INIGUALABLE EJEMPLAR DE UNOS 25-28 METROS DE ALTURA Y, APROXIMADAMENTE, 4,50 METROS DE PERÍMETRO DE TRONCO.
Se desconoce la fecha de su plantación, pero es un ejemplar residual de antiguas alineaciones de esta misma variedad, que solían plantarse a lo largo de carreteras de extenso trazado, costumbre muy común durante el período de Protectorado español en la zona norte de Marruecos (Rif). Hoy en día, aún es frecuente ver, en esta región marroquí, largas carreteras flanqueadas por esta especie.
Situado en la conocida como carretera a Farhana, pequeña localidad marroquí fronteriza con Melilla, este ejemplar es un auténtico superviviente de todos los planes urbanísticos ideados para el trazado de esta vía y esta zona. Hace unos años, ante los planes del Ayuntamiento de proceder a su tala para la reforma del trazado de la
carretera, miembros de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas llegaron a encadenarse a su tronco como señal de protesta e hicieron desistir de sus intenciones a la Corporación.
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Nombre científico: Eucaliptus camaldulensis
Nombre común: eucalipto
Denominación popular: Eucalipto de la carretera a Farhana
Localidad: Melilla
Edad estimada: centenario
(Antonio Rigueiro)
De todo un poco. Leyendas, tradiciones e historias curiosas de todas las regiones de España. Unas son verdad y otras no tanto.
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sábado, 16 de junio de 2018
viernes, 13 de enero de 2017
Melilla modernista
Venga a Melilla y descubra su patrimonio modernista. ¿Sabe que, después de Barcelona, es la segunda ciudad de España con mayor número de edificios modernistas y “art decó”, con más de 900 monumentos? Su arquitectura es uno de los muchos encantos que le ofrece este enclave de España en África.
Mestizaje y fusión de culturas. Exotismo, contrastes y diversidad. Así es Melilla, una ciudad, bañada por el mar Mediterráneo, que mira a dos continentes. Recorra sus calles, llenas de fachadas modernistas: este estilo arquitectónico revolucionó la urbe en el siglo XX. Lo comprobará al pasear por el Ensanche, el espacio urbano que se trazó fuera de las murallas de la antigua Ciudadela. Se trata del escenario en el que multitud de arquitectos dieron rienda suelta a su creatividad, creando un conjunto monumental que le fascinará por su riqueza y variedad.
El modernismo llegó a esta ciudad en 1909, de la mano del arquitecto catalán Enrique Nieto, discípulo del genial Antoni Gaudí. El movimiento arraigó de tal manera que, en pocas décadas, se levantaron hasta 900 edificios. Durante el recorrido verá cómo las rejas, los adornos florales, las curvas y formas cóncavas, los rostros de mujer y las siluetas de animales llenan las fachadas de casas, palacios, edificios oficiales, cines, comercios… todo un museo arquitectónico al aire libre.
Art-decó, clasicismo, eclecticismo… son tantos los edificios modernistas repartidos por Melilla que es imposible agruparlos en un listado. Lo mejor es que acuda a la oficina de turismo, donde le ayudarán a confeccionar el itinerario. Le sugerimos un buen punto de partida para empezar el recorrido: la plaza de España para, a partir de aquí, acercarse hasta las manzanas que forman el “Triángulo de Oro”, que es la zona donde se encuentran los mejores ejemplos del Ensanche modernista. Tampoco se pierda el Palacio de la Asamblea y el Monumental Cinema Sport, dos grandes obras art-decó. Este “boom” arquitectónico se reflejó incluso en construcciones de diferentes religiones de Melilla: la sinagoga Or Zoruah, la Mezquita Central y varias iglesias católicas.
Así, entre elegantes y señoriales edificios, descubrirá el encanto de esta ciudad única, azul y soleada durante casi todo el año, que seguro le asombrara
Mestizaje y fusión de culturas. Exotismo, contrastes y diversidad. Así es Melilla, una ciudad, bañada por el mar Mediterráneo, que mira a dos continentes. Recorra sus calles, llenas de fachadas modernistas: este estilo arquitectónico revolucionó la urbe en el siglo XX. Lo comprobará al pasear por el Ensanche, el espacio urbano que se trazó fuera de las murallas de la antigua Ciudadela. Se trata del escenario en el que multitud de arquitectos dieron rienda suelta a su creatividad, creando un conjunto monumental que le fascinará por su riqueza y variedad.
El modernismo llegó a esta ciudad en 1909, de la mano del arquitecto catalán Enrique Nieto, discípulo del genial Antoni Gaudí. El movimiento arraigó de tal manera que, en pocas décadas, se levantaron hasta 900 edificios. Durante el recorrido verá cómo las rejas, los adornos florales, las curvas y formas cóncavas, los rostros de mujer y las siluetas de animales llenan las fachadas de casas, palacios, edificios oficiales, cines, comercios… todo un museo arquitectónico al aire libre.
