De todo un poco. Leyendas, tradiciones e historias curiosas de todas las regiones de España. Unas son verdad y otras no tanto.
Selección
viernes, 6 de marzo de 2020
LA MAMADA DE LA CULEBRA
También se cree maman a las mujeres, y se cuenta haber observado cómo una culebra mamaba a la lactante mientras metía la punta de la cola en la boca del infante para entretenerle. Esta creencia es sostenida por muchas personas.
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sábado, 5 de octubre de 2019
Ruta de las Médulas (Castilla y León)
sábado, 18 de noviembre de 2017
Palomares de la Tierra de Campos
Los nidales se incrustan en las caras interiores de las paredes dentro del palomar.Los nidales se disponían en las paredes del palomar a tresbolillo y sus técnicas de construcción eran variadas ya fueran con adobe, vasijas de barro sin cocer, tablas o directamente excavados en el muro del tapia. Se dejan pasillos entre los muros para proceder a la limpieza al mismo tiempo que se deja el espacio suficiente para que las aves puedan moverse con soltura en su interior y también para que estén suficientemente aislados entre si como para evitar la intrusión de machos ajenos al nidal. Los hueco que tienen estas construcciones son los de entrada de las palomas que se encuentran concentrados en los remates de los muros y en los saltos en las cubiertas (si los hay) y en la puerta de entrada que se abre normalmente al Sur para evitar los fríos vientos del norte.
(Editado por C.Quintans)
jueves, 2 de mayo de 2013
Gabriel de Espinosa - El Pastelero de El Madrigal
Introducción - El episodio del “pastelero de Madrigal” no se entiende sin hacer referencia a la situación política en el Portugal de aquellos años. La desaparición en la batalla de Alcazarquivir (1578) del joven Rey Don Sebastián y el movimiento místico-secular a que dio lugar dicha desaparición, el llamado Sebastianismo, por el que no se le consideraba muerto, añadiéndose la promesa de que algún día volvería a recuperar su trono. Esto propició la aparición de diversos episodios de suplantación de su personalidad. Éstos además se daban en el caldo de cultivo que propiciaba el que el rey hubiera muerto sin descendencia, pasando finalmente el trono a manos de su tío Felipe II de España en 1580, perdiendo Portugal su independencia. En ese marco se produce un curioso episodio, mezcla de leyenda y realidad y que deja algunos cabos sueltos: el de Gabriel de Espinosa, el “pastelero de Madrigal”.
Personajes - Las brumas rodean su lugar de nacimiento y las condiciones del mismo. Mientras en Madrigal se le tiene por hijo de la villa, sin embargo se apunta a Toledo como el lugar más probable de su nacimiento, señalándose que el documento más antiguo que se conserva sobre su persona refiere un título de examen de pastelero expedido en dicha ciudad. Sobre la identidad de sus padres, entramos de lleno en el terreno de la leyenda: lo más probable es que fuera huérfano, pero se ha apuntado que podría ser hijo de Don Juan Manuel de Portugal, padre del rey Don Sebastián, y una madrigaleña llamada María Pérez o María de Espinosa, doncella de los marqueses de Castañeda o de la infanta Juana, esposa del príncipe Juan; sería Gabriel por tanto hermanastro del rey Sebastián. Eso sin contar que pudiera ser, como afirmaba, el propio D. Sebastián vuelto de la muerte y tan añorado por los portugueses.
Los hechos comprobados dicen que en 1594 llega Gabriel a Madrigal, tras un largo periplo ejerciendo su oficio de pastelero (no con su acepción actual sino referido a pasteles de carne y empanadas), acompañado de una hija de dos años, Clara, y una mujer, Isabel Cid. Seguramente llamaría la atención que el nuevo pastelero dominara varios idiomas (al menos, francés y alemán), tuviese destreza a caballo y pareciese ser, en fin, algo más que un humilde oficial. Aunque tampoco es imposible que hubiera aprendido dichas habilidades en su trabajo tras la milicia del capitán Pedro Bermúdez, a la que siguió en campaña ejerciendo su oficio.
