Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Fisas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Fisas. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de abril de 2021

La retirada de Silvela

Comentaba el señor Nocedal en interpelación dirigida al Gobierno la retirada del señor Silvela y su renuncia a la jefatura del partido conservador.

—España —decía el orador integrista— aplaude con entusiasmo la resolución del señor Silvela; si todos los que han fracasado imitaran su conducta merecerían bien de la patria, porque sólo con irse dejarían a España en camino de posible salvación.

Carlos Fisas 

domingo, 28 de marzo de 2021

Vuelva usted mañana


Nombrado por el presidente del Consejo un aspirante a gobernador se presenta en casa de Sagasta:

—¿Qué gobierno se me adjudica, señor presidente?

—Huelva —contestó el interpelado.

Al día siguiente se publican los decretos y su nombre no figuraba en la lista.

Se presenta en casa de Sagasta.

—Señor presidente, me extraña que usted no haya cumplido su promesa.

—¿Qué promesa?

—La de nombrarme gobernador de Huelva.

—¿Pero cuándo he dicho yo eso?

—Ayer, señor presidente... al preguntarle dónde iba, usted dijo bien claro Huelva.

—i¡No, hombre, no! Fue una confusión de usted, yo le dije en efecto: Vuelva y, sin duda, usted entendió Huelva. No, no, vuelva, que vuelva usted...

Carlos Fisas 

sábado, 20 de febrero de 2021

El nombramiento del Gobernador


Romero Robledo deseaba vivamente nombrar gobernador a un íntimo amigo y correligionario. El amigo en cuestión carecía de condiciones legales, pero Romero a pesar de esta dificultad llevó el decreto a la Gaceta. Enterado el presidente del Consejo le amonestó amistosamente: —Pero, hombre, Romero, ¿cómo se le ha ocurrido a usted hacer este nombramiento si este señor carecía de aptitud legal?

—i¡Hombre! —replicó Romero—, pues para dársela.

—Pero si no puede ser, Romero —insistió el presidente.

—Pues entonces que dimita y hemos terminado.

El gobernador dimitió y a los ocho días Romero Robledo llevó al presidente un nuevo decreto nombrando gobernador civil a su íntimo.

—Pero, Romero, ¿otra vez?

—i¡Ah, mi querido presidente, otra vez; pero sin engaño!

El Decreto decía: «Vengo en nombrar gobernador civil a don..., ex-gobernador civil de...»

Y quedó nombrado.

Carlos Fisas 

martes, 5 de enero de 2021

La generosidad del Ministro


Una de tantas sublevaciones que tuvieron lugar en el pasado siglo fue capitaneada por un veterinario llamado Pérez del Blanco. Al fracasar se refugió en un piso de Madrid. 

Era en aquel entonces ministro de la Gobernación el marqués de Vega de Armijo, hombre de gran caballerosidad y de generoso corazón. Pérez del Blanco, sabiendo que se le buscaba para fusilarle, decidió un día terminar de una vez por todas. Se presentó en el Ministerio de Gobernación y pidió, con nombre falso, ser recibido por el ministro. Cuando estuvo ante él le dijo: —Sé, señor ministro, que su excelencia es un caballero incapaz de prender a un hombre que es muy buscado, para fusilarle. Por ello me presento aquí, soy Pérez del Blanco.

El ministro le contempló un instante y cogiendo un papel de la mesa firmó un salvoconducto que permitió a Pérez del Blanco trasladarse a Francia.

Carlos Fisas 

sábado, 2 de enero de 2021

Cánovas y Silvela



Deseaba Silvela, «la daga florentina», dividir la mayoría, pero, huyendo de proposiciones incidentales, se limitó en su discurso a lanzar una frase cruel contra Cánovas deslizada con intención, pero con aparente calma: —...Es preciso apoyar al Gobierno, es preciso soportarlo...

Vivamente airado. Cánovas se levantó y encarado con Silvela dijo: —Yo no estoy aquí para que me soporte nadie.

Y produjo la crisis total.

