lunes, 27 de octubre de 2008

Las hogueras de san Juan (Sabadell - Cataluña)



En la ciudad de Sabadell, se cuenta esta versión del origen de las hogueras que se encienden en la noche del solsticio de verano.
María e Isabel, no solo eran primas, sino que se querían entrañablemente. Con el tiempo llegarían a ser madres de Jesús y de San Juan, pero ellas aún no lo sabían.

Compartían sus trabajos y al acabarlos, paseaban y hablaban incansables de sus ilusiones y de lo que deseaban para el futuro. Ambas anhelaban casarse y traer al mundo preciosos niños que las colmaran de felicidad.
Llegó el tiempo de contraer matrimonio y las jóvenes, siguiendo a sus esposos, hubieron de separarse, no sin prometer que, en cuanto tuvieran un hijo, se lo comunicarían de inmediato. Para ello, encenderían una gran hoguera, que avisara a la amiga de tan feliz acontecimiento.
Y cumpliendo su promesa, cuando Isabel dio a luz a su hijo Juan, rogó a sus familiares que subieran al monte cercano y allí encendieran un gran fuego que hiciera saber a María la feliz noticia. Y es en conmemoración de este nacimiento que se siguen prendiendo las hogueras de San Juan.


San Vicente (Portugal)


Es curioso lo que pasa con el celestial patronazgo de Lisboa. San Vicente Mártir y San Antonio de Padua comparten de alguna forma ese honor.
El primero, nacido en Zaragoza, acabaría siendo el patrón oficial de la capital de Portugal y el segundo, que si nació en Lisboa y es, aquí y allá el santo casamentero querido por todos, sería a la postre conocido por San Antonio de Padua.
Veamos brevemente quien fue pues ese aragonés, patrón de Lisboa.Nació San Vicente en Zaragoza y fueron sus padres Eutricio y Enola. Cursó estudios eclesiásticos en Zaragoza bajo la supervisión del Obispo Valero, quien sería más tarde martirizado junto con nuestro santo y subiría a los altares como San Valero, copatrón de Zaragoza. Estudió teología y una vez ordenado diácono empezó a predicar el evangelio en su tierra natal en tiempos de Diocleciano.
El prefecto de Roma, Daciano, enterado de las muchas conversiones que conseguía Vicente le hizo encarcelar y trasladar a Valencia donde fué martirizado y murió junto con su mentor el citado obispo Valero.
Cuentan las leyendas que su cuerpo fue arrojado al campo para que fuese pasto de las aves de rapiña pero un cuervo le protegió y en vista de ello arrojaron su cadáver al mar que devolvió los restos a tierra. Una viuda piadosa le dio sepultura.
El primer rey de Portugal Afonso Henriques expulsó a los moros de Lisboa y trasladó los restos de San Vicente a esta ciudad en 1175.
La leyenda - mucho más bonita - asegura que los restos del santo llegaron a Lisboa en una barca sin timonel custodiada por dos cuervos. La barca y los cuervos figuran en el escudo de la capital portuguesa y pueden verse en los bellos pavimentos empedrados de la ciudad o adornando las farolas de la Avenida da Liberdade.
El cuerpo se conserva en una urna ubicada en la sacristía de la Catedral (conocida como la Sé).
La iglesia conmemora San Vicente el día 22 de Enero. Para los portugueses la fecha pasa desapercibida.
San Vicente es además el patrón de los vendimiadores.
Quienes visiten Lisboa podrán contemplar el magnífico Políptico de San Vicente, que se atribuye a Nuno Gonçalves, en el Museo Nacional de Arte Antigua, más conocido como Museo das Janelas Verdes.

Jesús el Rico (Málaga - Andalucía)


Era el año de 1765. Cuenta la tradición que ese año se produjo en Málaga un terrible brote de cólera, que hizo que enfermaran y perecieran muchos hombres y mujeres. Tal fue la virulencia de la epidemia que, llegada la Semana Santa, no había hombres sanos que pudieran portar las imágenes para procesionarlas. Nadie se atrevía a salir más de lo necesario por temor a contraer aquella cruel enfermedad. La muerte estaba garantizada para los contagiados.