Por aquella época vivía también en Madrigal el personaje al que se apunta como urdidor del plan que debería llevar al pastelero a ceñirse la corona de Portugal. Se trata de Fray Miguel de los Santos, agustino portugués y vicario del convento de Nuestra Señora de Gracia el Real de Madrigal, que había sido confesor en la corte del rey Don Sebastián, habiendo apoyado al Prior de Crato en sus intenciones de suceder al rey Don Sebastián. Por ello había sido desterrado de Portugal y enviado a Castilla por Felipe II.
El tercer e imprescindible personaje de la trama es Doña María Ana de Austria, hija natural de Don Juan de Austria, capitán de los ejércitos españoles, héroe de Lepanto y a su vez hijo natural de Carlos I. Nacida en 1568 de sus relaciones con Dña. María de Mendoza, la niña había sido entregada para ser educada por Doña Magdalena de Ulloa. Ingresó en el convento de Agustinas de Madrigal a los seis años de edad, enviada por su tío Felipe II. Parece que no sentía vocación religiosa alguna, y que prefería las historias de aventuras, especialmente si se referían a su padre o a su primo Sebastián, al que, como muchos más en la época, creía vivo. De los interrogatorios del proceso posterior parece deducirse que esas ilusiones se veían afirmadas por el vicario del convento, Fray Miguel, que decía tener visiones en las que aparecían ella misma y su primo Sebastián uniendo sus vidas.
La trama - Uno de los puntos oscuros de esta historia se centra en el encuentro entre Fray Miguel y Gabriel. Quizá el fraile descubrió asombrado un gran parecido con su añorado rey Don Sebastián, quizá sólo era pelirrojo como él (algo poco habitual en Castilla) y de extrañas buenas maneras, y ello le dio la idea de iniciar una alambicada trama con el pastelero, que en cualquier caso (si por saberse el propio Sebastián o compinchado con el fraile para suplantarlo) estuvo de acuerdo con el plan.
Fray Miguel pone en contacto a Gabriel con la monja más ilustre de la localidad (tampoco está claro si Doña Ana creyó realmente en la reaparición de su primo Sebastián o si sólo lo vio como una oportunidad de escapar del convento y cumplir sus sueños de ser reina). Poco después ambos se prometían en matrimonio, condicionado por parte de ella a conseguir la dispensa de su voto por el Papa, merced que esperaría conseguir por ser su futuro marido rey de Portugal. Pronto comenzaron discretas visitas de nobles portugueses, que también dieron en “reconocer” al pastelero como su rey perdido.
Para continuar con el plan y dado que las habladurías cada vez eran más numerosas, el propio Gabriel parte de viaje a Valladolid, en posesión de unas joyas propiedad de Doña Ana. Quizá para convertirlas en dinero en efectivo para continuar con el plan; aunque también se apunta que iba hacia el norte a encontrarse con un hermano que la monja creía tener, para volver con él a Madrigal. Sin embargo el pastelero no se comporta precisamente como un noble: tras varios días mostrando las joyas y hablando con poco respeto del rey, es denunciado y hecho preso por Don Rodrigo de Santillán, alcalde del crimen en la Chancillería. La sorpresa es mayúscula cuando además de las joyas, se encuentran en su posesión cuatro cartas: dos de Fray Miguel en las que le trata de “Majestad” y otras dos de Ana de Austria, sobrina del rey Felipe II, en las que le trataba como su prometido e incluso no dudaba en llamar “hija” a la niña del detenido. No es de extrañar que el asunto se remitiera a la corte, directamente a Felipe II. Sólo habían pasado tres meses desde la llegada de Gabriel Espinosa a Madrigal.
