle en el que abundan las fuentes, arroyos y cascadas. El nombre de Valvanera (Vallis Venaria) aparece escrito por primera vez en un documento del año 1016 en el que D. Sancho el Mayor de Navarra y su suegro, el Conde de Castilla D. Sancho, "convienen y concuerdan" los límites de sus respectivos reinos.
Los historiadores modernos de Valvanera vinculan los orígenes del santuario con el hallazgo de la imagen de Santa María por Nuño Oñez, encuentro que pudo tener lugar hacia el último tercio del siglo IX. En torno a la imagen se reunieron un grupo de ermitaños que, con el paso del tiempo y ya entrado el siglo X, fueron adoptando una vida regular más estricta inspirada en la Regla de San Benito.
Se ha conservado el texto y un comentario de la Regla benedictina en un manuscrito conocido con el nombre de su autor, "Esmaragdo", fechado en el año 954 (era de 992). En una de las notas de este manuscrito se dice "que fue escrito para Valvanera". El primer Abad que gobernó el monasterio fue Don Sancho, a partir del año 990. En relación al posible "Scriptorium" hay huellas de una importante "Biblia Políglota de Valvanera", que Felipe II llevó a El Escorial y que desapareció en un incendio, en el año 1761.
Con el paso de los siglos, se han ido sucediendo las construcciones. Actualmente, los edificios más antiguos son la torre románica y la iglesia, que es la cuarta, ésta de estilo gótico. Sucedió a la iglesia románica que fue dedicada por el obispo de Calahorra, Don Rodrigo, el 16 de septiembre de 1183. A su vez, este templo sustituía a otro pre-románico que consagró el obispo Fortunio, "que lo era de Alava", en el año 1073, reinando Don Sancho en Nájera. Esta iglesia reemplazaría a otra visigótica en torno a la que se estableció la primera vida cenobítica en el siglo X.
La aparición de la Sagrada Imagen está relatada en la "Historia Latina", escrita por el Abad de Valvanera D. Rodrigo de Castroviejo en el año 1419. Es la traducción al latín de un texto del S. XIII escrito posiblemente por Gonzalo de Berceo en lengua "vulgar y materna", pero cuyo estilo "popular y romancero no satisfacía a los letrados".
El hallazgo ocurrió de esta manera: Un ladrón, Nuño Oñez, oye el rezo de la que iba a ser su víctima. Doliéndose de todos sus crímenes, se convierte, pide perdón al labriego y se encomienda a la Virgen María para que le ayude a cambiar su vida. Un día, rezando en su cueva de penitente, se le apareció un ángel que le pidió que fuera a Valvanera, que buscase un roble que sobresaliese de los demás, de cuyo pie brotase una fuente y dentro del cual hubiese varios enjambres. "Allí encontrarás una Imagen de la Virgen María... que no permite la Providencia que permanezca oculta por más tiempo... es su voluntad que sea conocida y venerada para provecho espiritual de los fieles." Con la ayuda del clérigo Domingo encuentra la Sagrada Imagen y ambos comienzan a edificar con máxima sencillez lo que sería el primer lugar de culto a la Virgen en Valvanera. Correría el último tercio del siglo IX.
Es muy llamativa la postura del Niño Jesús. Es el Buen Pastor que se vuelve completamente en busca de los hombres extraviados por el pecado, ofreciéndonos la Buena Noticia, el Evangelio.
No se conoce el autor ni la fecha en que pudo ser tallada la Imagen. Cabe el que haya podido ser repintada e incluso retocada la cara de la Virgen. Por eso, debemos atender a los detalles del dibujo para datar la Imagen. El manto del Niño es una auténtica clámide imperial, típica de los emperadores bizantinos; la túnica de la Madre tiene amplísimas bocamangas, tal como las venían usando las reinas hispanas del s. IX. La Señora está sentada sobre una almohadilla que hace más confortable la silla "curul" o de tijera, trono típico de reyes asturianos. Por todo ello, la talla es de estilo visigótico-bizantino y su origen podemos situarlo en el contexto del renovado fervor mariano que tuvo lugar en nuestras tierras hispanas en la primera mitad del siglo IX.

