Según el testimonio de Berós, Gerión el Africano descendiente del rey númida Iarbas, tomó el poder absoluto en el año XXXII del reinado de Armatrites, es decir antes del año 514 desde el Diluvio y el año CCCLXXI desde la fundación de Hispania.
Procedente de Mauritania invadió Hispania y la ocupó y reinó hasta el año XXVIII, año de poder de Belochus. Durante XXIX año de gobierno de Belochus, reinaron los Hominis (trillizos) hijos de Gerión o Geriones y lo hicieron con amor al poder, los Geriones eran expertos en Minería y sabían donde hallar los tesoros de la Tierra, siendo ellos los fundadores de los ejércitos, según explica San Jerónimo.
Gerión fundó la ciudad de Gerona, donde residía en la Torre Geronella, pero con la entrada del rey Osiris por los Pirineos, tuvo que marcharse a la Isla de Erithrea ubicada en el mar de Portugal donde vivió, según dice el geógrafo Pomponio Mela en el Tercer libro De Insulis Hispaniae.
Osiris, antes de regresar a Egipto, de donde procedía y era rey, dejó como sucesores del reino de España a los tres hijos del tirano vencido, que eran todavía niños, bajo la tutela de consejeros honestos y prudentes. Los tres hijos de Gerión, al llegar a la mayoría de edad, resolvieron vengar la muerte de su padre, aunque su intención secreta era la de hacerse tiranos, como aquél lo había sido. Los Geriones se sabían incapaces de derrotar a Osiris en lucha abierta y concertaron una alianza secreta con Trifón, hermano de Osiris, que ambicionaba el reino de Egipto.
Al fin, el traidor Trifón asesinó a su hermano Osiris, aunque Oro-Horus-, hijo de Osiris, vengó a su padre matando a Trifón, su tío.
Cuentan los narradores que este Oro, hijo de Osiris era Hércules
De todo un poco. Leyendas, tradiciones e historias curiosas de todas las regiones de España. Unas son verdad y otras no tanto.
Selección
jueves, 28 de junio de 2012
sábado, 16 de junio de 2012
José Luis Fuente del Blanco - Guardo
Conocido cariñosamente como El Inventor, fue un popular personaje palentino que dedicó gran parte de su vida a la construcción de artilugios que facilitaran la vida a los demás, falleció en Palencia el 1 de enero de 2009 a los 70 años de edad.
HISTORIA Y VIDA
Un cierto aire de científico extravagante siempre acompañó a José Luis Fuente del Blanco, una de las más populares figuras palentinas, conocido por todos quienes le apreciaban como 'El Inventor'.
Mecánico jubilado de la fábrica guardense de Explosivos Río Tinto, dedicó la mayor parte de su vida a inventar artilugios con los que facilitar la vida diaria, aunque la mayor parte de sus creaciones nunca llegaron a tener una verdadera aplicación práctica.
Poco dado a registrar sus inventos, entre los pocos que llegó a patentar figura un microscopio solar, que utilizaba la luz del sol a través de un juego de lentes para realizar las mismas funciones que un microscopio de laboratorio.
Orgulloso de sus creaciones, se mostraba especialmente satisfecho de la creación de una mochila voladora, con la que aseguraba haber cruzado por los aires el río Carrión, aunque también manifestaba con cierto pesar que los norteamericanos le copiaron el diseño.
Fruto de su larga trayectoria como inventor consiguió una importante lista de creaciones como el bolígrafo linterna, especial para los agentes de Tráfico que deben imponer sus multas durante la noche; las gafas luminosas, que acompañadas de dos pequeñas bombillas que creaban un campo de visión eran ideales para la lectura nocturna o en ambientes oscuros; el bolígrafo pistola, pensado como método de defensa personal; o el bolso antirrobos, cuya parte inferior se pegaba a superficies lisas como una ventosa.
Sus restos reposan en el cementerio de Palencia.
HISTORIA Y VIDA
Un cierto aire de científico extravagante siempre acompañó a José Luis Fuente del Blanco, una de las más populares figuras palentinas, conocido por todos quienes le apreciaban como 'El Inventor'.
