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domingo, 10 de diciembre de 2017

Bar El Palentino - Madrid

En la esquina de Pez está uno de los bares más señeros del barrio, el Palentino. Se diría que nadie sabe a ciencia cierta el origen del mito: cañas y pepitos de ternera a buen precio no parecen justificación suficiente para el éxito de un bar por lo demás muy corriente. 
El Palentino es uno de esos locales por los que todo el mundo ha pasado en uno u otro momento: el vecindario residente por la mañana, los más modernos antes de las copas, los visitantes del vecino teatro Alfil -cuya cola a veces se confunde con quienes fuman fuera del bar-por la noche. Y los Siniestro Total, que lo inmortalizaron en una conocida versión de "Highway to hell" hacia 1990. Ya se sabe: “nosotros somos seres racionales de los que toman raciones en los bares”. O Manu Chao, que lo empleó para grabar el vídeo clip de su tema "Me llaman calle", dirigido por Fernando León. 
Si al principio del párrafo enunciábamos nuestra sorpresa por la fama del Palentino, al final tenemos que reconocer que el mito no tiene ya retorno.

(Somos Malasaña)

viernes, 8 de diciembre de 2017

Bar Blanco Carrillo - Sevilla

Este pequeño bar es famoso por su cuidada manera de «tirar» la cerveza y por sus tapas de pescaíto frito. Fue fundado por José Blanco Cerrillo en 1926 y desde entonces su saga continúa al frente del negocio. 
Aquí se sirve el mejor adobo de Sevilla y ello no pasa desapercibido por ningún transeúnte de la calle Tetuán. Su especialidad de siempre son los boquerones fritos en adobo, el cazón y las pavías
Todo ello con una excelente relación calidad-precio.

(ABC)

jueves, 30 de noviembre de 2017

London Bar - Barcelona

El London Bar, uno de los locales con más historia de la Barcelona, ​​reabrirá después de estar más de un año cerrado y tras una gran incertidumbre sobre el futuro debido a la muerte, en mayo del 2016, de la antigua propietaria del establecimiento, Eli Bertrán. En su testamento, que se ha abierto hace pocos meses, la dueña ha dejado en herencia el  local a Carlos Raluy, creador en 1983 del Circo Histórico Raluy, con el objetivo de que tenga continuidad.
El proyecto de Carlos Raluy es restaurarlo y que el establecimiento de la Ciutat Vella, vuelva a situarse en el centro de la vida cultural de Barcelona como punto de encuentro de la gente de la cultura y con espectáculos de variedades.
Raluy es el cuarto propietario del London Bar. Fundado por José Roca y Tudó hace 107 años, en 1949 el local pasó a manos de Pedro Bertrán y Dolores Roca, y a partir de 1976 comenzó a ser regentado por Eli Bertrán.
Inaugurado en 1910, a lo largo de su historia han pasado por este local personajes universales como  Pablo Picasso, Joan Miró, Antoni Gaudí, Ernest Hemingway, Antonio Machado y Carlos Gardel.

(El Periódico)

martes, 21 de noviembre de 2017

Bodega Morales - Sevilla

El tercer bar más antiguo de Sevilla, la Bodega Morales, es otro manual de las buenas costumbres en el tapeo de la ciudad. Tiene dos ambientes separados. Uno da a la calle García de Vinuesa, con mesas altas y una barra. Al otro se entra por la calle Cristóbal de Castillejo, una perpendicular a la primera y tiene, además de mesas altas, mesas bajas y una larguísima barra en la que acodarse a disfrutar sin prisa.
Las barras de ambos locales están comunicadas y sirven la misma carta de viandas típicas: guisos caseros, chacinas, quesos, montaditos... El vino merece punto y aparte. Tintos y blancos de calidad y una manzanilla buenísima para acompañar a las tapas.

(Exact-Change)

sábado, 11 de noviembre de 2017

Casa Ciriaco - Madrid

Su ubicación en el mismo inmueble desde el que se arrojó la bomba contra la comitiva nupcial de Alfonso XIII en 1906, forma parte de su pasado, pero su historia también está ligada al nombre de conocidos clientes, cómo el periodista y escritor Julio Camba, o el humorista y escritor Mingote. Y es que la literatura siempre ha sido -además de su famosa receta de gallina en pepitoria- uno de sus atractivos, y cada año, es una de las paradas del itinerario nocturno La ruta de Max Estrella, que recorre el centro de Madrid cómo sentido homenaje a la obra Luces de bohemia de Valle-Inclán.

