La flor del lilo-va es un cuento tradicional español sobre el amor filial. Como todas las narraciones de tradición oral se puede encontrar en diferentes versiones.
Trama
Un padre, rico y poderoso, sufre una enfermedad grave y solo una cosa, el agua de una planta (la flor del lilo-va), puede curarle. Los tres hijos parten en su busca: los mayores motivados por el oro prometido por el padre y el pequeño por amor filial.
El pequeño logra triunfar en su misión, pero los mayores envidiosos le roban la flor, le golpean y lo dejan medio muerto en un cañaveral, pese a que el pequeño les había ofrecido compartir la gloria. El padre sana, pero queda preocupado por la suerte de su hijo pequeño.
Mientras está tirado en el cañaveral, logra hacer una flauta con una caña que, cuando se acerca alguien, canta una cancioncilla:
"Pastorcillo, pastorcillo, "ayúdame por favor, "Mis hermanos me golpearon "por la flor del lilo-va."
Un pastor la encuentra y recorre el mundo mostrándola en ferias y mercados. El padre al oírla reconoce la voz de su hijo, regresan al cañaveral y salvan al pequeño. Furioso por la acción de los mayores los destierra y decide quedarse con su hijo pequeño.
Otras versiones
Según las versiones, el padre puede ser un rico comerciante, o un rey y prometer además del dinero la sucesión al trono. En ocasiones el hijo menor logra encontrar la flor o planta buscada gracias a favores que hace libre y bondadosamente a los que se encuentra en su camino.
Aunque ninguna versión deja claro como logra crear la magia de la flauta, la cancioncilla puede cambiar según quien la oiga y a veces no es llevada por ferias sino que atrae la atracción de la gente hacia el cañaveral.
En algunas versiones, el padre destierra a los hijos mayores con todo su dinero alegando "que el amor de su hijo es todo lo que necesita", mientras que en otras versiones les arrebata la herencia para dársela al menor.
De todo un poco. Leyendas, tradiciones e historias curiosas de todas las regiones de España. Unas son verdad y otras no tanto.
Selección
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lunes, 8 de febrero de 2016
viernes, 22 de enero de 2016
Cuento asturiano
En las tardes lluviosas de Asturias es normal que los desocupados se reunan en los "chigres" o tabernas y, entre vaso y vaso de sidra cuentan mil y una historias como las que yo os ofrezco. Una de ellas es la siguiente que copio de Alfredo, un jubilado como yo mismo:
- ¿Recuerdas aquél cuento de uno que trabajaba en la fabrica, y que todos los fines de semana salía por la puerta con una carretilla cargada de madera?
- Eso era un cuento.
- Que no, que fue verdad. Sacaba la madera de los palés viejos con la factura que le hacían en Almacenes Generales, el guardia la miraba y le dejaba pasar. Pero el jefe de los almacenes, cayó en la cuenta de que el material era demasiado barato vendiendo al menudeo y que no cubría el papeleo, entonces subió el precio. El tipo continuó pagando y saliendo con la mercancía, pero uno de los guardias, entró en sospecha ¿si antes pagaba cinco pesetas por la leña, cómo ahora pagaba cincuenta? Más barato le saldría en la carbonería. Allí había gato encerrado. Y le hizo descargar la madera para ver si encontraba algo más. Pero no había nada, Hasta que se fijó en que cada día salía con una carretilla distinta.
- Lo raro era que el guardia no participase en el negocio, ahora dicen que los vigilantes de las grandes superficies y los empleados, se llevan más que los rateros.
Alfredo (jubilata)
- ¿Recuerdas aquél cuento de uno que trabajaba en la fabrica, y que todos los fines de semana salía por la puerta con una carretilla cargada de madera?
- Eso era un cuento.
- Que no, que fue verdad. Sacaba la madera de los palés viejos con la factura que le hacían en Almacenes Generales, el guardia la miraba y le dejaba pasar. Pero el jefe de los almacenes, cayó en la cuenta de que el material era demasiado barato vendiendo al menudeo y que no cubría el papeleo, entonces subió el precio. El tipo continuó pagando y saliendo con la mercancía, pero uno de los guardias, entró en sospecha ¿si antes pagaba cinco pesetas por la leña, cómo ahora pagaba cincuenta? Más barato le saldría en la carbonería. Allí había gato encerrado. Y le hizo descargar la madera para ver si encontraba algo más. Pero no había nada, Hasta que se fijó en que cada día salía con una carretilla distinta.
- Lo raro era que el guardia no participase en el negocio, ahora dicen que los vigilantes de las grandes superficies y los empleados, se llevan más que los rateros.
Alfredo (jubilata)
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