Sea porque el asunto ya era conocido por Felipe II o no, la reacción fue inmediata. El propio D. Rodrigo viajó con sus alguaciles a Madrigal, haciendo encerrar a María Ana de Austria en sus aposentos, haciéndose con la documentación que obraba en su poder y prendiendo asimismo a fray Miguel. Y es entonces cuando el fraile revela su fantástico descubrimiento: el extraño comportamiento del pastelero se debe a que en realidad es Don Sebastián, el derrotado y desaparecido rey portugués. Como era de esperar, se instruye un proceso contra los detenidos por suplantación de la personalidad del rey.
Proceso, condena y muerte - Acusados de crimen de lesa majestad, ambos procesados fueron reiteradamente interrogados, algunas veces bajo tormento. Las preguntas, se centraban sobre todo en la identidad del suplantador. Pero poco dijo Gabriel de su vida y andanzas, sosteniendo que su verdadero nombre no era por el que se le conocía sino que lo usaba por ser el que aparecía en su título de pastelero. Su comportamiento es ambiguo, y va desde una pronta confesión de suplantación hasta la negación de la misma. El proceso era tutelado personalmente por Felipe II desde la corte, conservándose una cantidad ingente de correspondencia entre los comisionados y el propio rey.
Finalmente se sentencia a Gabriel Espinosa a morir en la horca el 1 de agosto de 1595. Su comportamiento durante la ejecución estimula aún más la leyenda: el orgullo de su mirada, la tranquilidad ajustándose la soga al cuello, la cólera con la que citó a D. Rodrigo, el hombre que lo detuvo, ante el Tribunal de Dios. Tras el ahorcamiento, Gabriel fue decapitado y descuartizado, exponiéndose sus despojos al pueblo en cada una de las cuatro puertas de la muralla, y la cabeza en la fachada del Ayuntamiento de la villa.
No corrió mejor suerte el fraile. Fray Miguel de los Santos también fue ahorcado en la Plaza Mayor de Madrid, una vez reducida su condición a la de laico. Tampoco el agustino dejó de contribuir al misterio, afirmado al pie de la horca que había creído firmemente que el pastelero era el rey (recordemos que él había conocido personalmente a Don Sebastián). Fue decapitado y su cabeza enviada a Madrigal.
Tampoco tuvo excesiva piedad Felipe II con su sobrina. Fue encerrada en estricta clausura en el convento de Nuestra Señora de Gracia, en Ávila. Su suerte cambió con la muerte del rey en 1598, cuando su sucesor y primo de la monja, Felipe III, la perdonó, retornando al convento de Madrigal del que con el tiempo acabaría siendo priora. Finalmente, en 1611 sería nombrada Abadesa Perpetua de las Huelgas Reales de Burgos, la mayor dignidad eclesiástica que podía concederse a una mujer de la época.
Conclusión - Hay pocas posibilidades de que el “pastelero de Madrigal” fuera otra cosa que un impostor seducido por el dinero fácil y de que su compinche Fray Miguel no encontrase en su parecido con el rey Sebastián la excusa perfecta para recuperar una posición política y quién sabe si arrebatar el reino a Felipe II, devolviéndole la independencia a su país natal. La coincidencia de ambos personajes con una María Ana de Austria, engañada o no, en Madrigal no hace sino engrandecer esta serie de casualidades, convirtiendo este episodio en uno de los más curiosos de la historiografía española. Pero también es cierto que es de difícil explicación cómo un pastelero pudo, en tres meses, estar prometido con la sobrina del rey, o qué fuerzas le impulsaron para mantener su actitud durante el proceso, hasta el mismísimo pie del cadalso.
