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sábado, 21 de diciembre de 2019

El romero

Rosmarinus officinalis, romero, es un arbusto perenne de aroma inconfundible e innumerables propiedades medicinales, además de culinarias.
Se distribuye por toda la península Ibérica, desde el nivel del mar hasta los 1.500 metros de altitud, en todo tipo de terrenos, aunque prefiere los calcáreos. Eso sí, el romero Rosmarinus officinalis necesita del sol, y por ello es habitual en zonas cálidas y bien soleadas como son los encinares y coscojares típicos del monte mediterráneo. Decía Linneo que el romero era tan abundante en España que los navegantes antes de ver tierra percibían su olor. Quizá un poco exagerado Linneo, pero no está mal como carta de presentación.
El néctar de las flores de romero es muy apetecido por las abejas, que elaboran con él una miel aromática de gran calidad.
Como planta medicinal, del romero destacan, entre sus múltiples propiedades, las de favorecer la circulación sanguínea, aliviar los cólicos biliares, ayudar en el tratamiento de la hepatitis, abrir el apetito y calmar el reflujo gástrico. Además se emplea en friegas para combatir los dolores reumáticos, curar heridas y evitar las ulceraciones cutáneas que se producen en personas  enfermas o ancianas que llevan mucho tiempo en cama o sin poder levantarse.
Las friegas de alcohol de romero también son usuales en casos de cansancio o agotamiento, aplicadas en las extremidades. Como calmante de la tos, en infusión edulcorada con miel, su empleo es muy común y, en definitiva, hay infinidad de recetas y aplicaciones dependiendo de las zonas geográficas.
Su aroma se ha considerado siempre como la contraposición a la enfermedad y a la infección, quizá por ello se pensaba que el romero evitaba que serpientes o insectos entraran en las viviendas, aunque esto entraría más bien en el ámbito de lo mágico y las supersticiones.
Rosmarinus officinalis también tiene un aprovechamiento culinario. Sus hojas aromatizan las aceitunas y los guisos, aunque su aroma es tan intenso que hay que emplearlo con mesura. En algunas localidades se utiliza para dar sabor a embutidos, perfumar panes o postres.
También la industria de la perfumería se aprovecha de sus virtudes. Los aceites y esencias aromáticas se emplean para muchos productos cosméticos y fragancias. En resumen, si del cerdo todo se aprovecha, casi podemos decir lo mismo de esta extraordinaria planta, el romero Rosmarinus officinalis. 

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viernes, 20 de diciembre de 2019

Bosque de pino laricio en la Sierra de Guadarrama

Un bosque de pino laricio en la Sierra de Guadarrama. Existe un pinar, cerca del pueblo de Guadarrama, muy poco común por estas latitudes. Su existencia y pleno esplendor se remonta  a la época de los Reyes Católicos. Hablamos de una agrupación de pino laricio -Pinus nigra-, considerada como la más antigua de España sobre terrenos ácidos, localizada cerca del embalse de La Jarosa, a unos seis kilómetros siguiendo una pista que lleva hasta las praderas de La Covacha y el arroyo de La Hilera.
El pino laricio tiene una corteza de color blanco plateado y es una especie que se desarrolla en suelos calizos. Lo normal es que esté presente en zonas del sur de la Península –aunque también se puede apreciar en áreas prepirenáicas-. Es muy raro encontrarlo en terrenos ácidos y graníticos como los de la Sierra de Guadarrama y más aún sabiendo que su origen no procede de la repoblación hecha por el hombre.
Los botánicos e ingenieros contabilizaron a primeros del siglo pasado más de 3.000 ejemplares en este bosque que hoy en día cuenta con alrededor de 5.000. No sólo sorprende su formación y desarrollo en terreno hostil, sino también su capacidad de supervivencia durante siglos, ante los embates de la biología y de la depredación humana. Un lujo, en cierto modo inexplicable, que está al alcance de nuestros ojos a cambio de un agradable paseo en plena naturaleza.

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viernes, 22 de noviembre de 2019

Perca Sol - Guadarrama

Este bonito pez que llega a alcanzar los 20 cm fue importado de Norteamérica, y como casi todas las introducciones de especies llevadas a cabo sin analizar previamente los riesgos, ha resultado ser una amenaza para la población autóctona de peces, anfibios e invertebrados.
La perca sol o percasol se introdujo en nuestros ríos y embalses para dar satisfacción a la demanda de los pescadores aficionados y hoy en día es una auténtica plaga. Come de todo, resiste temperaturas altas y bajas y no es escrupuloso con la calidad de las aguas. Se reproduce en gran número y además defiende su puesta con agresividad. Un todoterreno, o mejor dicho un "todoaguas" americano que la ignorancia ha hecho que se vuelva contra nuestra fauna. El pez no tiene la culpa v además es verdaderamente bonito.