Carlos Fisas 

jueves, 18 de enero de 2018

Las carrozas del siglo XVII

La condesa d'Aulnoy  narra lo siguiente:
"Al  salir de aquella casa vimos  llegar dos carrozas,   tiradas  cada una por seis mulas,   que  se acercaban al galope más  rápidamente que briosos caballos. Sin verlo, nunca hubiera creído que las mulas  corrieran tanto, y después de haberlas visto, no me  sorprendió poco ver de que modo venían los tiros. Entre las dos carrozas y las doce mulas ocupaban, por lo menos, un cuarto de legua en el camino. Una de  las carrozas tenía seis cristales grandes y estaba construida como las francesas, excepto la imperial, que resultaba muy baja y, por consecuencia, incómoda. En el  interior había una cornisa de madera dorada tan grande como la de un aposento,  y todo lo exterior estaba dorado, lo cual sólo se permite a los embajadores y a los extranjeros. Las cortinas son de damasco, y el cochero, montado sobre una mula delantera, deja vacío el lugar que le corresponde en el pescante. Pregunté a don Federico de Cardona la razón de tal extrañeza, y me respondió que se había generalizado esta costumbre desde un día en que el cochero del Conde-Duque de Olivares oyó una confidencia secreta que hacía su señor a un amigo, y por haberla revelado motivó un asunto ruidoso, pues hasta descubrirse la verdad, el Conde-Duque culpaba de infiel a su amigo, y después de averiguado, se convino en ordenar como precaución que los cocheros montaran en la primera mula. Los tiros  son de  seda o de cuerda, tan sumamente  largos que las mulas distan entre sí más de tres varas. No comprendo como en tal disposición pueden correr tanto;   bien es verdad que, si en campo abierto galopan, en las calles andan muy despacio, y es la cosa más aburrida del mundo ir así en coche con el pausado andar de las bestias. Mi prima ocupaba la primera carroza con tres damas españolas. Los escuderos y los pajes iban en la otra,   que no reunía las mismas  condiciones. 
Las portezuelas eran como las nuestras antiguas, de las que se abren hacia abajo, de modo que cuando las damas quieren apearse sin enseñar el pie, se bajan las portezuelas hasta el suelo. Reciben luz interior a través de vidrios como dos veces la palma de la mano; la imperial de la carroza se cubre con barragán gris, con grandes cortinas de  la misma tela pendientes al exterior, y sujetas abajo con grandes botones. Todo contribuye a formar un desastroso conjunto,   y se va en tales vehículos encerrado como en un baúl."

(Carlos Fisas)

martes, 16 de enero de 2018

La devoción del Rosario

De la devoción y otras cosas
"En todas  las casas, a horas  fijas, el  servicio femenino acompaña a la señora a la capilla, donde rezan el rosario en alta voz. En general, no usan libro de oraciones.  El  conde de Charny, francés, amable, discreto y general de Caballería en Cataluña, nombrado por el Rey de España, me contaba que, estando un día en la iglesia, tenía en la mano durante la misa su libro de oraciones. Una vieja se le acercó, le arrebató el  libro, y después de arrojarlo al suelo con indignación, le dijo: "Dejad estas cosas y coged el rosario." 
Es de ver el uso constante que aquí se hace del rosario. Todas  las damas llevan uno sujeto a la cintura, tan largo que poco falta para que lo arrastren por el  suelo.   
Rezan al ir por la calle, y cuando  juegan al tresillo, cuando hablan y hasta cuando enamoran, murmuran o mienten, rezan, y recorren con sus dedos  las  cuentas del rosario. Figuraos cómo será en tales  circunstancias  la devoción; pero aquí es la costumbre más poderosa que todo razonamiento.

(Carlos Fisas)

domingo, 14 de enero de 2018

Napoleón opina sobre su hermano José

Cuando José Bonaparte, el rey intruso de España, tuvo que huir, Napoleón creía que toda la culpa la tenía su hermano y decía:
En mi ejército faltaba un hombre:  un general que lo mandase, y había un hombre de más: mi hermano José.
La frase es  injusta. En otras  circunstancias José Bonaparte hubiese sido considerado como un buen rey pues tenía ánimo generoso y abierto y quería dar a España un gobierno que hoy llamaríamos progresista;   lo malo fue que le impusieron por la fuerza y el pueblo español  se reveló contra él. Lástima también que el rey que anhelaban los españoles era nada menos que Fernando VII, el monarca más  felón, malvado, imbécil y mal nacido de todos los reyes españoles.