Las joyas doblemente negras (León)


Corre el siglo XIV de gran prosperidad para la ciudad de León, y entre los muchos oficios que se practicaban en la ciudad había uno que destacaba por la gran calidad de sus trabajos; ese era el gremio de los azabacheros, quienes se agrupaban en torno a la actual calle de Azabachería de León. Los azabacheros eran los maestros joyeros encargados de trabajar principalmente el azabache y otras piedras preciosas.
El azabache es una variedad de lignito, dura, compacta, de color negro y susceptible de pulimento, que se emplea como adorno en collares, pendientes, etc. y para hacer esculturas.
Por aquel entonces había un reputado azabachero conocido con el nombre de Gastón (de origen francés) que conseguía unos trabajos excelentes con este mineral. Una mañana recibe la visita de Don Diego de Velasco el cual le encarga un trabajo para Doña Beatriz Ponce, que era su dama. Le encarga hacer una joya que haga las delicias de esta dama.
Unos días más tarde recibe la visita de Don Pedro, Conde de Pernía, el cual le viene a encargar otra joya exquisita para su noble dama y amante Doña Constanza Enríquez. El joyero, presto, se pone a trabajar para elaborar los encargos hechos con todo su esmero. Una vez realizadas y terminadas casi al mismo tiempo, manda a su criada y ama de llaves Librada con el encargo de entregar sendas joyas. No se sabe bien, si por error o por pura maldad, la criada, Librada, comete el error de intercambiar los encargos, dando las joyas equivocadas a tales damas.
Esto provoca un terrible enfado de las señoras y se torna un oscuro horizonte sobre los caballeros que han hecho los encargos. Al ser una cuestión de honor, tales caballeros se encuentran al pie de la calle Matasiete (calle El Escudero) y se enfrentan en armas. En tal encuentro, muere Don Pedro, Conde de Pernía.
Librada, es apresada y aunque liberada del castigo de sangre (por ello se la conoce como la Sin Sangre) es encarcelada. Mientras su señor, Gastón, tiene que huir para evitar las posibles represalias de Don Diego de Velasco, y se dice que huyó a su país, Francia.
Las joyas, doblemente negras por el color del azabache y del luto, dicen que fueron a parar al tesoro sacro de la Real Colegiata de San Isidoro.

El cautivo de Peroniel (Peroniel del Campo - Soria)


Allá en el siglo XV, un vecino del pueblecito soriano de Peroniel, llamado Manuel Martínez, volvía satisfecho de luchar contra los musulmanes y con grandes deseos de llegar a su pueblo, para reunirse con su familia y narrar sus aventuras a los convecinos. Mas tuvo la mala fortuna de que en el camino se encontró con unos corsarios, los cuales le hicieron prisionero y le condujeron a donde tantos otros cautivos soportaban una vida mísera de esclavos: a Argel.
Allí, al servicio de los moros, iban pasando años de vida triste para el pobre Manuel. Cada día recordaba con más nostalgia a su mujer; a sus pequeños, que ya estarían crecidos, y sobre todo, aumentaba en él la devoción a la Virgen de la Llana, y verdaderamente obsesionado, de cuando en cuando pronunciaba su nombre.
Durante el día se dedicaba a las más penosas tareas: ya araba la tierra, ya abría canalillos por donde el agua corriese, o ya, uncido como una bestia, daba vueltas a la noria.Llegó un día en que los moros quisieron saber qué significaba el nombre de Llana, que tan a menudo repetía el esclavo cristiano. Pensaron si sería el de su mujer, alguna hija, o el de su pueblo, pero al saber que se trataba de una Virgen, hicieron todavía más dura la vida del pobre esclavo: fue más penosa su labor, más escasa su ración y más severa la vigilancia: tanto, que por la noche dormía metido en un arca, sujeto con gruesas cadenas de hierro, y para mayor seguridad, sobre la tapa del arca se acostaba un moro.
Enternecida la Virgen de la Llana por las súplicas constantes del desdichado cautivo de Peroniel, la noche de vísperas de Pascua de Pentecostés, cuando, como de costumbre, descansaban en el arca el cristiano y el moro, hizo que el arca se elevase, y transportada milagrosamente por el aire, llegó a la ermita de la Virgen de la Llana, y en ella hizo su extraordinaria aparición precisamente cuando los fieles se disponían a celebrar la Pascua.
El júbilo sentido por los vecinos de Peroniel, así como por los del cercano de Almenar, fue grande, y para tan milagroso acto pintaron en la ermita un ángel que transportaba un arca por cuya abertura se ve atado con cadenas a Manuel Martínez. El segundo día de Pascua de Pentecostés sigue celebrándose este feliz acontecimiento.
(M. Ibo Alfaro, en "Leyendas de Soria)