Mecánico jubilado de la fábrica guardense de Explosivos Río Tinto, dedicó la mayor parte de su vida a inventar artilugios con los que facilitar la vida diaria, aunque la mayor parte de sus creaciones nunca llegaron a tener una verdadera aplicación práctica.
Poco dado a registrar sus inventos, entre los pocos que llegó a patentar figura un microscopio solar, que utilizaba la luz del sol a través de un juego de lentes para realizar las mismas funciones que un microscopio de laboratorio.
Orgulloso de sus creaciones, se mostraba especialmente satisfecho de la creación de una mochila voladora, con la que aseguraba haber cruzado por los aires el río Carrión, aunque también manifestaba con cierto pesar que los norteamericanos le copiaron el diseño.
Fruto de su larga trayectoria como inventor consiguió una importante lista de creaciones como el bolígrafo linterna, especial para los agentes de Tráfico que deben imponer sus multas durante la noche; las gafas luminosas, que acompañadas de dos pequeñas bombillas que creaban un campo de visión eran ideales para la lectura nocturna o en ambientes oscuros; el bolígrafo pistola, pensado como método de defensa personal; o el bolso antirrobos, cuya parte inferior se pegaba a superficies lisas como una ventosa.
Sus restos reposan en el cementerio de Palencia.
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La charrasca del Conde Gatón
Cuando las hordas de sarracenos invadieron la Península Ibérica no encontraron apenas oposición, debido a la gran división que existía entre los señores que la dominaban. Uno de los pocos puntos donde hallaron alguna resistencia fue precisamente en El Bierzo.
Nuestros paisanos, ante la clara superioridad musulmana, optaron por retirarse a uno de los valles en los que se sentirían protegidos para reagruparse. Una vez reunidos todos los hombres en los parajes de Paraxís (Balboa), bajo las órdenes del Conde Gatón, buscaron la manera de iniciar una contraofensiva.
Así, en las inmediaciones de un curso de agua, fueron arengados por el Conde berciano. Este noble era extremadamente fuerte y decidido.Prueba de ello fue que, en un ataque de ira y delante de sus huestes,sacó su espada (la “charrasca”) al objeto de asestar un golpe contundente. En su trayectoria se interpuso un carballo (el carballo de “Paraxís”), partiéndose en dos su arma con una enorme violencia. De este árbol nadie es capaz de dar noticia sobre su ubicación.
Por otra parte, se creía que el libertador berciano era avieso y tenía algún pacto con el maligno. De hecho, “gatón” era una forma de denominar al demonio. Sus súbditos le temían pues su fama de vengador estaba bastante extendida.
En este aspecto, cabe resaltar que en la ermita de Paraxís se adora al ángel malo. Es de los pocos lugares en que ocurre esto. La talla demoniaca está en tono amenazante. Algunos consideran que, en cierto modo, esta imagen tiene relación con el apelativo del Conde, es decir, “Gatón” o diablo
(Texto y foto de TodoBierzo)
Nuestros paisanos, ante la clara superioridad musulmana, optaron por retirarse a uno de los valles en los que se sentirían protegidos para reagruparse. Una vez reunidos todos los hombres en los parajes de Paraxís (Balboa), bajo las órdenes del Conde Gatón, buscaron la manera de iniciar una contraofensiva.
Así, en las inmediaciones de un curso de agua, fueron arengados por el Conde berciano. Este noble era extremadamente fuerte y decidido.Prueba de ello fue que, en un ataque de ira y delante de sus huestes,sacó su espada (la “charrasca”) al objeto de asestar un golpe contundente. En su trayectoria se interpuso un carballo (el carballo de “Paraxís”), partiéndose en dos su arma con una enorme violencia. De este árbol nadie es capaz de dar noticia sobre su ubicación.
Por otra parte, se creía que el libertador berciano era avieso y tenía algún pacto con el maligno. De hecho, “gatón” era una forma de denominar al demonio. Sus súbditos le temían pues su fama de vengador estaba bastante extendida.
En este aspecto, cabe resaltar que en la ermita de Paraxís se adora al ángel malo. Es de los pocos lugares en que ocurre esto. La talla demoniaca está en tono amenazante. Algunos consideran que, en cierto modo, esta imagen tiene relación con el apelativo del Conde, es decir, “Gatón” o diablo
(Texto y foto de TodoBierzo)
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León
jueves, 14 de junio de 2012
Pere de Son Gall
Pere Sastre Obrador, más conocido como Pere de Son Gall (Llucmajor, 1895 - Llucmajor, 1965) fue un inventor mallorquín de formación autodidacta con conocimientos de matemáticas, física y dibujo técnico.
