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viernes, 11 de octubre de 2019

Diego Velázquez de Cuéllar

(Cúellar, España, 1465 - Santiago de Cuba, 1524) Conquistador español que dirigió la colonización de la isla de Cuba, de la que fue gobernador entre 1516 y 1524. Procedente de una ilustre familia, luchó junto a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, en el ejército español de Nápoles; posteriormente se estableció en Sevilla. Apenas un año después del descubrimiento de América, Diego Velázquez de Cuéllar tomó parte en el segundo viaje de Cristóbal Colón (1493), y, una vez en La Española (la actual isla de Santo Domingo), contribuyó a la pacificación de la mitad occidental de la isla.
En 1511 el entonces gobernador de La Española, Diego Colón, le confió el mando de una expedición a Cuba. En los años siguientes, Diego Velázquez dirigió la conquista y colonización de la isla de Cuba desde la base de Baracoa, fundada en 1512. En esta labor se mostraría muy comedido en su trato con los indígenas, y prefirió utilizar la diplomacia antes que las armas; intentó protegerles de los abusos de las encomiendas e impulsó el cultivo de la caña de azúcar para atraer a nuevos colonos.
Tras haber consolidado la posición española mediante el establecimiento de diversos enclaves, como La Habana, Bayamo, Sancti Spíritus y Santiago de Cuba, ciudad en que instaló su capital, Diego Velázquez centró su atención en la costa de Yucatán, lugar al que envió diversas expediciones, como las de Francisco Hernández de Córdoba (1517) y Juan de Grijalva (1518), que entraron en contacto con los mayas (la esplendorosa cultura maya había iniciado su decadencia el siglo anterior) y con otras poblaciones indígenas.
Nombrado adelantado de Yucatán por la corona española, Velázquez encargó a Hernán Cortés la conquista de los nuevos territorios mexicanos. En el último momento cambió de opinión, pero Cortés fingió desconocer la contraorden y zarpó rumbo a México. Enfrentado con Hernán Cortés, que desobedeciendo nuevas órdenes se había adentrado en tierra firme, y temeroso de su creciente prestigio, Velázquez realizó varios e infructuosos intentos de apartarle del mando de la expedición: envió contra él a Pánfilo de Narváez e incitó a Cristóbal de Olid a rebelarse. Pero ante la gloria creciente de Cortés, que en 1522 sería nombrado gobernador y capitán general de Nueva España, las reclamaciones de Velázquez cayeron en descrédito.

Biografías y Vidas 

sábado, 14 de septiembre de 2019

Ramón Argüelles y Alonso

Ramón Argüelles y Alonso fue un industrial y banquero asturiano, primer Marqués de Argüelles, conocido indiano particularmente en el oriente de Asturias.

