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sábado, 22 de julio de 2017

La cabeza de Borrell II - Barcelona

Corrían los postreros años del siglo x. En Barcelona reinaba el cuarto conde soberano, Borrell II. En ese tiempo, el poderío del islam había crecido, impulsado por la temida espada de Almanzor, el caudillo de Hixem II. Al frente de sus caballeros salió el conde Borrell, dispuesto a atacar el castillo de Gante. Mas en su ausencia, Almanzor cercó con un escogido y numeroso ejército a Barcelona. Al frente de los sitiados estaba sola la esposa de Borrell, Ludgarda, a la que todo el pueblo adoraba por su bondad y belleza.
El cerco de los árabes se había ido estrechando, hasta colocar sus centinelas avanzados en el mismo muro. Los defensores desesperaban de poder resistir si no regresaba el conde Borrell con sus quinientos caballeros. Las atalayas espiaban, incansables, el horizonte, para anunciar la llegada de los caballeros; mas todo era en vano. La condesa permanecía horas y horas en los baluartes, y, cansada y rendida de angustia, volvía al palacio para intentar un descanso que nunca conseguía.
Al fin, una madrugada las trompas de los escuchas dieron el grito de alerta. Corrieron todos a las murallas, Ludgarda la primera, y divisaron una nube de polvo que surgía, en la luz indecisa del amanecer, de uno de los caminos que venían hacia la ciudad. «¡Ya llegan!», era el grito de júbilo que conmovía a todos los corazones. Mas cuando el conde Borrell con sus quinientos caballeros llegaban cerca de las murallas, los sorprendieron los moros, que se habían emboscado. Y se trabó un combate, que los defensores de Barcelona presenciaban horrorizados desde las murallas.
Al fin cesó el fragor de las armas. Se preparaban los sitiados a defenderse contra el asalto, cuando de pronto un silbido rasgó el aire, y a los pies de la condesa cayó, atravesada por una ballesta, la cabeza de Borrell II. Horrible fue la congoja de la desgraciada dama al ver el sangriento despojo. Mas aún hubieron de ver llegar por el aire, una a una, las cabezas de los quinientos caballeros. Llenos de ira, los barceloneses lanzáronse contra los moros; mas su esfuerzo fue inútil: perecieron todos, y la ciudad vio ondear sobre sus murallas el pendón del caudillo infiel Almanzor.

(Vicente García de Diego)

viernes, 14 de agosto de 2015

Wallada - Poetisa musulmana

Wallada bint al-Mustakfi nació en Córdoba en 994 y murió en la misma ciudad el 26 de marzo de 1091. Fue una poetisa andalusí, hija de Muhammad al-Mustakfi, uno de los efímeros califas de Córdoba y de la esclava cristiana Amin'am.
Hija de Muhammad III al-Mustakfí, de sangre omeya y uno de los últimos califas cordobeses, que llegó al poder el 11 de enero de 1024 asesinando al anterior califa Abderramán V y fue a su vez asesinado a los dos años en Uclés. Su infancia coincidió con el esplendor de la carrera política de Almanzor. Su adolescencia transcurre en las guerras civiles que marcan la agonía del Califato, en medio de todo tipo de intrigas palaciegas desencadenadas tras la muerte del hijo de Almanzor, al-Muzzaar.
Como el califa no tuvo descendencia masculina, heredó los bienes de su padre y abrió un palacio donde se dedicó a educar a chicas de buena familia y al que acudían también los poetas y literatos de su tiempo. Era una belleza para los cánones de la época: rubia, de piel clara y con los ojos azules, además de inteligente, culta y orgullosa. Bordaba sus versos en sus vestidos y tuvo el atrevimiento de participar en las competiciones masculinas y de completar poemas inacabados mostrando libremente su rostro, conducta que la hizo ser llamada "perversa" y ser criticada muy duramente por los integristas, aunque también tuvo numerosos defensores de su honestidad, como el escritor Ibn Hazm, autor de El collar de la paloma, y el visir Ibn Abdus, su eterno enamorado que, al parecer, permaneció a su lado y la protegió hasta su muerte, cuando ya era octogenaria.
La gran pasión de su vida fue el poeta Abenzaidún o Ibn Zaydún, con el que mantuvo una relación secreta, dada la vinculación del poeta con los Banu Yahwar, linaje rival de los Omeyas al que ella pertenecía y que le hacía andarse con cuidado por Córdoba. Sobre esta relación giran ocho de los nueve poemas que de ella se conservan. La relación se rompió por la relación de Ibn Zaydún con una esclava negra de Wallada, lo que puede ser cierto, pero también responde a un tópico de la poesía de la época.
Entre estos poemas, que tuvieron la misión de ser cartas entre los amantes, dos expresan los celos, la añoranza y los deseos de encontrarse; otro, la decepción, el dolor y el reproche; cinco son duras sátiras contra su amante, al que reprocha entre otras cosas tener amantes masculinos, y el último alude a su libertad e independencia.
Entre sus alumnas destacó Muhya bint al-Tayyani, una joven de condición muy humilde (hija de un vendedor de higos) a la que acogió en su casa y que terminó denigrándola en crueles sátiras.
Wallada murió el mismo día que los almorávides entraron en Córdoba.