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jueves, 7 de noviembre de 2019

Las medusas

Pesadilla de bañistas en nuestro litoral, especialmente en esta época, el  verano, las medusas son, además de seres fascinantes por sus capacidades y belleza,  un peligro objetivo cuando se presentan agrupadas en las zonas de playa.
En las costas españolas podemos encontrarnos con algunas especies como la medusa rosa o luminescente, Pelagia noctiluca; la  medusa de compases  o aguamar, Chrysaora hyoscella; la aguamala o acalefo azul, Rhizostoma pulmo; la medusa huevo frito, Cotylorhiza tuberculata; la Olindias phosphorica; la cubomedusa, Carybdea marsupialis y la temida carabela portuguesa, Physalia physalis, que en realidad  no es una medusa, sino un hidrozoo. Esta última puede causar la muerte por ahogamiento, ya que el simple contacto con la piel produce un dolor tan intenso que provoca la pérdida de consciencia. Se han dado casos, también, de parada cardíaca. Su veneno, muy potente, tiene efectos neurotóxicos y cardiotóxicos. Sin embargo, la carabela portuguesa es el alimento de algunas tortugas marinas.
Las otras medusas que hemos mencionado pueden provocar irritaciones leves en la piel o quemaduras más graves por el simple roce con ellas. En general, conviene evitar el baño cuando estén presentes en las playas.
En caso de sufrir un accidente con ellas,  no hay que rascarse en la zona afectada, ni frotarla con toallas o arena. Tampoco debe lavarse con agua dulce, ya que el cambio osmótico hace que se disparen las células urticantes adheridas a la piel y que permanecen latentes. Lo mejor es retirar con unas pinzas los fragmentos pegados a la piel y lavar con agua salada. Aplicar algo frío, pero no hielo directamente, ya que el hielo es agua dulce.  Se debe acudir a un centro médico para que sean eliminados los restos de tentáculos adheridos a la piel y se proceda a lavar las heridas convenientemente, aplicando los medicamentos adecuados. 

©ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO - Guadarramistas

martes, 5 de noviembre de 2019

Puerto de Cotos

El puerto de Cotos o puerto de El Paular. El conocido puerto de Cotos es hoy uno de los concurridos puntos de encuentro de la sierra de Guadarrama. Lugar de reunión de esquiadores que van camino de la estación de Valdesquí, o de excursionistas de toda condición que concurren en este cruce de caminos para iniciar sus rutas hacia Peñalara, sus conocidas lagunas o las no menos conocidas vecinas cumbres de Dos Hermanas.
Hasta no hace muchos años unas cuantas pistas de esquí constituían la llamada Estación de Esquí de Valcotos, que fue desmantelada junto a sus telesillas, remontes y postes.
Como otros puertos y pasos históricos de montaña de la sierra de Guadarrama, el de Cotos ha tenido diversos nombres a lo largo de su dilatada historia.
En sus orígenes era conocido como puerto de El Paular. No en vano, el Monasterio de El Paular se sitúa apenas a unos kilómetros antes de iniciar la ascensión. Antiguamente, el puerto de El Paular era lugar de paso para pastores segovianos y del Valle del Lozoya, que cruzaban con sus rebaños hacia los más templados pastos de la vertiente sur de la sierra, esa que ahora se sitúa en la provincia de Madrid y que queda más resguardada de los vientos del norte.
También fue este paso de El Paular uno de los más peligrosos de la sierra, refugio de bandoleros y asaltantes de caminos como Manuel Rodríguez conocido como “El Rey de los Hombres” o Juan de Nieva “Cabeza Gorda”, que a finales del siglo XVIII encontraban en la espesura de sus bosques el escondite perfecto para huir de sus fechorías. Aún con sus peligros,  a los habitantes del Valle del Lozoya no les quedaba otra solución que cruzar hacia Segovia por el Puerto de El Paular, si no querían hacerlo por el del Reventón, con un recorrido más corto pero con un mayor desnivel y dificultad. Muchos viajeros perdieron su vida perdidos entre la nieve, la ventisca y el frío, tratando de ahorrar tiempo por este puerto de nombre tan poco sugerente como  Reventón.
El nombre actualmente más empleado, puerto de Cotos, tiene su origen en 1761 cuando el monarca ilustrado Carlos III adquirió para la Corona los Montes de Valsaín, que pasaron a denominarse Pinar del Rey. Para delimitar la propiedad real de los Montes de Valsaín de la propiedad cartuja del Pinar de los Belgas, situado en la vertiente madrileña, el rey creó un cuerpo de guardería, a la vez que situó varios mojones o “cotos” delimitando así los montes de la Corona. De estos cotos, se pueden ver fácilmente dos, en lo alto del puerto, a ambos lados de la carretera, que se conservan restaurados.  De estos límites reales deriva el nombre de puerto de los Cotos que convive con el más antiguo de puerto de El Paular.  