Biografía
Nació el 24 de septiembre de 1832 en Garaña (Llanes, Asturias) y falleció el 22 de mayo de 1900 en Guane. Adquirió su fortuna, que Bahamonde Magro estima en más de 190 millones de reales, en Cuba. Dirigió como Presidente el ferrocarril de La Habana que fusionaría con el de Bahía, siendo elegido tras esta exitosa operación, por unanimidad, en 1893, Presidente del Banco de Comercio, Ferrocarriles Unidos y Almacenes de Regla.
Su carrera en lo relativo a los caminos de hierro en la "Perla de las Antillas" no acabaría aquí pues fue también presidente del ferrocarril de Cienfuegos. El Oriente de Asturias, a este respecto, subrayaría el apodo con el que era conocido en Cuba "Rey de los Ferrocarriles Cubanos". Además de estas empresas ferroviarias y bancarias, Argüelles contaba con una poderosa fortuna procedente del tabaco a través del banco Argüelles & Hnos fundado en 1849 gracias al cual pudo hacerse con la propiedad de vastas fincas de cultivo de tabaco en Vuelta Abajo, Pinar del Río. A través de la banca, Argüelles pudo iniciarse en el negocio del tabaco torcido ampliando posteriormente su negocio bancario y comercial, siendo su cartera de negocio muy superior a la del Banco Español de la Isla de Cuba. Fue, además, miembro del Consejo de Administración de El Diario de la Marina, "El Decano de la Prensa Cubana" y Consejero del Banco Español y Presidente del Centro Asturiano de la Habana entre 1896 y 1899.
Su actividad mercantil y su fama en Cuba le valió el título honorífico de Jefe Superior de Administración de Primera Clase y en 1895 sería elegido por la Reina como Teniente Alcalde de Cienfuegos. Unido a estas distinciones, presidió la Unión Constitucional en Cuba y si bien no ostentaría cargos políticos en la Isla, apoyó la candidatura de su yerno, Federico Bernaldo de Quirós y Mier, legítimo Conde de San Antolín de Sotillo, siendo su apoderado una vez éste fue elegido senador por la provincia de Pinar del Río.
Desarrolló una importante carrera militar, colaborando en la formación del Séptimo Batallón de Voluntarios de La Habana, pasando posteriormente al 4º de Ligeros siendo nombrando en 1874 Teniente de Guías del Capitán General.
Su mayor logro en este sentido, fue la fundación del Batallón Urbano, aunando voluntades y bajo cuya bandera defendió los intereses españoles en la Isla, contando nuestro país con las vidas y riquezas de las principales fortunas de Cuba. Mantuvo este Batallón de forma periódica contribuyendo con cuantiosas sumas que le merecieron el reconocimiento de buena parte de la prensa de la época quejosa de la falta de reconocimiento de las autoridades por sus esfuerzos.
En este sentido, el Oriente de Asturias, el 10 de mayo de 1896 se expresaba en estos términos: “Allí, en el Paseo del Prado, en correcta y brillante formación estaban unos 20.000 hombres, entre los cuales figuraban los más opulentos capitalistas de La Habana, junto a los jóvenes dependientes de las tiendas de tejidos, que, a su vez, alineaban con braceros modestísimos: que el patriotismo y la lealtad no son patrimonio exclusivo de los ricos. Jóvenes robustos, de espaldas atléticas, junto a hombres de edad madura, pero vigorosos, duros, con la agilidad de los niños y el aliento de los héroes”.
El 26 de octubre de 1896 recibió el título de Marqués de Argüelles, como reconocimiento a su apoyo a la Corona. Dándoles por armas, como subraya Alonso-Cardenas: "en campo de gules, cinco lises, de oro, puestas en aspa. Bordura de oro con siete cuadros de ceros de azur y plata".
La contribución de Argüelles a la causa española en Cuba continúo una vez otorgado el Marquesado pues ya en mayo de 1898, El Liberal recogía las donaciones de la aristocracia de la época a la Guerra Cubana. El Marqués de Argüelles donaría 10 millones de pesetas a la Guerra siendo el principal donante muy por encima del resto de personas que generosamente contribuyeron a la defensa de la Isla. En este sentido, destacar los principales donantes:
Marqués de Argüelles 10 millones de pesetas
Reina Regente y Real Familia 1,5 millones de pesetas
Marqués de Cayo del Rey 1 millón de pesetas
Duquesa de Castro Enríquez 500,000 pesetas
Marqués de Villamejor 250,000 pesetas
Marqueses de Urquijo, 
Marqueses de Casa Riera y otros 750,000 pesetas
Ese mismo año de 1898 entregaría al General Blanco 2 millones de pesos que se unirían a la previa donación. No abandonó Cuba tras la derrota en 1898 y tras la marcha del General Castellanos sería el Representante de España.
Casó el 27 de diciembre de 1868 con María del Rosario Díaz y Díaz Pimienta, que descendía por padre y madre de los Díaz Pimienta, linaje de la nobleza cubana que había sido agraciado con el marquesado de Villarreal de Burriel. De este matrimonio nació una sola hija.

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viernes, 30 de agosto de 2019

