El Groc, conocía cada palmo del terreno de la comarca, sabia todos los buenos escondrijos, uno de ellos el carrero de la Pardala. Un día estaba en la Balma, Zorita, vio a los maulets que iban a por él, confiados porque sabían que no tenia escapatoria, pero el Groc vio una sabina (que aun hoy existe) que nacida en la roca en medio del precipicio, y trepando por ella se les escapó. Era muy querido y buen bracero. Cuando los masoveros amigos sabían que lo estaban buscando le decían: No vengas en dos o tres días, no tenemos por ahora trabajo para ti. El se escondía. Uno de sus escondites más frecuentes era un centenario ciprés que estaba en la ermita dedicada a San Jose, a escasos cien metros dirección sur de Forcall. Se escondía durante el día, bajaba cuando se hacía de noche Cuan íbamos a paseo algún domingo con el abuelo me decía: Ves, ese es el ciprés donde se escondía El Groc. Es el ciprés del Groc".
"Para ser guerrillero, manejas muy bien el par de mulas arando y sembrando." "¡Va! contestaba, cuando se ha estado en el frente, esto vuestro es coser y cantar".
Un día que estaba en Castellfort le dijeron que había trabajo para él en el Mas de Torres, nuestro héroe que había trabajado con tantos masoveros honrados y agradecidos, no sospechó que este habría de ser su último trabajo, ya que el que le busco, en complicidad con su esposa, y por una recompensa, como moderno judas lo había vendido. Mientras cargaban estiércol de las ovejas en un carro, los guardias le salieron por sorpresa y le preguntaron si era el Tomas Peñarroya apodado el Groc. "El mismo", contesto, ni tiempo tuvo de darse cuenta de la trampa. Un tiro en la cabeza acabo con su vida. Lo cargaron en una caballería llevándolo al pueblo donde expusieron su cadáver en la cruz de término e hicieron una gran fiesta. Pero no todos se alegraron, Algunos que le habían tratado decían de él que era muy valiente y trabajador.
(El Blog de la Seu dels Ports)
De todo un poco. Leyendas, tradiciones e historias curiosas de todas las regiones de España. Unas son verdad y otras no tanto.
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sábado, 25 de noviembre de 2017
sábado, 8 de julio de 2017
Francisco Abad "El chaleco"
Francisco Abad Moreno nació en Valdepeñas el 24 de abril de 1788 y falleció en Granada el 21 de septiembre de 1827. Fue un famoso guerrillero de la Guerra de la Independencia Española y coronel del ejército regular, apodado El Chaleco.
Los franceses mataron a su madre y a su hermano, entre otros familiares, en la Contienda de Valdepeñas el 6 de junio de 1808. Francisco Abad se echó al monte para proseguir la lucha. Comenzó en 1809 en las guerrillas toledanas del teniente José Cacho en Villanueva de Bogas (Toledo), y ese mismo año pasó a la partida de José Miguel Villalobos en Valdepeñas. El 20 de febrero de 1810 formó la suya propia en Cañada de los Frailes. De ella formaron parte también su compañero y lugarteniente Juan Vacas y otros guerrilleros de Valdepeñas como Juan Toledo, que llegaría a ser general de ejército regular, o Lorenzo Requena. Con ella ejecutó no menos de 78 acciones de guerra, en el curso de las cuales llegaron a reunir más de 400 caballos. Se le atribuyen 1400 bajas provocadas a los franceses.
El general Castaños le expidió despacho de coronel, que hizo efectivo el 27 de septiembre de 1812.
Desconfiando de él, el rey Fernando VII lo retiró del servicio en 1817. En efecto, conspiró con otros liberales en su casa de Madrid, donde fue sorprendido el 3 de marzo de 1820 con otros tres jefes más. Condenado a muerte, fue llevado al cuartel del Pósito y de allí a Valladolid, donde en 1820 se le puso en capilla para ser decapitado. Le libraron los estudiantes al grito de «¡Viva la Constitución! ¡Viva nuestro caudillo el coronel Chaleco!», pues al triunfar Rafael del Riego salvó la vida el mismo día que se había programado para su ejecución.
Con el nuevo sistema fue ascendido a brigadier. Nombrado Comandante General de La Mancha, en apoyo del Trienio Liberal y la Constitución de Cádiz luchó contra los insurrectos absolutistas de la provincia, en particular contra la de Manuel Adame, «el Locho», al que derrotó varias veces. Disolvió también la partida de Pedro Zaldívar, a quien dio muerte el capitán Froilán Manjón en Porzuna en 1822.
Ingresó en la Sociedad Secreta de los Comuneros y fue su castellano en la Merindad de La Mancha.