La noticia de que ese año no habría procesiones trascendió los muros de la cárcel. Ese año no se procesionaría a Jesús "El Rico". La venerada y muy querida imagen de Jesús "El Rico", el Jesús de los encarcelados, el Jesús que ayudaba y cuidaba los cuerpos y las almas de los presos no saldría ese año a las calles de Málaga porque el cólera había enfermado o exterminado a quienes eran sus habituales portadores de trono.

La noticia se propagó por la cárcel toda como un incendio. La noticia corrió por todos los módulos, por todas las galerías, por todas las celdas de la penitenciaría. Y una extraña mezcla de dolor, de indignación y de fervor religioso se adueñó de la gente encerrada entre aquellos muros.
Espontáneamente, sin que nadie mediara, sin acuerdo previo, sin una voz acaudilladora... los reclusos, como movidos por un extraño y común sentimiento, se amotinan, desbordan a los guardianes que los custodian, salvan los muros carcelarios, desgajan los goznes del portón que impedía su salida al exterior y corren como posesos a portar sobre los hombros su entrañable imagen de Jesús "El Rico". ¡Ellos serían sus portadores esa noche! Esa noche, ellos, los privados de libertad, los encerrados por malhechores, los marginados de la sociedad... ¡serían sus «hombres de trono»! Y esa noche, como había ocurrido todas esas noches de Semana Santa, Nuestro Padre Jesús "El Rico" volvió a pasearse por las calles malagueñas.

Y concluida la procesión, todos volvieron voluntariamente aquella noche del Miércoles Santo al recinto que los separaba de sus familias y los aislaba de la sociedad.

Una anécdota —si así podemos llamar a hecho tan singular— va unida a esta creencia popular. Se dice que no todos ellos volvieron al claustro carcelario. Hubo uno que no lo hizo. Hubo un recluso que se quedó, toda aquella noche, cuidando de un familiar infecto de cólera, a quien le había llevado, para que obrase el prodigio de sanarlo, la cabeza de San Juan Bautista "Degollado", que, por entonces, se veneraba a los pies de la imagen de Jesús "El Rico".

La sorpresa fue mayúscula para los carceleros, cuando, al día siguiente, la mañana del Jueves Santo, regresó por sí mismo a la cárcel. Todos cuantos salieron la noche pasada estaban ya de nuevo en donde la sociedad los había recluido para purgar por sus delitos.

Se dice que, para reconocer el extraordinario gesto de estos hombres, en señal de agradecimiento por la inusual actitud de estos presos, y, en especial, para elogiar la buena voluntad de este último, el rey Carlos III firmó una pragmática por la que se otorgaba a la Justicia de Málaga el derecho a libertar cada año a un preso, que abandonaría la cárcel el día del Miércoles Santo y saldría en procesión con la cofradía titular de Nuestro Padre Jesús "El Rico". Después, volvería a casa con los suyos libre de su condena.

Hasta aquí lo que es creencia generalizada entre todos los malagueños. Quizás la realidad se desvíe de lo que es tradición de todo un pueblo. Puede ser que lo narrado nada tenga que ver con las razones auténticas del hecho, pero ésa es otra cuestión: el pueblo malagueño así lo cree y con eso basta.

José Antonio Molero

Santa Isabel de Portugal


Ya he explicado en otro sitio que el Santo Patrón oficial de Lisboa es un español nacido en Zaragoza. También he narrado que la famosa Inés de Castro, princesa o reina de Portugal si se acepta su matrimonio (no del todo claro) con el Príncipe don Pedro de ese país, nació en Galicia.