Marqués de Valdecilla

Ramón Pelayo de la Torriente, (1859-1932).
industrial y filántropo español nacido en Valdecilla, concejo de Medio Cudeyo (Cantabria) en 1850 y fallecido en la misma localidad en 1932. Con sólo catorce años, marchó a América e impulsó varios negocios en Matanzas (Argentina) y Cienfuegos (Cuba), donde se dedicó al negocio del azúcar sirviéndose de la más moderna tecnología. Tras el desastre de Cuba, volvió a España y fue honrado con el título de Marqués de Valdecilla y nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Central de Madrid, cuyo nombre en el pasado y en el presente es el de Universidad Complutense.
Dedicado a causas filantrópicas relacionadas con la educación, fundó varias escuelas, una de ellas en Medio Cudeyo, su tierra natal; el resto, en las localidades cántabras de Santiago de las Heras, San Salvador, Cicero, Cabárceno (Penagos) y en la leonesa de Riaño. Con todo, su fama como filántropo le viene de su decidido apoyo a la Universidad de Madrid, a la que, en primer término, hizo llegar la fabulosa suma de un millón de pesetas. Con parte de ese dinero, se hizo en 1928 el Pabellón Valdecilla, anejo al edificio de la Universidad en la madrileña calle de San Bernardo.
El edificio fue construido por el arquitecto Francisco Javier de Luque, quien tuvo el cuidado de seguir el estilo artístico de la propia sede universitaria. En 1975, pasó a este edificio la biblioteca central de la Universidad; en 1992, fue la primera biblioteca universitaria en abrir las 24 horas del día en periodo de exámenes; en 1995, cerró sus puertas para acometer una importante reforma que sólo concluyó en 2000, en que fue inaugurada oficialmente. Allí está depositado ahora todo el fondo antiguo de la Universidad Complutense de Madrid. Ligada a esta institución, existe una Fundación Valdecilla de la Universidad de Madrid, que, entre otras cosas, dotó una Cátedra Valdecilla.
En 1928, el Marqués animó la fundación de la que se conoce como Casa de Salud Valdecilla, que concluía un proyecto iniciado en 1918 y revisado en profundidad en 1925. Este sanatorio, con carácter benéfico, ocupó el lugar del antiguo Hospital de San Rafael, de 1791. La Casa de Salud no sólo hacía las veces de hospital sino que estaba pensado para acoger a los estudiantes de Medicina en la fase de especialización. En 1929, abrió sus puertas la biblioteca de referencia necesaria para desarrollar tareas docentes y de investigación. Hoy, el nombre de esta institución es el de Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, ligado a la Universidad de Cantabria. Ligada al Hospital queda la Fundación Pública Marqués de Valdecilla, que se ocupa de la gestión de ese centro en todos los órdenes.

Biografías

miércoles, 7 de agosto de 2019

Ramón Areces Rodríguez

Ramón Areces Rodríguez (La Mata, Asturias, 15 de septiembre de 1904 – Madrid, 30 de julio de 1989) fue un empresario español, segundo presidente de El Corte Inglés.

Biografía
Fue hijo de los agricultores Carlos Areces y de Jesusa Rodríguez, previamente cuñada y después segunda esposa de éste. Él estudió, primero en su pueblo natal y después en Grado. Debido a la situación familiar, en la que el trabajo de sus padres debía alimentar a un total de ocho hijos, en 1920 tomó una importante decisión: emigrar lo antes posible a Cuba junto a sus hermanos Manuel y Luis, después de conocer a su tío César Rodríguez González.

Cuba
Los tres hermanos embarcaron en el buque Alfonso XIII desde el puerto de Gijón y, a su llegada, su tío César le ofreció un puesto de trabajo cómo cañonero (aprendiz al que le ofrecían comida y alojamiento) en los almacenes El Encanto, dónde él era gerente.

Estados Unidos y Canadá
Cuatro años después, acompañó a su tío por Estados Unidos y Canadá con tal de mejorar las relaciones comerciales de la empresa, estudiar el mercado y abrir delegaciones en ambos países. En 1928 regresaron a Cuba, donde permaneció hasta 1935. Su tío ya no trabajaba en la empresa y, lo más importante, había estallado el crack del 29.

El Corte Inglés
En 1935 se instaló en Madrid y en diciembre tomó en traspaso una sastrería especializada en confección infantil. Este solar y los adyacentes los había comprado Sederías Carretas para la ampliación de Galerías Preciados, pero la intermediación y el apoyo económico de su tío César le permitieron utilizarlo hasta 1940, año en que se trasladó a la calle Preciados número 3 y se constituyó la sociedad limitada El Corte Inglés (se transformó en anónima doce años más tarde, en 1952).
Areces utilizó el modelo de la tienda El Encanto de La Habana, y los modelos anglosajones de grandes almacenes, distribuyendo las ventas por departamentos y, en los años 60, se abrieron sucursales en Barcelona, Sevilla y Bilbao.