Curiosidades - El tema del “pastelero de Madrigal” ha sido utilizado en varias obras literarias desde entonces, ya fuera para relatar el incidente o como inspiración general. Entre ellas destaca como la primera El pastelero de Madrigal, comedia del dramaturgo setecentista Jerónimo Cuéllar, así como la pieza teatral del poeta y dramaturgo del Romanticismo José Zorrilla Traidor, inconfeso y mártir (1849), la novela histórica de Patricio de la Escosura Ni rey ni roque (1835) y El cocinero de Su Majestad o El pastelero de Madrigal (1862) del folletinista Manuel Fernández y González, sin duda la más popular, pues a finales del siglo XIX vendió más de doscientos mil ejemplares de la obra.
miércoles, 13 de febrero de 2013
Las Médulas
En tiempos de la todopoderosa Roma, los guerreros Celtas, mandados por Medulio, estaban sometiendo a las Legiones Romanas, mandadas por Carisio a humillantes derrotas.
Medulio, tenia una bella hija, llamada Boremia, de la que se enamoro Carisio. Cansados de desastres, Roma, envío un Gran Ejercito y derrotaran a los Celtas. Durante la Batalla, un rayo mata a Medulio y la sangre de los Celtas muertos, se infiltro en la montaña convirtiéndose en oro y dando lugar a las Medulas.
Los Romanos, habían ganado la Batalla, pero perdieron la guerra, al esclavizar su Imperio en la extracción del Oro de las Medulas.
Finalizada la batalla, Carisio subió a las Montañas del Bierzo, a buscar a su amada Boremia, engañándola con la promesa de que había firmado la paz con su padre. Cuando llego al pueblo, comprobó que sus guerreros eran esclavos, el pueblo arrasado y el árbol sagrado del Tejo cortado.
Boremia, empezó a llorar y llorar, hasta que sus lagrimas hicieron un río, que se convirtió en lago y la arrastraron hasta el fondo.
Hoy día en la Noche de San Juan, hay quien dice, ver en el Lago de Carucedo a la Ondina Caricea, cantando canciones Celtas.
martes, 18 de marzo de 2008
El Paso Honroso (Castilla-León)

La historia registra el nombre de los valientes:
Lope de Estúñiga, Diego de Bazán, Pedro de Nava, Suero Gómez, Sancho Rabanal, Lope de Aller, Diego de Benavides, Pedro de los Ríos, Gómez de Villacorta; además del propio don Suero.
No contento con esta prisión y para verse libre de ella se proponía plantar durante treinta días sus tiendas y las de los caballeros que le ayudaban en el Puente de Órbigo, en pleno Camino de Santiago. Allí, él y sus mantenedores competirían contra los caballeros que acudiesen a la cita hasta romper 300 lanzas, treinta por caballero. Las damas que quisiesen atravesar el puente deberían dejar en prenda su guante derecho que habría de ser rescatado por sus caballeros en lid con los de Quiñones.
El día 11 de julio todo estaba listo para la fenomenal justa.
El 11 de Agosto, los defensores del paso sólo habían conseguido romper 166 lanzas de las 300 comprometidas y no aparecían más competidores.
Reunidos los jueces deciden dar por cumplido el voto y el Maestre de Armas libra a don Suero de su pesado collar. El escribano levanta acta de lo acaecido y los valerosos caballeros cruzan el puente que, desde entonces se llamará "Passo Honroso".
Ignoro como acabaron los amores de don Suero y la "fermosa doncella" pero cabe suponer que prendada de tanto valor cayese rendida en brazos del enamorado galán.
sábado, 15 de marzo de 2008
Tributo de las 100 doncellas (Castilla-León)

En la monarquía visigoda el rey era elegido por los nobles, pero siempre dentro de la familia de los primeros caudillos. Al morir el rey Silo (774-783), su esposa, Adosinda, de acuerdo con los magnates, eligió como sucesor a su sobrino Alfonso (después Alfonso II el Casto), hijo de Fruela (757-768), y fue nombrado legítimo rey de los astures. Pero Mauregato (783-789) se alió con Abderramán I, rey moro de Córdoba, para conspirar contra Alfonso y usurpó el trono poco después. Mauregato era hijo bastardo de Alfonso I el Católico probablemente con una cautiva musulmana; algunos historiadores han afirmado que el nombre de este rey significa «el hijo de la mora cautiva» (maura capta).