(Wikipedia)

martes, 24 de marzo de 2015

Subh, la Vascona

Subh umm Walad (Subh es aurora, amanecer u oración de antes de la salida del sol, umm Walad es la madre de los hijos del señor). Fue esclava, luego favorita del segundo Califa cordobés, Alhakén II y madre del tercer Califa Hixem II. Nació probablemente en la década de 940 y murió hacia 999. En el reino más poderoso de la época fue la mujer más influyente en los últimos años del siglo X.
De origen vasconavarro, fue traída al Califato en su infancia y elevada a favorita por el Califa haciéndola la sayida del alcázar o señora y dotándola de un gran patrimonio.
A la muerte de Abderramán III, la heredó su hijo Alhakén II que no tenía descendencia y posteriormente Aurora le dio dos hijos varones: Abd al-Rahman (nacido en 961 y fallecido en 970) e Hixem (nacido en 965) que reinará como tercer califa bajo el nombre de Hixem II entre 976-1009 y 1010-1013
Como integrante del harén, Aurora tenía su vida muy restringida como era habitual en el Califato de Córdoba, pero por tolerancia del Califa como recompensa por haberle dado dos hijos, le permitía deambular fuera de Medina Azahara, en ocasiones vestida de varón, usando el nombre masculino que le dio Alhakén II, Chafar, colmándola de regalos y atenciones.
Aurora maniobró a la muerte de Alhakén II en 976 para que su hijo Hixem II de 11 años reinase en el califato, pues el hijo mayor había fallecido. La sayida se alió con el visir Yafar al-Mushafi y con Almanzor, que ejercía como administrador del patrimonio del heredero y, según las fuentes locales, era posiblemente amante de Aurora. Con una gran profusión de dádivas atrajo hacia el partido de Hixem II a los miembros más importantes de la familia y aristocracia califal. El asesinato del rival de Hixem II, que era Al Muguira, hermano del fallecido Alhakén II, allanó el camino de aquél hacia el trono.
Aurora protegió la vida y el reinado de su hijo controlando internamente las rencillas que ocurrían en Córdoba para destronarle. Para ello se valió de su protegido y aliado Almanzor, al que contribuyó a aupar al mando superior del califato.
Consolidada la persona de Almanzor por sus victorias militares, éste dejó al joven Califa como un monarca de poder no efectivo, sólo nominal, dedicado a la oración y el retiro. Aurora montó otra alianza hacia 997 para desplazar a Almanzor y recuperar el poder para su hijo, pero falló su estratagema y Almanzor salió reforzado

(Wikipedia)