Fallecimiento
En 1973 sufrió una hemiplejia que lo mantuvo en silla de ruedas, por lo que delegó sus funciones a su sobrino Isidoro Álvarez (sin que su situación le impidiera seguir acudiendo a su puesto de trabajo). Tres años más tarde, creó la Fundación Ramón Areces con el objetivo de fomentar la investigación científica y técnica en España, así como la educación y la cultura en general (valores que la institución considera motores fundamentales de progreso y modernidad de la sociedad). Es a esta fundación a la que acabó legando su participación en El Corte Inglés y la que actualmente es la accionista mayoritaria de la compañía, nombrando patrón vitalicio de ésta a su sobrino Isidoro. Ramón Areces falleció en 1989.
En la localidad asturiana de Grado existe, desde 1977, un instituto de ESO que lleva su nombre y al que su fundación concede becas.

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miércoles, 26 de junio de 2019

Julián de Zulueta

Julián de Zulueta nació en Álava en 1814 y murió en Cuba en 1878. Creó uno de los mayores imperios comerciales de la España tardocoloniai. 
Hacia 1860, Julián de Zulueta era el más importante traficante de esclavos de Cuba. Lo cual no era ninguna deshonra. Indicaba que don Julián era uno de los hombres más ricos de la isla. 
Emigrado a Cuba a los 18 años, comenzó a trabajar en el comercio de su tío y acabó siendo dueño de los mayores ingenios de azúcar cubanos. El clan de los Zulueta fue una multinacional cuyos ejes principales eran Londres, La Habana y Cádiz. Vendía el azúcar cubano en Europa, fletaba barcos y comerciaba con todo tipo de bienes, entre ellos los esclavos.

Vilanova

sábado, 15 de junio de 2019

José Manuel García Barbón

José Manuel García Barbón nació en Verín en 1831, en una familia acomodada, a pesar de lo cual salió para Cuba a la edad de 13 años reclamado, como se decía en aquel mundo de la emigración, por su tío Luciano, en aquellos momentos uno de los hombres más ricos de la isla.
Luciano no tenía descendencia y consideraba a su sobrino el heredero. Este, por su parte, resultó muy aplicado en asuntos mercantiles y pronto, cuando contaba con tan sólo 25 años, ya poseía un más que notable capital personal y pudo fundar en La Habana su propio banco.
Más adelante trabaría gran amistad con el vigués José Policarpo Sanz, diez años más joven, de orígenes más humildes, que también supo alcanzar en aquella Cuba gran éxito en los negocios. Otro de los personajes más adinerados de la colonia.
Mal podrían suponer ambos que muchos años más tarde la principal arteria del centro de Vigo llevaría sus dos nombres, dos calles una como continuación de la otra atravesando buena parte de la ciudad.
Al igual que su tío Luciano, José Manuel García Barbón se hizo masón y permaneció soltero. No debía ser fácil conjugar las decisiones propias de la banca – así como otros negocios muy antillanos – con el ejercicio de la filantropía; pero, al parecer, ambos lo consiguieron.
Fueron los principales impulsores de la Sociedad de Beneficencia de los Naturales de Galicia y del Centro Gallego de La Habana.
En el año 1884, siendo todavía joven, con 53 años de edad, García Barbón decidió liquidar todos sus negocios en Cuba y regresar a Galicia, parece que por problemas de salud. Su fortuna era por entonces inmensa.
Se instaló en su pueblo, Verín, donde permaneció a lo largo de 10 años, fundó escuelas y colaboró con largueza en obras de beneficencia. También promovió empresas como el Hotel Balneario de Cabreiroá y Electra de Verín.
Algunos opinan que abandonó Verín porque se sentía constreñido en un lugar aislado y pequeño; y otros señalan que a ello colaboró el sentirse molesto por la incompresión de sus vecinos y porque, en un momento político dado, fueron talados los árboles de una alameda que él había plantado para el pueblo.
El caso es que en 1894, con 63 años, emprendió en Vigo una nueva etapa junto con su hermana Carlota y las cuatro hijas de ésta, que luego serían sus herederas.
Adquirió una extensa finca sobre la que hoy es su calle, en las proximidades de La Calzada, la llamó Vista Alegre y allí construyó dos magníficos palacetes, uno para él y otro, de mayor tamaño, para la familia de su hermana.
Una parte de su fabulosa fortuna la invirtió en comprar propiedades y en levantar algunos espléndidos edificios, de los más destacados de la época.
Cuando había alcanzado los 78 años, falleció el 7 de Marzo de 1909. Dicen las crónicas que a su entierro acudió una gran parte de la población, unas veinte mil personas.
El gran duelo que manifestó toda la ciudad se debió a que en los quince años que pasó en Vigo, José Manuel García Barbón se prodigó en obras de caridad, tanto a nivel colectivo como individual, ayudando a las numerosísimas personas que acudían a visitarle a su finca de Vista Alegre.
También construyó a sus expensas, en el año 1900, la Escuela de Artes y Oficios, que primero dotó de contenidos y después donó al Ayuntamiento. Y quiso colaborar con la cultura a través de la recuperación del Teatro Rosalía Castro, en la calle Marqués de Valladares, que permanecía abandonado.
Un año después del fallecimiento de García Barbón, en el mes de Febrero de 1910, tras una función de Carnaval, ardió aquel teatro que había sido una de sus empresas más queridas. Tanto que sus sobrinas decidieron encargar al gran arquitecto Antonio Palacios un espectacular edificio para sustituir al anterior.
En 1913 comenzaba su construcción, que se prolongó más de una década, para ser inaugurado el 23 de Abril de 1927. Una gran estructura, una sólida joya arquitectónica.
Este Teatro García Barbón es, no cabe ninguna duda, nuestro edificio más emblemático. Y es, sobre todo, el espléndido y duradero legado póstumo de José Manuel García Barbón a la ciudad.