En 1823 cayó el Régimen Constitucional y capituló en Almedina (Ciudad Real) ante el coronel Duque de Berri. No obstante, se le formó causa por comunero, pero se acogió al indulto el 1 de mayo de 1824. Poco después Manuel Adame, el Locho, le acusó de haber asesinado a varias personas después de una acción en la Venta de Bienvenida, al parecer falsamente. Pero los odios realistas se impusieron y los alcaldes Francisco Molina y Víctor Llorente buscaron testigos falsos con la colaboración del abogado Francisco Jalón.
Conducido a Granada, el Regente de la Chancillería, José Salelles y Palos, le condenó a muerte, siendo ahorcado y luego decapitado en la Plaza del Triunfo de Granada el 21 de septiembre de 1827.
Según se dice, su cabeza fue expuesta en madero enfrente de la Venta de la Bienvenida.
Dejó viuda, Sacramento Muñoz, y cinco hijas huérfanas de corta edad, que fueron duramente perseguidas y maltratadas por órdenes reales.
Se conservan en el museo municipal de Valdepeñas las cartas de amor que se escribían él y su mujer durante su encarcelamiento; incluso una conmovedora carta de despedida (esta carta se encuentra realmente en el Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real).
Se conserva su efigie grabada por Brandi en Junta de Iconografía Nacional, Guerra de la Independencia. Retratos. Madrid, 1908.
Los franceses mataron a su madre y a su hermano, entre otros familiares, en la Contienda de Valdepeñas el 6 de junio de 1808. Francisco Abad se echó al monte para proseguir la lucha. Comenzó en 1809 en las guerrillas toledanas del teniente José Cacho en Villanueva de Bogas (Toledo), y ese mismo año pasó a la partida de José Miguel Villalobos en Valdepeñas. El 20 de febrero de 1810 formó la suya propia en Cañada de los Frailes. De ella formaron parte también su compañero y lugarteniente Juan Vacas y otros guerrilleros de Valdepeñas como Juan Toledo, que llegaría a ser general de ejército regular, o Lorenzo Requena. Con ella ejecutó no menos de 78 acciones de guerra, en el curso de las cuales llegaron a reunir más de 400 caballos. Se le atribuyen 1400 bajas provocadas a los franceses.
El general Castaños le expidió despacho de coronel, que hizo efectivo el 27 de septiembre de 1812.
Desconfiando de él, el rey Fernando VII lo retiró del servicio en 1817. En efecto, conspiró con otros liberales en su casa de Madrid, donde fue sorprendido el 3 de marzo de 1820 con otros tres jefes más. Condenado a muerte, fue llevado al cuartel del Pósito y de allí a Valladolid, donde en 1820 se le puso en capilla para ser decapitado. Le libraron los estudiantes al grito de «¡Viva la Constitución! ¡Viva nuestro caudillo el coronel Chaleco!», pues al triunfar Rafael del Riego salvó la vida el mismo día que se había programado para su ejecución.
Con el nuevo sistema fue ascendido a brigadier. Nombrado Comandante General de La Mancha, en apoyo del Trienio Liberal y la Constitución de Cádiz luchó contra los insurrectos absolutistas de la provincia, en particular contra la de Manuel Adame, «el Locho», al que derrotó varias veces. Disolvió también la partida de Pedro Zaldívar, a quien dio muerte el capitán Froilán Manjón en Porzuna en 1822.
Ingresó en la Sociedad Secreta de los Comuneros y fue su castellano en la Merindad de La Mancha.
En 1823 cayó el Régimen Constitucional y capituló en Almedina (Ciudad Real) ante el coronel Duque de Berri. No obstante, se le formó causa por comunero, pero se acogió al indulto el 1 de mayo de 1824. Poco después Manuel Adame, el Locho, le acusó de haber asesinado a varias personas después de una acción en la Venta de Bienvenida, al parecer falsamente. Pero los odios realistas se impusieron y los alcaldes Francisco Molina y Víctor Llorente buscaron testigos falsos con la colaboración del abogado Francisco Jalón.
Conducido a Granada, el Regente de la Chancillería, José Salelles y Palos, le condenó a muerte, siendo ahorcado y luego decapitado en la Plaza del Triunfo de Granada el 21 de septiembre de 1827.
Según se dice, su cabeza fue expuesta en madero enfrente de la Venta de la Bienvenida.
Dejó viuda, Sacramento Muñoz, y cinco hijas huérfanas de corta edad, que fueron duramente perseguidas y maltratadas por órdenes reales.
Se conservan en el museo municipal de Valdepeñas las cartas de amor que se escribían él y su mujer durante su encarcelamiento; incluso una conmovedora carta de despedida (esta carta se encuentra realmente en el Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real).
Se conserva su efigie grabada por Brandi en Junta de Iconografía Nacional, Guerra de la Independencia. Retratos. Madrid, 1908.
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