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lunes, 21 de octubre de 2019

El escarabajo de nariz sangrante

Este pequeño coleóptero de unos 2 cm de longitud, perteneciente a la familia de los crisomélidos -Chrysomelidae-, no puede volar y su caminar es lento, por lo que, en principio, es susceptible de ser fácilmente depredado.
Para evitarlo, tiene la capacidad de segregar por la boca y articulaciones una sustancia roja, de aspecto muy similar al de la sangre, que le proporciona el nombre común de escarabajo de la nariz sangrante, ya que parece llevar colgando de su nariz una gota sanguinolenta de un color muy llamativo. Tan sorprendente resulta esta facultad, que desconcierta a sus depredadores y les advierte de la posible toxicidad de ese líquido rojo. Realmente es una sustancia no tóxica, a lo sumo presenta una sabor desagradable que hace que las aves y reptiles se abstengan de atacarlo y comérselo.

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Alacrán


Buthus occitanus, nuestro escorpión “made in spain”. Mide entre 8 y 10 cm, se puede ver a lo largo de toda la Península, aunque con mayor facilidad en zonas más secas y de alta temperatura. Durante el día permanece en su refugio, del que sale al atardecer para capturar durante la noche a sus presas: insectos y arañas.
Es el más peligroso de los escorpiones presentes en la Península. Su picadura produce un intenso dolor, que puede ir acompañado de dolor de cabeza, vómitos y cierta dificultad al respirar.
Para evitar accidentes, conviene no levantar piedras a mano desnuda, mirar antes de sentarse sobre las rocas o el suelo, y poner alguna toalla o prenda para sentarse sobre ella. En las acampadas hay que estar atentos por la noche, ya que estos animales tienen tendencia a acudir a la luz. Por la mañana es recomendable revisar bien las botas, en la que accidentalmente ha podido introducirse buscando refugio.

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domingo, 29 de septiembre de 2019

Media con limpio

El griterío, el juego y el vino, que aunque los mesones no podían servir, podía consumirse comprándolo fuera del mesón -cuando no se servía ilegalmente directamente en él-, y una multitud de gentes variopintas y poco recomendables, junto a chinches, pulgas, liendres y piojos se daban cita en los mesones. 
Sin embargo, aún había establecimientos de menor categoría que en Madrid eran conocidos con la expresión media con limpio”. El Diccionario de Autoridades en 1734 decía: “Frase que tiene sólo uso en Madrid, originada de que en ciertas casillas y barrios de poco comercio dan posada y cama de noche a los vagabundos y pordioseros; y en cada cama duermen dos, pagando cada uno dos quartos, y capitulando que el compañero que le dieren ha de ser limpio, que no tenga piojos, sarna, tiña ni otra enfermedad contagiosa; y por ser media cama y el compañero limpio, nació el decirse, este alojamiento Media con limpio”. 

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sábado, 21 de septiembre de 2019