Sin embargo no acaban ahí las historias comunes entre los dos países ibéricos.También Santa Isabel de Portugal nació en España en 1274. En Barcelona según unos historiadores, en Zaragoza según otros. Era hija de Pedro III y nieta, por lo tanto, de Jaime I el Conquistador.
Desde el primer momento pareció predestinada a ser la pacificadora entre monarcas de la península. Su nacimiento vino a calmar las rencillas entre su padre y su abuelo.Recibió una esmerada educación y pronto destacó por su belleza, piedad y discreción. A los doce años fue desposada con el rey don Dinís de Portugal y pronto tuvo que mediar entre su marido y el rey de Castilla y entre su marido y su propio hijo.

Narra la leyenda que acostumbraba a repartir pan entre los pobres y en una ocasión fue descubierta por el monarca que la interrogó acerca de lo que llevaba oculto en el delantal. - "Rosas, mi señor "- contestó la soberana.

Quiso saber el rey como era posible que llevase rosas en el mes de Enero y la reina, extendiendo el delantal dejó caer al suelo una lluvia de flores en que se habían convertido milagrosamente los mendrugos de pan.

Leyendas aparte, muchas de las obras sociales por las que don Dinís ha pasado a la historia fueron inspiradas por la reina Isabel.

Enviudó el 6 de Enero de 1325, marchó en peregrinación a Compostela e ingresó en la Orden Tercera de San Francisco, en el Convento de las Clarisas de Coimbra.

Todavía tuvo que abandonar su retiro para mediar entre su hijo Alfonso el Bravo de Portugal y su nieto Alfonso XI de Castilla. Consiguió su propósito y antes de regresar a Coimbra falleció en Estremoz el día 4 de Julio de 1336.

Santa Isabel fue la abuela de don Pedro, el fervoroso amante de doña Inés de Castro.

domingo, 26 de octubre de 2008

Virgen de Nieva (Segovia)


Un pastor, llamado Pedro Amador, que llevaba cada día a pastar su rebaño al pizarral fue testigo singular de un acontecimiento que tuvo lugar en el año 1392 en la localidad de Nieva (Segovia): la aparición de la Virgen de Nieva conocida como Virgen de Soterraña al haber sido encontrada bajo tierra. Una imagen que había sido enterrada en tiempos de la invasión de los moros, en medio de cánticos y oraciones, volvía de nuevo a ver la luz del día, a sentir el amor y súplica de su pueblo.
Sobre el lugar del prodigioso descubrimiento se edificó un pequeño templo que, gracias a la reina castellana Leonor de Lancaster daría lugar a una gran basílica a la par que la noticia de su milagrosa aparición se extendía por todo Castilla.
Precisamente este templo, en el año 1441, acogió los restos de la reina de Navarra Blanca, hija de Carlos III, esposa de Juan II y madre del Príncipe de Viana. La reina falleció cuando asistía en romería al santuario tras la boda de su hija Blanca con Enrique IV de Castilla. Una Reina, Blanca de Navarra, que a buen seguro pernoctaba en la Villa de Peralta cuando iba camino del Reino de Castilla.
Años más tarde en este lugar se establecieron los dominicos que fueron los que propagaron la devoción a la Virgen de Nieva fuera de Castilla.

Tomado de la "Web de Peralta"

El rincón del Coracero (León)


Los franceses llegan a León en el verano de 1.808. Al igual que otras muchas capitales, los leoneses declaran la guerra al invasor extranjero, teniendo lugar constantes luchas y escaramuzas.

Y de esta presencia francesa surge la leyenda del Coracero. Cuentan que un Coracero francés para desfogarse de la dura batalla se fue de mesones y tabernas (que había muchas en León) y poco a poco el buen vino de la tierra le fue haciendo su efecto.

La suerte quiso que sus oficiales superiores le encontraran en este lamentable estado de embriaguez y le castigaran. El Coracero, queriendo huir de su castigo cogió su caballo y trato de huir por la Plaza Mayor (antiguamente llamada Plaza del Pan) con tal mala suerte que lo quiso hacer por las escalerillas que unen la Plaza Mayor con la calle Puerta Sol.

Se cuenta que en esta huida, al caer por las escaleras murieron el caballo y el jinete que aparecieron muertos al pié de los escalones.