Diseñó un prototipo de vehículo similar a un helicóptero al que llamó Cometagirovión. Envió el diseño de su aparato al ministro Juan de la Cierva y Peñafiel que no vio interés en el proyecto.
Curiosamente su hijo, Juan de la Cierva y Codorniu, presentó un año después un invento muy similar al que denominó autogiro.
(Wikipedia)
Diseñó un prototipo de vehículo similar a un helicóptero al que llamó Cometagirovión. Envió el diseño de su aparato al ministro Juan de la Cierva y Peñafiel que no vio interés en el proyecto.
Curiosamente su hijo, Juan de la Cierva y Codorniu, presentó un año después un invento muy similar al que denominó autogiro.
(Wikipedia)
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Islas Baleares,
Llucmajor
domingo, 29 de abril de 2012
La noche que mataron a don Suero
En Marzo de 2008 publiqué la historia del “paso honroso” que don Suero de Quiñónes y sus compañeros protagonizaron en Puente de Orbigo.
Muchos años más tarde de la hazaña que entonces os relataba, empezaron a repicar en la historia leonesa las campanadas de la alevosa muerte de don Suero de Quiñones. Quedaba ya muy lejano el palenque del Puente y lo que no ocurrió entonces de un modo gallardo sucedió sombríamente el 11 de Julio de 1458. Las voces de muerte sonaron aquella noche, en la gran campera que se extiende entre Barcial de la Loma y Castroverde, hoy villas de Valladolid y Zamora, respectivamente, mucho más allá de Laguna de Negrillos, donde los Quiñones tenían un castillo construido a finales del siglo XIII.
Don Suero de Quiñónes fue a morir de un modo alevoso, siendo todavía hombre fuerte aunque cano, a manos de la mala fe, en la oscuridad de la noche.
Los antecedentes del hecho has que buscarlos mucho tiempo atrás, en el mes de julio de 1434. La casa de don Alvaro de Luna, el poderoso Condestable, conoció la presencia del joven caballero don Suero de Quiñones. Allí se había criado de muchacho y supo de todo su ambiente, donde las justas y torneos, las fiestas y otras alegrías de lujo formaban parte integrante del aparato palatino. Así nació la gallardía romántica y aventurera de su juventud y allí fue, precisamente, donde se abrazaron dos historias encontradas. Cuéntase que la noche que mataron a don Suero apareció en escena don Gutierre de Quijada. Este personaje se titulaba señor de Villagarcía de Campos. Había vivido y peleado junto a don Suero en tierras de Andalucía donde ya le nació la hostilidad, o por mejor decir la rivalidad hacia su compañero de armas.
De don Gutierre de Quijada se dice también que fue antecesor del mayordomo del rey Carlos I, el coronel don Luis de Quijada, el tutor de «Jeromín» (don Juan de Austria, el de Lepanto), que asimismo vivió en Villagarcía.
Llegó la noche del 11 de julio de 1458. La noche que mataron a don Suero de Quiñones, el célebre caballero leonés Don Gutierre de Quijada había intentado cometer anteriormente tal villanía, primero en Laguna de Negrillos, luego en Santa Elena deJamuz... y no lo consiguió. Por fin supo que don Suero se dirigía hacia Tordesillas. Fue el momento propicio después de tan largos años de espera.
En aquel despoblado lleno de nocturnidad, el Quijada y los suyos le salieron al encuentro. El cuerpo de don Suero, roto a cuchilladas se derrumbó al suelo. Allí quedó, cara al cielo, el famoso leonés del «Paso Honroso». Tenía 52 años.
(Resumen de "Tradiciones leonesas" de Máximo Cayón Waldaliso)
Clara del Rey
Clara del Rey (1765-1808) fue una heroína madrileña, muerta durante los sucesos del 2 de mayo de 1808, en el Parque de Artillería de Monteleón. Había nacido el 11 de agosto de 1765 en Villalón de Campos (Valladolid), hija de Manuel del Rey y de Teresa Calvo.
