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miércoles, 13 de noviembre de 2019

El jamón indultado de Jaén


El relato se remonta al año mil novecientos dieciocho y se basa en una verdadera historia de amor cuyo protagonista es un jamón, si si, a un jamón, pero un jamón muy especial para el tabernero de este establecimiento. Su nombre era José María López Cruz, fundador de la misma, en noviembre de 1888. Como era conocido con el mote de “Gorrión”, pronto quedó bautizada su taberna, para sus parroquianos del barrio de la Catedral.
Este jiennense alternaba su profesión de bedel del antiguo instituto de la calle Compañía con el de tabernero, y era conocida su sabiduría o listeza en el juego de los naipes, pues, "sabía más que los gorriones".
Acababa de terminar la primera guerra mundial y visitaron la taberna "Casa Gorrión" de Jaén, un grupo de extranjeros entre los que figuraba un buen amigo del propietario de la taberna. En el grupo destacaba sobremanera la presencia de una mujer, de la que el buen señor que regentaba la taberna quedó prendado e hipnotizado por su belleza. La ninfa era rubia, no muy alta, pero esbelta y con unos ojos azules que penetraban la mirada del que osara cruzarse en ella.
El amigo le pidió que los atendiera en un discreto lugar del local. Por ello se los bajó a la bodega donde se respiraba ese aroma típico de un lugar de esas características.
El tabernero estaba con la garganta seca y hecha un nudo, y tuvo que esforzarse tremendamente para soportar la situación creada. La mujer se dio cuenta como es normal, dado el rostro del señor y sonriendo bajó la mirada y le liberó para que pudiera servirles lo que le habían encargado.
Estuvieron más de dos horas charlando y compartiendo experiencias a media voz y, en una de las veces que bajó para interesarse por si necesitaban algo más, ella con una voz entrecortada y chapurreando nuestro idioma se dirigió a él, mientras se señalaba una mancha muy aparente de grasa a la altura del pecho derecho. Procedía de "la pata de cerdo" que colgaba sobre el techo. El señor tabernero no supo como reaccionar y con la mirada cómplice de su amigo, la cual le hacía llegar que no se preocupara, se prestó a ofrecerle su vivienda de arriba para quitar la mancha. La mujer al no entender por temas idiomáticos lo que le quería decir, esperó a que un compañero se lo tradujera. Instantes después, sonrió, se levantó de su asiento y mirándole a los ojos como sólo ella sabía hacerlo, comenzó a subir escalones arriba dirección a la casa.
Una vez allí la dama se sentó donde se le indicó y tras buscar el hombre el quitamanchas y el cepillo de la ropa, se lo ofreció para que procediera a su limpieza. Ante el estupor del tabernero, la mujer le indicó que fuera el quién lo aplicara sobre la mancha. La mujer sonrió al ver la cara de vergüenza del hombre y le dijo con su sonrisa embaucadora que no lo dudara y procediera a frotar el tejido manchado. De ese modo comenzó tembloroso a limpiar la tela sobre su pecho que palpitaba tembloroso y acompasado. Le echó un poco de talco para que secara y se pudiera a continuación cepillar.
La siguiente reacción de la joven fue levantarse y acercándose al hombre, alargó sus manos a su cuello y con su cara sobre la de el le susurró: - Eres muy guapo - y le besó en los labios.
Cuando el hombre reaccionó y volvió en si, la mujer ya había bajado a la bodega junto a sus amigos.
Descendió el dueño hasta la bodega para darle el cepillo a su amigo (para cuando se secara la mancha) y al elevar su vista y ver ese jamón colgado y chorreando esa grasa que le había transportado de su cotidianidad a un sueño fantástico, le lanzó la mirada más agradecida que nunca nadie pudiera imaginar.
Algunos días después descubrió mediante su amigo, que esa hermosa mujer era una princesa rusa que pasó por Jaén, dirección Cádiz, desde dónde partiría rumbo a los Estados Unidos.
El efecto inmediato de nuestro protagonista fue el indulto de esa pata para el resto de los días, y allí se puede contemplar a día de hoy en una vitrina como el mayor de los tesoros.

Jaénpedia

viernes, 30 de junio de 2017

Taberna de Antonio Sánchez - Madrid

Fundada en 1830 por el torero del mismo nombre, es una de las más antiguas de la ciudad. Aquí todo es antiguo: el reloj 115 años, la caja registradora 130, las fotos de los toreros, las cabezas de toros disecados, los carteles con precios en céntimos. Pero todo merece la pena ser visto por la solera e historia que atesora cada rincón. La casa ha pasado por diversas manos y desde hace más de 20 años, permanece en las mismas. Hoy es una tasca museo, por la que no pasa el tiempo, detenido en las paredes y su barra de estaño.

Especialidades: La fama de sus tapas atrajo a la generación del 98. Caracoles, huevos estrellados, acelgas con almejas, tortilla de San Isidro (con bacalao y cebolla), pisto, morcilla con pasas, torrijas… Dése un paseo y aproveche para ver algo realmente histórico, donde grandes toreros rodeados de una corte de empresarios, artistas, calés y limpiabotas, alternaban con novilleros que recibían la lección con tragos de lo del pellejo de Valdepeñas.

(Madrid-Guía Gastronómica)

miércoles, 29 de marzo de 2017

Bodegas Ricla - Madrid

Bodegas Ricla, una de las más antiguas de la ciudad, 1910, aunque ya en 1867 se encontraba una bodega en este mismo local. Toda una institución. Permanecen imborrables a pesar del tiempo pasado: las tinajas de cerámica, instrumentos de la época, barra de estaño, grifos de latón, basares con antiguas botellas. Un auténtico “look vintage” de los que cada día gusta más a la gente. Su ambiente y la historia que destilan cada uno de los elementos, hoy ya decorativos, son muy ilustrativos. Emilio Lage la regenta con simpatía y se nota en la cordialidad del trato con los habituales.

Especialidades: Todos los productos son muy dignos. Los callos (solo librillo) aceptables, boquerones en vinagre (demasiado ácidos), cecina de León correcta, pincho de pan con tomate y bacalao, quesos, embutidos. También platos del día: judiones, cocido, albóndigas. Cañas bien tiradas, vermú y correcta selección de vinos.

jueves, 23 de marzo de 2017

El Anciano Rey de los Vinos - Madrid

Existe desde 1909. Aquí se toman vermús de grifo, vinos y tapas. Todo permanece inmutable: fachada, mosaicos y sabor añejo. Incluso siguen ofreciendo vino dulce de Tomelloso (“el anciano”) para las pastas, torrijas y pestiños.
Disfruta de terraza con jardín frente al palacio real.
Especialidades: Surtidos de ibérico, empanada de bacalao y pasas, calabacines rellenos, tiras de pollo al cabrales, ahumados, escabeches, soldaditos de Pavía, anchoas con tomate. “El anciano” lo acompañan con galletas de huevo, pestiños o torrijas.