La ruta de las Atalayas

La ruta de las atalayas. La sierra de Guadarrama, como parte del Sistema Central, es una barrera orográfica que delimita, de forma natural, las mitades norte y sur peninsulares. La barrera montañosa determina la climatología y el régimen de precipitaciones deteniendo, en la vertiente sur, los vientos ábregos que fluyen desde el suroeste, o haciendo frente a las borrascas cantábricas que quedan en parte frenadas, en la cara norte segoviana.
Al estar ubicada en el centro peninsular, la sierra de Guadarrama siempre ha sido lugar de paso obligado en el tránsito entre norte y sur, por lo que en épocas de conflictos bélicos, el control de sus pasos era fundamental para el desarrollo de las contiendas. Ejemplo de ello son la Guerra de la Independencia contra los ejércitos napoleónicos o la más reciente Guerra Civil.
Remontándonos mucho tiempo atrás, allá por los siglos IX y X, la España que conocemos no era más que un proyecto. La mitad sur era de domino musulmán, mientras que la mitad norte era cristiana. En el centro, una vez más, la sierra de Guadarrama marcaba un límite, una especie de raya bien visible por la que unos u otros tenían que “asomar”, necesariamente, si querían hacerse con los territorios del enemigo. No es de extrañar que las tierras aledañas a la sierra fueran zonas deshabitadas, peligrosas y, por supuesto, las primeras en recibir la visita inesperada del rival.
Las proximidades a las montañas, o lo que es lo mismo, toda la rampa serrana de lo que actualmente es la provincia de Madrid, formaban parte de la denominada “marca media”, es decir, la línea del “no pasarán”. En este territorio madrileño el dominio era musulmán. Por ello, los ejércitos de emires y califas que durante los siglos IX y X ejercían su poder estaban muy atentos a las posibles incursiones cristianas desde las tierras del norte.
Para ejercer este control, los musulmanes crearon una red de atalayas, palabra que procede del árabe -talala, pequeña torre-. Estaban situadas estratégicamente en una línea de promontorios desde donde se controlaba visualmente  cualquier incursión cristiana. A la vez servían para vigilar los desmanes y revueltas que dentro del propio territorio pudieran producirse.
Si desde una de esas atalayas se divisaba al enemigo, el hecho se comunicaba desde la parte superior de la edificación haciendo señales luminosas con objetos reflectantes, señales de humo, o encendiendo hogueras en lo alto, si el acontecimiento se producía en la noche. Desde Talamanca del Jarama, centro neurálgico de todo este sistema de comunicaciones con alcance visual a las señales, se tomaban las medidas necesarias para organizar a los ejércitos y preparar la defensa o el ataque.
Las atalayas que actualmente perduran en Madrid se encuentran distribuidas por las proximidades de lo que es hoy la autovia A-1, a unos 50 Km de Madrid capital. Se conservan en razonable estado las de Venturada, Arrebatacapas en Torrelaguna, Torrepedrera en El Berrueco y El Vellón. Ha desaparecido otra existente en El Molar.
Estas torres de vigilancia tenían y tienen forma circular, con unos gruesos muros de mampostería de unos 2 m de anchura. Su estructura interna se compone de tres partes. La primera es la sólida base que arranca del suelo y puede alcanzar los 3 metros de altura. Sobre ésta se eleva una segunda planta en la que está situada la entrada, que a simple vista parece una ventana. Realmente es la entrada, situada por encima de los 3 metros para hacer más difícil el posible acceso del enemigo al interior. De hecho para  acceder se necesitaba una escala de cuerdas o un agarramanos. Hoy día, las vemos a una altura inferior, ya que debido a la acumulación de tierra y materiales geológicos, el terreno está más elevado que lo estaba cuando se construyeron.
Todas ellas fueron declaradas, en 1983, Bien de Interés Cultural con la categoría de monumento, y en torno a ellas se articula la denominada “ruta de las  atalayas” que discurre entre los municipios en las que se encuentran situadas: El Vellón, Venturada, El Berrueco y Torrelaguna.

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viernes, 20 de septiembre de 2019

Hilos de la Virgen o Babas deldiablo

A comienzos del otoño y también a principios de primavera, resulta llamativa a presencia de grandes cantidades de hilos de araña. Si miramos a través de una zona iluminada por el sol, se pueden descubrir esos cientos de hilos que se enganchan en cualquier superficie, a veces las sentimos en nuestro rostro al paso.
Muchas especies de araña utilizan una técnica curiosa para desplazarse de forma rápida y sin coste de energía. Lo hacen las pequeñas crías recién eclosionadas y también los adultos de algunas especies de arácnidos. Para  ello lanzan un chorro de seda para ser arrastrado por el viento o por las corrientes térmicas que genera el calentamiento del sol en el suelo. En uno de los extremos de esa hilo de seda va transportada la pequeña araña, que consigue así desplazarse por el aire hasta distancias considerables. De este modo se dispersan las diminutas crías y los adultos que buscan nuevos lugares donde establecerse.
En cuanto al nombre, hay dos versiones, “babas del diablo” para algunos, e “hilos de la virgen” para otros. Parece que la obsesión humana por distinguir lo bueno de lo malo no excluye ni a las arañas. Lo cierto es que en otoño el acontecimiento suele ocurrir en fechas cercanas al 12 de octubre, así que lo podemos dejar en “hilos de la virgen”.

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miércoles, 18 de septiembre de 2019