Estuvo animando y ayudando a los defensores junto a su marido y tres hijos. Parece ser que murió por la metralla de una bala de cañón que le alcanzó en la frente. Clara del Rey figura entre las víctimas del 2 de mayo identificadas en el Archivo Municipal de Madrid, donde consta que "deja dos hijos solteros", por lo que es de suponer que en el Parque de artillería Monteleón también murieron su marido y uno de sus hijos.
Fue enterrada en el cementerio de la Buena Dicha, situado en el hospital del mismo nombre, hoy en día desaparecido y que estaba ubicado en las proximidades de la Gran Vía de Madrid, entre las calles Libreros y Silva. En la fachada de la iglesia de la Buena Dicha (C/Silva,25) tiene Clara del Rey una lápida conmemorativa. Madrid dedicó a su memoria una calle.
Estuvo animando y ayudando a los defensores junto a su marido y tres hijos. Parece ser que murió por la metralla de una bala de cañón que le alcanzó en la frente. Clara del Rey figura entre las víctimas del 2 de mayo identificadas en el Archivo Municipal de Madrid, donde consta que "deja dos hijos solteros", por lo que es de suponer que en el Parque de artillería Monteleón también murieron su marido y uno de sus hijos.
Fue enterrada en el cementerio de la Buena Dicha, situado en el hospital del mismo nombre, hoy en día desaparecido y que estaba ubicado en las proximidades de la Gran Vía de Madrid, entre las calles Libreros y Silva. En la fachada de la iglesia de la Buena Dicha (C/Silva,25) tiene Clara del Rey una lápida conmemorativa. Madrid dedicó a su memoria una calle.
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Itzaro
En la bahía de Bermeo a Ogoño, acostado sobre el mar azul, como un viejo monstruo dormido, se alza el solitario islote de Itzaro. Miles de gaviotas tienen allí el nido. Restos de construcciones, una escalera tallada en la roca, alguna gruta aislada, y, sobre todo, la leyenda, parecen decirnos que alguna vez fue habitado. Y dicen las viejas que los habitantes fueron unos monjes blancos, que allí, de cara al mar, con el espíritu exaltado en la contemplación infinita, fueron entregando, uno a uno, sus almas, santificadas por la penitencia y la oración, a los brazos acogedores del Señor.
Pero hubo uno, allá por los siglos IX o X, que, refugiado en aquel lugar, por huir de un amor imposible, encontró la muerte sin haber pronunciado votos y sin que las exhortaciones de los santos compañeros y del mismo abad hubieran podido apartarle de su voluntario y trágico destino.
Y cuentan que fue así:
Una noche de invierno, oscura, con las olas encrespadas por el huracán, el hermano portero, que se ocupaba de recibir las provisiones que los bermeanos caritativos enviaban al cenobio, creyó distinguir, entre el ruido del mar chocando contra el acantilado, gritos de auxilio. Bajó la escalerilla que conducía al embarcadero, y encontró a un hombre agonizante, heridas las manos al asirse para buscar apoyo en las rocas, rotos sus vestidos, aterido de frío, con un golpe en el cráneo, magullado por el choque con las peñas.
Dio aviso el buen hermano, y toda la comunidad bajó en su ayuda. Le cuidaron, le curaron y, sobre todo, dieron asilo al cuerpo y serenidad al alma. Él contó su historia: el amor imposible por una mujer. El desafío con el hermano de ella, terminado en la muerte. La huida en la noche, con el temporal propicio; la rotura del bote y los remos, y su caída brutal contra las rocas. Los frailes, compadecidos, trataron de hacerle olvidar el triste pasado. Allí, mirando el cielo, la penitencia y la soledad le harían ir expiando poco a poco sus culpas.
Y pasaron los meses. Una mañana, al recoger las limosnas que mandaban los cristianos vecinos, venía una mujer en el bote, enlutada, cubierta con un tupido manto. El nuevo acogido bajó a ayudar al portero, y la mujer descubrió el rostro. Todos sus buenos propósitos se vinieron al suelo; se acercó a ella y le propuso volver a verse. Quedaron en que todas las noches ella pasearía por la playa más próxima, con una luz en la mano. Y él llegaría nadando.