(Carlos Fisas)

miércoles, 10 de enero de 2018

Chocolate que no tiñe

"Chocolate que no tiñe claro está". Este refrán, hoy olvidado se refiere al desayuno habitual entre la gente de su época.
Pero, "¿Qué se tomaba para desayuno antes que se conociera el chocolate?
"Una taza de caldo o cazuela de sopa los unos, un vaso de leche los otros, mojando tal vez en ella un bollo o pedazo de torta o pan pintado, uno o dos huevos frescos pasados por agua, un poco de vino o aguardiente, con una rosca o zoquete de pan otras gentes; y una tostada o fruta de sartén, unas migas o unos torreznos con alguna fruta, ciertas clases acomodadas.
"Hemos  leído que el fecundo Lope de Vega, antes de comer los torreznos, que era como si dijéramos ahora tomar chocolate, había compuesto ya algunas veces un acto de sus comedias.
"Los torreznos son unos pedazos de tocino de  la nalga o pernil,   fritos. Se llamó torrezno, o torrendo,   porque  se tuesta y se asa en el  fuego, etc.
"En cuanto a las migas, todo el mundo sabe que  son pedacitos o migas de pan, fritas con aceite o manteca, más o menos condimentadas.

(Carlos Fisas)

viernes, 29 de diciembre de 2017

El Zapatero y el salmón - Madrid

"En la plaza Mayor, donde nos hemos detenido esta mañana para esperar la respuesta de un criado a quien mi prima envió con un mensaje cerca de allí, he visto a una mujer que vende rodajas de salmón y lo pregona desenfrenadamente. Molestaba con sus voces en elogio de la mercancía y por su insistencia en ofrecerla a todos los transeúntes. Al fin se acercó un zapatero y pidió una libra de salmón.
"-No habéis recurrido al mercado -le dijo la vendedora- porque os figuráis que mi salmón es cosa de poco precio, y cuesta un escudo la libra.
"El  zapatero, indignado de que así  se pregonara su pobreza, dijo en tono colérico:
"-En verdad, hoy desconocía el precio del salmón; si hubiese ido barato necesitaba una libra;  pero ya que va caro, dadme tres.
"Alargó la mano para soltar sus tres escudos y se la llevó después al sombrerillo para encajárselo hasta las cejas. (Las gentes de oficio llevan el sombrero de alas recogidas, y las personas de calidad lo usan muy ancho de alas.) Luego se retorció las puntas del bigote, y con la mano puesta en el puño de la tizona, cuya contera levantó el vuelo de la raída capa, tomó su compra y volvió a su tienda mirándonos altanero, como si hubiese realizado una heroicidad y fuésemos testigos de su valor.  Pero lo más curioso del caso es que, a buen seguro,   aquel hombre no tendría más dinero; gastaba en salmón el  jornal de ocho días, y aquella genialidad orgullosa debió tener por consecuencia que la familia del bravo español ayunara una semana, después de cenar una noche abundante pesca. Tal es aquí la gente. Algunos caballeros cogen unas patas de gallina y las dejan colgantes de tal modo que asomen por debajo de la capa, como si efectivamente llevasen una gallina, y lo que suelen llevar es hambre.

(Carlos Fisas)

martes, 19 de diciembre de 2017

El Duque de Arcos y el Rey de Portugal

El  duque  de  Arcos  pretendía  que  el  rey  de  Portugal  había  usurpado  la  Corona  que  a él  correspondía  por  derecho,  y  cuando  hablaba  del  Rey  de  Portugal  le  apellidaba sólo duque  de  Braganza.  
Tenía  cuarenta  mil  escudos  de  renta  en  Portugal,  y  no  los disfrutaba,  porque  no  quería  someterse  a  besar  la  mano  del  Rey,  cuyo  imperio  no reconocía,  ni  a  rendirle  homenaje.  El  Rey  de  Portugal  le  hizo  saber  que  le dispensaba  su  servicio  en  la  Corte  mientras  enviara  para  representarle  a  uno  de sus  hijos,  el  menor  o  el  mayor,  como  bien  le  pareciere,  y  de  este  modo  podría pagarle  su  renta  y  satisfacerle  sus  atrasos,  que  formaban  ya  sumas considerables.  El  duque  de  Arcos  no  quiso  ni  oír  hablar  de  tal  asunto,  y  dice que  después  de  haber  perdido  la  Corona  sería  vergonzoso  para  él  someter  a  la autoridad  del  usurpador  individuos  de  su  familia,  sin  más  objeto  que  cobrar cuarenta  mil  escudos  de  renta;  que  los  grandes  males  hacen  olvidar  los  pequeños, y  que  más  gloria  sería  para  el  Rey  de  Portugal  rendirse  a  su poderío  que  provecho  para  él  cobrar  una  renta  cuantiosa;  y  no  quería  ponerse  en el  caso  de  reprocharse  alguna  vez  a  sí  mismo  por  haber  otorgado  al  usurpador honores  que  no  le  debía. 