Orientarse en el Guadarrama

Lo de orientarse en la montaña es algo muy particular. Hay quienes conocen a la perfección trochas, veredas, riscos y toda suerte de arroyos que en su camino se encuentran. Otros, por el contrario, aún poniendo la mejor de sus voluntades se pierden en el salón de su casa.
Esto último le pasaba al maestro Giner de los Ríos, de memoria prodigiosa para recordar todos y cada uno de los nombres, ya fuere de accidentes geográficos, plantas, animales, parajes o personas, pero despistado como nadie para ubicarse en medio de la montaña. En más de una ocasión era Bartolomé Cossío, una auténtica brújula andante -por lo que las crónicas de la época cuentan-, quien le sacaba de dudas, eso sí, con toda la delicadeza del mundo para evitar dañar el orgullo del maestro Giner.
En los recorridos excursionistas de principios del siglo XX por la sierra de Guadarrama, era frecuente consultar a los pastores, desconfiados y poco aficionados a hablar, en aquellos tiempos en los que su vida discurría prácticamente entera en soledad, pero conocedores como nadie de cada uno de los rincones serranos.
Así describe a uno de aquellos pastores Constancio Bernaldo de Quirós: “Un pastor nos señaló el camino. Hacía calceta mientras apacentaba su ganado, y no dejó de chocarle que «navegásemos» -según decía- por aquellas tierras. Su cara era inmóvil, fija, no más rica en expresión que la de sus mastines. La soledad habíala petrificado.” 
Pero para dar aún más sentido al título de este artículo, “Brújulas y GPS, ¿para qué?”, podemos quedarnos con esta recomendación que el Ayuntamiento de Cercedilla publicó en 1934, bajo el título “Cercedilla. Estación veraniega y punto de partida para las principales excursiones por la sierra de Guadarrama”.
Decía así: …si deseáis hacer una excursión por el monte o pinares y no queréis preocuparos por los distintos medios de orientación para regresar al punto de partida, consultando planos, croquis, etc., lo más sencillo y cómodo es que, al empezar la excursión, alquiléis un burro o caballo en Cercedilla. Montad en él e id donde queráis, meteos entre pinos, subid, bajad, id monte atraviesa, sin fijaros en las sendas o caminos -procurad sí, que cuando os apeéis no se os escape-, y cuando queráis regresar, montad nuevamente en él, aflojadle las riendas o ronzales y dejaos llevar, que el animalito se orientará y os conducirá por el camino mejor y más corto a Cercedilla”.
Parece que el único inconveniente del sistema es que al bajar se escapara el burro, y que únicamente servía para Cercedilla y alrededores. No todo podía ser perfecto, al fin y al cabo, ahora también se queda uno sin batería o cobertura en cualquier momento. 

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Las apariciones de Prado Nuevo

En  la  década  de  los  80  se  comenzó  a  hablar  de  apariciones  marianas.  Una  señora  dijo  haber  presenciado  como  la  Virgen  se  le  aparecía  sobre  un  fresno. 
Desde  entonces  y  durante  dos  décadas  se  ha  producido  un  peregrinaje  continuo  al  paraje  denominado  Prado  Nuevo,  donde  la  Virgen  María,  tras  el oportuno  trance  de  la  visionaria,  se  aparecía  para curar  milagrosamente,  hacer  bailar  al  sol  y  de  paso, hacer  también  milagros  con  la  cuentas  corrientes de  los  convocantes  a  tales  actos. 

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martes, 17 de septiembre de 2019

Vicente Aleixandre y Miraflores

Vicente Aleixandre, o mejor dicho, Vicente Pío Marcelino Cirilo Aleixadre y Merlo, que era su nombre completo, nació en Sevilla, como muchos otros buenos poetas, el 26 de abril de 1898 y murió en Madrid, el 13 de diciembre de 1984. Perteneció a la Generación del 27 y obtuvo el premio Nobel de Literatura en el año 1977.
La figura del insigne poeta está ligada al municipio serrano de Miraflores de la Sierra, donde pasó largas temporadas desde niño y donde dejó huella su presencia, en forma también de versos, que es como mejor se manifiesta un poeta.  Algunos de esos versos los dedicó a un árbol y quedaron plasmados en un poema.
Hablaba Aleixandre en este poema de la vieja olma de Miraflores, que en realidad era un álamo, mejor dicho, un álamo negro o Populus nigra. La costumbre serrana denomina a los chopos o álamos, preferentemente a los negros, que son más abundantes, olmas, aunque los olmos son del genero Ulmus. Probablemente esta olma inició su andadura en la vida en tiempos de Carlos III.
Poco antes de su muerte, Vicente Aleixandre continuaba visitando la localidad y pidió, antes de morir, que le llevaran una hojas de la olma de Miraflores.  El humilde deseo fue complacido y le llevaron a Madrid unas semillas y unas ramas de su querido árbol. Se da la casualidad de que poco después de fallecer el poeta, la olma, huérfana de poesía, también nos dejó. Aún permanece el esqueleto de su viejo tronco en la plaza de Miraflores de la Sierra. 

ÁNGEL S. CRESPO  para GUADARRAMISTAS.