Vigoempresa

miércoles, 5 de junio de 2019

Facundo Bacardí Massó

Facundo Bacardí Massó nació en Sitges, Barcelona en 1814 y murió en Cuba el 9 de mayo de 1886. Fue un empresario español.
Era hijo de un comerciante de vinos de Sitges que en 1830 marchó con su familia a Cuba. Tras establecerse en Santiago de Cuba, Facundo prosperó en el mismo negocio que su padre. En 1843 se casó con Amalia Victoria Moreau.
Desde 1852 comenzó a experimentar con el proceso de destilación del ron para obtener una bebida más suave. Finalmente dio con una fórmula satisfactoria (inédita en el mercado) y tras adquirir una antigua destilería en Santiago, el 4 de febrero de 1862 fundó la empresa Bacardí (cuyo símbolo ha sido desde entonces un murciélago) para fabricar y vender el nuevo producto. 
Sus hijos José, Emilio y Facundo colaboraron activamente en este negocio familiar. Los dos últimos apoyaron públicamente la insurrección independentista de 1868, lo que ocasionó que la empresa tuviera algunos problemas con las autoridades.
La marca Bacardí obtuvo en 1876 la Medalla de Oro de la Exposición de la Exposición Universal de Filadelfia (EE.UU.) y posteriormente otros prestigiosos reconocimientos en Europa, Estados Unidos y Cuba. 

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lunes, 3 de junio de 2019

Antonio López - Marqués de Comillas

Antonio López nace en Comillas en el año 1817, en el seno de una humilde familia, pasando sus primeros años en el barrio de Sobrellano, uno de los más antiguos de Comillas. 
Siendo un niño, queda huérfano de padre y se ve obligado a marchar a Andalucía a casa de unos parientes. Su estancia en esas tierras no duró demasiado, volviendo a Comillas poco después.
En la adolescencia emigra a Cuba, donde empezará a trabajar como recadista, montando después su propio negocio. Pronto conocerá y se codeará en Cuba con empresarios españoles, fundamentalmente catalanes. Uno de ellos será Andrés Bru, padre de Luisa, su futura mujer.
Sus negocios y su matrimonio le permitirán convertirse en uno de los hombres más influyentes de finales del siglo XIX. Entre sus más de doscientas empresas destacaron el Banco Hispano Colonial, la Compañía General de Tabacos de Filipinas y la Compañía Trasatlántica.
En 1853, a consecuencia de varios terremotos y del cólera que se había extendido en Cuba, decide volver a España con su familia y  fija su residencia en Barcelona.
A partir de este momento acude de forma periódica a Comillas, invitando en el año 1881 al propio Alfonso XII a pasar sus vacaciones en esta villa. El rey acepta, agradecido por el apoyo que durante años había recibido de Antonio. Apoyo económico, ya que le había prestado una ingente cantidad de dinero y también logístico, pues le había facilitado sus barcos para combatir las revueltas que tuvieron lugar en África y Cuba. Este agradecimiento fue acompañado también con su nombramiento como Primer Marqués de Comillas y como Grande de España.
La visita real y el papel de Antonio López como indiano enriquecido que quiere beneficiar a su pueblo, supuso una gran transformación para la Villa de Comillas, ya que para la ocasión se trasladaron a Comillas arquitectos y artistas catalanes, que además de engalanar el pueblo, pusieron el germen del modernismo catalán en la villa, a través de la construcción de edificios monumentales como el Palacio de Sobrellano, la Capilla-Panteón o la Universidad Pontificia.
Pero además de su papel de mecenas y de ser el precursor de una gran fiebre constructiva en la villa, fue también el artífice de otra gran transformación de la misma. Antonio, quiso hacer de la villa un lugar de descanso y veraneo. Lo consiguió frenando la tendencia ascendente de la industria minera en la localidad e impulsando actividades menos impactantes paisajísticamente como las cordelerías o alpargaterías.
Antonio López, muere en el año 1883.