Evidentemente, Mauregato no tuvo conflictos con los musulmanes, más bien todo lo contrario. Las crónicas posteriores le culpan del tributo de las cien doncellas vírgenes (cincuenta fijasdalgo y cincuenta plebeyas) que, como agradecimiento a su colaboración, debía entregarle cada año, cosa que hizo durante los seis que duró su reinado. Al morir Mauregato, fue elegido rey otro hijo de Fruela, Bermudo, que era diácono.
Bermudo se negó a pagar el tributo, por lo que Abderramán juntó un poderoso ejército y vino contra él. Entretanto, Bermudo había abdicado en favor de su sobrino Alfonso II el Casto, quien ya había sido coronado en 783 cuando Mauregato lo destituyó. El ejército árabe devastó el indomable reino de Asturias y destruyó su capital, Oviedo, consiguiendo un inmenso botín, aunque su rey consiguió huir y ponerse a salvo. Durante su regreso triunfal a Córdoba, le salió al encuentro y le derrotó en la localidad de Lutos (quizás el actual caserío de Los Lobos, al suroeste de Grado). Entonces Abderramán y Alfonso firmaron una tregua según la cual se dejó de pagar el tributo de las cien doncellas.
De estas cien doncellas, correspondían cuatro a Carrión, que en este tiempo ya estaba fundada y repoblada. Fue en tiempos de su alcalde Martín Alfonso Coronel cuando sucedió el famoso milagro de los cuatro toros, que Morales relata de esta manera. Iban los moros cobrando el tributo de las cien doncellas por la vega de Carrión. Juntándose algunos toros, acometieron con tanta bravura contra el escuadrón de los moros que los desbarataron e hicieron huir, y quedaron las doncellas libres de su presidio. Alabando después a Nuestro Señor y dándole gracias por el insigne milagro, edificaron en su memoria una iglesia, llamada después Nuestra Señora de la Victoria, que es testimonio de todo esto.
Aunque hay autores que no dan credibilidad a este relato, hay indudables muestras de su veracidad en la fachada de la iglesia, hoy llamada de Santa María del Camino. En el arco de la puerta principal están talladas en piedra las doncellas y los toros, sin duda en recuerdo de dicho suceso, mantenido por tradición oral durante más de trescientos años (siglos IX-XII), así como cuatro capiteles en forma de cabeza de toro. Si no fuera así, no tendría explicación la causa de estas tallas y, además, resultaría ridículo y escarnecedor en un templo cristiano. Por tanto, resulta indudable que la iglesia se construyó con motivo de tan inolvidable milagro. Además, en la misma iglesia se conserva un cuadro del siglo XVII que ilustra el suceso y lleva una inscripción que lo relata, según la cual se celebraban dos procesiones y sermón conmemorándolo. El sermón, llamado de doncellas y toros, todavía tenía lugar en el siglo XVIII, pues lo cita expresamente Antonio Ponz en su Viaje de España.
En aquel lugar había una modesta ermita con una imagen muy antigua de Nuestra Señora, de madera policromada, llamada del Parral por una gran parra que había en la puerta. Cuando las doncellas iban a ser entregadas a los moros, al pasar por delante de la ermita volvieron la vista a la imagen y se encomendaron a la Virgen para que las librase de su situación, cosa que sucedió por mediación de los cuatro toros, como queda dicho.
Tanto la tradición como los historiadores dan por cierto que la construcción de la iglesia de Santa María se comenzó a principios del siglo IX, reinando Alfonso II el Casto, sobre los restos de una capilla bizantina. Al principio se llamó Santa María de la Victoria por el milagro relatado, y luego se llamó Santa María del Camino porque a su lado pasaban los peregrinos que iban a Santiago de Compostela. En años sucesivos, se estableció en la localidad la tradición de celebrar corridas de toros en la plaza de la iglesia y ofrecer los cueros a la Virgen, costumbre que se ha mantenido durante muchos siglos.