domingo, 15 de septiembre de 2019

Los vigilantes del bosque

Los vigilantes del bosque. Todos conocemos que la limpieza y conservación de los montes está atribuida, en la actualidad, a los agentes forestales o medioambientales, que podríamos decir que son los actuales vigilantes del bosque, pero no siempre ha sido así. Hasta finales del s. XIX eran los vecinos de los municipios del área de influencia del bosque los que cuidaban y limpiaban este espacio natural mediante las cenderas o hacenderas.
Los primeros datos de una regulación legal referente a la vigilancia forestal se remontan al s. XVII con Carlos II y sus ordenanzas promulgadas para la vigilancia de animales salvajes y masas boscosas, sin que ello supusiera crear un cuerpo específico. En 1748, Fernando VI nombró a los llamados Guardas de Campo y Monte, que tenían como finalidad evitar los incendios forestales –que por desgracia siempre ha habido-, y vigilar que el ganado no destruyera las plantaciones de repoblación. Carlos III, en 1762, dispuso una Real Orden por la que se creaba la Compañía de Fusileros Guardabosques Reales.
Hasta 1877, año en que se creó el cuerpo de Capataces de Cultivo, no podemos hablar de agentes forestales tal como ahora los conocemos. El capataz de cultivo tenía atribuidas dos funciones. Por un lado, actuaba como policía forestal, y por otro, desempeñaba el cargo de  auxiliar de ingeniería , algo así como ayudante de los  ingenieros de montes para las tareas accesorias y duras que los propios ingenieros no realizaban.
El Reglamento del Cuerpo de Guardería Forestal de 1907 supone el cambio de denominación de capataz de cultivo al de guarda forestal.
En 1941 se publica un nuevo reglamento, el del Cuerpo de Guardas Forestales del Estado, a la vez que se crea la Guardería del Patrimonio Forestal del Estado. En 1972 se constituye el conocido ICONA con la creación de la Escala de Guardas Forestales del ICONA –Instituto de Conservación de la Naturaleza-, que perdurará hasta que la Constitución de 1978 crea  las Comunidades Autónomas con competencias para crear sus propios cuerpos de agentes, algo que plasmarán en sus estatutos de autonomía.
Sin embargo, hasta que a finales del S.XIX no se creara de forma oficial una auténtica policía de montes que se ocupara de la vigilancia y limpieza de los parajes naturales, la actividad era realizada por los propios vecinos de los municipios del área de influencia del monte. Eran las llamadas cenderas o hacenderas, trabajos comunes y variados en beneficio de la colectividad municipal, que en el caso de los relativos al monte incluían su limpieza y desbroce, así como el acondicionamiento y reparación de caminos, usando para ello sus herramientas, sus propias fuerzas y las de sus animales. A la llamada del Ayuntamiento o de la Junta elegida al efecto, los vecinos se ponían manos a la obra para cuidar de sus montes comunes, en lo que llamaban “ir de cenderas”. A cambio de este esfuerzo, se repartían los beneficios que la explotación del bosque producía, algo muy común en tierras de pinares. Las cenderas o hacenderas se remontan a la Edad Media y, sin duda, implicaban a los vecinos, tanto en el trabajo como en el reparto de ciertos beneficios, algo muy recomendable para preservar los bosques y asegurar su buen estado de salud.

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sábado, 14 de septiembre de 2019

Quitameriendas

Si hay una señal que anuncia la llegada del otoño es la aparición de estas flores: la  Merendera montana, conocida como “quitameriendas”, surge durante el mes de septiembre.
Al parecer, el origen de su nombre está relacionado, como otras tantas cosas del campo, con los pastores. Durante el verano los 
pastores sacaban a sus ovejas -y siguen haciéndolo- en las primeras horas de la mañana y al atardecer, para evitar los calores.
El atardecer veraniego se prolonga tanto que ocupaba la hora de la merienda, más bien merienda-cena, por lo que los pastores recibían como parte de su salario, la merienda que hacían en el campo. Al llegar el mes de septiembre, cuando surge esta planta, las tardes ya han acortado y las ovejas están recogidas a una hora más temprana. El pastor cenaba en su casa y se quedaba sin ración como parte del salario.

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lunes, 9 de septiembre de 2019

El eléctrico del Guadarrama

¿Sabias que el tren del Guadarrama -que parte de Cercedilla y llega hasta Cotos, pasando por el alto de Navacerrada es el tren eléctrico más alto de España?. Fue inaugurado el 12 de julio de 1923 por los Reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.
El proyecto contó con un presupuesto de 2 millones de pesetas y su último tramo, el de Navacerrada a Cotos, no se llevó a cabo hasta los artos 60. Además, en el proyecto del ingeniero José de Aguinaga y Kéller. se incluía la prolongación de otro tramo más, de Cotos a Gargantilla de Lozoya, pasando por los valles de Valsaín y Lozoya, para llegar a unir la línea con el ferrocarril Madrid-Burgos.
El tren del Guadarrama inicia su andadura a 1.200 metros de altura en Cercedilla y alcanza los 1.819 metros en Cotos, en un tramo que se alarga hasta los 18 km. Debido a que el desnivel que ha de superar es de una media del 7% no utiliza el mecanismo de cremallera que es inevitable en otros trenes de montaña.
Además del funcionamiento normal de la línea, cuyos horarios os aconsejamos consultar antes de utilizarla, Renfe organiza  trayectos para grupos guiados por educadores ambientales de la Comunidad de Madrid.