(Carlos Fisas)

sábado, 16 de diciembre de 2017

El orgullo del Condestable

El  Condestable  de  Castilla  posee  ciertamente  más  territorios  que  todos  los señores  de  la  Corte;  pero  como  no  se  preocupa  de  sus  intereses,  se  abandona, como  la  mayoría  de  sus  iguales,  a  una  molicie  negligente,  y  se  halla  con frecuencia  sin  dinero.  
Las  pensiones  que  le  asigna  el  Rey  por  ser  Decano  del Consejo  de  Estado,  Condestable  de  Castilla  y  Primer  Halconero  son  tan considerables,  que  bastarían  para  cubrir  sus  gastos;  pero  el  Condestable  de Castilla  es  tan  altivo  que  no  las  admite.  Dice,  para  razonar  su  proceder,  que cuando  un  hombre  tiene  lo  bastante  para  vivir,  no  debe  cobrar  los  oficios  que desempeña  en  servicio  de  un  príncipe,  y  se  juzga  pagado  y  dichoso  con  la satisfacción  que  servir  le  ocasiona,  porque  poner  voluntad  por  dinero  es convertirse  de  servidor  en  esclavo.

(Carlos Fisas)

jueves, 30 de noviembre de 2017

Un traje de viuda del siglo XVII

He aquí cómo se describe a una marquesa que acababa de enviudar:
"Es preciso que una mujer sea tan hermosa como la marquesa de los Ríos para conservar algún encanto envuelta en aquellas negruras. Negra era la toca; negro el vestido; negra la batista sin pliegues que caía más abajo de la rodilla; negra la muselina que le envolvía el rostro y le cubría la garganta, ocultando su cabellera; negro el manto de tafetán que la tapaba hasta los pies; negro el sombrero de anchas alas, sujeto en la barbilla por cintas de seda negra. Me han
dicho que el sombrero sólo se usa en viaje. Así visten las viudas y las dueñas, cuya envoltura es bastante para imponer miedo al más valiente y les da un extraño aspecto, a pesar de lo cual la joven marquesa estaba muy hermosa con su incómodo luto, que las damas españolas visten hasta que vuelven a casarse; y entre las muchas cosas que las viudas se ven precisadas a tener en cuenta en
este país, está el llorar a lágrima viva la muerte del marido, a quien algunas veces no habrán amado mucho. He sabido también que
pasan el primer año de luto en una habitación tapizada de negro, donde no se deja entrar un solo rayo de sol, y se sientan con las piernas cruzadas sobre un pequeño almohadón de tela de Holanda. Terminado el año se retiran a otra habitación cuyas paredes tienen tapices algo más claros, pero sin pinturas ni espejos, de los que no hacen uso las viudas, como tampoco de los servicios de plata ni de los muebles de lujo; es preciso que vivan tan retiradas como si
perteneciesen a otro mundo. Estas contrariedades son muchas veces ocasión para que las damas ricas vuelvan a casarse sin más objeto que disfrutar libremente de su riqueza."