Ayuntamiento de Comillas

sábado, 30 de septiembre de 2017

El primer ferrocarril de España

¿Cuál fue el primer ferrocarril español? ¿Barcelona-Mataró? No. En contra de la creencia generalizada, el primer ferrocarril español se construyó al otro lado del “charco”, en la isla de Cuba, en los restos del antaño gigantesco imperio español. Cuba fue durante el siglo XIX, hasta la guerra de independencia que significó la pérdida de la isla para España, una provincia de ultramar. Cuba, como Filipinas y Puerto Rico mantenían las mismas ventajas e inconvenientes que el resto de provincias españolas.
Cuba era una importante fuente de ingresos para la Corona hispana. Producía café, tabaco y sobre todo azúcar, cuyos emolumentos llenaban las arcas del Estado. No podemos olvidar que la mitad de la producción azucarera mundial procedía de Cuba. Por ello, y por otras causas, EEUU tenía el ojo puesto en la Perla del Caribe.
La idea de construir un tendido ferroviario en la isla se puso en marcha ya en 1830. Ese año, Marcelino Calero propuso sustituir el tradicional y lento transporte de carros tirados por mulas por una novedosa línea férrea. Calero era un emprendedor industrial extremeño con residencia en Londres y conocía las locomotoras de vapor y sus ventajas en Gran Bretaña. Sin dudarlo, Calero puso su experiencia ferroviaria a disposición de las autoridades coloniales cubanas y una propuesta de línea férrea, que fue vista con buenos ojos. La industria azucarera veía frenada su expansión por los problemas de transporte hacia los puertos isleños desde el interior de la isla, donde se encontraban la mayoría de las plantaciones. Los principales puertos cubanos desde donde se exportaba la producción azucarera se encontraban en La Habana y Santiago. Calero se puso en contacto con el presidente de la Real Sociedad Patriótica de La Habana y con el gobernador de la isla, Francisco Dionisio Vives, al que entregó una detallada memoria de su proyecto. Era el peldaño inicial en la construcción del primer ferrocarril español.
El gobernador y capitán general de Cuba Vives estaba interesado en el proyecto de Calero y envió instrucciones en junio de 1830 a la Sociedad de Amigos del País para que estudiasen las ventajas que una línea férrea podía aportar al desarrollo de la industria del azúcar, y en concreto a su exportación. Se propuso la construcción de un primer camino de hierro entre La Habana y Güines, si bien Vives recomendaba extender el ferrocarril a otras zonas de la isla. Se creó en julio de 1830 una comisión para estudiar la propuesta presidida por el propio gobernador. El 23 de enero de 1831, la comisión emitió un dictamen que permitía la construcción del primer ferrocarril español, cuyo primer tramo se extendería entre La Habana y Güines.
La búsqueda de accionistas que se hiciesen cargo de la financiación fue complicada, pues el ferrocarril, como todo lo novedoso, todavía no contaba con demasiados partidarios. Y el proyecto era caro. Por fin en julio de 1833, la Comisión de Caminos de Hierro presentó un nuevo presupuesto que reducía los costes del anterior, desde 7.000.000 a 1.700.000 pesos. Y lo más importante es que auguraba unos beneficios anuales de 200.000 pesos. Los emprendedores con posibles comenzaron a animarse a partir del préstamo concedido por un comerciante de Londres, Alexander Robertson. Para amortizar el millón y medio de pesos del préstamo puesto en la mesa por Robertson, se emitieron 1985 obligaciones o bonos al portador. Ahora sí que estaba el proyecto en marcha. Pero de verdad. Los ingenieros estadounidenses Alfred Cruger y Benjamin Wright fueron contratados para un proyecto que por fin comenzó en marzo de 1836. El 17 de noviembre de 1837 se inauguraba el primer tramo: La Habana-Bejucal, de 17 millas.
Hubo problemas, cómo no: las locomotoras Novelty eran lentas y de mantenimiento complejo, debido sobre todo a la orografía y al clima isleños. En tres años, las ocho locomotoras que los promotores habían comprado con gran esfuerzo quedaron fuera de combate, con lo que hubo que adquirir otras nuevas, importándolas de Filadelfia (EEUU). No obstante, a pesar de los inconvenientes, se descubrieron las ventajas del invento, y pronto los productores de caña de azúcar de la isla desearon embarcarse en el negocio ferroviario. En 1842 se formó con capital cubano la Compañía de los Caminos de Hierro de La Habana. Posteriormente se crearon otras sociedades con capital español peninsular, radicadas en torno a Matanzas, cuyo puerto exportaba gran cantidad de azúcar. Se crearon nuevos trazados ferroviarios en la isla durante el resto del siglo XIX: ferrocarril de Santiago (1861), de Guantánamo (1877) o el de San Cayetano a Viñales (1888).