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sábado, 7 de septiembre de 2019

Collado de Tirobarra

El collado de Tirobarra. Con el peculiar nombre de Tirobarra se denomina a un alto de 2.000 metros de la Sierra de Guadarrama, situado entre el Montón de Trigo y la Mujer Muerta.
La toponimia serrana está cuajada de nombres curiosos que hacen referencia a sus moradores, a su naturaleza o a las actividades en ella llevadas a cabo, algunas tan extrañas como el antiguo deporte del tiro de barra o tirobarra.
La actividad consistía en lanzar una barra de hierro de unos 7 kg lo más lejos posible, algo que puede parecer cansado y absurdo, pero que no lo es más que el lanzamiento de martillo olímpico o de jabalina. El origen de esta práctica en el collado serrano que hoy conocemos como Tirobarra, puede estar en el entrenamiento llevado a cabo por los monteros, que allá por la Edad Media se dedicaban a cazar los abundantes osos que poblaban estas montañas. A falta de escopeta hacían tiro de lanza, lo cual puede explicar que el tiro con barras pesadas de hierro fuera un ejercicio de entrenamiento muy práctico.
Además, hay que tener en cuenta la existencia de un deporte denominado barra española. Su fundamento era lanzar lo más lejos posible una  barra de hierro que usaban los molineros en su actividad laboral. Existían y existen varias versiones:  la barra castellana, la barra vasca y la aragonesa. Los campeones de esta actividad, que se remonta al s. XII, fueron prestigiosos y reconocidos “deportistas”. Jovellanos y Cervantes hacen referencia a la barra en algunas de sus obras.
Sea como fuere, entrenamiento para la caza, deporte, o ambas cosas a la vez y con el mismo origen, el tiro de barra o barra española es una actividad poco conocida, pero que aún se conserva en algunos lugares de España.
En tiempos recientes, el conocido viajero, atleta y divulgador Miguel de la Quadra-Salcedo decidió adoptar la técnica de la barra vasca del lanzador y atleta Félix Erausquin para emplearla en el lanzamiento de jabalina. Sus lanzamientos batieron el récord del mundo del momento, pero la Federación Internacional de Atletismo prohibió la modalidad, ya que antes de lanzar había que realizar giros similares a los del lanzamiento de martillo que podían ser peligrosos para lanzador y espectadores. Con esa prohibición, el llamado “estilo español o Erausquin” de lanzamiento de jabalina pasó a la historia, no sin antes tratar de readaptarse con la intención de poder competir en los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956, pero en aquellas fechas España decidió no llevar representantes. En cualquier caso, la Federación Internacional de Atletismo dejó claro que la jabalina solamente podía lanzarse con la punta mirando hacia adelante y anuló todas las marcas conseguidas con la nueva técnica. Parece que nunca hemos tenido fuerza entre los mandamases olímpicos.
Hasta 1963 la barra española fue una de las modalidades del atletismo en los campeonatos de España. Actualmente es un deporte residual en algunas poblaciones, donde se practica como demostración o formando parte del programa festivo.
Siempre tendremos la Sierra de Guadarrama y sus orónimos para recordar pasajes de la historia, en este caso, gracias al llamado  Collado de Tirobarra

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jueves, 5 de septiembre de 2019

El oficio de peguero.

El oficio de peguero. Una de las profesiones ya extinguidas es la de peguero, pezguero o pezero, como también se denominaba a este oficio.
Del mismo modo que los gabarreros sacaban partido al monte después de las cortas de los hacheros, los pegueros hacían lo propio con los restos de la resinación.
Su labor consistía en recoger los llamados “testellones”, o lo que es lo mismo, la resina mezclada con tierra, acículas, cortezas de los pinos, restos vegetales y broza que había sido derramada al suelo al recogerse, o simplemente no había caído dentro del pote o vasija.
Este trabajo oportunista con el que se ganaban la vida esforzados trabajadores del monte, consistía en elaborar con los residuos de la resinación la pez o “aceitinegro”, un alquitrán vegetal usado para impermeabilizar y aislar cueros, botas de vino, odres, embarcaciones y construcciones, y para marcar las reses sin causarles daños.
La faena se llevaba a cabo en pleno monte donde se procedía a construcción del horno o “pezguera”. Según se iba cociendo la resina, se extraía del fondo del pozo y se trasladaba a una olla donde se removía con un palo para hacerla líquida y evitar la formación de grumos. De la olla se pasaba el producto final, la “miera”, a los envases en los que iba a ser transportada y comercializada. La pez o miera derivada de la resina tenía un color negro y una consistencia viscosa.
Además de la resina, algunas plantas como la jara pringosa Cistus ladanifer o el enebro Juniperus oxycedrus también eran cocidos para obtener sus exudados o mieras. De la jara se conseguía el ládano, que además de un buen calmante para la tos, era ingrediente en la elaboración de perfumes. La miera del enebro constituía un remedio eficaz contra una enfermedad del ganado ovino llamada escabro o roña de las ovejas. 