(Carlos Fisas)

lunes, 16 de octubre de 2017

Una boda con dos novios - Y no eran gays

La boda se celebró en Ferrara y, aunque las cortes pontificias española y austríaca estaban de luto por la muerte de Felipe II, se suspendió la celebración del mismo durante los desposorios.
En la catedral el papa desposó a doña Margarita con el rey Felipe III, representado por el archiduque Alberto, y a continuación se celebró el casamiento del archiduque con la infanta Isabel Clara Eugenia, lo que dio lugar a un pintoresco espectáculo.
La infanta Isabel Clara Eugenia había dado poderes al duque de Sessa para que la representase en la ceremonia, por lo que, muy modosito, éste dio la mano al archiduque y los dos pronunciaron el "Sí, quiero" ritual.
Arrodillados los dos recibieron la bendición nupcial dada por el pontífice. Debía ser cosa digna de ver.
Por la noche se celebró en Ferrara un sarao y baile en honor de la nueva reina, pero ésta no se presentaba a la fiesta, enviando al pontífice una nota en la que le pedía que disculpase su ausencia debido a que por la mañana había comulgado y en los días en que lo hacía no asistía a fiestas. El papa la convenció diciéndole que no había ningún mal en asistir al baile, ya que, aparte de ser éste honesto, ella se debía a sus obligaciones como reina.

(Carlos Fisas)

domingo, 15 de octubre de 2017

Una novia para el príncipe

Los médicos de aquella época no conocían todavía los graves inconvenientes de la consanguinidad a la hora de procrear.
El archiduque Carlos, hijo del emperador Fernando I y primo hermano de Felipe, había fallecido siendo marqués de Stiria, dejando quince hijos a su viuda, entre ellos cuatro hijas llamadas Catalina, Gregoria, Leonor y Margarita, posibles candidatas a la mano del príncipe de Asturias.
De las cuatro, Leonor queda descartada por su mala salud, lo que no impedirá que sobreviva a sus tres hermanas.
Cuando se tienen noticias de que Felipe II está interesado en una de las princesas para esposa de su hijo, apresuradamente se llama a un pintor para que haga el retrato de las tres por separado y se envíen los cuadros a Madrid. Para poder identificar a las princesas, a modo de joya, se coloca en el cabello de cada una la inicial de su nombre: una C para Catalina, una G para Gregoria y una M para Margarita.
Cuando llegan los cuadros a la corte española, el rey indica a su hijo que escoja la que le parezca mejor y más atractiva, y entonces tiene lugar este curioso diálogo:
—Hijo mío, contemplad a vuestras primas y escoged a la que más os agrade. ¡Que el Señor guíe vuestro impulso!
—De ningún modo he de consentirlo, padre. Dejo el asunto en manos de vuestra majestad.
—Hijo, yo lo estimo, y con todo estimaré más lo que decidáis vos, puesto que ha de ser la compañera de vuestros cuidados y con quien os desahoguéis de ellos. Y como no quiero que os cueste el sonrojo de explicarme ahora la que elegís, llevaos los cuadros a vuestro cuarto, los reconocéis despacio, y el que más os agrade me lo remitís por medio de un gentilhombre, y en sabiendo vuestro gusto os lo restituiré.
—Yo, padre no tengo más elección que el gusto de vuestra majestad, quien se ha de servir de elegir, estando cierto que la que vos escogiereis, ésa me parecerá la más hermosa, y sin esta circunstancia no me parecerá la más perfecta.
No se puede imaginar conversación más absurda y que demuestre más a las claras la poca voluntad y personalidad del príncipe heredero.
Como dice muy bien González Cremona, el futuro Felipe III no estaba capacitado para gobernar. Y no por falta de capacidades propias, sino por la educación a que fue sometido por su padre.

(Carlos Fisas)

viernes, 13 de octubre de 2017

Los precios de la claque

Andrés Avelino Artís "Sempronio", relata en uno de sus libros, "Quan Barcelona portava barret", las tarifas de la claque en algún teatro. Antonio Gil y Corraliza, jefe de la claque del Liceo barcelonés, procedente del Teatro Real de Madrid, tenía la siguiente tarifa:
«Aplausos corrientes al final de cada acto, 10 pesetas. 
Por gritar "Tú solo" al final del segundo acto, 125 pesetas. 
Por cada subida de telón, 20 pesetas. 
Por cada "Chist" reclamando silencio, 15 pesetas. 
Por un "Admirable", 50 pesetas. 
Y así sucesivamente.»