Este típico rincón de León, que une los barrios de San Martín con el populoso barrio del Ejido, escenario de tal leyenda, es conocido como el rincón del Coracero o del Dragón (algunos historiadores indican que era un Dragón francés, y no un coracero, al igual que las fechas indican que el hecho tuvo lugar en 1.809 o 1.810).

Las blancas manos (Castilla-León)


Era el Conde de Castilla Garci Fernández uno de los más valientes y atrevidos guerreros de la época. Poseía además de valor en el combate un gran amor por la poesía y la historia. Eran famosas sus manos que parecían muy blancas y misteriosas pues cada vez que tenía que hablar con una mujer, amigo o vasallo, cuidaba mucho el llevarlas enguantadas y ocultas.

Por aquel tiempo las tierras de Castilla eran paso obligado para la riada humana que se desplazaba a Santiago para ver la tumba del apóstol. De todas las naciones del mundo llegaban hombres y mujeres, nobles y siervos. En una de estas expediciones llegó un conde francés con su hija, por ser caballero de alta alcurnia, recibió aposento en el castillo del conde Garci Fernández, que desde el primer momento se quedó prendado de la belleza de la hija del conde. Ella se llamaba Argentina y también se sintió atraída por el caballero castellano y por la radiante blancura de sus manos. A tanto llegó la relación que poco tiempo después se desposaron la dama francesa y él.

Pasaron los años pero la unión de Garci Fernández y Argentina resultaba estéril. El conde siempre se encontraba batallando en la frontera de Castilla con los moros, y Argentina siempre encerrada en el castillo dejaba que se enfriara poco a poco su amor por el conde, sin descendencia alguna pasaron 6 años y ella cada vez era más infeliz..

Un día por el mismo camino por el que ella viniera, llegó un conde francés, la juventud del mismo y las noticias que le trajo de la tierra que tenían en común, les acercó y poco a poco comenzaron a intimar. Por su parte el conde Garci yacía en su lecho preso de una pertinaz dolencia, y no advirtió la traición de la que era objeto. Finalmente ésta se consumó cuando la condesa y el francés desaparecieron una noche del castillo. Cuando Garcí quiso reaccionar ya estaban lejos de sus dominios.

Gran dolor tuvo el conde castellano ante tal traición, y en cuanto curó quiso realizar una peregrinación a Francia tomando como compañía únicamente a su fiel criado.

El camino fue largo y peligroso, una vez en terreno francés tardó varias semanas hasta llegar al dominio del conde francés con el que huyera su mujer. Garcí Fernández y su criado iban vestidos con trapos muy humildes y se fingían peregrinos, de tal forma que pudieron pasar inadvertidos y hablar con las gentes del lugar. De esta manera oyeron que el conde había tenido de su primer matrimonio una hija, a la que tanto él como la madrastra (la condesa Argentina), daban de continuo un trato cruel con insultos y malos tratos constantes. Sólo una vieja criada era su apoyo y consuelo.

El conde Garci y su criado mientras tanto, iban todos los días al castillo del conde francés a comer las sobras que a los pobres se les entregaba. La criada de la hija del conde, una vez al servir la comida notó por la blancura de las manos de uno de los pobres, que era diferente a los demás, un blanco que contrastaba con las negras vasijas donde se servía la comida. Pensó que quien tenía tales manos no podía ser un pordiosero y por ello le llamó aparte para conversar. Con habilidad fue preguntándole por su patria y orígenes, poco a poco, día tras día fue ganándose su amistad hasta que por fin Garci Fernández confesó su verdadera identidad. La fiel sirviente pensó que podría haber encontrado al hombre que liberase a su señora de la cruel vida que le daban sus padres. Una noche le condujo por unos oscuros pasadizos hasta las habitaciones de la muchacha que se llamaba María. El noble castellano de rodillas ante la muchacha le declaró todo lo que había ocurrido, de qué manera habían manchado su honor y se habían burlado de él:
- "No la vida, sino el honor es ahora lo único valioso para mi. No puedo volver a España ante mis súbditos sin haber cumplido mi venganza".