Art-decó, clasicismo, eclecticismo… son tantos los edificios modernistas repartidos por Melilla que es imposible agruparlos en un listado. Lo mejor es que acuda a la oficina de turismo, donde le ayudarán a confeccionar el itinerario. Le sugerimos un buen punto de partida para empezar el recorrido: la plaza de España para, a partir de aquí, acercarse hasta las manzanas que forman el “Triángulo de Oro”, que es la zona donde se encuentran los mejores ejemplos del Ensanche modernista. Tampoco se pierda el Palacio de la Asamblea y el Monumental Cinema Sport, dos grandes obras art-decó. Este “boom” arquitectónico se reflejó incluso en construcciones de diferentes religiones de Melilla: la sinagoga Or Zoruah, la Mezquita Central y varias iglesias católicas.
Así, entre elegantes y señoriales edificios, descubrirá el encanto de esta ciudad única, azul y soleada durante casi todo el año, que seguro le asombrara
(Turismo de España)
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viernes, 5 de julio de 2013
El soldado de los milagros - Melilla
Pocas personas quedan hoy en día que conozcan la historia de Benito López Franco, un joven natural de Cetina (Zaragoza) que en 1949 viaja a Melilla para realizar el servicio militar. Aunque la historia es aún hoy confusa, lo cierto es que el día 17 de enero de 1950 el joven aragonés apareció muerto en los aseos del botiquín del cuartel. De manera inmediata, el cadáver fue retirado sin que antes pudiera ser visto siquiera por sus otros compañeros de Cetina, que también se hallaban en Melilla cumpliendo su obligación con el Ejército.
Al día siguiente, y sin más explicaciones, el vicario redactó un certificado de defunción de Benito, en el que se le negaba la sepultura cristiana al considerar que el suicidio había sido la causa de su muerte. Así las cosas, el cuerpo del joven soldado fue enterrado separado por un muro del cementerio católico de la población, aunque ello no impidió que sus compañeros colocaran una cruz en su sepultura. Desde ese momento, su tumba empezó a recibir flores.
En 1975, veinticinco años después del suceso, el hermano del soldado, José López Franco, viajó por primera vez a Melilla para visitar la tumba de su hermano, y cuál fue su sorpresa al descubrir cómo la sepultura que albergaba el cuerpo de Benito estaba cubierta por un manto de flores que los vecinos de Melilla habían ido depositando.
En esa época, la leyenda de que Benito hacía milagros ya estaba muy extendida por Melilla, algo que sorprendió sobremanera a su hermano, que no podía creer lo que veía, y menos aún cuando se le explica que su hermano es conocido como 'El Soldado de los Milagros', y su tumba se ha convertido en un lugar de peregrinación de fieles que rogaban por su intercesión.
Hoy en día, la tumba sigue siendo aún muy visitada, y es raro el día en el que no cuenta con flores frescas traídas por algún devoto. Mientras tanto, más de cincuenta años después de su desaparición, las verdaderas causas de la muerte de Benito siguen siendo un misterio que ha contribuido a hacer aún más grande y recordada esta bonita leyenda.
(Zaragoza - Maños y mañas)
Al día siguiente, y sin más explicaciones, el vicario redactó un certificado de defunción de Benito, en el que se le negaba la sepultura cristiana al considerar que el suicidio había sido la causa de su muerte. Así las cosas, el cuerpo del joven soldado fue enterrado separado por un muro del cementerio católico de la población, aunque ello no impidió que sus compañeros colocaran una cruz en su sepultura. Desde ese momento, su tumba empezó a recibir flores.
En 1975, veinticinco años después del suceso, el hermano del soldado, José López Franco, viajó por primera vez a Melilla para visitar la tumba de su hermano, y cuál fue su sorpresa al descubrir cómo la sepultura que albergaba el cuerpo de Benito estaba cubierta por un manto de flores que los vecinos de Melilla habían ido depositando.
En esa época, la leyenda de que Benito hacía milagros ya estaba muy extendida por Melilla, algo que sorprendió sobremanera a su hermano, que no podía creer lo que veía, y menos aún cuando se le explica que su hermano es conocido como 'El Soldado de los Milagros', y su tumba se ha convertido en un lugar de peregrinación de fieles que rogaban por su intercesión.
Hoy en día, la tumba sigue siendo aún muy visitada, y es raro el día en el que no cuenta con flores frescas traídas por algún devoto. Mientras tanto, más de cincuenta años después de su desaparición, las verdaderas causas de la muerte de Benito siguen siendo un misterio que ha contribuido a hacer aún más grande y recordada esta bonita leyenda.
(Zaragoza - Maños y mañas)
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