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miércoles, 21 de agosto de 2019

El gato montés

Felis silvestris, gato montés. Si hay un elemento anatómico que muestre las diferencias entre el gato montés y el gasto doméstico, éste es, sin duda, la cola.
El gato montés  es por lo general más grande y robusto que un gato común. La cabeza es más ancha, con más volumen, pero hay gatos domésticos también muy grandes que pueden ser confundidos con el gato montés. Sin embargo, la cola de Felis silvestris es mucho más voluminosa de principio a fin, posee entre dos y cinco anillos negros muy característicos y termina con una forma ancha y redondeada de color negro. Los gatos comunes, aunque también pueden tener anillos negros,  tienen la cola mucho más delgada y puntiaguda, algo que también ocurre con los híbridos, al menos los de primera generación.
El pelaje del gato montés es grisáceo,  con una banda negra que recorre su espalda a la altura de la columna vertebral. A veces tiene aspecto rayado, pero nunca moteado, y si es rayado lo es de forma más discreta que en los gatos comunes que llamamos atigretados.  Los ojos pueden ser ambarinos o verdosos.
El gato montés se distribuye por toda la Península Ibérica. En zonas septentrionales y de montaña se encuentra en hayedos y robledales, mientras que más al sur  habita zonas boscosas y de matorral típicamente mediterráneo. En cualquier caso, procura estar lo suficientemente alejado del ser humano.
Son animales solitarios, excepto en el período de celo, entre los meses de enero y febrero, cuando varios machos pueden concurrir en el cortejo de la hembra. Las hembras paren una sola camada al año de unas tres crías. Para ello utilizan refugios en huecos de árboles, marañas de ramas o incluso aprovechan madrigueras. La gestación dura dos meses, por lo que las crías nacen entre los meses de marzo y mayo. Cinco meses después ya son autónomas.
Se alimentan fundamentalmente de pequeños roedores y en menor medida de conejos, liebres y aves.
La caza, ya sea  furtiva o indiscriminada, los cebos envenenados y la hibridación con gatos domésticos son la principal amenaza para Felis silvestris, gato montés, un hermoso y reservado animal cada vez menos abundante.

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miércoles, 14 de agosto de 2019

El nacimiento del alpinismo español

La Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara nació en 1913, bajo el nombre de asociación Peñalara “Los doce amigos” y fundó y puso en marcha, también, la revista Peñalara. La sociedad la integraban una docena de adelantados a su época, amantes de la naturaleza y enamorados de la sierra de Guadarrama, en concreto, un profesor naturalista, un estudiante de Derecho, un profesor de Mercantil, dos astrónomos, un tipógrafo, cuatro funcionarios y dos poetas. El presidente de la asociación era Constancio Bernaldo de Quirós.
Dos años después, en 1913 la asociación se convirtió en un espacio más abierto y participativo, inspirado en los principios de la Institución Libre de Enseñanza. Desde entonces, su actividad se diversificó y ya en este momento, de principios del siglo pasado, fue la primera institución que reclamaba y promovía que la sierra de Guadarrama se convirtiera en Parque Nacional, lo que no se ha conseguido hasta casi un siglo después.
Desde la asociación se promovió la creación de federaciones de montañismo y la construcción de refugios de montaña. En 1921 ya contaba con 2.000 socios y el rey Alfonso XIII, que era presidente honorífico le concedió el título de Real Sociedad. Unos años más tarde, en 1928, fue admitida en la Federación Internacional de Esquí.
Otro hecho importante a destacar fue su importante labor para crear una agrupación de alta montaña que reunía a los mejores alpinistas pertenecientes a la sociedad, con la intención de promover el nombre de Peñalara, y también de desarrollar la formación, mediante cursos, de nuevos alpinistas. Esto ocurrió a principios de los años 30 con la presidencia de Antonio Victory Rojas. A partir de este momento, los alpinistas españoles dejaron su huella en las más importantes cumbres de todo el mundo.
En 2013 se celebró su centenario y en la actualidad, la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara sigue promoviendo importantes e interesantes actividades deportivas y culturales. Colabora también con la asociación Amigos del Guadarrama, que organiza, cada año, el famoso Aurrulaque, una cita en la que se aúna deporte, naturaleza y cultura en la localidad serrana de Cercedilla.
No podemos dejar de mencionar otra institución creada a principios de siglo, en 1906, el Club Alpino Español, agrupación de esquí y montaña dedicada a promover los deportes de montaña.  Su fundador, Manuel González de Amezúa decidió fundar el club para practicar el alpinismo y el esquí junto a otros diecinueve amigos. Lo llamaron  Twenty Club. Ese fue el origen del Club Alpino Español, con sede en el puerto de Navacerrada. 

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