Noche tras noche la joven María y el conde se veían en secreto, compartir la adversidad de sus vidas les hizo poco a poco tomar cariño el uno por el otro hasta que finalmente María decidió que Garci Fernández debía cumplir sus venganza, así le díjo cómo secretamente podría introducirse de noche en la habitación de su madrastra y su padre. Así lo hizo, se deslizó silenciosamente entre las sombras del castillo, entró en los aposentos y mientras dormían usó su espada con cada uno. Ambos fueron descabezados.
Poco después regresó por María y ambos, junto con el fiel criado, huyeron a toda prisa resguardados por las sombras de la noche. Tortuosos caminos, muchas penurias pasaron, pero finalmente regresaron a Castilla. El día de la llegada, el conde abrió una bolsa de cuero muy bien cerrada, de donde sacó las cabezas de ambos traidores, las clavó en una lanza a las puertas de la fortaleza para que todos sus vasallos supieran que el honor del conde había sido vengado.

Sin embargo no terminaron las desdichas para Garci Fernández. Doña María se había convertido ahora en su esposa, pero los años que pasó de penurias en Francia habían hecho duro su corazón, ni siquiera el nacimiento de un hijo de ella y el conde hizo que aumentara su alegría, parece que la historia se repetía.

Por entonces las victorias de Almanzor sobre los cristianos, hicieron que de nuevo el conde tuviera que enfundarse su armadura e ir a luchar por el rey castellano, la pobreza llegó a todo el reino de Castilla que se sentía sitiado por los árabes. La joven María pensó que nunca más quería pasar las penurias que le hizo pasar su padre y madrastra, no quería conocer de nuevo la pobreza, por ello decidió venderse al mejor postor, entabló secretamente conversaciones con los musulmanes y decidió pasarse al servicio de Almanzor y sus riquezas, sin embargo debía quitarse de enmedio al conde causándole la muerte.

Planeó que el día de Nochebuena el conde diese licencia a todos sus hombres para que pasaran la velada con sus familias, el castillo por tanto quedó desguarnecido, momento que aprovechó la condesa María para enviar un mensajero a las filas de Almanzor para indicarse que ese sería un momento ideal para atacar. El ataque fue rápido, miles de árabes caían sobre las tierras del conde que no tenía más que unos cuantos soldados y sirvientes. Aún así la lucha fue dura, los musulmanes entraron en el castillo y Garci Fernández fue vencido y hecho prisionero, sus vencedores lo trasladaron a Córdoba, donde al poco murió debido más que a las heridas del combate a la nueva afrenta que su querida María le había causado.

Los planes de la condesa estaban casi acabados de no ser por el hijo del conde y de ella : don Sancho. El único estorbo que tenía todavía para quedarse también con las riquezas del condado, por lo que decidió desacerse pronto de él. Una noche decidió envenenar una de las copas en que se serviría la cena.

Todo estaba preparado, la mesa puesta con ricos manjares, había mandado que los músicos alegraran la velada a pesar de la reciente muerte del conde, don Sancho estaba desconcerdado, sobretodo cuando su madre propuso un brindis. En el momento de que cada uno cogiera su copa un viento helado entró en la estancia, las velas se apagaron y todos los presentes pudieron ver una luz blanca, muy blanca en forma de dos manos que arrancaron la copa de labios de don Sancho. Todos quedaron asombrados, sin duda se trataba de las famosas manos del conde. Demasiado tarse sin embargo para doña María que presa del pánico huyó por las escaleras con tan mala suerte que rodó por ellas y se mató, su cuerpo quedó tendido ante la armadura del conde que pareció moverse para acariciar los cabellos de su amada con sus blancas manos.

Don Sancho pensó que era hora de enterrar tantas traiciones y odios y por ello quiso fundar un monasterio en memoria de sus padres. Este es el monasterio de Oña, recordando a su madre doña María, porque en Castilla decían "mi oña" por "mi dueña".