Así fue. En cuanto la última luz del crepúsculo desaparecía, él bajaba; se despojaba del hábito, que por caridad le habían proporcionado los frailes, sin tener derecho ninguno a vestirlo, y se lanzaba al mar. En la orilla, la luz parpadeante de la nueva Hero lo atraía al horrible abismo.
Durante muchos meses las entrevistas se repitieron. Pero un día alguien siguió a la mujer. La descubrieron en la playa y la atravesaron con la espada vengadora. De su mano, rígida por la muerte, arrancaron la linterna. Y el hombre llegó, ciego, a caer fatalmente en su destino. Allí mismo fue asesinado. Los dos cadáveres fueron arrojados al mar con una piedra al cuello.
Los monjes blancos, horrorizados, fueron a otro lugar más apacible. Pero aún se oyen, en las noches tormentosas del Cantábrico, los lamentos quejumbrosos de las dos almas en pena, atormentadas por los remordimientos, por su amor imposible, trocado en odio, y el engaño vergonzoso de su conversión.
Y dicen que es cierto y que a veces se ven sus figuras ahogadas, errantes en el mar.
(LEYENDAS DE ESPAÑA de Vicente García de Diego)
Pero hubo uno, allá por los siglos IX o X, que, refugiado en aquel lugar, por huir de un amor imposible, encontró la muerte sin haber pronunciado votos y sin que las exhortaciones de los santos compañeros y del mismo abad hubieran podido apartarle de su voluntario y trágico destino.
Y cuentan que fue así:
Una noche de invierno, oscura, con las olas encrespadas por el huracán, el hermano portero, que se ocupaba de recibir las provisiones que los bermeanos caritativos enviaban al cenobio, creyó distinguir, entre el ruido del mar chocando contra el acantilado, gritos de auxilio. Bajó la escalerilla que conducía al embarcadero, y encontró a un hombre agonizante, heridas las manos al asirse para buscar apoyo en las rocas, rotos sus vestidos, aterido de frío, con un golpe en el cráneo, magullado por el choque con las peñas.
Dio aviso el buen hermano, y toda la comunidad bajó en su ayuda. Le cuidaron, le curaron y, sobre todo, dieron asilo al cuerpo y serenidad al alma. Él contó su historia: el amor imposible por una mujer. El desafío con el hermano de ella, terminado en la muerte. La huida en la noche, con el temporal propicio; la rotura del bote y los remos, y su caída brutal contra las rocas. Los frailes, compadecidos, trataron de hacerle olvidar el triste pasado. Allí, mirando el cielo, la penitencia y la soledad le harían ir expiando poco a poco sus culpas.
Y pasaron los meses. Una mañana, al recoger las limosnas que mandaban los cristianos vecinos, venía una mujer en el bote, enlutada, cubierta con un tupido manto. El nuevo acogido bajó a ayudar al portero, y la mujer descubrió el rostro. Todos sus buenos propósitos se vinieron al suelo; se acercó a ella y le propuso volver a verse. Quedaron en que todas las noches ella pasearía por la playa más próxima, con una luz en la mano. Y él llegaría nadando.
Así fue. En cuanto la última luz del crepúsculo desaparecía, él bajaba; se despojaba del hábito, que por caridad le habían proporcionado los frailes, sin tener derecho ninguno a vestirlo, y se lanzaba al mar. En la orilla, la luz parpadeante de la nueva Hero lo atraía al horrible abismo.
Durante muchos meses las entrevistas se repitieron. Pero un día alguien siguió a la mujer. La descubrieron en la playa y la atravesaron con la espada vengadora. De su mano, rígida por la muerte, arrancaron la linterna. Y el hombre llegó, ciego, a caer fatalmente en su destino. Allí mismo fue asesinado. Los dos cadáveres fueron arrojados al mar con una piedra al cuello.
Los monjes blancos, horrorizados, fueron a otro lugar más apacible. Pero aún se oyen, en las noches tormentosas del Cantábrico, los lamentos quejumbrosos de las dos almas en pena, atormentadas por los remordimientos, por su amor imposible, trocado en odio, y el engaño vergonzoso de su conversión.
Y dicen que es cierto y que a veces se ven sus figuras ahogadas, errantes en el mar.
(LEYENDAS DE ESPAÑA de Vicente García de Diego)
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