(Carlos Fisas)



jueves, 7 de septiembre de 2017

Sinesio Delgado y el actor Juan Bonafé

En un teatro madrileño se estaba ensayando una obra de Sinesio Delgado, que, por desgracia, no era ningún portento. Actuaba como protagonista el actor Juan Bonafé, hombre chistoso y encantador, pero que en aquellos ensayos no daba pie con bola. Sinesio Delgado se lo reprochó:
-¡Hombre, Bonafé! ¿Cómo es que tú que en la vida corriente eres tan chispeante y gracioso y aquí estás tan desangelado? 
—Verá usted, Sinesio, es que en la vida el texto es mío.

(Carlos Fisas)

martes, 22 de agosto de 2017

La picaresca de las posadas

Un episodio curioso de la picaresca que se ejercía en los alojamientos del camino nos lo cuenta nuestra conocida condesa en los siguientes términos:
"Cuando quise acostarme, una criada me condujo a una galería llena de camas como si fuera un hospital. Yo sólo había pedido cuatro camas y consideré ridículo que me diese treinta, colocadas en lugar tan espacioso y ventilado,donde iba a helarme. Dijeron que aquél era el sitio más decente de la casa, por lo cual me conformé.
"Hice disponer mi cama, y cuando acababa de acostarme llamaron suavemente a la puerta. Mis doncellas abrieron y quedaron desagradablemente sorprendidas al ver entrar al posadero y a la posadera seguidos por una docena de miserables, tan andrajosos que casi iban desnudos. Aparté las colgaduras al oír el ruido para
observar lo que pasaba, y mis ojos descubrieron asombrados tan ilustre compañía.
La posadera se me acercó para decirme que aquellas buenas gentes iban a dormir en las camas sobrantes.
"-¡Cómo! ¿Dormir aquí? -le dije-. Debéis hablar en broma. "- Caro me costara -respondió- si dejase tantas camas vacías. Es indispensable, señora, si no queréis que mis nuevos huéspedes las ocupen, que os comprometáis a pagarlas.
"Podéis imaginar cuál sería mi despecho al verme de tal manera burlada. Estuve a punto de llamar a don Fernando y a los otros caballeros que me acompañaban, y que a una sola indicación mía hubieran echado por la ventana a los traficantes de aquel abuso; pero me apacigüé, para evitar las consecuencias de una situación inesperada"
"Después supe que los nuevos huéspedes eran lugareños acordados con los venteros para así burlar a oos incautos viajantes".

miércoles, 26 de julio de 2017

Felipe II y el labriego

Felipe II pasó los últimos tiempos de su vida en El Escorial. Allí gozaba de una soledad que no había podido gozar nunca en su laboriosa vida anterior. Un día, paseaba solo por los alrededores del monasterio. Se le acercó un campesino que pasaba por allí y se presentó:
—Caballero: me llamo Pedro Pérez y vivo no lejos de aquí. Si cualquier día os llegáis hasta mi casa, que es hacia allá, os prometo un vaso del mejor vino, de cosecha propia.
Felipe II correspondió a la presentación y al ofrecimiento.
—Yo me llamo Felipe II, soy rey de España y vivo corrientemente en Madrid. Si un día me visitáis en palacio, que es hacia allá, os prometo también un vaso de buen vino, aunque no de cosecha propia, pues no me dedico a esos cultivos.
No se sabe si alguno de los dos aceptó la invitación del otro.

(Carlos Fisas)

sábado, 15 de julio de 2017

El Médico Francisco Vallés

Conocíase en el palacio la fama del médico Francisco de Valles, y, en septiembre de 1580, habiendo enfermado gravemente Felipe II, fue llamado a su cabecera y, después de un ligero examen, ordenó que se le suministrase una enérgica purga. Opusiéronse a ello los médicos que lo cuidaban, por entender que la luna estaba en contraposición y, en consecuencia, la purga debía producir efectos contrarios y causar grave daño a la salud del monarca. Valles, con gran tranquilidad y un poco burlón, cerró las maderas de la regia cámara y dijo a sus compañeros:
—Daré yo la medicina a su majestad tan quedito, que la luna no se enterará.
Con esta y otras prescripciones, logró que al momento el rey se sintiera mejor y después convaleciera hasta que llegó a sanar, con lo cual fue nombrado Vallés primero médico de cámara y protomédico de los reinos y señoríos de Castilla.

(Carlos Fisas)