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domingo, 21 de noviembre de 2021

Cernégula - Burgos


La diminuta aldea burgalesa de Cernégula (con no más de 70 habitantes) fue en el pasado un importante foco de brujería que trajo de cabeza a la Iglesia católica. 

Cuentan que la Charca de Cernégula, conocida por los locales como La Pila, era el lugar de encuentro de distintos aquelarres procedentes de Cantabria, Navarra y Castilla durante los siglos XV y XVI. A orillas de estas aguas, las brujas se reunían para intercambiar pócimas y hechizos y aumentar su poder.

A día de hoy, en Cernégula es posible admirar la escultura de una bruja de hierro en medio de la misma charca, como homenaje al oscuro pasado de esta localidad.

El Confidencial 

domingo, 27 de diciembre de 2020

Soportújar


Olvidar este pueblo de la Alpujarra si se trata el tema de las brujas no sería de recibo. En su barranco se encuentra la cueva del Ojo de la Bruja, a la que se accede a través del Puente de las Brujas. En su  interior se puede ver una figura de una bruja con su escoba, rodeada de objetos propios de su condición como un caldero, un jabalí o una mesa en la que depositar los ingredientes para sus pócimas. El visitante le puede pedir un deseo si lanza una moneda a la cueva. Las brujas no trabajan gratis.

Cerca del puente también hay una escultura de una de estas hechiceras y en el Mirador Embrujado hay una fuente con forma de brujas removiendo un caldero, recipiente que también se encuentra  reproducido por otros rincones de la localidad. Un buen enclave, sin duda, para celebrar la Feria del Embrujo como se hace cada agosto en el pueblo.

Pero no todo son pócimas y escobas: Soportújar —que recibe dicho nombre por sus soportales—- acoge también el centro budista Osel Ling, que lleva en funcionamiento desde 1980 gracias a Lama Yeshe y Lama Zopa Rimpoché. El propio Dalai Lama lo visitó en 1982 y le dio el nombre que tiene ahora, que significa “Lugar de luz clara”. Sirve como alojamiento para el retiro pero también como centro de acercamiento al budismo. No todo van a ser sapos y escobas voladoras.

Escapada rural 

viernes, 30 de octubre de 2020

Montilla - Córdoba


El mismísimo Miguel de Cervantes contó la historia de Leonor Rodríguez, una de las brujas ajusticiadas en este pueblo de Córdoba, en su libro El Coloquio de los perros. Era la más famosa de Las Camachas, el sobrenombre con el que se conocía al grupo de cinco brujas condenadas por el tribunal de la Inquisición de Córdoba en el siglo XVI.

Leonor se había formado para su labor e incluso había viajado a Granada para aprender de otra hechicera. En su pueblo impartía clases particulares a las que querían iniciarse en el oficio y gracias a ellas tenía una especie de pequeña empresa, ya que algunos de los encargos de sus clientes los derivaba a sus socias. Pero la orden de los Jesuítas la denunció ante las autoridades y 22 vecinos del pueblo declararon como testigos del caso confirmando su condición de bruja.

 Junto a ella se juzgó a otras cuatro brujas, que pertenecían a su clan.

Fue condenada a recibir cien azotes mientras circulaba subida en un burro por Córdoba y después por su propio pueblo, del que fue desterrada durante diez años. Además, le impusieron una multa de 56.250 maravedís, una suma más que considerable para la época. Volvió al pueblo cuando terminó su condena.

Los interesados en la historia de este grupo de hechiceras, se pueden encontrar la casa en la que se supone que vivían paseando por las calles del pueblo. Montilla también es conocido por la calidad de sus vinos, el aceite de oliva y una pastelería llamada Manuel Aguilar, a la que cada año la Casa Real hace un pedido de sus excelentes dulces.

José Manuel