(Rutas con Historia)

viernes, 30 de diciembre de 2016

Capitanía General de La Habana

La Capitanía General de La Habana recibió notable incremento cuando se dictó la Ordenanza de libre comercio y se promulgó una disposición sobre el tráfico de negros (1790), así como cuando, mediante la Paz de Basilea, España cedió a Francia toda la isla de Santo Domingo, cuya población española, en gran número, abandonó aquel lugar y se dirigió a Cuba. La isla tenía entonces alrededor de 280.000 habitantes. Su famoso Arsenal era un punto de apoyo indispensable para la defensa y el comercio del imperio colonial hispano. El comercio y cultivo de café, cacao, índigo, azúcar y tabaco sustituía por su excelencia la falta de minerales preciosos. Su posición estratégica hizo a la isla objeto de la codicia de ingleses, franceses y holandeses, especialmente de los primeros. En torno de ella se libraron numerosas batallas navales. Uno de sus capitanes generales, don Luis de las Casas, hizo más por el progreso de la isla que muchos otros gobernantes. Tuvo La Habana, Universidad desde 1728, y un gran Colegio de San Carlos, rehecho sobre los vestigios de las instituciones jesuíticas, en 1773.
Las islas de Santo Domingo y Puerto Rico, pertenecientes al dominio español, experimentaron mil vicisitudes a causa de su posición isleña. A la primera, que teóricamente dependía del virreinato de Nueva España, le tocó sufrir las consecuencias de la guerra entre la Metrópoli y Francia y pasar a ser, temporalmente, parte del imperio francés.

(Luis Alberto Sánchez, Breve Historia de América)

viernes, 5 de abril de 2013

Eloy Gonzalo - Cascorro

Para los madrileños fue Eloy Gonzalo, el héroe de Cascorro, el personaje popular más importante de la guerra de Cuba. Su historia y leyenda se confundieron, incluso en la estatua levantada en la plaza que lleva su nombre.

Nacido en 1868 en el día de San Eloy, razón por la cual en la inclusa donde fue recluido le impusieron ese nombre, se incorporó al cuerpo de carabineros y luego al ejército. Fue destinado al Regimiento de Infantería María Cristina número 63, en la localidad de Puerto Príncipe, Camagüey, en Cuba, adonde llegó en noviembre de 1895.

En septiembre del año siguiente, una partida de unos tres mil insurrectos cercó la pequeña población de Cascorro. La situación del destacamento español era tan difícil que se hacía necesario volar un bohío desde el cual les causaban graves daños. Eloy Gonzalo se presentó voluntario para prender fuego a la posición de los insurrectos cubanos, atado con una cuerda, de modo que, si caía muerto, su cuerpo pudiera ser recuperado. Armado con su fusil y una lata de petróleo, se deslizó hacia las posiciones insurrectas, como señaló con posterioridad un romance de ciego:

Mi capitán, necesito
una lata de petróleo,
una caja de cerillas
y despedirme de todos.
Que me aten con una cuerda
y me arrastren hacia el fuerte;
no quiero que mi cadáver
los insurrectos se lleven.

Eloy Gonzalo regresó indemne a su posición y meses después falleció a causa de las fiebres en la ciudad cubana de Matanzas, pero la leyenda de su heroísmo ya había adquirido vida propia.