(Madrid actual)

jueves, 10 de agosto de 2017

Casa Ardura - Mieres

Todo sucedió allá en torno al año cincuenta del pasado siglo. Desde la aldea de El Sordán, en plena Güeria de San Xuan, Adela Ardura trajo hasta las mismas puertas del barrio de Requejo, donde otros establecimientos de hostelería conservaban y aún conservar su propia marca de comidas, la cocina casera que ella misma se había "inventado" en el pequeño bar de su casa dedicado a mineros y vecinos que acudían a tomarse una copa antes de ir al tajo o un vaso de vino a la salida del turno. Además la taberna era cita de reunión del pueblo para distraer tiempos y jugar a las cartas. Allí Adela, fallecida hace unos meses, puso en marcha las enseñanzas culinarias que había aprendido de su madre Encarna.
Y con ese bagaje por bandera, seguida de su esposo Benjamín Argüelles que complementaba su trabajo, se vino a probar suerte a la principal localidad del municipio, buscando un lugar estratégico, concretamente en la calle hoy denominada de Antonio Machado, frente a la parada de Autobuses Fernández, cerca de Los Recollos y próxima a la especie de estación laboral del Fábrica de Mieres que facilitaba el traslado de ida y vuelta a Mina Baltasara. Próxima también estaba la plaza de San Xuan donde, por aquel entonces se celebraba, los domingos, la feria de ganado.

(El Blog de Acebedo)

sábado, 4 de marzo de 2017

Bar El Gurugu Logroño

El debate sobre cuál es el bar más antiguo de Logroño quedó hace años sentenciado a favor del Gurugú, castizo local enclavado en la mitad de dos mundos: el universo formado por el centro conspicuo, frontera con la Judería (barrio que otros llaman Villanueva) y el Logroño que nació con el Ensanche truncado. El Gurugú mira hacia la Glorieta desde su alojamiento en avenida de Navarra, calle antaño central que hoy… Digamos cariñosamente que ha conocido mejores días, cuando en ella habitó Rafael Azcona, nada menos, y anidaba una pequeña burguesía local que a mediados de los 70 inició un viaje hacia el sur de Logroño que todavía (¡Todavía!) no ha terminado.
El Gurugú es un bar simpático, que se mantiene fiel a esa idea de taberna de toda la vida y va evolucionando al ritmo que marca su barra, generosa en suculentas raciones de tapas de una tipología hoy más rara de ver que antaño. Hablo de sus callos, por ejemplo, difíciles ya de encontrar por Logroño; pero hablo más en general de una cierta atmósfera, de un espíritu indómito que le lleva a militar en ese tipo de bares que contribuyeron a forjar el alma de una ciudad
Esta es también una entrada dedicada. Dedicada a la familia Velasco, que pilota el bar casi desde su fundación y dedicada sobre todo a uno de sus últimos eslabones, Daniel, periodista que compartió alguna tarde con quien esto firma y a quien debo la generosa información que me proporciona para sellar esta historia del bar de los Demetrio, Domingo y compañía. “Sabemos que el Gurugú nació en 1909”, señala Daniel. “Se desconoce el nombre del fundador pero se sabe que participó en Melilla en la batalla del monte Gurugú en ese mismo año y de ahí el nombre”, añade. Así que aquel misterioso promotor apareció por Logroño, alumbró el bar… y poco más.
La auténtica historia que los Velasco pueden acreditar arranca en los años 50, “cuando coge el bar el tío del actual propietario, es decir, mi padre, quien lo regenta con su hermana y su cuñado”. Y desde su sede en avenida Navarra esquina con la calle Los Yerros difunde al mundo desde tiempo inmemorial esa paleta gastronómica especializada en sardinas con guindilla, bacalao, bonito y los citados callos, convertida en cátedra del mus logroñés y epicentro del mundillo taurino: “Los toreros recorrían a pie el trayecto entre La Manzanera y el Gran Hotel y siempre paraban a tomar algo en nuestro bar”, relata Daniel. “Así surgió la expresión que se popularizó en Logroño: ‘Del Gurugú a los toros y de los toros al Gurugú’”. A su puerta paraban años ha los autobuses que venían de Estella y Viana hasta Logroño, de modo que el bar se convirtió en una suerte de embajada navarra en La Rioja, punto de encuentro para los vecinos de esas localidades fronterizas y sede oficiosa de tratantes de ganado y militares de toda condición. Lo resume así el mentado Daniel Velasco: “En definitiva, que ¡el Gurugú es el Gurugú, viva historia política-torera-civil de Logroño y su casco antiguo! Y hasta que a este servidor le quede una gota de sangre hará lo imposible para que el bar más antiguo de Logroño se mantenga en pie y prospere”.
P.D. Decía arriba que el Gurugú se enclava en la Judería, la Villanueva o como quiera que ese barrio se llame. Los expertos no se ponen de acuerdo y a mí me da un poco igual: para los críos del Logroño de mi época, sus siete calles serán siempre los siete pecados y que nadie se me enfade. Hacía alusión esta expresión popular a los garitos de dudosa reputación que albergaba sobre todo una de esas calles, Rodríguez Paterna, que ahí resisten aunque ya un poco en retirada.